¿EL FIN DE LAS “PREJUBILACIONES”?

Antes de empezar hay que aclarar que prejubilación y jubilación anticipada son dos conceptos distintos. En la prejubilación, el trabajador es despedido mediante un acuerdo con la empresa y pasa al desempleo. En función del acuerdo alcanzado, el trabajador recibe una cantidad de dinero determinada que complementa su prestación por desempleo hasta el momento en que pueda acogerse a la jubilación anticipada o a la jubilación ordinaria.

En la jubilación anticipada el trabajador accede a la pensión de jubilación a una edad más temprana de la legal sufriendo una merma de su pensión por cada año en que se jubile antes de tiempo. La jubilación anticipada está sujeta a la normativa de la Seguridad Social, y para acceder a ella debes cumplir unos requisitos de edad y años cotizados.

Ver: Jubilaciones Anticipadas y Prejubilación

Los ERTEs han impedido hasta ahora una destrucción de empleo sin precedentes, protegiendo a 2,9 millones de personas pues la ley impide a las compañías acogidas a un ERTE por Covid-19 despedir a sus trabajadores hasta seis meses después de reiniciada la actividad, pero con los rebotes de las nuevas fases de la pandemia las empresas están empezando a hacer números para tapar el enorme agujero en sus balances. El ajuste de plantillas es la medida que más ahorro produce a corto y medio plazo, y en estas situaciones, los trabajadores de más edad están siempre en el punto de mira.

Además, muchas de las empresas que hasta ahora han aplicado medidas de jubilación parcial a trabajadores mayores de 61 años, se están decantando por el mecanismo de las “prejubilaciones” debido a que las modificaciones legislativas que han ido penalizando el uso de las jubilaciones parciales.

Las prejubilaciones que se avecinan no son fruto sólo de la crisis del coronavirus, si acaso la pandemia profundiza una tendencia que ha generado casos como los del Banco Santander, Telefónica, Iberia, Caixabank o Navantia, donde más de 15.000 trabajadores mayores de 50 años han sido prejubilados en 2019. Este año ya han anunciado ajustes de plantilla vía prejubilaciones o jubilaciones anticipadas Ford, Renault, Endesa, AENA y Boeing entre otras. De media, las empresas aplican estos planes de prejubilación a sus empleados entre los 57 y los 63 años, que perciben entre un 75% y un 80% de su salario neto”.

Expulsar del mercado laboral a una persona con cincuenta y pocos años, cuando la esperanza de vida está en más de 80, es un contrasentido. El país no se puede permitir perder a estos trabajadores que generalmente tienen altas cotizaciones y, por lo tanto, altas pensiones a la Seguridad Social

INTENSIFICAR EL CONTROL SOBRE LAS PREJUBILACIONES

El ministro José Luis Escrivá quiere reducir las prejubilaciones pactadas entre empresas y sindicatos en procesos de reestructuración como los ERE. “Aquí tenemos que hablar con los agentes sociales, pero creo que todo el mundo estará de acuerdo en que tenemos que intentar otros métodos de política económica“, afirmó recientemente el responsable de la Seguridad Social. Escrivá considera que estas salidas anticipadas del mercado laboral, en las que trabajadores de avanzada edad dejan sus puestos con condiciones pactadas a la espera de una jubilación próxima, sobrecargan el sistema público de pensiones.

España destaca en la UE por tener una tasa de empleo entre los mayores de 50 años bastante reducida en comparación con otros países europeos. El dato es del 33,1%, por debajo de la media de los 27 países de la Unión (36,8%) y muy lejos de Estados como Suecia (45,4%)y Alemania (44,6%), entre otros. Aunque este indicador depende de muchas cuestiones, los sindicatos y el Gobierno ponen el acento en un mercado laboral español que “expulsa” a las personas de avanzada edad y que, una vez que se quedan sin empleo, tienen muy difícil encontrar uno nuevo.

El sector financiero es uno de los que más recurre a esta herramienta cuando reduce su personal, aunque no el único. Las opciones de prejubilaciones son múltiples y dependen del acuerdo que alcancen las partes. Por ejemplo, el ERE que aplicó Banco Santander el año pasado para más de 3.000 personas incluía prejubilaciones a partir de los 55 años. El banco dirigido por Ana Botín dará a conocer los detalles de otro ERE la semana que viene, dentro de una amplia lista de expedientes anunciados en las grandes entidades financieras.

