UN GOBIERNO PELIGROSO EN MANOS DE UN GANSTER

 

EL PSOE NO TIENE REMEDIO

Los militantes optan por mantener su voto porque las siglas son las siglas y el sectarismo manda. Y lo más difícil de todo es posible que sea devolver al PSOE sus principios históricos. Así que no puede decirse que el éxito de algunas iniciativa internas en el propio PSOE esté garantizado sino más bien parece lo contrario: puro voluntarismo inane.

 

Entre los presentes en el cónclave en un restaurante próximo al Congreso de los diputados , estuvieron algunas viejas glorias que llevan siendo críticos con Sánchez mucho tiempo, como Rodríguez Ibarra, los ex ministros Jordi Sevilla y Virgilio Zapatero, el ex presidente del Senado Juan José Laborda, la ex portavoz socialista en el Congreso Soraya Rodríguez, el ex consejero vasco Maturana, los ex eurodiputados Bofill y Cercas, el ex diputado nacional Urquizu o Nicolás Redondo, quien ya no tiene carnet socialista porque lo echaron por pensar más de la cuenta y expresarlo. Además, la presidenta de Sociedad Civil Catalana, Teresa Freixes, o el catedrático Antonio Elorza, dos referencias de prestigio. Entre el medio centenar de asistentes a la cita es posible que haya alguno que ya ni siquiera sea socialista, pero lo que es seguro es que su nivel político e intelectual está muy por encima de los actuales dirigentes socialistas, cosa que, también es verdad, tampoco es decir demasiado. En todo caso, es gente de prestigio y sobradamente preparada, aunque no sean tan jóvenes como nos gustaría porque, a sus años, es complicado pensar que sean capaces de liderar un nuevo PSOE. De todas formas, no parece que su pretensión sea liderar nada sino que Sánchez sea cuanto antes descabalgado de Moncloa, tanto para regenerar el PSOE como para regenerar España, lo cual es un buen propósito.

 

Lo cierto es que desde Zapatero, con el que empezó todo, empeorado después por quien hoy dirige la nave socialista y los piratas que lo acompañan, gente sin preparación ni principios que no tiene otro objetivo que mantenerse en Moncloa caiga quien caiga y aunque caiga España. Sin embargo, pasado un cuarto de siglo durante el cual el PSOE ha sido liderado primero por Zapatero y luego por Sánchez (con la excepción luminosa de Javier Fernández), es difícil seguir pensando que el actual PSOE es la excepción y no la regla; y si tenemos en cuenta el caldo de cultivo que se ha generado durante las últimas dos décadas y la perversión práctica de lo que ha sido históricamente la izquierda que los jóvenes de ahora no conocen, es posible que todo pueda empeorar y que el postsanchismo que unos esperan sea al final algo parecido al sanchismo que padecemos.

 

Hubo un tiempo en el que lse llegó a pensar que el PSOE tenía remedio y que los militantes del partido iban a ser capaces de elegir al mejor líder posible, quien, rodeado de un buen puñado de hombres y mujeres con cabeza y principios, fiel a su ideario político, al menos trabajaría por el bien de España. Luego se perdió toda esperanza y, tras años de orfandad política y algún intento voluntarista por crear algo decente ubicado en la socialdemocracia, se concluyó que al PSOE debía sustituido `pr otra opción política que defienda la igualdad entre territorios y ciudadanos.

 

En España hay partidos de casi todos los colores, como en cualquier país de nuestro entorno; la extravagancia española es que no haya un partido con representación institucional que sea claramente de izquierdas y, a la vez, abiertamente antinacionalista, lo cual es una auténtica rareza y una muy mala noticia para millones de ciudadanos que estarían dispuestos a votarlo. Sin embargo, apenas parece que haya ni músculo ni suficiente vida inteligente dentro del PSOE para llevarlo a cabo. En todo caso, a estas alturas del destrozo, es obvio que lo que tenga que ocurrir, ocurrirá una vez que Sánchez pierda la Moncloa. Y ni una cosa ni la otra es seguro que ocurran: ni que Sánchez pierda la Moncloa ni que el PSOE se regenere. A día de hoy parece obvio que la solución vendrá desde fuera. Porque el PSOE no tiene remedio.

 

SÁNCHEZ, EL LÍDER ETERNO

Su objetivo es la perpetuación de su presidencia y un ejercicio despótico de la misma.

