¡BASTA YA! LA “SANCHOESFERA” ABDUCE AL PSOE

«Este es un gobierno incapaz de gobernar, sin presupuestos, sin horizontes, sin proyecto, practicante del más burdo nepotismo ideológico y familiar»

 

  • SÁNCHEZ SACRIFICA EL PSOE
  • UN PSOE MENGUANTE
  • LAS TRAICIONES DE PEDRO SÁNCHEZ: AMNISTÍA Y CONFEDERACIÓN
  • EL PSOE HA DEJADO DE EXISTIR, EL PSOE SOLO ES SÁNCHEZ

¿No ha de haber un espíritu valiente? La famosa interrogante, proclamada por Francisco de Quevedo hace ya cuatro siglos, sigue de plena actualidad en la política española. Es preciso plantearla a los militantes y votantes del Partido Socialista Obrero Español, pero sobre todo a sus diputados en Cortes. Ante la deriva irresponsable de la gobernación del país, no deben obediencia alguna a la hora de expresar su opinión y depositar su voto.

Por desgracia la debilidad estructural del gobierno actual, su sometimiento a sus propios enemigos a cambio del plato de lentejas de un poder efímero, su aversión a la verdadera memoria de la Historia y su afición a reescribirla, han resucitado en la clase política sentimientos que entierran la Constitución del 78. La polarización que aqueja a las opiniones públicas y que amenaza con socavar los cimientos de las democracias es una consecuencia de las malas artes de unos líderes mediocres.

Sánchez comenzó su carrera política intentando un pucherazo en las urnas del partido. Todavía hoy es incomprensible que no le despidieran de la militancia, y hay que reconocerle cuajo y desparpajo por su aventura personal que le llevó a recorrer España para entrevistarse con las agrupaciones que le ayudaron a auparse a la presidencia. Instalado en ella, ha sido el gobernante que más ha enfrentado a los españoles entre sí desde el fin de la dictadura, sin más motivo ni otra meta que su ambición de poder. Hoy presume de dirigir un gobierno progresista, pero no hay progreso alguno en potenciar al separatismo nacionalista, vencido entre otras cosas por la acción de la justicia en defensa de la Constitución.

El método son negociaciones secretas con delincuentes amnistiados por una mayoría escuálida del arco parlamentario, a fin de garantizar cesiones que ponen seriamente en peligro la continuidad del Estado, y a cambio de las migajas del poder, negociaciones dedicadas abusivamente a remunerar adhesiones y a perseguir cualquier discrepancia.

Algunos quieren ver no obstante una nueva etapa, la del final del procès, representada por la instalación de la bandera constitucional en el despacho del presidente de la Generalitat. Hay que preguntarse si la sumisión al independentismo irredento que su pacto de investidura conlleva le permitirá aplicar las sentencias judiciales que exigen el empleo del castellano en las aulas escolares al menos en un 25 % de las asignaturas, y defender así los derechos todos los ciudadanos, incluidos los catalanes, que tienen el deber de conocer y el derecho de usar.

El ridículo episodio de la fuga de Puigdemont, a todas luces protegido por la cúpula del sistema, solo pone de relieve la indolencia o complicidad de las autoridades policiales. Este es un gobierno incapaz de gobernar, sin presupuestos, sin horizontes, sin proyecto, practicante del más burdo nepotismo ideológico y familiar. Felipe González definió en su día el cambio político con perfiles precisos: el cambio es que España funcione, pero este gobierno no solo no funciona, sino que pretende no dejar funcionar a casi nadie. Si no se pone remedio, siete años de mentiras, promesas traicionadas y silencios culpables acabarán por destruir la fe en la social democracia, y hasta en la democracia misma.

Todavía es tiempo para que esto no suceda si las mejores cabezas del país, a derecha e izquierda, son capaces de recuperar el diálogo roto por el sectarismo y el silencio culpable de un jefe de gobierno incapaz de disipar las dudas judiciales sobre el comportamiento de sus dos familias: la política y la personal. Es preciso el retorno a la cordura. Ojalá el disentimiento de tantos electores y militantes socialistas, jóvenes promesas o antiguos militantes y dirigentes a los que debemos gratitud por su contribución a la recuperación de la libertad, les lleve a entonar un grito de esperanza:¡Basta ya!

