La pésima marcha no es fruto de la casualidad sino de las acelerada degeneración de nuestro marco institucional
La demagogia política de Sánchez apenas dura el tiempo de su discurso, para desvanecerse inmediatamente después de enfrentarse a la realidad. Una curiosa simultaneidad temporal ha venido a poner patas arriba los insustanciales datos económicos ofrecidos por Sánchez, antes de sus vacaciones, por parte de Visual Capitalist, una entidad norteamericana caracterizada por ofrecer día a día informaciones económicas, sociales y tecnológicas comparativas a nivel mundial de un rigor incuestionable.
- PIB per cápita: Refleja la actividad económica total atribuida a un país en un solo año, dividida entre la población.
- INB per cápita: Refleja los ingresos promedio de los residentes, en lugar de solo lo que se produce dentro de las fronteras del país.
- Riqueza mediana per cápita de UBS: Refleja el patrimonio neto mediano de los adultos del país (todos los activos e inversiones menos sus deudas), acumulado a lo largo del tiempo, en lugar de en un solo año.
No se observa reflejo alguno del triunfalista discurso gubernamental en los dos primeros rankings, pues la España de Sánchez crece en gordura -PIB- pero decrece en musculatura -productividad- lo que conlleva menores salarios y renta per cápita. En riqueza per cápita –vivienda y ahorros financieros– España que era uno de los mejores países del mundo ha venido perdiendo, sin cesar, posiciones con el gobierno Frankenstein.
Datos de desempleo
Hace un poco más de un mes, el mismo medio ofrecía los datos de desempleo entre los países de la OCDE -los 38 más desarrollados del mundo- con resultados escalofriantes para España – el país con más desempleo, más más del doble que la media y el único que supera el 10%.
Según otro reciente informe de la OCDE –Taxing Wages– las familias españolas dedican el 45% de su renta real a pagar impuestos, con un aumento de cinco puntos en el periodo 2002-2024. Mientras tanto la renta familiar de España se sitúa por debajo de la que teníamos cuando entramos en el euro, para situarse en el 88% de la renta media de la UE en 2002 en paridad de poder de compra.
Sánchez y Zapatero han sido los únicos gobernantes de España en cuyos mandatos nuestro país se ha alejado -en contra de lo sucedido con González, Aznar y Rajoy– en renta per cápita de la media europea.
La OCDE también ha puesto de manifiesto que los salarios reales de España apenas ha crecido un 2,76% en los últimos 30 años, el cuarto peor resultado de los 38 países desarrollados, frente a un 30,86% de media; con un decaimiento especialmente acusado desde la pandemia del COVID. Estos datos, fruto del estancamiento de nuestro nivel de productividad, han venido acompañados de un acusado descenso de la actividad industrial.
Estos días, la Fundación BBVA ha publicado la monografía La adaptación de la industria manufacturera española al escenario energético y la transición digital, en la que se analiza la relación entre productividad, digitalización y transición energética en la evolución de las manufacturas en España. En esta publicación se muestra que la industria manufacturera ha perdido peso en la economía española desde principios de siglo, tanto en valor añadido (VAB) como en empleo. En 2024 se sitúa por debajo de la media europea en ambos indicadores. Las manufacturas aportan el 11,8% del VAB, frente al 15,7% en la UE-27, y el 9,9% del empleo total del país frente al 13,7% de media en Europa, tras registrar una caída del 25% en trabajadores desde el año 2000.
También muy recientemente, Visual Capitalist, ofrecía -actualizado- el ranking mundial de esfuerzo en I+D con pésimos resultados para España.
Hace apenas un mes, el Instituto de Estudios Económicos & Tax Foundation, han publicado su último informe sobre Fiscalidad Empresarial, del que cabe señalar que:
- La recaudación fiscal empresarial de España es la cuarta más alta de la OCDE; casi un 30% por encima de la media y un 23,8% mayor que la de UE.
- La presión fiscal empresarial española se sitúa un 29,2% por encima de la media de la UE, solo detrás de Chequía, Estonia, Chipre y Eslovenia.
- Las cotizaciones sociales a cargo de las empresas son un 34,24% superiores a la media de la UE.
Se podría continuar, pero con todo lo dicho es más que suficiente para dejar en su sitio el ridículo triunfalismo de Sánchez, obviamente dirigido a quienes “no tienen ojos, oído y cabeza para ver lo que está pasando”, según Joaquín Sabina: es decir, los firmantes -y aún muchos votantes- del reciente manifiesto a favor del gobernante más insolente de nuestra reciente historia.
Ni que decir tiene que la pésima marcha de la economía española con Sánchez en el gobierno que se ha glosado no es fruto de la casualidad sino de las acelerada degeneración de nuestro marco institucional, que según la ciencia económica moderna determina el alcance de la prosperidad de las naciones.
Acelerar la insostenibilidad
La insumisión institucional protagonizada por el socialismo español del siglo XXI, no tiene parangón en la Europa occidental posthitleriana. No existen antecedentes en Europa de partidos socialistas, que además de acelerar –lugar común de los mismos– la insostenibilidad del estado de bienestar, hayan renunciado además al orden moral y el político occidentales, ni hayan cuestionado abiertamente la democracia liberal y el estado de derecho.
Las próximas elecciones serán las más decisivas de nuestra reciente historia, tanto o más que las que posibilitaron nuestra Transición, porque abrirán la puerta a una necesaria y obligada restauración de nuestra democracia, no solo para dar marcha atrás a los desmanes cometidos por los gobiernos socialistas enemigos de España y sus instituciones, sino también para -vistos los graves estrés sufridos- articular un programa de reforzamiento de las defensas de nuestras instituciones democráticas frente a los vándalos de nuestro tiempo.
Fuente: El ridículo triunfalismo económico de Pedro Sánchez | Vozpópuli