«Sánchez, al igual que Mao, se presenta siempre por encima del tiempo, como si estuviese instalado en la eternidad»

 

Parece improbable que, si el actual presidente está subvirtiendo día a día en favor propio todos y cada uno de los mecanismos de la vida democrática, vaya finalmente a resignarse a jugar limpio, abandonando la Moncloa al ser derrotado en unas elecciones. Debe fingir que eso puede suceder, pero un hombre tan convencido de su papel histórico como dictador, y al mismo tiempo tan sensible a la amenaza que representa hoy el cerco a su corrupción, hará todo lo legal o ilegalmente posible para conservar la presidencia. No resulta fácil adivinar cómo, pero su propósito es claro. Estamos en una partida de cartas, donde la casa controla el reparto de las mismas, y sabemos que va a utilizar a fondo esa posición privilegiada, marcándolas. Las declaraciones de Pedro Sánchez en Washington, sobre su radiante futuro, respaldadas por su éxito allí como paladín del progresismo mundial, alejan cualquier duda.

 

No es Sánchez un político democrático que declara sus intenciones de cara a ese futuro, con la mirada puesta en cumplir este o aquel objetivo, si gana las próximas elecciones. Piensa que el poder en España es suyo, un patrimonio personal no sometido a límites temporales. Encabezará la candidatura socialista en los venideros comicios por decisión propia, sobrevolando cualquier norma estatutaria. Como si estuviéramos en una monarquía absoluta, la consulta para decidir la actitud como candidato, se dirige en primer lugar a su propia familia, que le acompaña en su liderazgo excepcional, y solo en segundo lugar al partido, el cual, se supone, funciona por aclamación refrendándole. Hay estatutariamente primarias, pero esa existencia normativa se desvanece ante su decisión de afirmarse de la destrucción de las reglas democráticas.

 

Cierra el círculo su la pretensión de perpetuarse en el poder. No para hacer esto y aquello, sino por y para sí mismo. Pedro Sánchez, al igual que Mao, se presenta siempre por encima del tiempo, como si estuviese instalado en la eternidad. Vencerá en esas próximas elecciones y se mantendrá en la presidencia por tiempo ilimitado. Podrá así, en beneficio propio, apuntar hacia una dictadura vitalicia, al modo de Erdogan en Turquía, aquí en nombre del «progreso», mediante el vaciado sistemático de las instituciones constitucionales. Por fortuna, al opositor y al disidente todavía no se les encarcela como en la Turquía de Erdogan.

 

El paradójico control del Legislativo es ya un hecho, no para gobernar, pues pierde una votación tras otra, pero sí para mantenerse al frente del Estado sin su control. La batalla con los jueces sigue, pero también el objetivo de hacer del Constitucional y del Fiscal General del Estado las claves de su necesaria domesticación. Y otro tanto cabe decir de la manipulación sistemática de los medios y del lenguaje político, por un lado, y por otro del uso del poder estatal para consolidar el control de la economía y un nepotismo de masas, imprescindibles a fin de asegurar una base social de absoluta lealtad. No le importa que para ese fin vaya despiezándose el Estado en favor de las comunidades privilegiadas con los independentistas ntregados por sus votos en el Congresoos.

 

Como es obvio, esa deriva anticonstitucional solo resulta posible desde el ejercicio de un poder de tipo gansteril, no porque el Gobierno se dedique a asaltar bancos o a montar el imperio de la droga, aunque de extorsión económica y financiera sí quepa hablar, sino porque gestiona el país por encima de las instituciones y de las leyes, bajo la férula de un hombre y subordinándolo todo a sus intereses y a sus mandatos.

 

No existe mejor prueba que la puesta en marcha siempre de una información sincronizada, exculpatoria del infractor propio y convertida en bumerán para acabar golpeando a la oposición.  El detonador corresponde a la iniciativa del propio Sánchez golpeando siempre al adversario y lanzando una cortina de humo sobre los propios errores.

 

Tampoco existen, en fin, las contradicciones en ese esquema de comportamiento, ya que Sánchez aplica el viejo dicho de que si es con barba, San Antón, y si no, la Purísima Concepción, de hacer falta. Según convenga, es el Doctor Jekyll y Mr. Hyde simultáneamente. Para algo cuenta con un ejército de asesores y de dispositivos informáticos, encargados de fundamentar esa estrategia de control y manipulación, totales y permanentes, de la opinión pública.

 

A estas alturas, salvo en el caso de una ceguera voluntaria solo cabe concluir que estamos en algo mucho más grave que un deseo de prolongar un mandato. El objetivo de Sánchez es, inequívocamente, la perpetuación de su presidencia y un ejercicio, más que dictatorial, despótico de la misma.

 

Frente a la concesión en cadena de privilegios económicos a favor de las comunidades opulentas, exposición rigurosa del coste para los demás ciudadanos de esa cuesta abajo y elaboración de la reforma financiera necesaria a nivel estatal, asentada sobre la equidad.

