Rusia ha declarado la guerra económica a Alemania que puede sufrir las inclemencias del general invierno en caso de una previsible interrupción en los suministros de gas procedente de Rusia. La locomotora europea tendría que ralentizar su maquinaria industrial situándose en primera línea de fuego de una recesión económica que trasladaría automáticamente a los países del Sur de Europa. El Gobierno del canciller Sholz no va a consentir que España siga de fiesta mientras sus ciudadanos pasan frío en todos los sentidos.
En su política económica de trazo grueso Sánchez ha decidido que la inflación también puede serle de gran ayuda para hacer frente financieramente a su política de gastos y apuesta en la capacidad de las instituciones comunitarias para impedir que la prima de riesgo termine hacerle “morder el barro” como a su antecesor Zapatero. Una vez más desplaza su propia responsabilidad a espaldas ajenas, pero el error de cálculo puede venir por un agravamiento de las economías más potentes que han liderado la toma de decisiones en Bruselas y, especialmente de Alemania que empieza a sentir en sus propias carnes el dolor más intenso de la crisis.

Ahí es donde se la juega Pedro Sánchez que vería seriamente condicionada su desbocada alegría presupuestaria abocando a nuestro país a otra era de recortes. La invasión de Ucrania dejará entonces de ser una coartada ya institucionalizada y se convertirá en el epitafio de una política económica agotada tanto en su vertiente monetaria como fiscal.
Lo cierto es que los responsables de nuestra Hacienda Pública han encontrado en la inflación un aliado inesperado que supone una reducción en términos reales de sus gigantescos números rojos al mismo tiempo que incrementa los ingresos fiscales sin tener que elevar los impuestos a los ciudadanos de forma “descubierta”, pues ya lo hace de forma “tapada” no deflactando el IRPF y de forma indirecta a través del anuncio de nuevos impuestos a la banca y a las energéticas que, en el dudoso caso de que sigan adelante, se trasladarán a los ciudadanos usuarios de esos servicios (es decir, de TODOS).
Si el BCE no se pasa de vueltas forzando una recesión a nivel continental se podría decir que la situación es la ideal para que los apóstoles de las llamadas políticas sociales sigan subidos a lomos del gasto público como solución inmediata para decir intentar acabar con el sufrimiento económico de sus ciudadanos. Una cantinela repetida hasta la saciedad en el caso de España y que será entonada de nuevo por el Gobierno en la próxima propuesta de los Presupuestos del Estado para 2023: “¡¡¡ o yo o el kaos !!!”.
¡¡¡ QUE LOS DIOSES NOS COJAN CONFESADOS
PUES COMO SEA ESPERAR ALGO RESPONSABLE DE ESTE GOBIERNO
“VAMOS DADOS” !!!



