LA “CARTA MARCADA” DE YOLANDA CON LOS FIJOS DISCONTINUOS SE CONVIERTE EN UN GRAN FIASCO Y UN LASTRE PARA LA CALIDAD DEL EMPLEO

Trabajo no quiere corregir su reforma y actúa vía inspecciones y sanciones

CLAVES DEL CONTRATO FIJO DISCONTINUO

Esta modalidad se ha convertido, tras su última actualización, en el contrato estrella para, entre otras cosas, maquillar los datos del paro y no terminar de arreglar los problemas de temporalidad en las relaciones laborales. Si en abril de 2024 suponían el 52% del empleo creado, según datos de la Tesorería de la Seguridad Social, esta cifra subirá en época estival.

El contrato fijo discontinuo es un tipo específico de contrato indefinido: su finalidad que es cubrir necesidades laborales de carácter estacional o vinculados a actividades productivas de temporada. Y como en nuestro país la temporada de verano sube con el turismo, crecen las altas.

Lo regula el artículo 16 del Estatuto de los Trabajadores, que dice que podrá concertarse para el desarrollo de trabajos en el marco de la ejecución de contratas mercantiles o administrativas que, siendo previsibles, formen parte de la actividad ordinaria de la empresa. Igualmente, para una empresa de trabajo temporal. Así que se abre mucho el abanico de afectación, que es de agradecer porque las realidades laborales, muchas veces, no entran en el encorsetamiento legal.

 

Un requisito importante es que este tipo de contratos se deben formalizar siempre por escrito y debe reflejar los elementos esenciales de la actividad laboral: duración del periodo de actividad, el tipo de jornada y su distribución horaria. Estos datos pueden ser aproximados ya que, en muchos casos, las actividades estacionales no tienen fecha cierta ni de apertura ni de cierre de temporada.

El “llamamiento”.

Lo debe hacer el empresario cuando se vaya a iniciar la actividad por dar comienzo a la temporada. Es muy recomendable que se realice por escrito para dejar constancia de la debida notificación, una medida que ofrece garantías a ambas partes. También se debe realizar con suficiente antelación. Para evitar problemas, es vital que las empresas trasladen a los trabajadores, a través de sus representantes, un calendario con las previsiones de llamamiento anual.

Cuando el trabajador tenga conocimiento de este calendario de inicio y no reciba ningún tipo de llamamiento, se entenderá que es un despido. El trabajador tendrá veinte días hábiles para presentar la papeleta de conciliación y posterior demanda en sede judicial. Si no hay publicación de calendario, es aconsejable que el trabajador haga un requerimiento por escrito a la empresa y, si no obtiene respuesta, puede entender que está despedido y tendría que realizar lo dicho anteriormente.

Es vital que los representantes legales de los trabajadores (delegados de personal o comité de empresa) tengan conocimiento de los empleados de la plantilla tienen este tipo de contrato y cuándo está recogido el llamamiento aproximado en el calendario.

Aunque es un contrato indefinido, durante los periodos de inactividad el trabajador puede trabajar en otra empresa o por su cuenta, eso sí, siempre y cuando no haya pacto de incompatibilidad. También puede consumir su prestación por desempleo (paro) si cumple con los requisitos legales para ello.

Los trabajadores fijos discontinuos no podrán sufrir perjuicios en sus derechos de conciliación, ausencias con derecho a reserva de puesto de trabajo y otras causas justificadas en base a derechos reconocidos en la ley o en los convenios colectivos.

La antigüedad.

La nueva redacción que se dio a este artículo dice: “Las personas trabajadoras fijas discontinuas tienen derecho a que su antigüedad se calcule teniendo en cuenta toda la duración de la relación laboral y no el tiempo de servicios efectivamente prestados, con la excepción de aquellas condiciones que exijan otro tratamiento en atención a su naturaleza y siempre que responda a criterios de objetividad, proporcionalidad y transparencia”.

 En general habría que estar a lo recogido en el convenio colectivo de aplicación. Pero esto no quita que el criterio fijado por el legislador es que la antigüedad sea la de cinco años. Por lo que la disputa está servida y el legislador, en este caso, no ha acertado al fijar un criterio y luego una excepción nada clara. La “objetividad, proporcionalidad y transparencia” son conceptos con muchas interpretaciones y de casuística infinita.

