España se situó en el puesto 15º de los países con mayor ‘cuña fiscal’ de la OCDE, en un ranking encabezado por Bélgica, donde a los trabajadores solteros y sin hijos se les retiene el 53% de su salario.
Según el informe ‘Taxing Wages’, el 39,5% del salario bruto de los trabajadores españoles solteros y sin hijos se destinó al pago de impuestos y cotizaciones a la Seguridad Social en 2022, frente a una ‘cuña fiscal’ media del 34,6% para el conjunto de la OCDE.
Así, España se situó en el decimoquinto puesto de los países con mayor ‘cuña fiscal’ de la OCDE, en un ranking encabezado por Bélgica, donde a los trabajadores solteros y sin hijos se les retiene el 53% de su salario. Por detrás de Bélgica, los países con mayor diferencia entre salario bruto y neto son Alemania, donde se retiene el 47,8%, Francia (47%), Austria (46,8%) e Italia (45,9%).
En casi todos los países donde aumentó la cuña fiscal para el trabajador soltero, dicho aumento fue impulsado por el alza del impuesto sobre la renta personal, que pudo deberse a salarios promedio más altos que interactúan con sistemas progresivos de impuestos sobre la renta
En el caso de una pareja de trabajadores con dos hijos la cuña fiscal promedio de la OCDE aumentó entre 2021 y 2022 hasta el 29,4%. España, bajo este supuesto, registró en 2022 una cuña del 36,6%, la octava más elevada entre los países de la OCDE.
Con la inflación alcanzando su nivel más alto en más de 30 años en 2022, el nuevo análisis de la OCDE muestra que las tasas impositivas efectivas aumentaron en la mayoría de los países de la OCDE en una variedad de niveles de ingresos y tipos de hogares, con un aumento significativo para las familias con niños, particularmente en los niveles de ingreso más bajos
La cuña fiscal del 39,5% soportada en el salario bruto de los trabajadores españoles solteros y sin hijos en 2022 refleja un peso del IRPF del 11,6% sobre el salario bruto, lo que situó a España en decimoquinta posición entre los 38 países analizados.
Por su parte, las cotizaciones sociales pagadas por las empresas supusieron el 23% y las abonadas por los trabajadores, un 4,9%, cuando el promedio de los miembros de la OCDE se situó en el 13,4% y el 8,2%, respectivamente. De esta manera, España fue el sexto país con mayor peso de la contribución de las empresas, sólo por detrás del 26,7% de Francia; el 25,3% de Estonia y Chequia; el 24% de Italia y el 23,9% de Suecia.
Por otro lado, los datos de la OCDE señalan que el coste laboral medio se situó en 60.522 dólares (54.743 euros), y España, con 61.078 dólares (55.246 euros) se situó en el puesto 21 de los 38 países. Asimismo, el salario bruto promedio de la OCDE alcanzó los 52.195 dólares (47.211 euros) y España, con 47.019 dólares (42.529 euros) ocupó el puesto 22 con una salario bruto promedio casi un 10% inferior a la media de la OCDE.
¿ OTRA OCURRENCIA: UN IRPF REGRESIVO ?
Penalizar fiscalmente al ‘rico’y a ‘las grandes empresas’ reduce nuestro crecimiento e incrementa el fraude. El incremento de presión fiscal no parece haberse traducido en una mejora de nuestros servicios públicos.
Es un hecho que la recaudación de impuestos ha subido cerca de un 15% en 2022, casi 35.000 millones más que en 2021. Haciendo un repaso nada exhaustivo podemos señalar:
- Incremento de cotizaciones sociales en un 0,6%. Un 0,1% a cargo “directo” del trabajador, y el otro 0,5% aunque lo abone la empresa en realidad es a cargo “indirecto” del trabajador pues las cotizaciones son sobre el valor del trabajo del mismo.
