Su política económica, aparte de por subir impuestos, está marcada por el gasto público, el déficit y el terrible endeudamiento en el que todo ello desemboca
El balance económico que hace Pedro Sánchez es, en su parte económica, exacerbado. Según Sánchez, la economía española va como nunca, porque hay muchos ocupados, los ciudadanos se van de vacaciones y el salario de los hogares ha aumentado más que la inflación. Hasta aquí, su visión de la evolución económica, que se encuentra muy alejada de la realidad. Puede que en el corto plazo mantenga un espejismo, una ilusión artificial, un trampantojo económico, gracias al gasto público, pero, en el medio y largo plazo, la economía está muy dañada en su estructura.
Así, su política económica, aparte de por subir impuestos, está marcada por el gasto público, el déficit y el terrible endeudamiento en el que todo ello desemboca. Si el gasto es creciente, como vimos en el último techo de gasto no financiero, el de 2025, aunque sin aplicación al no haber PGE en vigor, sino prorrogados los de 2023, la deuda es exponencial. Así, el techo de gasto, sigue por la senda del gasto tremendamente expansivo, con un incremento del gasto no financiero –sin fondos europeos– de un 3,2 %, que equivalen a 6.138 millones de euros más, para dejarlo, sin fondos europeos, en 195.353 millones.
Aun sin contar los fondos europeos, el gasto no financiero habrá crecido en 75.519 millones desde que Sánchez llegó al Gobierno. Con los fondos europeos es un incremento del gasto no financiero desde 2018 de 79.337 millones de euros. Si se suman los fondos europeos, el techo de gasto no financiero se eleva hasta 199.171 millones, es decir, 51 millones de euros sobre el actual que incluye fondos europeos.
En cuanto a la deuda, pese a que algunos meses pueda descender debido a un mero efecto de decalaje entre amortizaciones y refinanciaciones, no por un descenso real, su senda sigue siendo ascendente, pues el déficit público continúa incrementándose. Así, Sánchez sigue incrementando la deuda igual que lo ha hecho durante los siete años de su mandato, ascendiendo camino de los 1,7 billones de euros.
Este grave problema puede poner en peligro a la economía española, tanto por su capacidad para financiarla si el BCE deja de comprar deuda, como por la repercusión de sus intereses en el presupuesto, que mermará recursos para servicios esenciales y que, a su vez, incrementará el gasto.
De esa forma, el incremento del gasto es un problema importante, con el déficit estructural, construido sobre un gasto desmedido, que se ha ido consolidando en el tiempo, como principal problema. Así, sobre la base de unos ingresos coyunturales, se ha ido asumiendo un incremento del gasto anual en el sector público, especialmente en el Gobierno de la nación, que nos lleva a una situación de insostenibilidad: recordemos que en 2022, por ejemplo, con una recaudación adicional de más de 30.000 millones, el déficit sólo se redujo dos décimas sobre el objetivo, que denota el importante incremento del gasto que se está produciendo, pues con ese aumento adicional de ingresos el déficit debería haberse reducido más de dos puntos sobre el PIB. Esto significa que se está gastando la totalidad de ingresos que se generan, cosa preocupante, porque se gasta de manera estructural sobre ingresos coyunturales.
Este endeudamiento se agravará, por mayor crecimiento de gasto, que incrementará el gasto estructural y el déficit estructural. De esa manera, el déficit estructural español se sitúa alrededor de cuatro puntos porcentuales sobre el PIB, elemento que señala un grave desequilibrio de la economía española. Déficit estructural que es la gran preocupación de la Comisión Europea. La propia AIReF ha advertido sobre la aceleración del gasto y ha pedido que se tomen medidas para corregirlo, pues considera que debería gastar alrededor de 5.000 millones de euros menos. lo que será un incumplimiento de la regla de gasto.
Y eso provoca que tengamos un crecimiento insano, que pese a las revisiones del PIB ha hecho que hayamos sido los últimos en recuperarnos de la crisis económica derivada de la pandemia.
En cuanto al empleo, el que se crea no es de la mejor calidad: más de la mitad de los contratos indefinidos firmados o son a tiempo parcial o son fijos-discontinuos, con una elevada concatenación de muchos contratos indefinidos de la misma persona en el mismo mes, que muestra que, realmente, se trata de contratos temporales. Además, la tendencia de la creación de empleo va debilitándose, pese al aumento importantísimo del empleo público.
Por otra parte, la inversión extranjera se queda en una quinta parte de la que se recibía trimestralmente cuando Sánchez llegó al Gobierno, produciéndose, cada vez de manera más clara, un efecto expulsión de la iniciativa privada debido al ingente gasto público y a la financiación que el mismo requiere; y eso, es menos actividad económica productiva, menos empleo y menos prosperidad.
Y en este punto, es importante analizar cómo se encuentra dicha prosperidad, porque el presidente del Gobierno ha dicho que la renta, el salario de los españoles, ha crecido por encima de la inflación, lo cual es falso. Para ver el efecto de su política económica hay que analizar todo su período de Gobierno, y lo que nos dice la lectura de los datos es que España es una economía más pobre hoy que cuando Sánchez llegó al Gobierno:
- El incremento del PIB se da en gran medida por el aumento de la inflación, que hace crecer el PIB nominal casi 21 puntos más que el PIB real o constante entre 2018 y 2024.
- Eso hace que el PIB per cápita nominal crezca, pero crece menos que el PIB nominal, lo cual pone de manifiesto que hay empobrecimiento de la economía, porque está creciendo el PIB por la inflación y por acumulación de población, pero crece más la población que el PIB, hecho por el que el PIB nominal pc crece menos que el PIB nominal.