Las declaraciones de José Luis Escrivá sobre las prejubilaciones se unen a los anuncios que ha ido adelantando sobre la reforma de las pensiones en la que trabaja su Ministerio, como su intención de endurecer el acceso a la jubilación anticipada voluntaria de los trabajadores con salarios altos y el fomento de la prolongación de la vida laboral más allá de la edad de jubilación. Tras el acuerdo político en la comisión del Pacto de Toledo, que aún debe someterse a la votación del Pleno del Congreso de los Diputados, llega el turno de la negociación con los sindicatos y las patronales al respecto. Escrivá ha expresado su voluntad de hablar con los agentes sociales para tratar de sustituir las prejubilaciones por otras fórmulas “alternativas” que mantengan a los trabajadores de avanzada edad en el mercado de trabajo. “La gente lo que quiere es seguir trabajando y hay que evitar el camino fácil de desactivarles antes del mercado laboral y cargar a la jubilación”

En este segundo ámbito se encuadran las palabras del ministro sobre las prejubilaciones, que forman parte de la negociación de empresas y representantes de los trabajadores en el seno de las compañías y que pueden escaparse un poco de la reforma legislativa, en sentido estricto, de las pensiones y entrar más en terreno de la normativa laboral del Ministerio de Trabajo.

GUÍA PRÁCTICA PARA NEGOCIAR UNA PREJUBILACIÓN

Las prejubilaciones son instrumentos para dejar la empresa, en teoría, con condiciones ventajosas, pero las compañías buscarán en todo momento acuerdos ventajosos para ellas, lo cual es legítimo, pero por eso hay que asesorarse para defender los propios intereses, también legítimos. Hay que ser prudente, porque si no se hacen bien las cuentas, puedes llegarse a perder hasta un 40% de la futura pensión.

Los tiempos de las prejubilaciones doradas han quedado atrás y en la mayoría de los casos es posible que una prejubilación suponga una merma en los ingresos, pero eso no tiene que traducirse necesariamente en pérdida de calidad de vida. Con treinta años por delante, la prejubilación también puede ser una oportunidad de empezar de nuevo con una perspectiva diferente.

Antes de firmar el acuerdo de una prejubilación es preciso tener en cuenta ciertos aspectos, que no son secundarios:

Acuerdo colectivo o individual.

Existen dos fórmulas en la que se puede presentar una propuesta de prejubilación: por despido o por acuerdo voluntario. En el 86% de los casos se presentan bajo la fórmula de despido, o bien colectivo o bien individual. Los despidos colectivos (EREs) se suelen acordar con los comités de empresa, con lo que el proceso tiene mayores garantías para el trabajador. La empresa ofrece una cantidad mensual a la que se añade lo que se recibirá por la prestación de desempleo hasta alcanzar un porcentaje del último salario que suele rondar entre el 70 y el 80% hasta una fecha pactada. No obstante, la llamada ‘cláusula Telefónica’ (de 2010) obliga a las compañías de más de cien empleados y con beneficios a adelantar el coste del desempleo de los mayores de 50 años con el objetivo descargar al Estado de una de las estratagemas de las que las empresas se servían tradicionalmente a la hora de negociar y ejecutar las prejubilaciones. 

El acuerdo voluntario es una modalidad más arriesgada para el trabajador, ya que no cuenta con el respaldo de una negociación previa con los sindicatos, y donde las variables son múltiples y más difíciles de analizar. En los despidos colectivos están exentos de tributar los primeros 180.000 euros de indemnización. En cambio, en las salidas de mutuo acuerdo las indemnizaciones tributan desde el primer euro, y no se tiene derecho a cobrar el paro.

Pérdida por pensión anticipada

Generalmente el acuerdo se firma hasta alcanzar la edad de jubilación anticipada, lo que supone que se tendrá que asumir una pérdida de hasta un 8% de pensión por cada año que falte para alcanzar la edad legal ordinaria de jubilación. Hay que negociar para intentar garantizar el nivel de rentas hasta que se llegue a la edad legal ordinaria de jubilación que depende de la fecha de nacimiento (mes y año) y de los años cotizados al cumplir los 65 años, por ese motivo la fecha pactada en el acuerdo es importante.

El Convenio Especial para completa las cotizaciones

En los despidos colectivos (EREs), si se tiene más de 55 años la empresa tiene la obligación de suscribir un convenio especial con la Seguridad Social para pagar las cotizaciones sociales hasta la fecha acordada, y mantener así el monto de la futura pensión. Este convenio es obligatorio hasta los 61 años si es despido es por causas económicas, y hasta los 63 si es por otras causas. A partir de esa edad deberá ser el trabajador quien facultativamente prorrogue el convenio especial a su costa hasta llegar a la fecha de su posible jubilación (anticipada u ordinaria)

En los despidos individuales también se suele incluir esta cláusula, pero es imprescindible comprobarlo, y que el convenio con la Seguridad Social se extienda el mayor tiempo posible.  Es preciso tener en cuenta que el convenio especial puede costar unos 13.000 euros/año para una base máxima de cotización. Es preciso hacer bien las cuentas de cálculo de la futura pensión, porque el tránsito entre prejubilación y pensión durará unos años, pero la pensión resultante será para el resto de tu vida.

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