SÁNCHEZ, PROTAGONISTA DE “CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA”

La verdad es que Sánchez empieza a recordar al Zapatero de aquel infausto 12 de mayo 2010 en el Congreso, cuando se vio obligado a romper sus promesas sociales, después de que le llamaran al orden y a la contención desde Bruselas pero sobre todo Obama y Merkel. O lo arreglas o te lo arreglamos. Y Zp lo arregló con el mayor recorte social de la historia reciente en España. Otros vendrán que bueno te harán, dice el refranero. No sé, tengo mis dudas.

 

Aquí seguimos gastando como si la caja estuviera sana y ya veremos qué hace el que venga después. A Sánchez le acaban de advertir por gente de su confianza (léase El País) que «las medidas beneficiosas a corto plazo pueden terminar siendo contraproducentes a medio y largo plazo«.

 

 

Esto es ya un tsunami, un viento que se lleva por delante todo aquello que toca Pedro Sánchez. Su drama es que para muchos no es creíble ni siquiera cuando, sin querer, dice una verdad.

 

Ahora intenta lucir como el político izquierdoso que un día fue y se presenta esta semana de la Cumbre de la OTAN como un estadista matagigantes, pero disfrazado con el ropaje del victimismo que tan buenos réditos da a sus socios independentistas. Ese truco ya lo conoce, pero sucede que ya no le funciona.

 

Los madrileños se dieron cuenta hace algo más de un año, y convirtieron al PSOE en el tercer partido de la oposición, algo que jamás había sucedido. Los castellanoleoneses confirmaron la tendencia, y le enviaron un mensaje inquietante: mejor el PP con Vox que Sánchez y los suyos. Ahora han sido los andaluces los que le han dejado para el arrastre. Con Sánchez se ha esfumado el enorme aparato que ese partido tenía en Andalucía especializado en algo que siempre hizo muy bien: ganar elecciones.

 

El PSOE es irreconocible cada vez que sus portavoces intentan explicar lo que les pasa. Adriana Lastra, Felipe Sicilia, Héctor Gómez, Eva Granados están simplemente a la altura del partido sanchista, y también a la del Gobierno más gris de las últimas legislaturas.

 

Ahora el presidente ha vuelto a esa retórica barata según la cual él y los suyos están rodeados de intereses poderosos y de tipos desalmados que quieren “quebrantar” la voluntad de su Gobierno. Habla sin ningún rubor de terminales financieras y mediáticas. Sánchez ha hecho actos con el Ibex y con sus consejeros delegados, no uno, bastantes con los que aparecía sonriente. Ahora el presidente asegura que van a por él. ¿Quiénes son? ¿Por qué no da sus nombres? ¿Por qué no los denuncia? ¿Nos quiere hacer creer que hay en España quien manda más que el Gobierno? No es verdad. Este es el último recurso que le queda a aquel que ha agotado su crédito.

 

Lo de las terminales mediáticas es ya otra de otra dimensión. No se puede explicar que alguien que tiene a su favor a periódicos, radios y televisiones se queje tan amargamente de su soledad.

 

Sánchez ha terminado por convertirse en un buen argumento para una novela con triste final.

 

«El éxito a toda costa nos hace peor que animales” (José Saramago)

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