Jubilación del funcionario Baby Boomer, mucho más que cubrir la ventanilla

Junio suele ser un mes de jubilaciones, fin de curso, inicio de vacaciones, comienzo de recogida de cosechas, los días más largos, más soleados, el mejor clima del año, las ferias y fiestas de la ciudad y sobre todo las reuniones familiares entorno a una merienda en el campo, en el pueblo o en la bodega. Los años pasan y las sensaciones con ellos, hay que pensar que la generación del ‘Baby Boom’ o ‘boomers’ les toca terminar su trabajo y fue llamada de otras formas, como la generación junco por su rápida adaptación. El periodo se considera desde 1946 a 1964, pero en España dadas sus características históricas su periodo es desde 1957 a 1976/77. Es una generación muy numerosa, están bien formados, alimentados, deportistas, viajan con frecuencia, manejan idiomas, dejaron de fumar casi a la fuerza, así que están sanos con físico interesante, no creo que se llenen las calles de paseantes con prisa sin ir a ningún sitio y lo de ver las obras municipales quedará en la historia. Ahora en estos tiempos la mayoría planifica su jubilación años antes, es una generación muy viajada, el concepto de jubilarse y viajar está más o menos superado, casi la totalidad con la vida resuelta, sano, experimentado y con posibles por lo que es una gran gozada jubilarse. Siempre hay otros problemas como es la soledad, familia desarraigada y no saber que hacer sin ser jefe, que también los hay, no entro en otros problemas que daría para otro título. Casi diría que un jubilado del ‘Baby Boom’ hasta es un buen partido a estudiar.

El ‘Baby Boom ‘quien lo forma son los adolescentes de la movida de los ochenta, cuando Tierno Galván les decía «que estuvieran al loro», con un concepto distinto a la generación anterior la del silencio y también viendo a las posteriores generaciones con mucha curiosidad y queriendo adaptarnos cuanto antes a ella. El ‘boomers’ tiene una ventaja, antes se adaptó a la televisión en color, al teléfono móvil, al euro, a la informática con todo lo que conlleva incluyendo la IA y esto se unió al avance social del momento, se comenzó a ir en avión como si se toma un autobús urbano y a entendernos un poco en otros idiomas sin haberlo estudiado. Haber vivido por generación los ochenta con veinte años da un disfrute muy interesante el paso de los años y también el iniciarse en los noventa con treinta años o poco más en redes sociales y comunicación en general da otra dimensión al jubilado, ya que casi todos los del ‘Baby Boom’ están al corriente de lo nuevo y lo manejan muy bien. Muchos ya probaron los taxis sin conductor en San Francisco (California).

Esta nueva generación de jubilados que va a transitar por carreteras, caminos, pueblos y ciudades del mundo está tremendamente preparada para cualquier contratiempo o situación nueva. Ahora las inteligencias artificiales nos dicen lo que es el futuro y debemos prepararnos para ello y la mejor forma creo que puede ser evitando el individualismo pretencioso y arrogante del momento y aprendamos todos. Los mimbres los tenemos, también el tiempo y dinero puede que también. Hagamos algo más que tomar el sol que está bien o dar paseos interminables y tediosos, el tiempo está para aprovecharlo y el resultado será muy interesante y saludable para con quien convivimos y para todo el mundo en general. El deporte imprescindible pero modulado y el amor y la ciencia al servicio del corazón siempre. Muchas felicidades ‘boomers’.

No solo hay que cubrir los puestos vacantes sino, sobre todo, desarrollar las herramientas necesarias para que la experiencia de los que se jubilan no se pierda y ayude a las generaciones de reemplazo

Hace años que son muchas las voces que venimos alertando sobre el relevo de la generación “Baby Boom” en la Administración del Estado. Según datos de la OCDE, por lo que se refiere a empleados del sector público, España tiene un porcentaje de mayores de 55 años del 46%, sólo superado por Italia y muy por encima de la media de los países de la OCDE, que se sitúa en el 26%. En cuanto al personal de la Administración General del Estado, el 57% se sitúa por encima de los 50 años, de acuerdo al Boletín Estadístico del Personal al Servicio de las Administraciones Públicas. Estas cifras implican que, en menos de diez años, más de un millón de personas saldrán de la Administración por jubilación, lo que supone casi el 30 % de la plantilla actual.