Otra garantía que tienen los trabajadores con este tipo de contrato es que la empresa deberá informarles sobre la existencia de puestos de trabajo vacantes de carácter fijo ordinario, para que puedan formular solicitudes de conversión voluntaria, según los procedimientos que establezca el convenio colectivo sectorial o, en su defecto, el acuerdo de empresa. Es también un colectivo prioritario para el acceso a la formación para el empleo en el ámbito laboral durante los periodos de inactividad, algo a lo que deben estar atentos los representantes legales.

Como conclusión, hay que advertir que no se puede hacer un uso abusivo de esta realidad laboral, que es para casos concretos de estacionalidad o de producción temporal. Por ejemplo, dar de alta a trabajadores como fijos-discontinuos y tenerlos sin actividad un mes al año, equiparable al periodo de vacaciones. Esto es del todo irregular.

Tampoco se les puede discriminar respecto del resto de los empleados. Por ejemplo, al devengar cualquier tipo de derecho, paga extra, trienios si se trata de empleados de administraciones públicas, por ejemplo, etc. Ya hay mucha jurisprudencia que interpreta en igualdad de derechos a los trabajadores fijos discontinuos con el resto de los trabajadores de la plantilla.

LOS FIJOS DISCONTINUOS ACAPARAN EL 52% DEL EMPLEO CREADO EN ABRIL

España ha alcanzado los 21 millones de afiliados medios, tras sumar 199.539 el pasado mes de abril. Un registro histórico que no hubiera sido posible sin los contratos fijos discontinuos, que aportaron el 52,7%% del total de los nuevos empleos y el 61,2% de los trabajadores por cuenta ajena. Este dato que arroja serias dudas sobre hasta qué punto el repunte corresponde a una creación real de empleo o a una ‘reactivación’ de trabajadores porque sus empresas han vuelto a llamarles.

Los fijos discontinuos son empleados indefinidos pero ligados a actividades eventuales. Cuando estas se interrumpen, el trabajador pasa a la ‘inactividad’ hasta que la empresa vuelve a llamarle. En este lapso, se le da de baja a la Seguridad Social, no cobra salario y, si ha cotizado lo suficiente, puede apuntarse al paro y solicitar una prestación, aunque no cuenta como parado.

Estas particularidades les han convertido en el epicentro de la polémica sobre el supuesto maquillaje de las cifras de paro registrado, pero este debate suele pasar de largo sobre la otra derivada: la posible distorsión en las estadísticas de afiliación. Y es que cuando se produce el llamamiento, estos trabajadores vuelven a cotizar y su alta se reactiva.

Si tenemos en cuenta que, en abril, los afilados medios fijos discontinuos se incrementaron en 105.119, sumando más de la mitad del incremento general de la afiliación y seis de cada diez nuevos asalariados del Régimen General, las dudas son comprensibles. Sobre todo, porque siete de cada diez de estos nuevos empleos se concentran en la hostelería, un sector estacional por excelencia, lo que plantea una situación que recuerda mucho a lo que ocurría con los temporales antes de la reforma.

La Seguridad Social no desglosa cuántas de estas altas son nuevos empleos y cuántas corresponden a llamamientos. Los datos de contratación del SEPE tampoco son de ayuda porque no son extrapolables: se registraron 1,16 millones de contratos para menos de 200.000 afiliados nuevos. Pero solo un 16% de esas firmas correspondieron a un fijo discontinuo.

La respuesta reiterada del Ejecutivo es que el peso de los fijos discontinuos en el empleo es muy reducido y apenas llega al 4,7% de la afiliación y al 6% de los asalariados. Pero lo que demuestra este argumento es, precisamente, que la creación de empleo que aporta el contrato fijo discontinuo es muy inferior a la volatilidad mensual que añade a la afiliación.

Esto se ve claramente al analizar la creación de empleo interanual. Entre abril de 2024 y el mismo mes de 2023 se sumaron 486.516 afiliados medios, un incremento liderado por el Régimen General, que sumó 479.174 asalariados y compensó el retroceso en el resto de los regímenes (salvo el de autónomos, que sumó 29.743 trabajadores en alta).

A diferencia de lo que ocurre con los datos mensuales, el grueso de este incremento se concentra en asalariados con contrato indefinido ordinario a jornada completa, que sumaron 389.899 trabajadores, impulsado por sectores como la construcción que antes de la reforma pivotaban sobre empleos temporales. Sin embargo, la ganancia anual de los fijos discontinuos se reduce a apenas 16.787, un 3,5% del total de la ocupación creada en el último año. Es decir, las cifras a medio y largo plazo reducen a mero espejismo el efecto de los fijos discontinuos en el empleo mensual.

