
No ha hablado ni de motos ni de cohetes, pero en su primer mitin electoral, antes incluso de anunciar el adelanto electoral, Sánchez ha vuelto a presumir de un desempeño económico falso. Que no existe. En la ensoñación de país que ha dibujado en su comparecencia en Moncloa, Sánchez ha vuelto a hablar de crecimiento, de empleo y enriquecimiento de los españoles. Y ni una cosa, ni la otra y mucho menos, la de más allá.
¿Los que más crecemos?
El crecimiento económico que refleja el PIB no se traduce en un crecimiento del PIB per cápita, porque no responde a una mejora de la productividad, que sigue en retirada en nuestro país. Cuando un país crece, y crece mucho, como sucede por ejemplo en Irlanda, ese crecimiento del PIB permea hasta los ciudadanos, disparando el PIB per cápita. Cosa que en España no sucede. Desde 2018 hasta nuestros días, el PIB per cápita de España ha sufrido un intenso deterioro y descolgamiento respecto al bloque europeo. Nos situamos 9 puntos por debajo de la media de la UE, cuando en 2018 estábamos 8 puntos por debajo. Con Sánchez en el poder hemos llegado a estar 15 puntos por debajo.
España, según Sánchez la envidia de la UE, no consigue permear un crecimiento del PIB que se debe únicamente a un gasto público expansivo y a la llegada masiva de mano de obra, no llega al bolsillo de los españoles, que únicamente ganan en PIB per cápita en Europa a Bulgaria, Polonia, Portugal y República Checa.
España alcanza 91 puntos frente a la media de la UE en la que se establece la base 100. Países como Irlanda tienen 221, Luxemburgo 245 o Países Bajos 134.
Alemania, con quien nos ha comparado el presidente del Gobierno, está en 116, o Francia, con quien también nos ha comparado, está en 98, casi en la media. En ambos casos, muy por encima de lo que presenta España.
¿Los que más empleo creamos?
Directamente esta afirmación ya no es que sea mentira, es que es imposible, porque a Eurostat le resulta imposible compararnos con la evolución del empleo en otros países de la UE, ya que Sánchez y Yolanda Díaz han convertido el mercado de trabajo en un galimatías imposible de descifrar. Tanto es así, que tienen que poner un asterisco a las cifras españolas porque no pueden homologarse al conteo de paro y empleo en otros estados de la UE.
Todos los meses, el sindicato USO analiza los datos publicados por los servicios públicos de empleo y la Seguridad Social, para tratar de descifrar la realidad detrás del trampantojo que ofrece el Gobierno. Una realidad en la que el Gobierno mete sistemáticamente millón y medio de parados debajo de la alfombra.
Eurostat directamente advierte de que las definiciones de fijos discontinuos y la inclusión de afectados por ERTE entre los trabajadores en activo desvirtúan las estadísticas de España.
Otra de las grandes mentiras es la del número de afiliados. Siempre que tiene ocasión, Sánchez presume de haber sobrepasado los 22 millones de trabajadores, porque es la cifra de afiliados que arroja la Seguridad Social, sin embargo, de nuevo, el galimatías normativo que obliga a crear nuevos contratos y afiliaciones con cada actividad que realizas en España, ha desvirtuado la estadística, de modo y manera que es necesaria la firma de más de 16 millones de contratos para que las afiliaciones crezcan en 739.000 afiliados en los últimos 12 meses. Es decir, 21,8 contratos por afiliado.
No sólo eso. Tal y como recuerda USO, el récord de 22,4 millones de afiliados medios no corresponde con un incremento de la ocupación, porque en ellos se incluye a los perceptores del subsidio por desempleo de mayores de 52 años, los desempleados que perciben la prestación contributiva por desempleo y los becarios que realizan prácticas no remuneradas.
En cambio, si nos fijamos en la tasa de paro y comparamos con los países de la UE, España sigue estando a la cola. En 2025 sólo tuvimos menos paro que Macedonia y Bosnia. Y ahora, en agosto de 2026, España sólo tiene más paro que Macedonia. Vamos, que de campeones de empleo, nada.
¿Más ricos que alemanes o franceses?
Es quizá la más sangrante de las afirmaciones que Sánchez hace cada vez que tiene ocasión: según su relato, los españoles somos no más ricos, sino mucho más ricos que cuando él llegó al poder. De hecho le pone cifras: según dice, somos entre un 8 y un 9% más ricos.
Nada más lejos de la realidad. La inflación ha subido desde 2018 más que los salarios, con lo que en términos reales, los españoles estamos cobrando menos que en 2018.
Y eso si tenemos en cuenta únicamente la inflación general, la evolución acumulada del IPC. Si miramos por conceptos. Mientras el IPC general ha subido más de un 21% desde que Sánchez gobierna, la cesta de la compra ha subido casi un 40%, la factura de la luz y la factura del gas ha subido casi un 30%. Los carburantes un 25 % y la vivienda más de un 40% (la de alquiler un 48% más cara).