Para contrarrestar esta salida sin precedentes, el Gobierno ha convocado varias Ofertas de Empleo Público que podríamos calificar de «récord», si ir más lejos, la recientemente anunciada.

Porque subyace un tema de calado, es lo que podríamos llamar la pérdida de memoria institucional. Por decirlo llanamente, se jubilan las personas, pero también sus conocimientos. Son profesionales que, a lo largo, en muchos casos, de hasta cuatro décadas, han acumulado una serie de conocimientos, han vivido procesos de transformación, adaptaciones, conocen la norma a fonda y tienen, gracias a su experiencia, un bagaje que no podrán transmitir a sus sucesores. Un valioso activo que puede generar una brecha difícil de rellenar con la rapidez necesaria.

 

Bien es cierto que no en todos los puestos será igual la necesidad de esa transferencia del saber. La pérdida de personal en puestos críticos sin una adecuada transferencia puede afectar a la eficiencia y calidad de los servicios públicos. Por tanto, en primer lugar, habría que identificar cuáles son esos puestos en los que la jubilación de las personas tendrá una influencia mayor por su aportación al funcionamiento y gestión de los servicios e ir estudiando y poniendo en marcha acciones y estrategias que contribuyan a ese traspaso real de conocimiento.

Algunas de las posibles soluciones pasan por desarrollar programas de mentoría, que permiten coincidir a ambos funcionarios (el que se jubila y el que se incorpora) durante unos meses facilitando esa transferencia de conocimiento. En esta línea, pueden crearse también figuras similares a las que existen en el sector privado, de consultor externo. Empleados públicos eméritos que asesoren, sobre todo, en aquellos temas, procesos o normativa más críticas para el buen funcionamiento de la Administración y en las que el contexto histórico es clave.

Por supuesto, las nuevas tecnologías y, en especial la IA, pueden ofrecer herramientas que ayuden a transferir la experiencia y actúen como un repositorio en el que los nuevos incorporados puedan consultar y obtener una respuesta.

 

En cualquier caso, no estamos hablando solo de una problemática del modelo español, otros países de nuestro entorno se ven también enfrentados a una situación similar y, quizá, su experiencia pueda servir de orientación. En realidad, va en línea con lo ya apuntado. Por ejemplo, en Suecia, Francia o Alemania, se da mucha importancia a los conocimientos que son especialmente estratégicos. En Francia, los funcionarios de alto nivel o críticos deben dejar un archivo de trasferencia de conocimiento que incluya aquellos contactos claves, casos de éxito o riesgos detectados en proyectos especialmente sensibles. En la misma línea, en Suecia crean bases de datos que incluyen qué funcionarios se jubilan y que capacidades singulares poseen.

La mentoría y la coincidencia en el puesto de trabajo de funcionarios seniors y noveles también es una práctica habitual en estos países.

Otra opción son los incentivos económicos, en el caso de República Checa las personas que se jubilan, pero quieran seguir trabajando se ven exentas de cotizaciones sociales, lo que resulta un incentivo para seguir en la brecha y ayudar al tránsito generacional. También cabe la posibilidad de que el funcionario reduzca su jornada laboral y pueda realizar esa función de mentoría que comentábamos.

En definitiva, abogamos porque la Administración desarrolle una buena estrategia de recursos humanos que tenga en cuenta esta masiva jubilación de baby boomers, no solo para cubrir los puestos vacantes sino, sobre todo, para desarrollar las herramientas necesarias para que la experiencia de los que se jubilan no se pierda y ayude a las generaciones de reemplazo. Sin duda, se trata de un factor clave para conseguir una auténtica profesionalización y la excelencia en la calidad de los servicios públicos.

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