- No deflactación de los tramos del IRPF. Esto afecta a todos los trabajadores a los que han subido el sueldo menos que la inflación, y que verán incrementados los impuestos a pagar pese a que, en términos reales su sueldo sea inferior al año anterior por la subida de la inflación.
- Todos los seguros (de coche, multirriesgo para el hogar, de decesos,…) se han visto afectados por un incremento del 33% en el impuesto sobre las primas, que subió hace un par de años del 6% al 8%.
Cuando Pedro Sánchez llegó al Gobierno ya dijo que iba a armonizar la presión fiscal con la de los países más avanzados de la UE, con los que había un gap de casi seis puntos porcentuales, y ya en 2021 habían reducido ese gap a menos de la mitad. Desafortunadamente, ese incremento de presión fiscal no parece haberse traducido en una mejora de nuestros servicios públicos, que ya ni te reciben sin cita previa, ni tampoco en un acercamiento de nuestro PIB per cápita al de las economías más avanzadas de la UE. De hecho, nuestro PIB es aún inferior al que era en 2019 (prácticamente el único de la Unión Europea), y en términos per cápita no hay ninguna probabilidad de que recupere los valores prepandemia antes de 2024, siendo optimistas.
Pero estamos en campaña electoral y sigue teniendo muy buena venta entre millones de votantes lo de «subir impuestos a ricos y a empresas», así que los partidos de izquierda vuelven a la carga con la matraca. La nueva estrella mediática del panorama progresista, Yolanda Díaz hace unos días para financiar la paguita («herencia adelantada») de 20.000 euros que recibiría cada nuevo votante («ciudadano») al cumplir los 18 años, propuso la división del actual tramo del IRPF de 60.000 euros a 299.999 euros en cinco nuevos tramos, con objeto de incrementar los tipos fiscales sobre esos tramos.

Esa propuesta me recordó cómo hace ya mucho tiempo un íntimo (nada ignorante) me comentó, medio en broma medio en serio, que el IRPF debería tener una tarifa plana y que, a partir de ciertos niveles, se fuera reduciendo. Es decir, que a partir de ciertas rentas se aplicase un tipo marginal que en vez de aumentar disminuyera. En definitiva, que el IRPF tuviera tipos regresivos, lo que no significa que el que más gane pague menos: con este sistema, el que más gane siempre pagará más que el que menos gane aunque el tipo a aplicar disminuyese progresivamente con los ingresos .
Con eso, argumentaba, se conseguirían al menos tres efectos:
- Disminución del fraude pues si ganando más pagas menos impuestos habría menos incentivos para transformar una retribución blanca en negra. Con la propuesta de IRPF «regresivo», muchos trabajadores estarían deseando tener más rentas y no lo ocultarían
- Los trabajadores trabajarían con más intensidad. Actualmente, a partir de niveles de rentas, las ganancias salariales adicionales se reparten más o menos a mitad entre el trabajador y Hacienda, lo que puede no ser interesante para muchos, pues ya conocemos las amargas quejas de algún trabajador cuando ante un aumento de salario aumentan también las retenciones de IRPF y por lo tanto el «neto» mensual ingresado es similar o incluso inferior al que tenía..
- Evitar la fuga de trabajadores de alta remuneración al extranjero y atraer trabajadores extranjeros de alta remuneración a España.
El del IRPF que penaliza desproporcionadamente al que más ingresa (nuestros tipos marginales máximos son de los más altos de Europa a igualdad de nivel salarial) no es el único ejemplo de desincentivación al crecimiento económico en nuestro país. No hay más que ver el altísimo número de pymes que facturan casi 6 millones de euros, y el bajísimo número de ellas que facturan poco más de seis millones de euros. La obsesión por penalizar al “rico y a las grandes empresas” reduce nuestro crecimiento potencial e incrementa el fraude.
¡Alomejó! convendría que repensáramos nuestro sistema económico para poner el crecimiento en el centro del mismo, pues sin crecimiento no son posibles ni mejores servicios, ni mejor medio ambiente, ni menor desigualdad ni menor pobreza.