 

Frente a la pretensión de acabar con la autonomía de los jueces y de consolidar el dominio de instancias claves del poder judicial, oposición radical a ese propósito, utilizando ante la opinión el arma de la corrupción gubernamental.

 

Y frente a la polarización de la sociedad española, aplicando la doctrina del Muro, de una guerra imaginaria, reivindicación de una convivencia democrática, donde la competitividad entre socialdemocracia y conservadurismo, permita acuerdos de Estado al margen de independentistas y antisistemas de diverso pelaje

 

UN VODEVIL O UN TANGO: ¿Y SI PEDRO SÁNCHEZ FUERA INMORTAL?

Cuando se pone serio, Pedro Sánchez se cree ser un dirigente cabal y entonces llama a la prudencia y aconseja como un y llama a una política en la que no quepa el insulto, el hombre o se pone la toga declara la inocencia de su mujer y de su hermano Y que son jueces de derechas; jueces que hacen política y siempre en su contra.

 

Cuando en la televisión MSNBC, en el programa Morning Joe, le preguntan por qué estando en Estados Unidos no se ve con su presidente, él mira a la cámara, mueve los labios como si estuviera delante de un espejo, y serio y circunspecto anuncia: «Estamos recuperando nuestra hoja de ruta y bla, bla, bla…» Cuando su secretario de Estado de Comunicación le recuerda que tiene pendientes peticiones de entrevistas desde hace más de un año de radios, periódicos y alguna televisión -la única que no le ríe las gracias- él pregunta por cómo van las gestiones para que le entrevisten en la CNN, Bloomberg y Reuters. Cuando en la televisión ABC News se interesan por cómo se lleva con el presidente de Estados Unidos, él levanta los hombros, se compone la corbata y proclama: “No estoy desafiando a nadie, solo defiendo el interés de mi país”. Cuando alguien le pregunta por la forma en que lo defiende, él confirma su baraka porque allí nada saben de la defensa que hace de España cuando pacta con un terrorista, se asocia con independentistas antiespañoles o mendiga lastimosamente el apoyo de un inefable prófugo de la justicia.

 

Cuando comparece ante los suyos, diputados, senadores y cargos pensionados por la gracia de su voluntad, él les anuncia que ha hablado con su familia y con el partido, que él se presentará a las elecciones del 27. Nadie sabe que le ha dicho la familia. Nadie qué día habló con el partido, en qué Ejecutiva, Congreso o Comité Federal lo han elegido. Cuando asegura que estará en condiciones de repetir dentro de dos años la mayoría que hoy tiene, tampoco nadie tiene el valor de preguntarle: «¿Pero de qué mayoría hablas si no ganamos las últimas elecciones?» ¡Pero si él no cree en el parlamento! ¡Si tiene dicho que es capaz de gobernar sin el Congreso y por el Senado, ni aparece!

 

Nos preguntamos cómo y por qué hemos llegado a esta situación en la que todo parece a punto de lo peor. Pensamos en ese 25% de españoles que lo votan sólo para que la derecha no gobierne. Y cuando así sucede, la desazón nos invade y notamos como un sudor frío al pensar que quizá este hombre tenga razón. Que no se va a ir. Entonces nos decimos: Dios mío, ¿y si fuera verdad que es inmortal? Y y recordamos aquello de: “Estoy hasta los cojones de todos nosotros”.  O como decía J. L. Borges, que en política hay que hacer el mismo caso a un político que a un cantante de tangos. Pero mejor nos quedamos con el tanguista: Si uno vive en la impostura/ y otro afana en su ambición/ da lo mismo que sea cura, colchonero, rey de bastos/ caradura y polizón. Lo cierto es que con Sánchez la mentira, la impostura y la corrupción se han convertido en protagonistas de una triste historia, que tiene más de tragedia que de vodevil.