  SÁNCHEZ SACRIFICA EL PSOE

Sánchez está implosionando su partido en una voladura lenta y eficaz en beneficio de sus intereses individuales y los de sus socios independentistas

Los resultados de las elecciones de Galicia han puesto de manifiesto que el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) sigue en caída libre en cuando la cita es autonómica. Y en el caso gallego los socialistas han obtenido los peores resultados de su historia. No es la primera vez que le ocurre. Antes fue Ayuso en Madrid, que además se cargó a Iglesias y mandó al PSOE a ser tercera fuerza. También Moreno se lo hizo en Andalucía con otra absoluta y en pocos años ha hecho olvidar las décadas de gobiernos socialistas. La debacle del PSOE en las autonómicas siguió el 28 de mayo. Resistió Castilla-La Mancha, pero no fue efecto de Sánchez, sino Emiliano García-Page el autor de ese triunfo. Un Page que es ya la única resistencia real al poder autócrata de Pedro Sánchez y además el único cargo socialista con mayoría absoluta..

El PSOE de Pedro Sánchez, ese candidato que no ha visto en su vida una mayoría absoluta, y ni siquiera una victoria clara, lo que sí ha conseguido es maniatar, controlar y silenciar las estructuras y a muchos militantes de lo que antes era el Partido Socialista Obrero Español. Lo está implosionando en una voladura lenta y eficaz en beneficio de sus intereses individuales.

Sánchez está canibalizando a su propio partido hasta el punto de que el partido socialista ha dejado de ser socialista hace tiempo. Ya no buscan la solidaridad ni la justicia social.  Nada hay menos socialista que un independentista o nacionalista. Pero eso da lo mismo si no sirven para que Sánchez siga en la Moncloa.

Tampoco parece que les guste especialmente defender el adjetivo español del PSOE cuando es capaz de una ley de amnistía que rompe la igualdad de los españoles ante la ley.

Y, sin duda, la mayor pérdida que ha tenido el PSOE ha sido el propio sujeto de partido. Ya no es partido. O al menos ese partido que fue columna vertebral de la Transición y de la Constitución del 78 y cuyos gobiernos en los ochenta dieron el impulso de modernidad que necesitaba España. Y lo hicieron con un presidente como Felipe González que sigue siendo el que mayor poder ha obtenido en el Congreso en toda la historia. Con 202 diputados González respetaba y escuchaba a toda las familias y opiniones presentes en la estructura orgánica de su partido. Las ejecutivas, los comités federales eran totalmente representativos de las distintas sensibilidades que convivían en el PSOE.

Lo que fuera un partido federal, fuertemente estructurado, ha quedado como una reunión de supervivientes en cada comunidad que aspiran a que el dedo del autócrata Pedro Sánchez les señale para algún cargo parlamentario o que sean reclamados en esa nueva casta compuesta por centenares de supuestos asesores que engordan las cuentas de gastos de cada ministerio. Aplauden y apoyan cualquier cambio de opinión de Sánchez.

El juego de Pedro Sánchez —que nunca ha ganado con suficiencia unas elecciones y que siempre ha tenido que sobrevivir de los pagos a los chantajes que ha tenido que sufrir y pagar a sus «amigos Frankenstein»— es seguir en su huida hacia adelante. La ley de la amnistía será de nuevo la apuesta de un gobierno que no gobierna. Para los socialistas, y pronto para sus portavoces mediáticos, la durísima derrota y la mayoría absoluta del PP en Galicia no tiene nada que ver con la ley de amnistía. Puede ser. O no.

Reflexión y autocrítica son palabras que no entran en el ego de Sánchez ni en sus portavoces que dicen que la culpa ha sido de «falta de tiempo». No son justificaciones, son lamentables excusas de un PSOE en mínimos y cuyo principal socio, Sumar de la gallega Yolanda Díaz, ni siquiera entra en el Parlamento gallego.

Sánchez sigue. No le importa destrozar a su propio partido porque ya lo ha hecho antes.

El proyecto de Sánchez es apoyo, blanqueo y reconocimiento de los nazionalismos radicales e independentistas, a cambio de que le mantenga en el Gobierno de Madrid. Pedro Sánchez avanza hacia su final, derrota tras derrota, dejando la peor herencia: unos partidos radicales independentistas reforzados.