La variación interanual de la afiliación muestra que la reforma laboral sigue creando empleo de calidad. Pero cabe la pregunta que se abre es cuanto más se podría crear sin el lastre de los ‘fijos discontinuos’. Además, los datos anuales sufren cierto ‘efecto composición’: los empleos de más estabilidad estarían ‘sobrerrepresentados’ en la subida de la afiliación a medio y largo plazo porque los otros son tan volátiles que las métricas convencionales del mercado laboral (que están diseñadas para evitar esta rotación) no los recogen por completo.

Es lo que ocurriría con la EPA o la afiliación media, una paradoja que analistas como Fedea han señalado reiteradamente, recordando que las estadísticas que esgrime el Ejecutivo, sin dejar de ser correctas, minusvaloran la rotación real del empleo, por lo que piden tener en cuenta también otros indicadores adicionales.

Al margen de este debate, lo que es incuestionable es que existe una enorme incoherencia entre el peso que tienen los fijos discontinuos en la evolución mensual y anual del empleo, así como en el ‘stock’ de los afilados, que resulta difícil de explicar incluso teniendo en cuenta la estacionalidad que caracteriza al mercado laboral español. Algo que confirma la tasa de bajas diarias de afiliación sobre el saldo total de afiliados medios, considerada uno de los indicadores habituales de la rotación laboral.

Este índice muestra un porcentaje del 2,17% de bajas diarias de afiliación entre los fijos discontinuos, superior al 2,01% de los temporales. Los indefinidos ordinarios, por su parte, quedaron en el 0,17%. Hay que tener en cuenta que la evolución de esta tasa es independiente del número de empleos de cada tipo, por lo que se considera un indicador que sortea el efecto ‘composición’ tras la reforma y que permite analizar la evolución a lo largo del tiempo.

Este análisis revela que la relación se ha mantenido estable entre los indefinidos ordinarios y los temporales, a pesar de la reforma laboral. Es decir, a pesar de que la contratación de unos ha crecido y la de los otros se ha desplomado, su volatilidad ‘intrínseca’ no ha sufrido grandes cambios. De hecho, la de los temporales se ha mantenido pese a la desaparición de los eventuales por obra y servicio, considerados ‘culpables’ de la rotación laboral.

Pero nos se puede decir lo mismo de los fijos discontinuos. El Gobierno defiende que las condiciones de estos contratos no han cambiado tras la reforma, pero el hecho es que su volatilidad se ha incrementado notablemente e incluso supera a los temporales. La razón es que la reforma incrementó los supuestos en los que pueden aplicarse, incluyendo contratos de puesta a disposición de empresa de trabajo temporal.

 RADIOGRAFÍA DEL EMPLEO EN LAS ETT: UNA SOLA PERSONA PASA POR CINCO CONTRATOS AL AÑO

Las empresas de trabajo temporal se consideran el sinónimo de precariedad por excelencia en España, debido a su modelo de negocio: contratar a trabajadores para cederlos a otras para cubrir necesidades eventuales de mano de obra. Una situación en la que se encontraron 702.623 personas el pasado año, según los datos del Ministerio de Trabajo. Pero los “contratos de puesta a disposición” de terceros ascendieron a 3,6 millones, lo que equivale a una media 5,1 por cada asalariado por una ETT. Esta volatilidad repercute en su capacidad de crear empleo neto: para sumar a un solo afiliado a la Seguridad Social deben contratar a 3,6 trabajadores.

¿Cómo ha evolucionado esta rotación tras una reforma laboral que, por un lado, ha restringido la contratación temporal, pero por otro ha permitido que las ETTs hagan contratos fijos discontinuos? Los datos de empleo generado y gestionado por estas compañías son especialmente complejos.

Hay que tener en cuenta tres variables: los trabajadores contratados por ellas, las cesiones a otras empresas y el número de “contratos de puesta a disposición” o CPD. Una métrica que se refiere a “cada uno de los llamamientos para realizar un trabajo durante un periodo determinado entre la empresa usuaria y el trabajador cedido por la ETT”.Es decir, las veces consecutivas o no, en las que un trabajador es ‘renovado’ en un mismo puesto.