 

 

LA LECCIÓN DEL LADRON:

ES HORA YA DE PONER FRENO A ESTE «HIMALAYA DE FALSEDADES”

La idea de que los hombres corruptos se presentan como respetables se ejemplifica en un cuento de titulado La lección del Ladrón. En él se narra cómo un Rey de la India, deseoso de aprender todos los secretos del robo, hizo llamar a un famoso ladrón para que le diese lecciones sobre este dudoso arte. El ladrón se mostró escandalizado. Unos minutos después, el Rey se dio cuenta de que le faltaba un precioso anillo, por lo que no dudó en encarcelar y condenar al ladrón a la pena capital. Llegada la noche, el Rey, bajó hasta su celda, donde oyó al prisionero rezar con fervor. Convencido de su inocencia, decidió soltarlo. Una vez liberado, fue llevado ante el soberano. En su presencia, hizo aparecer el anillo de oro, colocándolo en su mano. El Rey, sorprendido, le preguntó por las razones de su comportamiento. «Me has pedido que te diese unas lecciones –le dijo el ladrón–. He aquí la primera: un ladrón siempre tiene que parecer un ciudadano honrado, respetuoso con las leyes y las creencias. Y la segunda: es absolutamente esencial que afirme su inocencia, incluso contra la más extrema evidencia ¿Quieres que demos la tercera lección?» A la vista del relato, uno tiene la sensación de que el pueblo español está deseoso de recibir esa tercera lección.

 

No se puede aventurar que Pedro Sánchez entre de lleno a formar parte de la Historia universal de la infamia (Borges), pero sí de nuestra más reciente historia. ¿Qué hay de verdad en sus promesas? Nada. No puede quedar rastro alguno, porque lo apócrifo es su seña identitaria. Su quehacer político se ciñe a las palabras que leemos en Macbeth: «Un cuento contado por un loco, lleno de ruido y de furia, y carente de sentido». Su desdén y su arrogancia han propiciado malos tiempos para la política, y aún peores para la coherencia y la verdad. Su delatora hemeroteca demuestra que su esquizoide deseo de permanencia en el poder le lleva a tomar decisiones que no benefician a España, solo a su deseo de perpetuarse, con sus más de seiscientos asesores, en al frente del Gobierno.

 

Como buen camaleón, no duda en buscar el mejor ropaje para la ocasión. Justo cuando la corrupción salpica a todas las esferas del Gobierno, hasta cercar a sus ámbitos más íntimos, se saca un nuevo conejo de la chistera. Esta vez es Israel. Pero al falsario, como al enajenado, se le ven pronto las costuras. Si tanto le preocupa la defensa de la paz y de la vida, cabe preguntarse: ¿Por qué no exige a Hamas la devolución de los rehenes israelíes, como ha preconizado González? ¿Por qué no reprueba los miles de misiles que Hezbolá lanza sobre Israel? ¿Qué medidas tomaría si otro pueblo nos atacara? ¿Qué postura adoptó cuando parte de su Gobierno justificó la masacre perpetrada por Hamás, en la que se llegó a degollar a mujeres –muchas de ellas embarazadas– y a niños? Ni exigió dimisiones ni reprobó públicamente a quienes respaldaron tal brutalidad. ¿Por qué no habla del genocidio que se comete contra los cristianos en tantos países de África, como, por ejemplo, Senegal? ¿Acaso los cristianos no somos dignos de defensa pública? ¿Por qué no enarbola la bandera feminista y la LGTBI contra países en los que son perseguidos, torturados y hasta ejecutados? ¿Es que las mujeres y los homosexuales no merecen el mismo respeto que exigimos en occidente? En estos casos se acoge a un ominoso silencio.

 

Es lógico que este funesto malabarista de la política se guarde de pronunciarse al respecto. ¿Qué ganaría con ello? Ningún voto, todo lo contario. La única bandera que de verdad enarbola es la de la mentira, una mentira que en sus labios no muere, sólo hiede. Por desgracia, de la mentira política no es el único culpable. Con ZP España se instaló en una peligrosa bipolarización, a la que contribuyó, notablemente, Podemos. Por último, llegó el ínclito Sánchez, con su troupe a cuestas. Con él, la mentira, la impostura y la corrupción se han convertido en protagonistas de una triste historia, que tiene más de tragedia que de vodevil.

 

LA HERENCIA DE TODA ESTA TROPELÍA: LA EROSIÓN DEL ESTADO DE BIENESTAR

La elección es reformar hoy o sufrir una crisis de deuda mañana

A finales del verano, en un seminario de su partido, el canciller Merz efectuó una intervención que desgraciadamente ha pasado inadvertida en España. La conclusión de la misma, en sus propias palabras, es que “el Estado de bienestar que tenemos hoy en Alemania ya no se puede financiar con lo que produce la economía”. Si esto piensa el primer ministro de su país, cuya deuda pública en términos de PIB es alrededor de 25 puntos inferior a la media de los restantes países de la eurozona (y 40 puntos inferior a la de España) no es difícil colegir lo que se puede decir sobre la situación de los otros países desarrollados.

