EL INGRESO MÍNIMO VITAL (IMV): LA ACEPTACIÓN DEL FRACASO DE LOS LOGROS SOCIALES

“Mientras no se tenga trabajo no se puede dejar a la gente sin recursos”.

Esa es precisamente la clave: EL TRABAJO

Es sorprendente que el Gobierno garantice cosas como: los depósitos bancarios, precios de muchos productos (sanitarios, energía eléctrica, financieros, etcétera), la sanidad, la educación… Y, en cambio, no garantice el trabajo.

Hay una idea muy aceptada entre los progresistas y es que la solución a la pobreza, el desempleo, la desigualdad y la precariedad es la provisión de una Renta Básica Universal (RBU), o en su versión descafeinada del Ingreso Mínimo Vital (IMV) recientemente aprobado en España con la excusa de la urgencia social provocada por la pandemia del coronavirus.

La RBU, o su sustituto IMV, es un ingreso pagado por el Estado a cada miembro de pleno derecho de la sociedad, incluso si no quiere trabajar de forma remunerada. La paradoja es profunda, el IMV no parece ser la culminación de los numerosos logros sociales del pasado, sino el reconocimiento práctico de su fracaso.

Como propuesta alternativa al IMV muchos economistas (¡desde la propia izquierda!) han planteado en muchas ocasiones el Plan de Trabajo Garantizado (PTG), propuestapor la que un gobierno se compromete a ofrecer un trabajo a todo aquel que quiera trabajar, cobrando un salario digno. El término está relacionado con el concepto del Estado como empleador de última instancia, ya que estaría obligado a ofrecer, a los parados que lo pidieran, un puesto de trabajo en condiciones salariales y laborales dignas.

Buena parte de las actividades tendrían como objetivo reducir el coste medioambiental (reciclaje de residuos, reforestación, cuidado de flora y fauna, eficiencia energética, etcétera). Por otra parte, la inmensa mayoría de ocupaciones relativas al PTG, serían poco intensivas en recursos, ya que en su mayoría son prestaciones de servicios y no de fabricación de bienes. Además, los puestos de trabajo estarían muy próximos a la residencia del trabajador, de forma que se evitan desplazamientos innecesarios e intensivos en consumo energético.

Los problemas económicos y sociales que se generan con el IMV se pueden resumir:

1- El IMV no resuelve el problema del paro y la precariedad laboral

El IMV no tiene ningún mecanismo que asegure el pleno empleo ni a corto ni a largo plazo. Allí donde se han llevado a cabo experimentos similares al IMV, los perceptores cobraban una renta, pero eran incapaces de encontrar un puesto de trabajo, simplemente porque los puestos de trabajo no existían.

El PTG garantiza a quien quiera trabajar, un puesto de trabajo digno cobrando el SMI y produciendo bienes y servicios valiosos para la sociedad. No tiene sentido que mantengamos inactivas a personas que pueden y quieren trabajar mientras las necesidades de los ciudadanos no están cubiertas. La mayoría de los defensores del IMV creen que el pleno empleo no es posible y de alguna manera se rinden a menos cobrar una renta básica. El paro es una decisión política, es, como muy bien dijo en Keynes, un fenómeno monetario:  el paro es la evidencia de que el déficit del gobierno es demasiado bajo.

Una alta tasa de paro no es un accidente, no es un hecho inevitable, es un objetivo oculto de algunos actores económicos, ya que sirve como medida “disciplinadora” de los trabajadores para evitar que pidan mejoras laborales y que ganen poder de negociación.

2-El IMV es inflacionista

La introducción del IMV incrementa la demanda de bienes y servicios al mismo tiempo que la oferta quedaría igual o disminuiría, ya que algunos trabajadores abandonarían su actual puesto de trabajo si es penoso y mal remunerado. Menos productos y más compradores provocaría la subida de precios (ley de la oferta y la demanda).

Ante una pérdida de poder adquisitivo, los perceptores del IMV exigirían un aumento de éste, los trabajadores también querrían incrementos salariales para no salir perdedores. Si no se les satisficiese la subida a los trabajadores, saldrían del mercado laboral para pasar a ser beneficiarios del IMV, disminuyendo aún más la oferta de bienes y servicios, incrementando aún más la presión inflacionista (más demanda y menos oferta) y dificultando la financiación del IMV vía IRPF.

