El llamado ‘Estado del Bienestar’ debe financiarse por los propios beneficiarios de sus servicios, ya que no son gratis, aunque pueda parecerlo porque no se pagan cuando son utilizados. No obstante, cada ciudadano contribuye a su mantenimiento mediante el pago de los impuestos que le corresponde por sus ingresos, para costear educación, sanidad, transportes, seguridad o infraestructuras públicas.
una vez que la administración recauda esos ingresos, el Estado debe rendir cuentas facilitando información suficiente y necesaria para que cualquier ciudadano pueda entender cómo se administra su dinero y a qué se destina exactamente. En España existe una herramienta, que se llama ¿Dónde van mis impuestos? para saber cómo los ciudadanos españoles pueden comprender mejor qué hace la Administración pública con su dinero una vez que se lo ha dado a Hacienda.
Se trata de ir más allá de comprobar si hay corrupción o de destapar “lo malo” dentro de los presupuestos, es más importante estar “vigilantes” y analizar si los gastos se ejecutan bien, o que las prioridades que se anuncian a principio de año, concuerdan con las ejecuciones al cierre del ejercicio.
Aunque la Administración General del Estado -AGE- ha hecho esfuerzos por publicar más y mejor información dentro del Portal de Transparencia, la cantidad de datos y los formatos que utilizan, no son los más adecuados para que un ciudadano medio, sin conocimientos contables o económicos, entienda claramente cómo se financia el Estado o si las cantidades de dinero que se destinan a las diferentes áreas significan mucho o poco. En los presupuestos generales del Estado se puede ver quién gasta, qué y el tipo de gasto, pero falta la “visión funcional”, el para qué o a qué está destinando el dinero.
Pero faltaría la parte correspondiente “un presupuesto ciudadano”, que consistiría en una información desgranada y explicada de manera sencilla y clara, ya que “una tabla con números” carente de contexto o indicadores con los que compararlos, impide que la persona asimile dichos números. Falta la “visión funcional”, esa que cuenta “para qué” o a qué están dedicando determinada cantidad de dinero
Además de la cantidad de información y que carece de contexto o explicación, tal y como está organizada resulta inviable hacer un seguimiento de la ejecución del presupuesto aprobado. El detalle de la ejecución del presupuesto, actualmente resulta “imposible” ya que “la información de ejecución no tiene el mismo nivel de detalle, ni está ordenada de la misma manera que la información de los presupuestos, por lo que no se puede realizar el seguimiento exacto de cómo se ejecuta lo que han dicho que van a hacer. Además, existe otro tipo de información que también resulta un “horror” para ser transparentada y accesible, como es el caso de la contratación pública. En este sentido, el problema estriba en la desorganización de los datos y la falta de detalles
Las instituciones públicas son las principales beneficiarias de que el ciudadano comprenda y entienda bien cómo funciona la gestión del gasto público. Sin embargo, esta idea parece que no es percibida de la misma manera por todas las administraciones.
A nivel estatal, la publicación de los presupuestos generales “no ha mejorado” mucho durante los últimos diez años mientras que las web de Euskadi, Navarra, Castilla-La Mancha, Madrid, Barcelona o Torrelodones (Madrid), entre otras, sí han avanzado en sus niveles de transparencia sobre este tipo de información. Cabo explica que algunas comunidades y municipios “sí se toman muy en serio” la publicación de sus presupuestos, viéndolo “como una oportunidad de comunicación” con la ciudadanía.
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