Es curioso, que nos compare con Francia y Alemania precisamente. Ambos países han sufrido un incremento de la inflación en estos años ligeramente inferior que España, con un acumulado en el entorno del 20% Alemania y Francia un 18%. Esto unido a que ni en Francia ni en Alemania hay una pérdida de poder adquisitivo respecto a 2018, sino más bien un estancamiento, esto hace que en términos reales no se haya perdido demasiado poder adquisitivo.
Por conceptos, tanto la cesta de la compra como la vivienda en venta y en alquiler se han encarecido mucho menos que en España. Sólo luz, gas y carburantes han subido en términos parecidos a los españoles.
Nuestro sistema productivo, ¿campeón europeo?
Como decimos, el fuerte crecimiento del PIB en España desde 2021 se ha basado principalmente en la incorporación masiva de mano de obra (el empleo ha crecido a ritmos del 2% al 3% anual) más que en aumentos de eficiencia por trabajador.
Brecha persistente: En España sufrimos una brecha persistente con nuestros vecinos europeos. Aquí se trabaja un promedio de 1.700 horas al año por ocupado, frente a las 1.340 horas aproximadas en Alemania y 1.500 horas en Francia. Pese a trabajar casi 350 horas más al año que un alemán, cada hora trabajada en España produce solo un 63% – 64% de la producción media por hora de Alemania o Francia.
El discurso económico de Pedro Sánchez hace unos días ha situado la reducción de la desigualdad en el centro de la acción del Gobierno de España, pero los datos disponibles dibujan una realidad diametralmente opuesta a la que pretende transmitir el Ejecutivo con sus continuos mensajes sobre esta cuestión.
Una nueva actualización de la estadística de renta personal elaborada por Fedea revela, de hecho, que la desigualdad aumentó con fuerza durante 2023, último año con datos disponibles, y se sitúa, además, claramente por encima del nivel observado en 2018, cuando se produjo la llegada del dirigente socialista al Palacio de la Moncloa.La medida utilizada por Fedea es el índice de Gini medio de los municipios españoles incluidos en la estadística, que se elabora a partir de microdatos de declaraciones de Impuesto sobre la Renta que ofrece la Agencia Tributaria. En 2018, este indicador se situaba en 0,5044, pero cinco años después alcanza 0,5167.
El aumento acumulado es, por tanto, de aproximadamente un 2,4%, lo que rompe por completo la asociación que pretende establecer la Administración Sánchez cada vez que justifica los aumentos de impuestos y de gasto refiriendo que tales políticas reducirán las diferencias de renta.
El aumento ha sido especialmente concentrado en el último ejercicio disponible. Así, entre 2022 y 2023, el Gini medio pasó de 0,5058 a 0,5167, lo que supone un incremento del 2,16% en solamente doce meses. De esta forma, no solamente se aprecia una tendencia general a más desigualdad, sino que esta dinámica se da de forma cada vez más intensa.
Entre las 145 localidades españolas de más de 50.000 habitantes analizadas por Fedea, la desigualdad aumentó en 90 y solamente se redujo en 55. Esto quiere decir que prácticamente dos de cada tres grandes municipios evolucionaron hacia una distribución de la renta más desigual durante 2023. El mismo patrón aparece entre las diez ciudades más pobladas de España. La desigualdad aumentó en siete de ellas durante 2023.
Los datos resultan especialmente llamativos porque llegan después de años en los que el Gobierno ha defendido sucesivas subidas de impuestos, aumentos del gasto público y transferencias sociales precisamente como herramientas destinadas a lograr una distribución más igualitaria de la renta.
La evolución desde el comienzo de la etapa de Sánchez tampoco permite sostener que la desigualdad municipal haya disminuido de forma estructural. En 2018, cuando el socialista llegó al Gobierno, el Gini medio era de 0,5044, mientras que el registro que hoy conocemos sitúa esta rúbrica en niveles del 0,5167 para el año 2023.
La renta crece poco más de un 1%
El aumento de las diferencias distributivas coincide además con una fuerte desaceleración en la evolución de las rentas. La renta personal media por declarante alcanzó los 25.308 euros en 2023, apenas un 1,2% más que un año antes. Tenemos, pues, un movimiento muy limitado en los salarios y, dentro de las variaciones que se dan, la distribución de los ingresos es cada vez más estrecha.
La estadística de Fedea tiene especial interés porque cubre veinte ejercicios, desde 2004 hasta 2023, y se construye directamente a partir de las declaraciones de IRPF. La última actualización incluye 1.249 municipios y prácticamente todo el universo de localidades españolas de más de 5.000 habitantes de régimen fiscal común.
Los números introducen así un incómodo matiz en uno de los principales argumentos económicos del Ejecutivo. Pedro Sánchez, presidente desde junio de 2018, ha hecho de la redistribución y la reducción de las desigualdades una de sus principales banderas políticas – y, sin embargo, sus resultados han tenido el efecto opuesto.


