Los ‘baby boomers’, la generación quemada

Los mayores de 55 años se consolidan como motor económico: son la generación con más renta y consumo privado

Eduardo Vara, experto en ‘burnout’: «Muchos séniors ven que la exigencia laboral aumenta mientras deben cuidar de padres e hijos»

La jubilación se concebía en el pasado como el cierre de una vida laboral estable que daba paso a un retiro asociado al comienzo del declive de la vida, de los achaques y las temidas enfermedades. Pero ahora, la mayoría de las personas llegan al retiro con buena salud y con una situación económica holgada que les permite disfrutar del tiempo que el trabajo les ha absorbido durante décadas y de una oferta cultural y turística inmensa. La jubilación se ha convertido, por tanto, en una fantasía recurrente y un motivo de conversación habitual entre los trabajadores veteranos, a partir de la cincuentena –la generación del ‘baby boom’ español–, que ansían tener tiempo libre y dejar atrás las exigencias profesionales. Sobre todo entre aquellos con ocupaciones más agotadoras o exigentes.

De hecho, los expertos, que están detectando un aumento del ‘burn-out’ en estas edades, lo vinculan con la sobrecarga de tareas, el agotamiento tras décadas de trabajo, la digitalización acelerada y la «cultura de la disponibilidad permanente».Ejemplo de ello es Alejandra Pérez: tiene 50 años y se reúne, normalmente una vez al año, con sus amigas del instituto, todas ellas universitarias y con trabajos estables. En la última comida, el deseo de jubilarse ocupó buena parte del encuentro, un tema de conversación que no había salido en ocasiones anteriores o, al menos, no con tanto protagonismo. Una es enfermera, otra farmacéutica, otra arquitecta, otra funcionaria del cuerpo superior y la última estudió Derecho y trabaja en las oficinas del Metro. Les gustan sus trabajos pero, según explica Alejandra, de un tiempo a esta parte ha irrumpido con fuerza el deseo de jubilarse: «Los años se van notando y llega un momento en que, como ya te has sentido realizada en tu trabajo y has conseguido llegar donde querías o has podido, ahora valoras otras cosas, como tener tiempo libre y poder disfrutar de tu familia, tus amistades y del ocio».

«Estoy cansado de reuniones, de trabajar por objetivos inalcanzables, de tener jefes que saben menos que yo y, sobre todo, de los horarios interminables. Sigo contestando ‘mails’ incluso en mis vacaciones. Estoy agotado y me parece un castigo trabajar hasta los 67 años. No puedo más, no paro de pensar en la jubilación»

Trabajos exigentes

Las encuestas corroboran que la mayoría de trabajadores en España son contrarios a retrasar la edad de jubilación, que se ha ido alargando y en 2027 habrá alcanzado los 67 años. El CIS preguntó por esta cuestión en 2023 y el 75% de los españoles se mostró poco o nada de acuerdo en aumentar la edad de retiro. Al contrario, un estudio de Funcas cuantifica que a seis de cada diez trabajadores les gustaría jubilarse antes de esa edad, sobre todo a partir de los 61 años.

Por su parte, la base de datos SHARE, de escala europea y con datos de personas de más de 50 años, revela que el deseo de jubilarse es mayor entre los trabajadores con empleos física y mentalmente más exigentes, que se sienten poco apreciados por sus jefes o compañeros o que tienen pocas oportunidades de promoción.

Además del agotamiento tras una vida laboral larga y el acuciante proceso de digitalización, los expertos consultados apuntan que en este creciente anhelo de jubilación influye una larga lista de factores, como las dificultades para conciliar las responsabilidades laborales y familiares o el edadismo que se vive en muchas organizaciones. A ello se suma que la edad de jubilación se va alargando, por lo que en la cincuentena se ve aún muy lejos la meta y la sensación es que la carrera es larga y cada vez más empinada, lo que provoca aún más frustración. «Se hace muy cuesta arriba», indican Alejandra y Juan.

Precariedad y conciliación

Eduardo Vara, médico experto en ‘burnout’, apunta sobre este fenómeno: «A los ‘hijos de la Transición’ les prometieron en su juventud jubilarse antes y ahora descubren que deben trabajar más y en empleos más precarios, con una sobrecarga de tareas que solo crece y bajo la espada de Damocles de la transformación digital, mientras en sus hogares continúan las cargas familiares y los problemas de conciliación».

A su juicio, el deseo de jubilarse proviene «de una espiral de exigencias cada vez mayores; de la ausencia de horizonte en culturas laborales que anteponen las ganancias a principios profesionales antes sagrados; y de la sensación de irrelevancia por la sustitución del oficio por el beneficio y por un evidente edadismo que, además de anteponer la ‘sangre joven’ al bagaje, busca acallar las críticas de quienes tienen una visión más amplia y formada»

Los empleados sénior «empezaron a trabajar en un mundo donde un empleo finalizaba al cerrar la puerta de la oficina y, de repente, siempre queda un resquicio digital abierto por el que pueden colarse avisos e incluso tareas extras, lo cual aumenta la sensación de pérdida impuesta para quienes llegaron a disfrutar de lo que significa la auténtica desconexión», añade.

Buena salud y edadismo

A su vez, Elisa Chuliá, profesora de Sociología de la UNED e investigadora de Funcas, enumera varios factores más: «Ahora se llega a la jubilación con más salud y con más formación que antes, lo que te permite sacar provecho y disfrutar de la enorme oferta cultural y de viajes existente y la gente está deseando disfrutar de esa etapa»

Por su parte, Tomás Izquierdo, experto en el desempleo sénior, añade que también entre los veteranos que no tienen trabajo, dada la dificultad de reengancharse al mercado laboral, «se observa el deseo de jubilarse». «Pero no es el deseo de no trabajar, sino de trabajar de otra manera o de poner fin a una situación difícil, porque el mercado laboral les ha hecho sentir que ya no tienen cabida».

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