La tasa de paro real es del 13,1%, lo que supone un 32% más que el dato oficial del 9,9% ofrecido por el Ministerio de Trabajo.
España cerró el año 2025 con la tasa de paro «oficial» más baja desde antes de la Gran Recesión. Según la Encuesta de Población Activa (EPA), el desempleo se sitúa en el 9,9%. Sin embargo, esa cifra es profundamente engañosa. La reforma laboral impulsada por Yolanda Díaz ha alterado la forma en que se computa el paro, hasta el punto de que una parte sustancial de la supuesta mejora no responde a más empleo real, sino a un cambio estadístico ligado a la expansión del contrato fijo discontinuo.
El núcleo del problema es sencillo: decenas de miles de personas que no están trabajando figuran inscritas en las oficinas de empleo, pero no computan como parados, simplemente porque mantienen una relación laboral formal como fijos discontinuos. Es decir, están sin empleo efectivo, pero fuera de la estadística oficial del paro.
El Ministerio de Trabajo no publica de forma clara cuántos de estos demandantes corresponden exactamente a fijos discontinuos que están inactivos. Sin embargo, los propios datos del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) permiten hacerse una idea bastante aproximada de su magnitud. El Anuario de Estadísticas del SEPE ofrece, por un lado, el número de fijos discontinuos que permanecen inactivos y no figuran como parados y, por otro, el total de demandantes de empleo con relación laboral.
En 2024, ambas cifras fueron prácticamente coincidentes: alrededor de 690.000 fijos discontinuos inactivos de media mensual frente a unos 713.000 demandantes con relación laboral. Esta coincidencia no es puntual, sino estructural, y se repite con gran estabilidad en los últimos años, salvo durante los meses excepcionales de la pandemia. En la práctica, esto indica que la inmensa mayoría de los demandantes con relación laboral que no figuran como parados son fijos discontinuos que no están trabajando.
Sobre esta base, y aplicando un criterio prudente y conservador, puede estimarse que a cierre de 2025 había en torno a 850.000 fijos discontinuos inactivos inscritos en las oficinas de empleo, una cifra que además crece respecto al año anterior. En promedio anual, el volumen de estos trabajadores sin actividad efectiva ronda las 760.000 personas.
La comparación con los datos de afiliación a la Seguridad Social refuerza la magnitud del fenómeno. A finales de 2025, el número de fijos discontinuos que estaban efectivamente trabajando apenas superaba los 790.000. En los meses de menor actividad, como diciembre o enero, el número de fijos discontinuos inactivos inscritos en el SEPE llega a ser mayor que el de fijos discontinuos en activo, una situación que ya se había producido en 2024 y que se ha consolidado tras la reforma laboral.
Aunque los fijos discontinuos representan menos del 5% de los afiliados al Régimen General, concentran aproximadamente una quinta parte de todos los demandantes de empleo. Si estas personas sin trabajo efectivo computaran como parados registrados, el volumen total de desempleo aumentaría de forma muy significativa, situándose claramente por encima de los tres millones de personas. He ahí la verdadera dimensión del maquillaje estadístico introducido por la llamada «contrarreforma laboral».
Otro dato revelador es la enorme brecha entre el número de inscritos y el de perceptores de prestaciones. En 2025, solo unas 125.000 personas con contrato fijo discontinuo cobraban prestación por desempleo de media mensual, frente a más de 760.000 inscritas como demandantes con relación laboral en situación de inactividad. La diferencia se explica por el agotamiento del derecho a prestación en periodos cortos de actividad, la interrupción de la ayuda al reincorporarse al empleo, la pérdida del subsidio en caso de rechazo del llamamiento y el incentivo administrativo a mantener la demanda activa aunque no se perciba prestación alguna.
Así se «maquilla» el paro
Según la EPA, España cerró 2025 con 2,48 millones de personas desempleadas y una tasa de paro del 9,9%. Sin embargo, si se suman los demandantes con relación laboral que no están trabajando, el número real de personas sin empleo asciende a unos 3,37 millones, lo que eleva la tasa de paro hasta el entorno del 13,5%, muy por encima del 9,9% que comunica el gobierno en sus boletines oficiales.
Entre 2022 y 2025, el paro oficial se redujo en más de 700.000 personas. No obstante, si se corrige la estadística para tener en cuenta el efecto de los fijos discontinuos inactivos, la caída real del desempleo apenas supera las 130.000 personas. Dicho de otro modo: más de cuatro de cada cinco «empleos» que explican la mejora oficial del paro no corresponden a personas que estén trabajando de forma regular, sino a trabajadores que siguen sin ocupación efectiva pero han dejado de computar como parados.
Los datos de afiliación muestran además el carácter estructural del cambio. En julio de 2019 había algo más de 300.000 fijos discontinuos en alta. En julio de 2025, la cifra superaba ampliamente los 900.000. En paralelo, el peso del empleo temporal se ha reducido de forma drástica. En la práctica, el fijo discontinuo ha sustituido al contrato temporal como mecanismo de ajuste, pero con una ventaja política evidente: el paro «desaparece» de la estadística.
El resultado es claro. Si se compara el nivel de desempleo efectivo de 2025 con el de 2021, la mejora real es prácticamente inexistente. Frente a una caída de más de tres puntos en la tasa de paro oficial, el desempleo real apenas se ha reducido unas décimas. Esto implica que el 94% de la supuesta reducción del paro vendida por el Gobierno responde exclusivamente a un cambio contable, no a una mejora sustancial del mercado laboral español.
En definitiva, España no ha resuelto su problema estructural de desempleo. Simplemente lo ha escondido bajo la alfombra estadística
Fuente:El 94% de la supuesta reducción del paro con Sánchez es puro maquillaje estadístico – Libre Mercado


