Mitos y leyendas del ‘récord’ de afiliación a la Seguridad Social

Las dinámicas demográficas y la alquimia estadística están detrás de la proclama con la que el Gobierno justifica su gestión económica.

De modo constante, el Gobierno presume del «máximo histórico» de afiliados a la Seguridad Social con una retórica muy similar a la empleada por el franquismo en el NO-DO, con una finalidad pareja a la de la propaganda de la Dictadura: legitimar su gestión económica y laboral. Ese discurso se ha convertido casi en una verdad popular para amplios sectores de la opinión pública. Un análisis riguroso de esa proclama muestra dos cosas: primero, lo que tiene de verdad no se debe a su política, es la consecuencia de dinámicas demográficas; segundo, lo demás es ilusión producto de la alquimia estadística. Por eso es importante poner de relieve esa realidad.

Si el número de ciudadanos potencialmente empleables (la población activa) crece de forma acelerada, es previsible que el número de empleados (los afiliados) también lo haga. Pues bien, desde el inicio del mandato del Gabinete socialcomunista, la población total de España se ha incrementado en alrededor de 2,2 millones de personas y la casi totalidad de ese aumento es atribuible a la inmigración. Esta tiene un impacto directo, y en gran medida aritmético, en el mercado laboral: cada nuevo residente, si es una persona en edad de trabajar, tiene una alta probabilidad de convertirse en nuevo afiliado a la Seguridad Social. Entre finales de 2019 y de 2024, el aumento de personas ocupadas no nacidas en España fue de 1,35 millones.

Para que el crecimiento de la afiliación sea un indicador de fortaleza económica interna y de creación de empleo orgánica para los residentes de larga duración, ha de compararse con el crecimiento vegetativo de la población o con la tasa de actividad. Al analizar las estadística en términos per cápita o la proporción de población activa empleada, el brillo del récord histórico que proclama el Gobierno se atenúa, pues una parte sustancial de la afiliación no es empleo creado, sino empleo incorporado gracias al flujo migratorio que provee trabajadores a sectores sin oferta nativa suficiente. Esta cifra refleja un dinamismo demográfico más que un logro político-económico.

El segundo argumento clave para desmitificar el triunfalismo gubernamental es de naturaleza estadística y conceptual: la Seguridad Social contabiliza afiliaciones, no afiliados. Una afiliación es un registro laboral vinculado a un puesto de trabajo; un afiliado es una persona física. Cuando un individuo ejerce el pluriempleo, es decir, tiene dos o más puestos de trabajo de modo simultáneo, genera dos o más afiliaciones, pero sigue siendo una única persona. Esta distinción es crítica porque el aumento del pluriempleo distorsiona el dato total y le convierte en un espejismo.

Según estimaciones basadas en el Anuario de Estadísticas Laborales y en los propios datos de la Seguridad Social, el llamado efecto pluriempleo o pluriactividad infla el número total de afiliaciones en más de 800.000 registros. Es decir, si el total de afiliaciones supera los 20 millones, la cifra real de personas físicas dadas de alta en la Seguridad Social es significativamente menor. El número de personas pluriempleadas (las que tienen más de un trabajo) se acercó a las 600.000 a cierre de 2024 (según la EPA), la cifra más alta de la serie histórica. Si bien este dato de la EPA es inferior a la estimación de afiliaciones extra (800.000), la diferencia sugiere que muchos pluriempleados tienen no solo un segundo, sino a veces un tercer o cuarto empleo, generando múltiples registros de cotización.

En consecuencia, el aumento de las afiliaciones generadas por una misma persona es un indicador que lejos de reflejar la salud del sistema y el bienestar de los trabajadores es una expresión de precariedad laboral y de la insuficiencia salarial del primer empleo para poder vivir con dignidad, lo que obliga al trabajador a buscar una segunda o tercera fuente de ingresos. En este escenario, una mayor cifra de afiliaciones refleja un problema de subsistencia en lugar de ser una muestra de prosperidad. Pero ahí no termina la historia.

La contrarreforma laboral de 2021 realizó una transformación semántica de la contratación temporal mediante los denominados fijos discontinuos. En estos como en aquella, el trabajador lo hace por temporadas y permanece inactivo durante otras. Durante los periodos de inactividad, no cotiza, puede cobrar la prestación por desempleo pero no se le considera parado en términos estadísticos. La Seguridad Social le sigue catalogando como afiliado a diferencia de los parados que causan baja en la afiliación. Por tanto, esta incluye a un creciente número de personas que tienen un empleo, pero en la práctica están parados. El Gobierno se niega a dar los datos de cuántos individuos se encuentran en esa fantasmagórica situación, convertidos en zombis laborales.

El récord de afiliados del que se ufana el Gobierno es una cifra mágica e inflada de manera artificial por la alquimia gubernamental. Además, el auténtico barómetro de la salud laboral no es solo la cantidad absoluta de afiliados, sino la calidad de ese empleo: su estabilidad real, el número de horas trabajadas por persona, la evolución de los salarios reales frente a la inflación y la reducción del pluriempleo para que un trabajador pueda satisfacer sus necesidades básicas.

0 0 votes
Article Rating
Suscribirme
Notificarme de
guest
0 Comments
Recientes
Antiguos Más Votado
Inline Feedbacks
View all comments