Es el típico caso en economía de la falacia de composición, lo que es bueno a nivel individual debería serlo a nivel colectivo, pero ya sabemos que no es así.

El PTG no tiene este problema, ya que el aumento de demanda de los salarios cobrados del PTG, iría acompañado de un aumento de la oferta de bienes y servicios producidos por este programa. El diseño de los PTG con salarios iguales o un poco por encima al SMI, no distorsionan los precios al alza.

3- El IMV no estabiliza el ciclo económico

Con el trabajo garantizado, el gasto público del gobierno fluctúa anti cíclicamente. En las recesiones, las empresas privadas despiden trabajadores, los cuales encontrarán trabajo en el plan de trabajo garantizado del sector público. El gasto del Gobierno automáticamente incrementa, proveyendo el estímulo económico necesario. Por el contrario, cuando la economía mejora y el empleo del sector privado se expande, los trabajadores salen del PTG hacia el sector privado (por cobrar un salario superior al SMI), reduciendo el gasto del Gobierno.

Esto sirve como un potente estabilizador automático que asegura que el gasto del Gobierno estará siempre al nivel “correcto” para mantener el pleno empleo.

En cambio, el IMV es casi universal y constante independientemente de si estamos en un boom económico o en una recesión.

4- El IMV sólo concede dinero

Desde un punto de vista antropológico del ser humano es una especie que siempre ha tenido que “hacer algo” y colaborar con el grupo para poder sobrevivir.

Entre los motivos para querer trabajar, el de obtener ingresos está en la quinta posición. Las personas buscan reconocimiento social, sentirse útiles, aprender nuevas habilidades y conocimientos, socializar. Todo esto el PTG lo hace posible, las tareas a realizar las han elegidas la ciudadanía, son coordinadas y dirigidas por los gobiernos locales y sirven para mejorar el entorno local.

Si un trabajador pasa a ingresar más cantidad de dinero gracias al IMV y no tiene ningún incentivo para dejar el trabajo, por los motivos que sean, el empresario puede verse tentado a pagarle menos sabiendo que, con el IMV, complementará sus ingresos consiguiendo que el ingreso final del trabajador sea igual o incluso superior al que tenía antes del IMV.

El IMV es una medida individualista, que aísla a las personas, rompe los vínculos de solidaridad, no forma ni prepara al ciudadano. Sabemos que, cuanto más tiempo están en el paro los trabajadores, más difícilmente serán contratados en un futuro, ya que pierden habilidades, hábitos y formación.

Pero debemos tener en cuenta que la libertad que tenemos, en gran medida es gracias al bienestar social del que disfrutamos, aunque cada vez más deteriorado. Este bienestar social: sanidad, educación, seguridad ciudadana, justicia,…, es gracias a que alguien está trabajando para que pueda ser factible.

5- El coste financiero y de gestión del IMV es muy elevado

A algunos trabajadores no les gusta que se utilicen las rentas del trabajo para “financiar” el programa del IMV, para hacernos una idea, los trabajadores que cobran a partir de 1.800 euros de salario bruto comenzarían a cobrar menos para financiar el IMV vía nuevos impuestos. Como el IMV es cuasi individual, depende de la unidad de convivencia concreta, se deben analizar todas las declaraciones de IRPF de los españoles. Los residentes no censados deben ser detectados, los residentes sin cuentas bancarias deben abrir una o implantar un sistema de cobro del IMV por ventanilla. Deben mejorar los sistemas de detección de rentas ocultas (España tiene una economía sumergida de un 20% aproximadamente), para saber qué porcentaje les corresponde del IMV.

Aparte de esto el PTG erradicaría algunos de los costes que suponen el paro, lo que no hace el IMV:

  • Prestación de desempleo.
  • Gastos sociales y sanitarias relacionadas con el paro: depresión, ansiedad, exclusión social, pérdida de libertad, incremento tasas de suicidio, reducción esperanza de vida, pérdida de motivación, adición alcohol y drogas …
  • Pérdida de producción (PIB) y habilidades de los trabajadores.
  • Pérdida de valores sociales y responsabilidad.
  • Empeoramiento de las relaciones sociales y la vida familiar. (muchas rupturas están relacionadas por presiones económicas)

Finalmente, el PTG, por definición, haría disminuir la economía sumergida española, con todas las sinergias que ello supondría. El IMV en cambio, no tiene esta potestad.

Fuente: redMMT

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