Sus prestaciones son mucho menores y de duración más reducida
Las altas de prestación por no superar el periodo de prueba se disparan un 82,5% desde 2022, un máximo histórico
La reforma laboral pactada por Gobierno, patronal y sindicatos a finales de 2021 será el gran legado para el mercado de trabajo español de la vicepresidenta segunda Yolanda Díaz, que acaba de anunciar que renuncia a ser la candidata de bloque a la izquierda del PSOE para las próximas elecciones generales. Pero si por algo ha sido cuestionada aquella norma es por el impacto en las estadísticas de desempleo de las personas con contrato fijo discontinuo que pasan a la inactividad a la espera de que su empresa vuelva a llamarles. Aunque no es el único cambio que ha modificado las ‘reglas del juego’ anteriores que llevan a que un trabajador acabe cobrando el paro.
El Ministerio de Trabajo que lidera Díaz es reacio a concretar cuántos fijos discontinuos que no están trabajando se inscriben en los servicios públicos de empleo para percibir una prestación, pero no cuentan para las cifras del paro registrado. Sin embargo, sus propios registros son elocuentes: en 2025 se registraron 802.952 altas de prestación contributiva por este motivo, un récord histórico que supera las 780.632 provocadas por un despido (individual o colectivo). No es la primera vez que ocurre: el fenómeno lleva produciéndose desde 2022, con la entrada en vigor de la reforma laboral. Estos datos no incluyen a los subsidios que se perciben tras agotar el nivel contributivo.
Aunque los fijos discontinuos son contratos indefinidos, las estadísticas del Servicio Público de Empleo (SEPE) clasifican el acceso a la prestación como causadas por la «finalización de la relación de carácter temporal», junto a la extinción de un contrato «administrativo» (de interinos del sector público) y la caducidad de un contrato temporal. Esta última sigue siendo el primer motivo de acceso a la prestación, con 1,55 millones. Una cifra que se ha desplomado un 28,6% desde 2021.
En ese tiempo, las altas por despido han crecido un 57,3%, mientras las ligadas a la inactividad de un fijo discontinuo lo han hecho un 67,8%. La ‘buena noticia’ es que en 2025 se produce un retroceso en ambas, del 4,2% y el 2,7% respectivamente, lo que apunta a una estabilización de la tendencia, si bien las de las temporales han crecido un 3,1%.

Pero el aumento más intenso se registra entre las altas de trabajadores que no han superado el periodo de prueba. Crecieron un 82,5% desde 2022 y en 2025 lo siguieron haciendo (un 2,7%), hasta las 134.554, su máximo histórico. En este punto hay que tener en cuenta que los periodos de prueba generan periodos escasos de cotización (no superan los seis meses), lo cual reduce el margen para acceder a la prestación.
El 55,1% de las altas de los fijos discontinuos son reanudaciones de una prestación interrumpida, un dato que les acerca más a los temporales, que anotan un 72,8%, que a los despidos, entre los que las reanudaciones apenas suponen un 16,9% del total de las altas. Esto refleja una alta volatilidad entre los periodos de inactividad y de llamamiento por parte de la empresa, aunque estos últimos estén garantizados. Por su parte, las altas por finalización del periodo de prueba suponen el 66,2%, lo cual implica que estas personas son víctimas de una situación aún peor.
Más prestaciones pero mucho más breves
Llegados a este punto, conviene recordar que el requisito fundamental para tener derecho a la prestación es haber trabajado y cotizado a desempleo «al menos 360 días dentro de los 6 años anteriores a la situación legal de desempleo o al momento en que cesó la obligación de cotizar». Esto se traduce, también, en que las personas que acceden a la prestación tras encadenar contratos temporales o ceses en periodo de prueba, así como los fijos discontinuos, cobran el paro durante menos tiempo. En el caso de estos últimos, además, la reincorporación a sus puestos de trabajo interrumpe la prestación.
Eso sí, como los fijos discontinuos y los temporales cobran prestaciones de mucha menor duración que los despidos, en cifra de beneficiarios medios al mes estos últimos se sitúan en cabeza: han subido un 25,8% desde 2021 y un 41,2% desde 2019, hasta una media de 356. 373. Por su parte, los que proceden de un contrato temporal caducado se han desplomado un 46,2% desde 2021 y pasan de 334.243 a solo 177. 942. Algo que solo había ocurrido durante la Gran Recesión, pero que ahora no responde a una crisis, sino a una recomposición del mercado laboral en el que los empleos indefinidos ganan peso y los temporales lo pierden.
¿Y los fijos discontinuos? Pese a haber registrado 800.000 altas, la media de beneficiarios mensuales solo llega a 128.908, un 33% más que en 2021. Aunque hay que recordar que en ese año todavía estaban en vigor las medidas extraordinarias por la pandemia que permitieron que estos trabajadores, en gran parte vinculados a actividades estacionales como el turismo, y por lo tanto a los confinamientos, no consumieran derecho a prestación, como ocurría con los afectados por ERTE. Si nos remontamos a 2019, el incremento es del 123%.

Por su parte, solo 29.074 personas que perdieron su trabajo por no superar el periodo de prueba percibía la prestación de media al mes en 2025, un porcentaje 73% superior al de 2021, pero que confirma que sus menores periodos cotizados conducen a que reciban las ayudas durante menos tiempo.
Los datos del SEPE no resuelven, ni mucho menos, las dudas sobre el impacto de la reforma laboral en las estadísticas, sobre todo en lo que se refiere a los fijos discontinuos. Tampoco explican que 2025 cerrara con 892.933 demandantes con relación laboral (categoría en la que se engloba a los fijos discontinuos inactivos) pero solo hubiera 129.000 cobrando una ayuda contributiva. A no ser que sean trabajadores que mantienen esa demanda activa incluso en los periodos en los que trabajan, con la esperanza de ‘reactivar’ la percepción de las ayudas.
Del mismo modo, las cifras de altas están muy lejos de los registros de Seguridad Social sobre el volumen de bajas de afiliación por despido, periodo de prueba o pase a la inactividad de un fijo discontinuo, aunque confirman un enfriamiento de la tendencia en 2025. Estas dudas son también parte del legado de Díaz en materia laboral. Hace ya tres años la ministra de Trabajo prometió publicar un informe sobre la situación de los fijos discontinuos para despejar todas las dudas, un compromiso que a día de hoy sigue sin cumplir