En 2023 se produjeron 2.152.684 cesiones de trabajadores, lo que implica 3,1 por cada uno de los contratados inicialmente por una ETT. Pero dichas cesiones se tradujeron a su vez en 3.611.672 millones de CPDs, lo que arroja una ratio media de 1,7. Es decir, que la mayoría de los empleados cedidos ‘renovaron’ o volvieron a ser llamados por la misma empresa cliente de la ETT al menos una vez. Expresado de otra forma, cada trabajador en nómina de una ETT es cedido al menos tres veces, pero encadena cinco contratos con la misma u otras empresas. la ratio antes de la reforma era de 5,3.

Volatilidad pese a la reforma laboral

Una de las sorpresas al analizar la serie histórica es que, en 2022, primer año en vigor de la nueva ley, se batió el máximo de trabajadores contratados por ETTs, con 807.704 personas, según los registros de Trabajo. Algo que puede explicarse por varios factores: el rebote de la actividad tras la pandemia, los cambios en la contratación temporal que llevaron a muchas empresas a externalizar sus empleos eventuales, y el auge de la contratación de fijos discontinuos para puesta a disposición.

En 2023 la cifra se desplomó un 13%, hasta los 702.623, lo que apunta a un claro ajuste, si bien sigue muy lejos de los mínimos de la serie histórica (que arranca en 2009). Por su parte, las cesiones de trabajadores y los contratos de puesta a disposición (sobre todo los segundos), han registrado una caída más lineal tras la reforma, aunque siguen muy por debajo de sus mínimos históricos.

Esta evolución indica que la reforma laboral habría frenado en seco la tendencia seguida por las ETTs desde la crisis financiera hasta la pandemia, pero no está tan claro que la haya revertido. Los datos en los dos primeros meses de 2024 apuntan a un repunte intenso: los trabajadores contratados por ETT crecen un 5,5% y los CPD un 15,5% respecto al mismo periodo de 2023). Pero se trata de un horizonte temporal demasiado estrecho para extrapolarlo al conjunto del año.

Lo que sí está claro es que la capacidad de crear empleo ‘real’ de las ETTs sigue siendo muy limitada. Los datos de Trabajo revelan que la media anual de afiliados contratados por las ETT para ponerlas a disposición fue de 192.340, una cifra muy inferior a la de los 702.623 contratos que registraba el SEPE.

La discrepancia entre ambas métricas se puede interpretar como un indicador de volatilidad del empleo. En este caso, arroja que las ETTs contrataron a 3,6 trabajadores para general un empleo neto. Una ratio que queda por debajo del 3,85 registrado en 2019, pero sigue superando los niveles de 2016 y 2017.

Y aquí entramos en el terreno de las incógnitas. Porque, aunque las ratios de trabajadores cedidos y contratos de puesta y disposición sobre trabajadores contratados también recogen una mejoría tras la reforma laboral, se antoja insuficiente. ¿La razón? Que la norma permite por primera vez a las empresas de trabajo temporal hacer contratos indefinidos, aunque sean fijos discontinuos.

Como se sabe, estos trabajadores se dan de baja a la Seguridad Social cuando sus servicios no son requeridos y hasta que la empresa los vuelva llamar. Esto lleva a que sean indefinidos pero mucho más volátiles que los ordinarios. Pero las ETTs afirman que sus trabajadores fijos discontinuos encadenan muchos más periodos de actividad que los sectores sectores, ya que pueden empelarse en varias empresas.

Sin embargo, pese a que los fijos discontinuos suponen en 2023 el 40% de los contratos de puesta a disposición, no se nota una mayor creación de empleo neto ni que las ratios de trabajadores contratados y cedidos mejores sustancialmente. Aunque la falta de datos impide profundizar en este extremo, lo mínimo que se puede decir es que el ‘permiso’ para hacer fjjos discontinuos en las ETTs no han servido para amortiguar sustancialmente la rotación de sus empleos.

DÍAZ INTENTA ENMENDAR EL GRAN ERROR QUE DISPARÓ LA PRECARIEDAD DE LOS FIJOS DISCONTINUOS

La última reforma laboral impulsó la figura de los contratos indefinidos fijos discontinuos como la alternativa a los temporales. Para ello, amplió las posibilidades de utilizarlos, incluyendo por primera vez a las ETTs en la ecuación. La idea era que estos contratos funcionaran como una figura de transición hacia los indefinidos ordinarios, pero el plan no ha funcionado. Más bien al contrario: su volatilidad se ha multiplicado e incluso supera la de los eventuales propiamente dichos. Ahora Trabajo trata de desincentivar su uso sin tocar su propia ley, lo que supondría reconocer un profundo error de diseño en la norma.