 

«Abjuré de mi honor, traicioné a todos, compré conciencias, me resigno a la infamia».

UN PSOE MENGUANTE

El PSOE pierde más de 50 diputados autonómicos desde el primer Gobierno de coalición

A este paso, el que va a terminar pidiendo una ley de amnistía (política) va a ser Pedro Sánchez, quien, a costa de primero alcanzar y después mantenerse en la Moncloa a cualquier precio y con las peores compañías imaginables, está llevando al PSOE a su destrucción definitiva. Es producto, en todo caso, de una deriva tomada a conciencia que viene de lejos: la inició Zapatero y Sánchez la está llevando al extremo..

De hecho, el PSOE ya ha sido fagocitado por los nacionalismos disgregadores, por lo que el PSOE histórico que vertebrara (con todos sus errores) España, referente de los ciudadanos progresistas y de izquierdas, ya ha desaparecido.

Su disparatada estrategia de entregarse en cuerpo y alma a prestigiar como si fuera progresista al nacionalismo lo está sustituyendo en muchas partes de España. El PSOE ha desechado definitivamente defender la igualdad, la solidaridad y la redistribución para abogar por todo lo contrario, que en la práctica no es sino mantenerse en el poder caiga quien caiga

Uno de los éxitos de Sánchez es que muchos jóvenes crean ya a pies juntillas que izquierda y nacionalismo no solo son compatibles sino deseables compañeros de viaje, lo que es un drama para el PSOE pero sobre todo para España.

No es solo la rebaja del delito de malversación, la supresión del delito de sedición, la concesión de los indultos o la redacción de la ley de amnistía, es, además, la concesión de privilegios económicos para las regiones más ricas de España a costa del resto, la posible ruptura de la caja única de la Seguridad Social, la parcelación de la Hacienda estatal y, en última instancia, la propia fragmentación del Estado como instrumento igualitario y de redistribución. Una amalgama de decisiones incoherentes, antisocialistas y antiespañolas que ya ha comenzado a pasarles una factura enorme.

El único beneficiado de la mayoría que sostiene a Sánchez en el Congreso ha sido el PSC, que ha conseguido recuperar terreno perdido durante este periodo. La formación liderada por Salvador Illa ha ganando más de 25 escaños desde que el presidente decidió apoyarse en el independentismo para gobernar. Illa ganó pero no pudo gobernar sin concesiones inconfesables a ERC aún ocultas y desconocidas. Otras ganancias han sido irrelevantes, como las dos actas sumadas en el País Vasco y los cuatro escaños ganados en Valencia que no pudieron frenar al Gobierno PP-Vox en la comunidad.

Los datos autonómicos desde que Sánchez consolidó sus alianzas de Gobierno han sido un desastre para el PSOE. El partido se ha dejado más de 50 escaños en todas las elecciones autonómicas celebradas desde el 2019 y hasta las gallegas del domingo 18 de febrero.

La región más perjudicada por las legislaturas de Sánchez es Madrid, donde el PSOE ha perdido 10 diputados. Le siguen Cantabria y Castilla y León, donde el socialismo se ha dejado siete escaños respectivamente. En Extremadura y ahora en Galicia ha dilapidado seis en cada una de ellas. En Murcia ha cedido cuatro y en La Rioja, tres.

El epicentro de la catástrofe fue el 28 de mayo del 2023. El PSOE perdió los gobiernos de La Rioja, Cantabria, Aragón, Comunidad Valenciana, Baleares, Extremadura y Canarias. Los socialistas conservan actualmente Navarra -gracias a EH Bildu-, Asturias y Castilla-La Mancha. Además, forma coalición con el PNV en el País Vasco. Madrid y Galicia son dos de las autonomías en las que el PSOE es tercera fuerza política, superado por Más Madrid y el BNG.

Desde que Sánchez llegara al liderazgo socialista, ha sacado cuatro de los cinco peores resultados históricos de su partido; le han desalojado de siete gobiernos autonómicos y de incontables alcaldías relevantes, con la excepción de Barcelona, y gracias en exclusiva al PP, que optó por el mal menor.

Es obvio que Sánchez siempre ha elegido sumar artificialmente con formaciones rupturistas y antisistema para reunir una mayoría aritmética ingobernable, perjudicial y frontalmente opuesta a las obligaciones de un Gobierno presentable, al precio de someter a España a unas tensiones impropias y de transformar al PSOE en otro partido antisistema, alejado de los valores constitucionales y abrazado a los peores y más minoritarios proyectos de deconstrucción nacional.

