Sánchez, desatado en su edulcoramiento del apagón.
El presidente ha comparecido hora y media en el Congreso sobre el apagón sin asumir culpa alguna, le faltó poco para celebrarlo. En su comparecencia este miércoles Pedro Sánchez ha evitado las explicaciones de las causas y las responsabilidades del suceso. Sánchez se ha dedicado a presumir de cómo se levantó el sistema y del «civismo» de los ciudadanos. Estas han sido algunas de sus frases más llamativas :
- «Muchas películas nos habían contado que bastaría un apagón para que el civismo se esfumara y el orden social entrara en colapso. Quizás sea verdad en otros países, no ha sido así en España».
- «Los españoles sacaron lo mejor de sí mismos: la gente circuló con prudencia, se reunió con familiares y amigos, en nuestras calles se mantuvo un clima de seguridad y confianza».
- «El número de delitos reportadosen los primeros tres días tras el apagón fue un 50 por ciento inferior a la semana anterior».
- «Nuestros ciudadanos siempre responden de manera unida, dando ejemplo al mundo(…) Muy pocas sociedades hubieran respondido mejor que la nuestra (…) España es un país extraordinario».
Sí, somos los más cívicos, bueno ¿y qué?
No quiero que los políticos nos feliciten por lo bien que nos portamos. Quiero explicaciones, respuestas, soluciones a los problemas.
Se nota, de manera preocupante, cómo esa mirada permanente entre nosotros, sobre lo nuestro se ha expandido por toda España. En los días en que nuestro país sufría un apagón, en las horas en que miles de ciudadanos quedaron varados en mitad de la nada —en el centro de la ciudad, de camino a casa, en trenes o ascensores, paralizados durante horas en carreteras o esperando en oficinas— no perdíamos la sonrisa. Es preocupante esa pesada celebración de lo buenos que somos. Míranos, qué arte tenemos, que ni 12 horas sin luz nos quitan la sonrisa.. Ahora la moda es el civismo, políticos que nos felicitan por el civismo. Pero, ¿quiénes creen que son sus gobernados. alimañas asilvestradas que, ante la mínima crisis, asaltan bancos, queman contenedores o atracan a ancianitas? Que el pueblo está a la altura de lo que se le exige, nadie lo duda, pero la cuestión apremiante es si sus gobernantes también lo están. Que somos ciudadanos cálidos, que somos una nación de gente civilizada, ya se sabía. No hace falta otro apagón, otra pandemia ni una nueva erupción volcánica para demostrarlo.
España es una nación, a grandes rasgos, de gente honrada, solidaria, educada. Y como eso es lo obvio, los políticos no deberían felicitarnos por lo bien que nos portamos. Paren ya con la palmadita en la espalda. Lo queremos son explicaciones, respuestas, soluciones a los problemas. Sí, somos los más cívicos, pero ¿y qué más?
Los datos que demuestran que España no funciona
No sé si se acuerdan, pero hubo una época en que la alta velocidad española era la envidia del mundo y un dechado de puntualidad. Cuando en 1994 lanzó el servicio, Renfe te reembolsaba el importe íntegro del viaje si llegaba más de cinco minutos tarde. En julio del año pasado, la compañía revisó su política indemnizatoria. Ahora si el retraso es de 60 minutos te devuelven medio billete. El precio completo se reserva para las demoras superiores a la hora y media.
La incapacidad de mantener el compromiso inicial es el resultado de un deterioro del servicio que culminó este fin de semana, cuando al menos 10.700 viajeros se vieron afectados por un robo de cable en varios puntos de la provincia de Toledo. Un usuario contaba en El País que habían dejado la estación de Atocha el domingo a las 20.45 y, menos de una hora después, el convoy se detenía y se anunciaba por megafonía que iban a cortarles la luz. «Los baños no funcionaban […]. Hemos pasado mucho frío […]. Renfe nos decía que el tren estaba a punto de salir, pero no salía. Así hasta las seis de la mañana».
Igual que una semana atrás Pedro Sánchez se había resistido a descartar el ciberataque, el ministro Óscar Puente no ha dudado ahora en atribuir los incidentes a «un acto grave de sabotaje». Este recurso sistemático a la conjura (internacional o nacional, según convenga) quizás satisfaga a los devotos del Gobierno más acérrimos, pero difícilmente va a impedir que cunda entre el resto de la ciudadanía la sensación de que España no funciona. Y no hablamos solo de electricidad y trenes.
Sanidad, educación y justicia
En sanidad tenemos las peores listas de espera de la historia de España. Según datos del Ministerio de Sanidad, en diciembre del año pasado estaban pendientes de ser operadas casi 850.000 personas. Y a ellas habría que sumar un número indeterminado de ciudadanos que aguardan cita para una consulta o una prueba diagnóstica. Un desastre.
La cifra ha experimentado un ascenso sostenido desde 2010. Tras mantenerse por debajo de las 400.000 personas durante la primera década del siglo, con Mariano Rajoy se disparó por encima de las 600.000. Posteriormente hemos tenido que lidiar con una pandemia, pero no sería justo culpar a ella sola del empeoramiento. En 2019, a los dos años de instalarse Sánchez en la Moncloa y semanas antes de que se documentara el primer contagio local de covid, ya estábamos en 700.000.
En educación, los resultados de nuestros alumnos en PISA encadenan una década de declive en todas las materias controladas, especialmente en matemáticas.
Tampoco salimos demasiado bien parados en el último Cuadro de Indicadores de Justicia que elabora la Comisión Europea. España es uno de los países donde más se prolonga la resolución en primera instancia de disputas civiles, mercantiles y administrativas, con una duración media de 300 días, únicamente superada por Francia, Italia, Malta, Grecia, Chipre y Portugal.
