LA QUE SE AVECINA: CONSUMO Y GASTO FISCAL

Lo que está ocurriendo es, sin duda, un shock para el que ni organismos, gobiernos ni empresas estaban preparados. Las noticias empresariales y económicas a corto plazo van a ser muy malas: en China ha tenido el peor dato en los últimos 50 años y los mercados financieros europeos han sufrido caídas de casi el 40% .

La clave para revitalizar la economía es el gasto fiscal “contenido” para revitalizar las expectativas de crecimiento y mejorar la confianza de los inversores. El gasto fiscal son las cantidades que dejará de recaudar el Estado por la concesión de ventajas fiscales a ciertos contribuyentes o determinados sectores económicos en forma de exenciones, reducciones y aplazamiento del pago de impuestos. Y si los responsables políticos son capaces de evitar el contagio y la recesión, hay margen para un rebote muy fuerte del crecimiento económico dados los beneficios de una política monetaria flexible y el bajo precio del petróleo.

Una reflexión optimista: una vez que el virus esté controlado con antivirales eficaces en espera de la deseada vacuna y si no ha habido mucho daño económico por medidas equivocadas de los Gobiernos, podría haber subidas importantes y rápidas en los mercados. Nos situaríamos en un escenario con unos estímulos fiscales y monetarios sin precedentes

Pero es una falacia pensar que la gente se va a lanzar a consumir nada más terminar los estados de alarma. La recuperación del consumo será lenta y llevará mucho tiempo igualar los niveles anteriores a la crisis, entre otras cosas porque el paro aumentará fuertemente y el nivel de renta caerá de manera significativa. La mayoría de lo trabajadores afectados por ERTE no cobran el mismo salario que cobraban antes por no hablar de los que viven en la economía sumergida y que cobran sus ingresos en B, pero igualmente consumen y tributan, al menos, por el IVA de ese consumo. La economía española es cíclica y dependen en un porcentaje muy importante (un 14%) del turismo. Del turismo dependen las agencias de viajes, los hoteles, los restaurantes, los bares y hasta las empresas de alquiler de automóviles, etc. En esos sectores hay mucho empleo temporal y precario. Así que estamos abocados a muchos meses con el desempleo disparado.

El comercio, junto con la hostelería y el turismo, es uno de los sectores más afectados por la crisis del Covid-19. Desde la patronal de grandes superficies Anged prevén que en 2020 las ventas caigan en 25.000 millones de euros, un 10%. y afirman que 100.000 de los 250.000 trabajadores que tienen en plantilla sus empresas asociadas -El Corte Inglés, Mediamarkt, Leroy Merlín, Ikea, entre otros- están afectados por un ERTE por fuerza mayor. Además, estiman que el consumo se contraiga hasta un 50%, 15 puntos más de lo que lo hizo en la anterior crisis de 2009.

A pesar de que en estas semanas de estado de alarma la facturación en artículos de alimentación ha subido más de un 25%, los descensos del 70% y 50% en el textil y los artículos de tecnología para el hogar perforan las cuentas del sector. Esta situación está generando cúmulos de stock en las empresas, que tienen que ingeniárselas para darles salida.

En Europa están tomando medidas “algo” más valientes. El apoyo de Francia equivale al 23% del PIB, el de Alemania, al 60%; el de Italia, al 21%; el del Reino Unido, al 17%, mientras, España sólo destina el 11%. Es decir, las medidas adoptadas por el Ejecutivo tienen un peso seis veces menor al de Alemania y la mitad que el de Italia y Francia, siendo similar a los planes aprobados por Reino Unido. Es aquí donde se deja sentir el distinto margen fiscal de los países. España desaprovechó 2019 para reducir su déficit y lo aumentó del 2,5% al 2,6% del PIB por medidas “populistas”.

El FMI en sus previsiones fiscales ha calculado el efecto presupuestario de las medidas: Alemania ha desplegado medidas con un coste inmediato del 4,4% del PIB, liquidez del 6,2% y avales del 23,4% mientras que España, con medidas de gasto equivalentes al 1,2% del PIB, avales por el 8,9% y liquidez del 0,9%. Por su parte, Reino Unido ha aprobado un 3,1% del PIB de medidas de gasto y un 15,7% de su PIB en garantías y Francia ha puesto sobre la mesa un 13,9% del PIB a liquidez directa a las empresas.

El Gobierno, hasta ahora no ha demostrado una gran pericia en la gestión de crisis, tendrá dos opciones sobre la mesa para afrontar una situación enormemente compleja:

a) Echarse en brazos de las tesis de Unidas Podemos, que aprovechará la situación para defender su programa de máximos, como aumentar de forma significativa la presión fiscal (a los ricos, por supuesto) y, si se tercia, llevar a cabo alguna nacionalización de empresas estratégicas. Si Pedro Sánchezse deja seducir por el populismo de izquierdas, puede convertir a España en la Grecia de 2012. No olvidemos que Iglesias acudió en 2015 a Atenas a apoyar a Alexis Tsipras por su valentía al enfrentarse a la Troika (los odiados hombres de negro). Como todos recordarán, aquello terminó en tragedia y el ideólogo y ministro de Economía del gobierno griego Varoufakis, ha acabado convertido en un icono de las fracasadas las políticas ultaizquierdistas.

b) Pactar con la oposición de centro derecha (Pablo Casado e Inés Arrimadas) un presupuesto austero y sensato que ponga las bases para salir cuanto antes de la crisis, para lo que es necesario ayudar a las empresas a mantenerse a flote, salvando los elementos sustanciales de una reforma laboral tan vilipendiada que hace ocho años nos ayudó a salir de la crisis.

La batalla económica se espera más ardua, lenta y dolorosa que la batalla sanitaria. ¡Veremos!

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