EL CUENTO DEL LOBO: LA SALVACIÓN DEL SISTEMA DE PENSIONES. ¿PRODUCTIVIDAD O AHORRO?

Para “resolver” el tema de la sostenibilidad de nuestras pensiones hay fundamentalmente dos conceptos (que no tienen porque ser incompatibles): el aumento de la productividad es la panacea socialdemócrata, y en el bando liberal, ese papel lo cumple el ahorro.

Ambas parecen en principio válidas, pero ambas tienen, por supuesto, sus propios peros.

PRODUCTIVIDAD

Con un país más rico parece evidente que podríamos pagar pensiones más generosas. Pero el incremento de la productividad si no va acompañada de un incremento del número de cotizantes no resolvería el problema fundamental: la caída de la tasa de sustitución (relación pensión/salario), porque esa cuestión, y no otra, es lo que todos tenemos en la cabeza cuando pensamos en nuestra pensión futura: cómo será mi prestación en relación a mi salario.

Ese país más rico también recaudará muchos impuestos “normales”(IRPF, IVA,…) que podrían incrementar las transferencias de renta desde los PGE hacia la SS y subir la ratio gasto en Pensiones/PIB, ya que si hay más pensionistas respecto al total de población, la única forma de mantener la tasa de sustitución individual de cada uno de ellos es dedicar más parte de la renta anual del país a esta partida. Sin embargo, viendo cómo va a evolucionar la tasa de dependencia, parece casi imposible subir el porcentaje del PIB destinado a pensiones en la medida que sería necesaria para mantener la tasa de sustitución.

Ese país más productivo atrae inmigrantes jóvenes y muy cualificados, de los que ganan sueldos altos y cotizan por el máximo. Sería el mejor escenario desde un punto de vista financiero y fiscal. Pero hasta ahora, España no se ha caracterizado por su capacidad para lograr que los ingenieros holandeses o los desarrolladores informáticos canadienses se vengan a vivir aquí, es más, somos el gran exportador europeo de talento de los jóvenes preparados sobradamente y que cotizan en otros países y no en el que invirtió en su formación.

En resumen, la subida de la productividad es la mejor baza, pero no hemos hecho nada en los últimos años que nos invite al optimismo al respecto. ¡Más bien todo lo contrario!

EL AHORRO

La formulación parece sencilla, pues si todo indica que la tasa de sustitución de las pensiones públicas va a caer (desde un 75-80% hasta un 55-60%), la única forma de que el trabajador actual pueda mantener su nivel de vida tras la jubilación es el ahorro particular y existen en principio dos propuestas para impulsar ese ahorro.

Incentivar el ahorro a través de planes de empleo de empresa, en la senda de lo que parece estar en la cabeza del actual ministro Escrivá. Se traslada un porcentaje (del 2% al 4 % de las cotizaciones sociales actuales) a la nueva bolsa de ahorro individual. Empleados y empresas aportarían otros 3-4 puntos extras.

Alternativa o complementariamente al anterior, ir a una “Sociedad de Propietarios”, abriendo una cuenta de ahorro a largo plazo a todos los ciudadanos al nacer que tendría un extra (de unos 1.000 €, por ejemplo) cuando cumplan 18 años para incentivar el ahorro. La regulación de estas cuentas sería similar a la de los fondos de inversión y mientras no se retiren, los beneficios no tributan y el propietario puede mover el dinero entre todo tipo de activos (siempre dentro de la cuenta). Por supuesto, habría incentivos fiscales para el dinero ingresado cada año en la cuenta y, si se mantiene el ahorro hasta la jubilación, se podría plantear que tanto la aportación inicial como los rendimientos apenas tributen.

Eso sí, hay que advertir que como en la productividad, esto ni es gratis ni sencillo, pues en última instancia ahorrar consiste en dejar de gastar hoy para tener más mañana.

Para un sueldo medio de 26.500 €/año hay 13.500 € de diferencia entre los 34.500 € que es su coste salarial y los apenas 21.000 € que ingresa en su banco el empleado. El 70% de esa diferencia se debe a cotizaciones sociales, y simplificando unos 22-25 puntos de nuestro coste laboral total va dirigido a la pensión de jubilación. La duda es si se pueden destinar 6-8 puntos de sueldo a los planes de empresa, y si la SS puede quedarse sindos puntos de cotizaciones.

Habría que tomar decisiones difíciles: recortes en otras partidas de los PGE, cambios en la fórmula de revalorización de las actuales pensiones, …, pero, como sociedad, no aceptamos nada que implique sacrificios a corto plazo, es algo así como “el cuento del lobo”: no hacemos nada por mucho que nos avisen hasta que el lobo lo tenemos ya mordiendo nuestro propio cuello.

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