- Además, perdemos posiciones en la UE respecto a la media del PIB pc nominal español sobre la media de la UE, retrocediendo 2,8 puntos entre 2018 y 2024, diferencia sólo atenuada con la revisión extraordinaria del PIB.
- Aunque en paridad del poder de compra mejora cuatro décimas, es prácticamente plano y sólo se debe a las revisiones extraordinarias realizadas.
- Por último, la renta disponible media por persona en los hogares pasa de 15.618 euros en 2018 a 16.480 euros en 2021 (último dato disponible), un crecimiento del 5,67%. En el mismo período, el IPC crece un 9,26%, es decir, casi el doble que la renta disponible media por persona en los hogares, que se puede consultar en el INE (Fuente: Contabilidad Regional de España. Revisión Estadística 2019 (SEC 2010). Serie 2000-2021 (18 diciembre 2023). INE).
En ese mismo período, en términos de contabilidad nacional, la renta nacional bruta per cápita crece un 1,21 %, pero la renta nacional disponible per cápita cae un 0,41 %, recordemos con el IPC creciendo un 9,89 %. Si vamos hasta 2023, la renta disponible bruta per cápita en términos de contabilidad nacional crece un 18,85 % y la neta un 17,60 %. No hay todavía disponibles a 2023 datos de la renta disponible media por persona en los hogares (se queda en 2021).
Por tanto, aunque sería deseable que la economía fuese tan bien como el presidente del Gobierno afirma, desgraciadamente no es así: vivimos un espejismo del corto plazo con un crecimiento coyuntural basado en el gasto, el déficit y la deuda públicos, en el sector exterior –única parte productiva en esa ecuación– y en el incremento de población, que da como resultado una menor riqueza de la economía española y un deterioro estructural de la misma, que requerirá en el futuro de grandes reformas.
Los trucos contables que esconden la quiebra de España
Eurostat acaba de publicar los datos provisionales del Gasto Público consolidado de los 27 países, los Ingresos Totales generados por los diferentes impuestos y, por lo tanto, el superávit o déficit de las diferentes economías. A estos datos se añade la deuda que se actualizó recientemente.
Los datos del primer trimestre de 2025, que acaba de publicar Eurostat, nos muestran, una vez más, una paradoja que debería encender todas las alarmas.
Sobre el papel, el Gobierno podría presumir de haber mejorado sus cuentas pero lo cierto es que el gasto público total ha crecido 10.941 millones de euros, un 6,3 % respecto al T1 de 2024. Los ingresos por impuestos han subido 11.396 millones un 7 %, superando el aumento del gasto. Lo cual demuestra el expolio al que nos están sometiendo, menos a los de las cejas, que, aunque paguen, no paran de recibir subvenciones. El déficit contable se ha reducido en 455 millones, un 4 %, quedando en 10.917 millones en negativo.
El problema llega cuando miramos la otra cara de la moneda. La deuda total del Estado ha crecido en 52.658 millones en solo tres meses.
Vean el cuadro con estos datos:

¿Cómo es posible que, con un déficit contable de apenas 10.917 millones, el Estado haya tenido que endeudarse cinco veces más de lo que marca ese déficit?
La respuesta es preocupante, pues hay solo una posible explicación para este desfase y deja en mal lugar a Bruselas, que lo permite, y a Pedro Sánchez que lo promueve. Es el maquillaje contable de siempre. El superávit o el déficit contable no es más que un reflejo de lo que el Gobierno decide registrar.
Basta con retrasar pagos a proveedores, demorar transferencias a Comunidades Autónomas o dejar facturas en los cajones, para que los números «luzcan» mejor. El déficit contable parece controlado, pero el Tesoro se ve obligado a emitir deuda porque sabe que esos pagos llegarán en semanas.
A esto se le llama fraude estadístico que está penado por el Código Penal y puede conllevar hasta 3 años de cárcel, además de la inhabilitación correspondiente para ocupar cargos públicos, además de demandas por parte de afectados, por tomar de decisiones erróneas con información falseada.
Tenemos pendientes de convocar, pagar y, en muchos casos, adjudicar, 24.000 millones de fondos Next Gen, que llegaron hace años y que fueron usados en pagar gastos del día a día y no nos queda otro remedio que pedir dinero prestado para que esos Fondos lleguen a donde sea.
Solo en junio, el Tesoro emitió 25.023 millones adicionales de deuda pública, y en seis meses la deuda de la Administración Central ya ha crecido en 61.597 millones, un 128,3 % de todo el incremento previsto para 2024.
Así, los números no cuadran y una deuda disparada, es la señal inequívoca de que alguien está manipulando los tiempos de la contabilidad nacional o maquillando cifras.
¿Hasta cuándo aguantará Bruselas esta situación, estas mentiras y estos engaños? Si España tiene que ser rescatada, será la mayor de las vergüenzas para unos españoles que hemos pagado varios billones de euros en impuestos desde que Pedro Sánchez está en La Moncloa.
Lo cierto es que estamos muy cerca de la quiebra financiera de España.
Fuentes:
Por qué somos más pobres con Sánchez pese a su triunfal –y exagerado– balance económico
José Ramón Riera | Las cuentas no cuadran: trucos contables esconden la quiebra de España





El gobernador del Banco de España, José Luis Escrivá, ha lanzado una advertencia sobre la actual situación económica de España, señalando que el país «está viviendo del Plan de Recuperación y Resiliencia» de la Unión Europea. Este instrumento, que ha impulsado un cambio significativo a niveles europeo y nacional, tiene una vigencia limitada y concluirá en 2026.
Así, Escrivá enfatizó la necesidad de una planificación presupuestaria sólida y clara más allá del periodo cubierto por los fondos europeos, reafirmando la urgencia de una definición precisa de las medidas que guiarán la política económica en los próximos años.