LA “PAYASADA” DE LAS PROTESTAS SINDICALES: EL “ESCUDO SOCIAL”, LAS PENSIONES Y LA “CONTRARREFORMA LABORAL”.

Los ¿“sindicatos de clase”? se han movilizado esta semana para reivindicar fundamentalmente tres aspectos del actual mundo laboral-social afectado por la cruel pandemia. Sus mantras en esas patéticas “procesiones de delegados” (¡que no del “pueblo trabajador” ni siquiera de los propios afiliados!) no son nuevos: potenciar el “escudo social” diseñado por el Gobierno para hacer frente a las consecuencias inmediatas del coronavirus, reivindicar la suficiencia de las pensiones públicas y, sobre todo, la “contrarreforma laboral” que les devolverá el poder de negociación a través de la potenciación de los convenios sectoriales frente a los convenios de empresa.

Todo ello enmarcado en las luchas cainitas entre ambas formaciones, que no llegan a los 2 millones de afiliados entre ambas (¡menos del 14% de los trabajadores!). CCOO, que ya sobrepasó a UGT en afiliados, al fin y al cabo tiene una Ministra en el Gobierno (nada más ni menos que la Ministra de Trabajo) mientras que UGT está intentado son ser invadida por el mundillo podemita tras su fracaso en el intento de que CCOO fuese su “cadena de trasmisión” en el mundo laboral como ya lo fue en sus orígenes del PC (ojo, PC no es Personal Computer como pueden pensar los “menos viejos del lugar”, nos referimos evidentemente al PCE en el que, a propósito, sigue militando la actual Ministra de Trabajo, que no es ni podemita ni siquiera de Izquierda Unidad)

El camino para enfrentarse a las consecuencias laborales y sociales de la maldita pandemia no era sostener empresas a las se ha obligado a cerrar con deuda pública, a través de los ERTEs (que financiamos todos y que endeudan a la SS y por lo tanto al propio Estado en última instancia) y préstamos ICO (que hay que devolver). El camino era crear empleo potenciando y facilitando la liquidez de las empresas y emprendedores ya en funcionamiento y viables a medio plazo con inyección pública de capital y, si fuera necesario, crear empresas públicas. La ocasión y la necesidad lo merecía.

El escudo social, no es más que la consolidación de la España de las subvenciones, que nos acerca al clientelismo político ya de sobra conocido de algunos partidos. Ahora mismo vivimos el silencio que precede la tempestad, la economía española es un paciente anestesiado… y bien cara nos estás saliendo la anestesia. En algún momento habrá que retirarle la morfina al enfermo -avales ICO, ERTEs- y en ese momento es cuando todos los bancos esperan una catarata de impagos que les puede llevar, como decía hace unos días Bruselas, al concurso de acreedores y a la posterior quiebra. Las empresas quebrarán en cadena (y el empleo también) y España quebrará con ellas.

Reforma de pensiones. No ya conseguir la “¿suficiencia?” (sea lo que sea lo que significa ese palabro) de las pensiones está en vías de solucionarse tras el “parto de los montes” de las recomendaciones del Pacto de Toledo, sino que simplemente el mantenimiento del poder adquisitivo de las pensiones es imposible y José Luis Escrivá lo sabe, pero para cuando llegue el colapso, Escrivá ya no será ministro. La reforma de las pensiones que exige Europa pasa por retrasar la edad de jubilación, reducir la cuantía de las pensiones y, aún más importante, fomentar la natalidad. La tomadura de pelo de Escrivá consiste en que promete poder adquisitivo al tiempo que se carga las ya casi inexistentes ayudas a las familias de clase media que son además las más numerosas (no es preciso ser “vulnerable” para precisar apoyos económicos en momentos en los que aumentan los gastos por la maternidad) Criar niños en España es una ruina. La natalidad baja, la población envejece y las pensiones se convierten en un problema insoluble.