LAS TRAICIONES DE PEDRO SÁNCHEZ: AMNISTÍA Y CONFEDERACIÓN

Pedro Sánchez., al frente del PSOE, ha traicionado a sus votantes, porque no les ha planteado nunca en las elecciones sobre la base de un programa en el que ni la ley de la amnistía ni las que ahora están intentando adoptar del Consorcio y del Convenio y el cupo especial para Cataluña en el modelo de financiación autonómica. Eso no se ha votado nunca.

 

LA LEY DE AMNISTÍA

La ley de amnistía es la punta del iceberg de todo lo que es un peldaño que se está intentando llevar adelante para cambiar el sistema y provocar una serie de mutaciones pues aborda un tema que ya fue rechazado en la Asamblea Constituyente. La Ley de Amnistía de 1977 fue una ley pactada, concordada, aprobada por prácticamente casi unanimidad, en la que se hacía tabula rasa con todos aquellos delitos de opinión o delitos políticos que habían llegado a cometerse durante la época franquista. En la Constitución se prohíben los indultos generales; y en cambio, se permiten aquellos que son indultos a personas concretas, y que se tienen que tramitar conforme a una ley que es muy antigua, y es la que se aplicó recientemente para indultar a los golpistas del procés que habían sido condenados por el Tribunal Supremo. Además esta ley no estaba en el programa electoral del PSOE que reiteradamente decían que no se iba a realizar ninguna amnistía porque eso era anticonstitucional.

 

Por lo tanto, es una traición a la ciudadanía que cuando les ha dado el voto no se lo ha dado para que hagan esto. Además rompe el modelo constitucional. Lo rompe, en el caso de la amnistía que además ni por la forma de elaborarse la ley ni por su contenido se ajusta la Constitución. Lo que pasa además es que es una ley tan mal hecha jurídicamente, con tantos fallos internos de procedimientos que se establecen o de conceptos que se quieren introducir, que es de muy dificultosa aplicación y por eso el Tribunal Supremo ha considerado que tal como está redactada el delito de malversación al cual se quiere aplicar la amnistía, no entra dentro de ella y por lo tanto, pues es una ley de muy difícil aplicación y por eso hay planteadas algunas cuestiones de inconstitucionalidad ante el Tribunal Constitucional y también una cuestión prejudicial ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea con la una discusión jurídica de fondo, en torno a lo que es el concepto de malversación. Sin pudor alguno nos dicen los defensores de la ley de amnistía que cuando se producen desviaciones de fondos que no originan una un incremento patrimonial de riqueza a los autores, entonces no hay malversación olvidando que la malversación es un desvío de fondos, y lo que se hace con ese desvío de fondos, si va al bolsillo de alguien o no, eso hasta ahora los tribunales siempre lo han considerado absolutamente irrelevante.

 

Hace bastante tiempo que es evidente que existe un intento de provocar mutaciones constitucionales. Una mutación constitucional se produce cuando tergiversando el sentido de las instituciones jurídicas, de las normas jurídicas, se pretende cambiar el resultado de lo que la Constitución podría producir. Y eso sin necesidad de cambiar formalmente la Constitución, es decir, no se utiliza el procedimiento de cambio de la Constitución, sino que se utilizan estos procedimientos espurios. Eso entra dentro de esa «estrategia de la araña» a través de la cual lo que se pretende es ir minando las instituciones para que, finalmente, el sistema colapse y se pueda instaurar uno nuevo. No está fuera de esta intención el ir intentando criticar a los jueces, porque claro, los jueces son el tercer poder del Estado, pero son el poder que controla los otros dos, no son los políticos los que han de controlar a los jueces, sino los jueces a los políticos. Y por eso se establecieron los tribunales constitucionales, por eso se estableció la jurisdicción contencioso administrativa, por eso los políticos pueden ser juzgados por los actos que realicen, incluso en el ejercicio de sus cargos.