Libertad, renta, vivienda
En el Índice de Libertad Económica de la Fundación Heritage llevamos perdiendo terreno desde 2021 y, en el de Percepción de la Corrupción, desde 2020, y todo indica (Ábalos, Koldo, Aldama, Begoña, hermanísimo, fiscal general) que estamos lejos de haber tocado fondo.
Es verdad que España es la economía grande de la UE que más crece, pero lo hace en cantidad, no en calidad, cada año aceptamos a 500.000 inmigrantes en edad de trabajar que consiguen 470.000 empleos y gastan el 90% de su sueldo, lo que por fuerza impulsa el PIB». Sin embargo, las familias españolas no perciben progreso alguno porque ello requeriría una mejora de la productividad y esta ha sido persistentemente débil. El salto en convergencia que protagonizamos hasta 2007 se ha interrumpido y la brecha que nos separa en renta per cápita tanto de la UE como de Estados Unidos se ha ampliado.
La situación de los jóvenes es especialmente dramática. Como señala el Observatorio Trimestral del Mercado de Trabajo que elaboran BBVA Research y Fedea, «la duración de los primeros empleos con contrato indefinido se ha reducido, mientras que sus salarios reales se han mantenido estables en los últimos 20 años a pesar del incremento del SMI».
Para las nuevas generaciones, acceder a un piso se ha vuelto una proeza. Aunque la construcción se ha reactivado y en 2024 se terminaron 101.000 viviendas, es una oferta que no cubre ni la mitad de los 250.000 hogares que se crean cada año en España.
Más dinero que nunca
A la vista de semejante cúmulo de males, cabría quizás pensar que tenemos un problema de financiación, pero sucede lo opuesto. El año pasado la Agencia Tributaria rozó por primera vez los 300.000 millones de recaudación, una cantidad que supone un aumento del 8,4% respecto del año anterior y del 52% respecto de la pandemia. A ello hay que sumar las cotizaciones sociales (199.595 millones) y los fondos europeos (entre 20.000 y 30.000 millones), y no olvidemos que en todo este tiempo hemos seguido incurriendo en déficits públicos.
Total, que ningún otro Gobierno español ha dispuesto de más dinero que el actual. ¿En qué se le ha ido que tan poco nos luce? Principalmente en pensiones, en gasto social y, últimamente, en defensa, todos ellos objetivos muy encomiables, pero que deben ir acompañados de los debidos controles y de reformas que impulsen la productividad, si no queremos que sean pan para hoy y hambre para mañana. Aunque este Gobierno considera «una pérdida de tiempo» llevar al Parlamento las cuentas, urge una reorientación de la política presupuestaria, más centrada en los resultados que en la ideología. De lo contrario, corremos el riesgo de que cunda aún más la sensación de que España no funciona.
Estragos del Gobierno de los idiotas
«El único sabotaje que yo veo es el que los idiotas responsables de este desgobierno, y los listillos que los manejan en su beneficio, perpetran contra nuestra convivencia»
Cuando se producen graves daños a la sociedad no necesariamente por decisiones de un gobernante, sino por su negligencia, eso no obsta para que el responsable pague por ello.
La paralización prácticamente absoluta de la actividad comercial y laboral de España se ha sumado a los muy graves daños del lamentable comportamiento de los responsables del Gobierno.
Por un lado, luce su ineptitud en la gestión política de catástrofes imprevistas, por otro, emerge su miseria moral dadas las dificultades que padecen para asumir personalmente las responsabilidades de sus fracasos.
La democracia es la forma más difícil de gobierno porque requiere el mayor despliegue de inteligencia». La inteligencia se refiere al conocimiento, y es facultad que no abunda últimamente en la política del mundo y no conviene confundirla con la habilidad de los trileros ni las mañas de los charlatanes.
Acabamos de ver relucir la pasión por el relato, basado en prácticas publicitarias y espesos argumentos, frente al respeto a la verdad y a los deberes éticos de cualquier representante público. Lo más preocupante del caso es que una democracia moderna y eficaz necesita de la existencia de los partidos para su funcionamiento; pero la acumulación de estupideces, errores y delitos de quienes los gestionan amenaza con provocar un descrédito global de la política misma, situación que es la antesala del autoritarismo.
Tenemos un presidente de Gobierno cuyo hermano está a punto de ser juzgado por tráfico de influencias y prevaricación, mientras su esposa es investigada por comportamiento similar y corrupción en los negocios. Su antiguo número dos en el Gabinete y en el partido pagaba según parece sus devaneos sexuales con el dinero de los españoles, y los amiguetes de turno, entrenados previamente en gobernar la seguridad de los prostíbulos, están siendo investigados respecto a un multimillonario fraude fiscal en el negocio de los hidrocarburos.
Ni una sola explicación ha dado de ello el poder, como tampoco del reconocimiento de facto del Sáhara como territorio marroquí, incumpliendo la legalidad de las Naciones Unidas; ni del vodevil de la desautorización pública del ministro del Interior por permitirse
Este comentario se realiza todavía absorto por las reacciones oficiales al apagón de la semana pasada y las ya frecuentes agresiones del servicio ferroviario a los sufridos ciudadanos que solo aspiran a que funcionen sus interruptores, los trenes salgan a su hora, y no se les obligue a dormir en el suelo de las estaciones o a caminar sobre las vías con la maleta al hombro. El Gobierno se escuda, sin prueba alguna, en que somos víctimas de ciberataques y sabotajes, quizás para que el populismo sanchista pueda excusar ante sus socios la política europea de rearme. Pero el único sabotaje que yo veo es el que los idiotas responsables de este desgobierno, y los listillos que los manejan en su beneficio, perpetran contra el futuro de nuestra convivencia.