 

La capacidad de producción de la economía determina el montante de ingresos públicos y con ello el nivel de gasto público que se puede cubrir sin comerse los frutos de la producción futura. En principio, los ingresos públicos que se pueden extraer de un determinado nivel de producción pueden aumentar o disminuir mediante un incremento de impuestos dependiendo de la cota preexistente de los mismos y de sí el incremento se centra en los impuestos directos o en los indirectos.  En Alemania, considera el canciller, no hay ingresos públicos suficientes para cubrir las necesidades de gasto público comprometidas y subir impuestos no aumentaría sino que disminuiría los ingresos porque sus niveles actuales ya coartan la capacidad de producción y su ritmo de crecimiento. Por otro lado, cualquier margen que haya de aumento de la deuda pública se debe aplicar a la inversión pública y el gasto en defensa. Por lo tanto, es imperativo, concluye Merz, realizar reformas que frenen el crecimiento desbocado del gasto social. Como es bien sabido, la fuerza principal que viene socavando desde hace tiempo los cimientos del Estado de bienestar y lo hará de forma aún más virulenta en los próximos años es la demografía, el envejecimiento acelerado de la población y el consiguiente aumento explosivo del gasto en pensiones y sanidad. Lo que terminará desmoronándolo si no se reforma son los comprometidos e inevitables aumentos de gasto militar y las evitables pero comprometidas medidas para luchar contra el cambio climático. De hecho, incluso prescindiendo del aumento de gasto asociado con estos últimos compromisos, en ausencia de reformas, la dinámica demográfica por sí sola desbordará el gasto público por encima de la capacidad de financiarlo antes de que finalice esta década. En muchos países, pues, ya no hay margen para seguir financiando este gasto mediante aumentos de impuestos o deuda pública o reduciendo otros gastos públicos, como se ha venido haciendo hasta ahora.

 

Es indudable que los políticos mínimamente versados en los números y el razonamiento económico, lo que excluye obviamente a los anticapitalistas de izquierda y de derecha, comparten este diagnóstico. En las sociedades dónde hace tiempo que proliferan ese tipo de políticos racionales, las de los países escandinavos son un ejemplo palmario, hace tiempo que se están instrumentando reformas del gasto social para impedir que su magnitud supere la capacidad de producción del país. Amén de controlar férreamente que las ayudas sociales no desincentivan la búsqueda de trabajo y llegan a quienes más las necesitan. Otras sociedades, ya sea porque no abundan en ellas ese tipo de políticos u otras razones, no admiten recortes ni reforma alguna de ese conjunto de prestaciones que se engloban en lo que se denomina gasto social o Estado de bienestar. Los gobiernos de estas sociedades se afanan en mantener intactos los compromisos de gasto social intentando financiarlos mediante aumentos de impuestos o déficit públicos o reducciones del resto de gasto público. Al respecto, el caso de España en los últimos años es  paradigmático. A pesar de las subidas impositivas y de esos recortes, así como de una coyuntura económica comparativamente muy favorable, el déficit público en términos de PIB no ha bajado del 2%.y la deuda pública supera en 15 puntos la media de la eurozona.

 

Paradójicamente, cuanto más se persista con estas políticas tanto más dañinas serán las consecuencias para el bienestar de la mayoría de la población, tanto a corto como a medio y largo plazo. A corto plazo, porque los costes sociales de los aumentos de impuestos y deuda pública o de los recortes de la inversión pública u otros gastos públicos esenciales pueden superar los beneficios del incremento del gasto social. A medio y largo plazo, porque los excesos del Estado de bienestar debilitan el avance de la productividad, merman el crecimiento económico y terminan por no poderse pagar. Consecuentemente, cuanto más se retrasen las reformas y más se amplíe la brecha entre el tamaño del gasto social y la capacidad de producción,  Mayores y más bruscos tendrán que ser los recortes en el futuro., la elección es reformar hoy o sufrir una crisis de deuda mañana. Huelga decir que la crisis de deuda, con el consiguiente aumento de los costes de financiación y por ende del gasto público, termina imponiendo recortes y reformas más drásticas de lo que hubiera bastado si se hubiesen instrumentado a su debido tiempo.

Al final, esto lo estamos viendo en Francia, en Alemania y en el Reino Unido

 

Fuente:

https://www.vozpopuli.com/opinion/el-psoe-no-tiene-remedio.html

Sánchez, el líder eterno, por Antonio Elorza

¿Y si este hombre fuera inmortal? | Vozpópuli

Juan Alfredo Obarrio Moreno | Pedro Sánchez o el elogio de la mentira

La erosión del Estado de bienestar | Vozpópuli

0 0 votes
Article Rating
Suscribirme
Notificarme de
guest
0 Comments
Recientes
Antiguos Más Votado
Inline Feedbacks
View all comments