EL MAL PERDER DE LA IZQUIERDA LA IZQUIERDA NO SE EQUIVOCA NUNCA: SE EQUIVOCAN LOS VOTANTES

Una “verdad incuestionables” es la superioridad moral de la izquierda, pero si uno mira a su alrededor, no se tiene en pie

«La reacción de los socialistas no obedece solo a la rabia por la derrota electoral, sino también a la convicción de que sólo ellos merecen estar en lo alto del podio»

Los resultados de las últimas elecciones autonómicas y municipales, con la considerable merma del poder territorial de la izquierda, han puesto en evidencia eso que podríamos llamar su mal perder. A nadie le gusta ser derrotado, y serlo encima con contundencia. Pero la reacción de los dirigentes socialistas no obedece únicamente al disgusto o la rabia por haber sido apeados del poder autonómico y municipal, sino también a la convicción de que sólo ellos merecen estar en lo más alto del podio. Ya sabencuando pierden no es porque ellos lo hayan hecho mal sino porque los votantes se han equivocado.

 

Y es precisamente esa superioridad moral, ese convencimiento de que, siendo ellos depositarios del bien, a ellos compete gobernar el país, lo que les impide aceptar la alternancia en el poder. Mientras vote a la izquierda, todo ciudadano estará haciendo el bien. Ese mal perder no se limita sólo a los que tienen como profesión la política también se extiende a muchos de quienes influyen con su opinión en la cosa pública: «Los últimos resultados electorales han dejado un panorama político desolador. El discurso más rancio, cargado de odio, ruido y furia de una derecha extremada, ha tomado la iniciativa en un momento de estancamiento social y la apropiación reaccionaria de la nostalgia se ha instaurado en búsqueda de la diferencia. Nosotros, como siempre, nos hemos remitido a las lecturas, las que nos hacen entender los resultados, las que nos hablan del compromiso ineludible con la justicia social y, también, las que nos animan a reforzar la convivencia y a hacer prevalecer el respeto. Para pensar en un futuro compartido, para defender los derechos adquiridos, por un mundo más humano, libre y habitable» (blog de La Central)

 

 

 

Yo de mayor me pido ser de Podemos o de cualquiera de los partidos satélites que han salido de ahí, porque es como nacer con patente de corso moral en el bolsillo. Yo quiero ir por la vida sabiendo que nunca me equivoco, que estoy en el lado bueno de la historia, que se me juzgará por mis voluntades y no por las consecuencias de mis actos. Yo quiero saber que no soy responsable de que aquello que me sale mal por falta de esfuerzo, de atención, de dedicación, de mérito, de constancia, o por mala suerte, y que en realidad se debe a que hay un culpable: llámalo heteropatriarcado, llámalo neoliberalismo.  Quiero que alguien tenga la culpa y no ser yo.

 

Mucha izquierda está imbuida de la convicción, casi religiosa, de que la base ética de su actuación es la más elevada, de que su constante superioridad moral no admite discusión. Cuando la izquierda hace algo censurable o parece serlo la reacción inmediata es que:

 

  1. a) tal cosa no se ha producido;
  2. b) si se ha producido, está totalmente exagerada por la derecha;
  3. c) la situación no tiene equivalencia con un hecho similar de la derecha,
  4. d) la situación fue producto de una emergencia y hay que desentrañar las razones por las que se produjo

 

En economía, todo el mundo dice que los países con muchos recursos naturales tienen una maldición, ya que esa riqueza, paradójicamente, limita esfuerzos para su desarrollo. Algo similar sucede con la superioridad moral de la izquierda que hace que desatienda el mundo presente para centrarse en imaginar un mundo mejor que está por llegar. Invierte energía en pensar lo que vendrá en vez de en mejorar lo que tenemos y por eso no son los mejores gestores ni del presente ni del corto plazo para TODOS, que usualmente no aspiramos a un futuro cielo sino simplemente a una presente tierra algo mejor.

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