Históricamente, los fijos discontinuos han sido una figura contractual asociada a actividades eventuales pero recurrentes, como el turismo de temporada, aunque también en industrias como el calzado. Esto permitía que los trabajadores tuvieran asegurado volver a ser llamados. Además, se aprovechaba en regiones cuyo modelo permitía periodos de actividad más prolongados. Comunidades como Baleares son un ejemplo paradigmático de éxito de este modelo.

Eso implicaba que pasaban menos tiempo en inactividad y podían percibir una prestación por desempleo porque lo tenían más fácil para encadenar periodos cotizados. Esto se ve en los datos de prestaciones de regiones como Baleares, donde llega a haber más beneficiarios de ayudas que parados registrados porque estos últimos no incluyen a los fijos discontinuos.

Teniendo en cuenta estas ventajas, el Gobierno de Mariano Rajoy ya probó con su reforma laboral de 2012 a reforzar el peso de los fijos discontinuos en el mercado laboral, aunque sin perder de vista los sectores en los que ‘funcionaban’ mejor. Sin embargo, la de 2021, pilotada por la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz fue muchos más lejos y buscó generalizar su uso.

Pero la fórmula adecuada, según consideran muchos expertos, ha desvirtuado la naturaleza del contrato, hasta el punto de que ahora absorbe buena parte de la precariedad asociada a los desparecidos contratos temporales por obra y servicio. Aunque el Ministerio de Trabajo insiste en restar importancia al problema, el hecho es que en los dos últimos años ha pasado de defender la calidad de estos empleos a lanzar a la Inspección de Trabajo a investigar sus abusos. De hecho, las notas de prensa que publica este organismo equipara la conversión de indefinidos fijos discontinuos en indefinidos ordinarios con la de los temporales.

Los datos, desde luego, son llamativos. Para verlo, no hay más que acudir a los registros de Seguridad Social. Antes de la reforma laboral, los fijos discontinuos suponían el entre el 2% y el 7% (según el mes) de las altas y bajas diarias de afiliación al Régimen General. Una cifra coherente con el hecho de que solo aportaban una media del 2,5% de los afiliados asalariados medios. Estas ratios ni siquiera se vieron afectadas con la reforma del PP. Sin embargo, desde la emprendida por el Gobierno de PSOE y Unidas Podemos, pasan a aportar el 25% de las alta y bajas diarias cuando solo suponen el 6% de los asalariados medios.

Aunque la polémica política y mediática sobre esta figura contractual se ha centrado en los inactivos inscritos como demandantes de empleo que no computan en el paro registrado, el impacto en la creación de empleo es mucho más preocupante.

Y es que otra de las particularidades de los fijos discontinuos es que en los periodos de inactividad se dan de baja de afiliación sin que el contrato se extinga, y se reanuda cuando se produce el nuevo llamamiento. Esto implica una elevada fluctuación entre altas, bajas y saldo de afiliados mucho más alta que la de los indefinidos ordinarios. El problema es que, como hemos visto, desde 2012 esta brecha se ha disparado hasta tal punto que provoca una distorsión en las cifras de afiliación.

Así, el 52% del incremento mensual de la afiliación media del pasado mes de abril correspondió a los fijos discontinuos. Sin embargo, apenas crearon empleo a medio y largo plazo, un comportamiento similar al de los temporales. Aunque, de hecho, son más volátiles que estos.

Para ilustrarlo, basta con volver a los datos de Seguridad Social. Si calculamos el porcentaje de altas y bajas diarias de afiliación sobre el total de afiliados por tipo de contrato y realizamos un promedio entre ambas, podemos obtener un indicador de volatilidad relativa de la afiliación por tipo de contrato.

Esta tasa de rotación de altas y bajas de los fijos discontinuos no solo ha aumentado tras la reforma, sino que ya supera el de los eventuales. En abril se situaba en el 2,36%, lo que implica que cada día se una media de 24 altas y bajas diarias por cada 1.000 asalariados fijos discontinuos. Pero la de los temporales era del 2,12%, mientras los indefinidos ordinarios se sitúan en un 0,2%, frente al 0,1% de antes de la reforma.