Por último, la reforma laboral del PP, concepto en el que se engloban buena parte de las medidas ya instauradas por Zapatero , flexibilizó un poco, no mucho, el despido y desabrochó la camisa de fuerza de la negociación colectiva, al tiempo que reducía, quizás lo más importante, los tipos de contratos de trabajo. Pero probablemente se quedó corta en muchos aspectos y CCOO y UGT aseguran que fue un fiero león cuando tiene más pinta de un gatito doméstico. La reforma laboral que España necesita y Europa exige insistentemente se compone de tres elementos: simplificar los tipos de contratos, embozar la excesiva temporalidad no voluntaria y dar cabida a los jóvenes en el mercado laboral. Esa es la única forma de alcanzar el pleno empleo.

Ver: LA REFORMA LABORAL DE ZAPATERO (2010)

Ver: ¿PERO EN QUE CONSISTE LA TAN DENOSTADA REFORMA LABORAL DE 2.012?

LOS “SINDICATOS DE CLASE” MIRANDO AL TENDIDO

Ante este tsunami de desempleo (de momento oculto en los ERTEs) los” sindicatos de clase”, para variar, no parece que aporten ningún planteamiento más allá de sus mantras de trinchera y sus “luchas entre amigos” para aproximarse al poder ejecutivo.

Por ejemplo, la dirección nacional de Comisiones Obreras ha prometido a Pedro Sánchez que las manifestaciones de febrero 2021, las primera marchas de protesta contra el Ejecutivo rojo-morado, no representará un verdadero pulso al Gobierno. Nada parecido a las grandes movilizaciones que sacudieron al Gobierno de Felipe González en los ochenta. La marcha se celebrará bajo el lema “Ahora sí, los sindicatos instan al Gobierno a cumplir”.

La pandemia ha supuesto un duro golpe para las finanzas sindicales. Muchos trabajadores han quedado en paro y otros están en ERTE con sus sueldos muy menguados, lo que ha repercutido en las cuotas que satisfacen a los sindicatos.

El Gobierno de coalición del PSOE y Unidas Podemos optó por mantener congeladas las subvenciones para los sindicatos en 2020, tal y como ya hizo Sánchez en 2018 y 2019, dejando intactos así los recortes impuestos por Rajoy tras la crisis financiera de la pasada década. Las organizaciones que dirigen Unai Sordo y Pepe Álvarez han manejado este año cerca de nueve millones de euros, en línea con la cantidad de fondos públicos que llevan percibiendo anualmente desde 2013.

En el mundo sindical se asiste a un cambio de papeles con respecto a la historia sindical. UGT, central históricamente afín al PSOE, va escorándose cada vez más hacia Podemos y CCOO, en cambio, liderada por Unai Sordo, ha establecido una buena relación con Sánchez, sobre todo gracias a la figura de la ministra de Trabajo Yolanda Díaz.

Fueron los de UGT los que activaron la manifestación del 11 de febrero, y lo hicieron de manera unilateral, saltándose la unidad sindical, y Comisiones tuvo que sumarse”, explican fuentes sindicales. “Comisiones no va a apretar a sus delegados sindicales; les dirá que vayan a la manifestación, pero que todavía hay covid, así que cuidado”, explican.

Según las fuentes consultadas, es UGT quien “ha cogido la bandera del salario mínimo”, pero “Comisiones no. La central de Sordo actúa desde su posición de fuerza pues es la principal central en la empresa privada y entre los funcionarios, mientras que la CGT está repuntando y la UGT “no tiene a su ministro en el Consejo y algo tendrán que hacer”, comentan esas fuentes sindicales.

