¿Cuál es la temperatura del mercado laboral español? Con el paro en retroceso a niveles de 2008 y las vacantes por cubrir en su nivel más alto en lustros, la respuesta parece claramente positiva, y así lo defienden buena parte de los economistas (empezando por los del Gobierno), que sostienen que nuestro país se mantiene dentro de los márgenes de un ciclo expansivo, con una cierta tensión entre la oferta y la demanda de mano de obra. Un calentamiento que contrasta con el enfriamiento que se aprecia en el resto del Viejo Continente. Eso sí, seguimos sin escapar de una extraña maldición: cualquier momento que, según este diagnóstico, podamos considerar ‘bueno’ para el empleo en España equivale al peor para cualquier otro país de la Unión Europea.

¿Qué significa una «fase expansiva del ciclo económico» en términos de empleo? Una en la que se crea empleo, baja el paro y suben las vacantes por cubrir. Esa es la situación en la que se encuentra España en estos momentos, si nos atenemos a la famosa Curva de Beveridge, que se dibuja cotejando la evolución de la tasa de paro y la de los puestos de trabajo por cubrir para determinar la marcha de la economía de un país.

Un indicador que muestra la ‘tensión‘ del mercado de trabajo y que sitúa a España en su mejor momento desde la Gran Recesión, cada vez más cercano a los «años dorados» entre 2004 y 2008. Aunque aún hay más desempleo que entonces, la tasa de vacantes es mayor. Aunque esta ecuación ha aflorado algunas tendencias inusuales durante la pandemia, debido a que los confinamientos afectaron a sectores intensivos en mano de de obra, en los últimos tiempos ha vuelto a la normalidad. Y con ello el optimismo sobre España.

El paro cerró 2025 en un porcentaje del 9,9%, su menor nivel desde el estallido de la crisis financiera e inmobiliaria en 2008. Según la Encuesta Trimestral de Coste Laboral (ECTCL), en ese periodo se registraron 155.737 puestos de trabajo por cubrir, el máximo de la serie histórica elaborada por el INE.

Pero Eurostat usa una serie más larga y detecta que entre 2010 y 2012 hubo muchas más vacantes: la razón es el Plan E, que inyectó miles de millones en obras públicas y otros servicios de las administraciones para evitar la debacle del pinchazo de la burbuja financiera. Si descontamos ese momento, la tasa de vacantes de los últimos tres años, estabilizada en el 0,9%, sería la más alta de la serie. Combinada con la tasa de paro, la evolución apunta a unas expectativas positivas. Sobre todo, en el contexto europeo.

Lo que parece confirmar la curva de Beveridge es que, a pesar de las incertidumbres y la desaceleración del ritmo de creación de empleo en una economía aún marcada por la volatilidad estacional como la española (recordemos que la tasa de paro escaló al 10,8% en el primer trimestre de 2026), aún mantenemos un margen de mejora: si el desempleo sigue bajando y las vacantes se mantienen, significa que la temperatura del empleo es más alta que países que ahora están creando menos puestos de trabajo, como Alemania, Francia o, por supuesto, los países nórdicos (Finlandia y Suecia), cuya caída en picado parece evidente.

Pero esta lectura optimista se descompone si leemos la fórmula de Beveridge de otra manera: no como una evolución a lo largo del tiempo, sino para dibujar una foto fija del momento actual en el contexto europeo. Aquí las buenas noticias empiezan a esfumarse.

Con su 0,9%, España tiene la menor tasa de vacantes de la zona euro y la cuarta de Europa tras Rumanía, Polonia y Bulgaria, mientras que a cierre del cuarto trimestre conservaba la tasa de paro más elevada (aunque hay que precisar que en datos mensuales de paro que publica Eurostat ya nos ha superado Finlandia). Esto supone que, por cada puesto por cubrir en España, compiten 16 desempleados, un dato inédito en el contexto europeo.

Esto mantiene a nuestro país en el extremo más alejado de Europa, en lo que se refiere a oportunidades laborales, incluso por detrás de países con una tasa de vacantes menor o casi el mismo desempleo. En este sentido, cobra relevancia la comparación con Finlandia, cuya tasa de paro se ha disparado en el último año mientras sus vacantes se desinflan. Es decir, el mercado laboral español sigue siendo más débil (al menos en oportunidades laborales) que una economía inmersa en una clara crisis laboral, en parte por su exposición a la guerra de Ucrania.

De esta forma, entramos en una extraña paradoja: la curva de Beveridge se comporta como debería en España (salvo en momentos puntuales de distorsión como los que ocurrieron entre 2010 y 2012, cuando el Ejecutivo infló la demanda de empleo), pero esto no reduce la brecha con el resto de la UE, a no ser que se produzca una crisis que nos afecte ‘menos’ que a otros.

¿Por qué tiene España tan pocas vacantes en comparación con las grandes economías del euro (Alemania anota una tasa del 3,7%, Francia del 2,1% e Italia de un 2,1%)? La razón principal es su alto volumen de mano de obra disponible, incluyendo parados y otros colectivos. Pero, además, como hemos contado en elEconomista.es, el peso del sector público es desproporcionado en las vacantes, con lo cual la demanda de los sectores más productivos y de alto valor añadido es realmente escasa.

Sin embargo, una de las claves que explica que España pueda crear empleo en términos de ocupación a pesar de tener un volumen tan bajo de vacantes y tan alto de paro es la rotación laboral, la entrada y salida de trabajadores de la ocupación. Que no se debe exclusivamente a la temporalidad de los contratos: ahí tenemos el ejemplo de Países Bajos, con una tasa de empleos eventuales mucho mayor que la española pero una tasa de paro de apenas el 3,9% y la mayor tasa de puestos de trabajo por cubrir (un 4,3%) de toda Europa .

Esto refleja un enfoque del mercado laboral y, seguramente, el diseño del tejido productivo muy diferente al español, que redunda en nuestra menor capacidad para crear oportunidades a los parados. Un problema que, como refleja la profunda contradicción entre las dos formas de ‘leer’ a Beveridge, no se resuelve simplemente creciendo más aprovechando el ‘viento a favor’ del ciclo, sino con reformas estructurales de mucha mayor envergadura

Fuente:¡Maldito Beveridge! El termómetro de la fortaleza económica de España esconde un terrible agujero para el empleo