Un error de diseño

El Gobierno siempre ha defendido que la reforma no ha cambiado el régimen de los fijos discontinuos, con lo cual el retroceso de su estabilidad laboral no es achacable al cambio legal, sino, en todo caso, a que ahora se utilizan más. Esto no es así. Por un lado, la evolución de las tasas de volatilidad relativa es independiente del número de empleos: por eso no ha descendido para los temporales, pese a que ahora hay muchos menos afiliados eventuales, ni se ha disparado para los indefinidos ordinarios.

Por el otro, la reforma sí cambia la regulación de los fijos discontinuos, introduciendo nuevas categorías y posibilidades de uso, como ha analizado e el investigador y catedrático de Derecho del Trabajo y Seguridad Social en la Universidad Complutense de Madrid, Jesús Lahera Forteza. En un estudio publicado por Fedea, el experto explica que la reforma laboral construye en el sector privado cuatro modalidades distintas de contrato indefinido de trabajo fijo-discontinuo.

Todas tiene en común la previsión de la actividad y un sistema que encadena llamamientos al trabajador cuando sea necesario con obligación de trabajar con periodos de inactividad bajo la cobertura social del desempleo (cuando se ha cotizado lo suficiente), quedando la empresa liberada del pago de salarios una compensación por inactividad (al contrario de lo que ocurre al finalizar un contrato temporal, que sí conlleva indemnización).

Pero estas tipologías contienen diferencias sustanciales que también influyen en la propia calidad de los empleos, que lleva a que algunas se asemejen más a los contratos indefinidos ordinarios y otras a los temporales. El caso más claro es el de las ETTs.

Tras la reforma, las empresas de trabajo temporal pueden firmar contratos fijos discontinuos para ponerlos a disposición de otras empresas. Según los últimos datos disponibles, en febrero se firmaron 124.240 cesiones de este tipo. Sin embargo, según los cálculos de la patronal del sector Asempleo, las empresas de trabajo temporal solo firman el 15% de los contratos indefinidos iniciales. Eso supone unos 21.365 en el mismo mes de febrero. Comparando las cifras obtenemos que cada uno de esos contratos nuevos generó, de media, cinco puestas a disposición, la misma ratio que para el resto de trabajadores de estas empresas.

Aunque las cifras de las ETT son llamativas, hay que tiene en cuenta que también son las más transparentes porque tienen sus propias estadísticas. No sabemos cuántos llamamientos sucesivos del mismo trabajador se producen en empresas convencionales que usan los fijos discontinuos para suplir empleos que antes cubrían con temporales de escasa duración. En cualquie caso, todo apunta a que ahí está al raíz del problema de la volatilidad.

La respuesta de Díaz

Pero el Gobierno no quiere revisar la regulación de los fijos discontinuos que introdujo en su propia reforma laboral y prefiere desincentivar su uso mediante actuaciones inspectoras y envíos masivos de carta a las empresas que contratan bajo esta fórmula.Una presión que ahora se traslada a los casi 130.000 trabajadores que cobran una prestación por desempleo en sus periodos de inactividad.

La reforma de los subsidios aprobada por el Consejo de Ministros este martes añade al artículo 271 de la Ley General de la Seguridad Social que regula las causas de suspensión del derecho a la prestación por desempleo, un nuevo apartado: “cuando los trabajadores fijos-discontinuos que sean llamados a reiniciar su actividad no se reincorporen a su puesto de trabajo, salvo causa justificada”.

Con ello se da rango legal a un criterio que ya aplicaba el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE), que interpretaba que el negarse a la reincorporación anulaba de facto las causas que equiparan a estas personas a una “situación legal de desempleo” y justificaban el cobro de la prestación. Pero el hecho de no estar redactado explícitamente en la normativa que regula la suspensión había generado dudas y no pocos problemas en un momento en el que los inactivos con este tipo de contrato que cobran una prestación por desempleo se han disparado.

Fuentes:

Los fijos discontinuos acaparan el 52% del empleo creado en abril (eleconomista.es)

Radiografía del empleo en las ETT: una sola persona pasa por cinco contratos al año (eleconomista.es)

Díaz intenta enmendar el gran error que disparó la precariedad de los fijos discontinuos (eleconomista.es)

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