Las Previsiones de Primavera de la Comisión Europea plantean un escenario económico desolador para España. España tiene serios problemas estructurales no resueltos durante la última etapa expansiva; así que con la crisis del covid 19, al concluir el año, tendremos la mayor tasa de paro, el segundo mayor déficit y la cuarta mayor deuda sobre PIB de la UE.En 2021 no se advertirán mejorías en estos rankings. España, recoge el documento, sufrirá “una contracción sin precedentes en su actividad económica”
La crisis actual ha reventado las costuras de las cuentas públicas, el déficit llegará al 10,1% este año y sólo se reducirá en tres puntos el próximo. La deuda pública se disparará a niveles nunca vistos del 115,6% del PIB en 2020.
Hasta el momento, “el escudo que el BCE ha desarrollado ha sido suficiente” para controlar las primas de riesgo, pero en la casa de análisis se preguntan “qué pasará después si el BCE decide retirarlo”.
El eterno problema laboral. España cerrará 2020 con la segunda tasa de desempleo de toda la UE, un 18,9% según los cálculos de la Comisión, y el 2021 en el dudoso primer puesto al reducirse el paro hasta el 17%. Pese al descenso, la cifra será superior a la de Grecia, un país rescatado en tres ocasiones.
De nuevo, como ocurrió durante la pasada crisis, al mercado laboral español le costará drenar la enorme sangría de puestos laborales perdidos y su recuperación “será lenta en medio de una gran incertidumbre”.
El impacto particular que la pandemia del COVID-19 generará en el sector del turismo, con alto porcentaje de temporalidad, y la hostelería no sirven por si solos para explicar los despidos masivos en España . En 2018, el turismo generó casi el 12% del PIB de España creando el 13,5% del empleo.
Tras la caída del 5,2% del PIB en el primer trimestre del año, ahora Bruselas “prevé una contracción todavía más profunda en el segundo trimestre antes de entrar en un fuerte rebote mecánico durante la segunda mitad del 2020 mientras gradualmente se reanuda la actividad”.
Que la riqueza, ni siquiera la llamada natural, no existe y por tanto hay que crearla resulta evidente (vésase el cao paradigmático de Venezuela y su ingente riqueza natural petrolífera.
La manifestación más dramática, tras la sanitaria, de la crisis de la pandemia será el desempleo y ello depende de las empresas. Todo empresario, por definición, tiene por primer objetivo vital seguir siéndolo y por segundo —y ligado necesariamente al primero— mantener y acrecentar el empleo.
La única manera moralmente digna de no dejar a nadie atrás no es protegiendo incondicionalmente la desventura y presumir de ello como un triunfo sino propiciando el empleo; es decir, ofreciendo todo tipo de facilidades para que la gente se gane dignamente la vida trabajando.
Además de los cuidados paliativos, de duración temporal limitada, a los desempleados, la única manera de salir pronto y bien de la crisis pasa necesariamente por potenciar la creación de riqueza, que ni procede del cielo ni la genera el Estado: la hacen realidad los empresarios y los trabajadores, y con esa riqueza se abre la posibilidad de obtener recaudaciones impositivas para financiar el gasto público.
Partiendo de un marco de relaciones laborales que es uno de los peores del mundo para la creación de empleo, todas las medidas que hasta el momento ha tomado el Gobierno están encaminadas a perjudicar el mantenimiento y la creación de puestos de trabajo. En particular la sobre regulación de los ERTEs por fuerza mayor, prohibiendo despedir como antes y obligando a devolver las cotizaciones ahorradas, conduce necesariamente a más despidos por EREs de extinción y por concursos de acreedores, es decir, por la desaparición de empresas.
Ante este panorama, lo razonable sería que España cerrara filas con unos pactos lo más amplios posibles que abarcaran a los partidos del Gobierno, los de la oposición, el empresariado, los sindicatos y las comunidades autónomas. Sin una acción pactada y coordinada de las administraciones públicas y los interlocutores sociales la gobernanza y las penalidades de la crisis superarán con mucho a las inevitables.
No es lo óptimo, ni lo mejor, ni lo razonable. Pero es así.
Y CON ESTOS BUEYES TENDREMOS QUE ARAR
Fuente: Revista consejeros