Comisiones, en cambio, se siente fuerte gracias a la ministra de Trabajo, y el pacto al que ha llegado con Sánchez es que rebajará la tensión con los representantes de los trabajadores a cambio de que Díaz se mantenga en el Ejecutivo ya que piensan en CCOO que, en el entorno de traiciones internas de Podemos, las relaciones entre Díaz e Iglesias son mejorables, y teme que el “fuego amigo” de Podemos pueda debilitar a la ministra. Sostienen que el vicepresidente segundo maniobra para rentabilizar públicamente las victorias de Yolanda Díaz. Y “es ella quien lo permite, porque a cambio tiene asegurado el cargo”. Todos los movimientos de Díaz están pactados previamente con Sordo,

En la polémica sobre la reforma de las pensiones, por ejemplo, Comisiones mantuvo una línea más moderada que UGT y sectores del sindicato, de hecho, no consideraban la propuesta del ministro José Luis Escrivá sobre el aumento de los años para el cálculo de la pensión, como lesiva para los intereses de los trabajadores, aunque tuvieron que sumarse a la queja de UGT por razones de política interna.

Para Sordo la verdadera lucha que hay que librar es la de la negociación colectiva pues eso se traduce en recuperar poder de negociación y en ello les va la supervivencia como organización, puede que ya no “de clase” pero si “corporativista”, y eso es mucho poder…

COMO SE VE, LAS PREOCUPACIONES DE LOS SINDICATOS DE CLASE SON EVIDENTEMENTE

LAS DE LA RECUPERACIÓN DE UN EMPLEO DIGNO, ¡FALTARÍA MÁS!

LA TORMETA PERFECTA SOBRE LOS SINDICATOS DE CLASE

El crepúsculo de CCOO y UGT parece a estas alturas tan imparable como irremediable: asfixiados económicamente por el cierre de sus fuentes de financiación, y faltos de cada vez más apoyo, su futuro no puede ser más negro. Sobre ambos sindicatos se ha formado una TORMENTA PERFECTA. Una mezcla de errores propios y ajenos, estrategia equivocada, dependencias asfixiantes y falta de reacción cuando todavía estaban a tiempo, les ha convertido en presa fácil de quienes hace tiempo querían cobrarse su cabeza.

Es cierto que estos sindicatos se lo han puesto muy fácil a sus enterradores. A nadie más que a ellos puede culparse de una vocación institucional que les ha llevado a fundirse con el sistema político que hoy se derrumba arrastrándolos en su caída (por ejemplo, en las antiguas cajas de ahorro). Son CCOO y UGT quienes han entregado su autonomía económica a un sistema de subvenciones y programas de financiación pública, que hacía posible su asfixia con solo cerrar el grifo, y que hoy los deja a merced de quien concede unos recursos que pueden mantenerlos un poco más con vida. Unas subvenciones que reportan unos 6 millones € para cada uno de ellos.

En CCOO y UGT, hay también gente muy valiosa, honesta, luchadora. No hace falta que me convenzan: conozco a muchos de ellos.

Aunque las cuentas de la UGT han sido tradicionalmente uno de los secretos mejor guardados del país, responsables de la central han confirmado que el sindicato ha perdido en los últimos diez años en torno a 100.000 afiliados netos, lo que dejaría el total de afiliación que paga las cuotas en 790.000 trabajadores, que generan unos 90 millones anuales de ingresos. La cifras de ingresos de UGT es inferior a la reconocida por CCOO que declara 1,2 millones de afiliados, aunque oficiosamente se admite que es menor, y unos ingresos por cuotas de unos 110 millones €. Cifra, en todo caso, muy por debajo de los 157 millones que declaraban en el año 2011 y los 162 millones de 2010. Gestionan también en torno a unos 200 millones € de los fondos disponibles para la formación para el empleo, además de otras subvenciones con carácter finalista por importe de unos 25 millones, que se destinan a programas subvencionados la integración de inmigrantes, igualdad de oportunidades y de trato, empleabilidad de jóvenes, ayudas a las mujeres, erradicación de la drogodependencia y de la violencia de género y de salud laboral.

Por mucho que me separe de ellos, por mucho que los sepa corresponsables de su propio hundimiento, lamentaré su pérdida. Por motivos históricos, porque ambos tienen detrás una historia de esperanzas colectivas y sacrificios individuales que no merece un final así. Pero sobre todo porque no tenemos un recambio. Todavía no tenemos con qué llenar un hueco tan grande.

Y no están los tiempos como para abandonar ni una sola trinchera, por vulnerable que nos parezca esta.

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