 

EL CONCIERTO FISCAL CATALÁN

El reciente pacto entre PSC y ERC ha reavivado el debate sobre el federalismo en nuestro país., pero este pacto tiene también otras consecuencias como el reforzamiento del catalán dentro de toda la vida pública y privada en Cataluña, o el reforzamiento también de la acción exterior de la Generalitat como si fuera la acción exterior de un Estado. Este pacto se ha tomado evidentemente fuera de las instituciones, que también ha sido consecuencia de un pacto para lograr una investidura.

 

Si hubo un pacto primero para la ley de amnistía, no prevista en la Constitución, para lograr la investidura de Sánchez, ahora resulta que hay un segundo pacto, tampoco previsto en la Constitución y de contenido claramente anticonstitucional, para lograr la investidura de Illa. Con lo cual estamos modificando el sistema a cambio de esas compras de votos parlamentarios para conseguir investiduras exiguas, es decir, investiduras que no responden a una amplia mayoría, sino que responden a mayorías muy mecánicas, Un poco esas mayorías numéricas a partir de las cuales luego se creen con derecho a imponerse sobre la gran mayoría.

 

Este pacto, con estos ejes, se nos intenta vender como un paso hacia el federalismo. Este pacto no tiene ninguna base federal porque el federalismo se basa en la igualdad entre Estados, de la igualdad entre ciudadanos, es decir, de que los entes que crean la federación al traspasarle la soberanía lo que hacen es establecer un sistema a través del cual no pueda haber privilegios, sino que haya sobre todo igualdad de derechos.

 

Por ejemplo, el federalismo alemán se basa en un modelo en el cual quienes recaudan casi todos los impuestos son los länder, pero los recaudan conforme a los criterios que marca una ley federal y luego los redistribuyen conforme a los criterios que marca la ley federal. Es decir, que lo que hacen es de mera oficina de recaudación. Esto sería federalismo, y no es por ahí hacia dónde se va, sino hacia la bilateralidad. Si nos vamos al establecimiento de un modelo de concierto y cupo o algo por el estilo, no estamos yendo hacia un modelo federal, sino todo lo contrario, estamos yendo hacia un modelo confederal, en el cual se le quitan competencias a la Federación para que las tengan los Estados Confederados.

En la Constituyente se trató el tema de qué comunidades autónomas podrían tener un régimen de financiación singular, y se estableció el del País Vasco y el caso de Navarra. Y se preguntó a los catalanes, que estaban integrados en la minoría vasco-catalana se les preguntó si querían un régimen similar y dijeron que no, porque no querían recaudar. Y en el fondo el modelo fiscal del concierto es totalmente insolidario y un modelo que económicamente no resiste. En el caso de Navarra y el País Vasco, a pesar de que desde la Unión Europea hace años ya que se nos dice que eso tendría que ir desapareciendo, porque a medida que se avanza en el federalismo fiscal eso no se va a sostener, resulta que aguanta económicamente porque son territorios pequeños, con poca población.

Si esto lo aplicamos a Cataluña, que es una de las economías grandes dentro de España, hay muchos que van a querer ir a la cola y decir «yo también lo quiero». Entonces esto hace estallar el sistema. Quizás es lo que pretenden, quizás lo que pretenden es hacerlo estallar. Al menos algunos de los miembros de la coalición que ha tenido Sánchez en el Gobierno en sus legislaturas lo decían directamente, que pretendían hacer estallar el modelo, o que lo digan los secesionistas, pues está dentro de su ADN. Pero que el PSOE entre en esta dinámica es algo que le va a pasar factura, y muy grave, porque la sociedad española se va a dar cuenta de que realmente eso no lleva a ninguna parte: nos va empobrecer muchísimo más, quiebra nuestro sistema democrático, es anticonstitucional, y además no es sostenible.

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EL PSOE HA DEJADO DE EXISTIR, EL PSOE YA SOLO ES SÁNCHEZ

La ausencia de autocrítica de Pedro Sánchez, desplaza a sus candidatos regionales con una huida hacia adelante indigna de un líder serio, confirma los peores presagios y lanza una nueva amenaza al ecosistema político. Hasta ahora se ha entregado al separatismo pero ahora pretende fundirse con él con la excusa de frenar a la derecha.

El PSOE ya no existe, salvo nominalmente, y se ha transformado en una coalición desesperada por la conservación del poder propio y de potenciación del ajeno en aquellos territorios donde, gracias a los socialistas, las fuerzas soberanistas crecen sin tope aparente con el único objetivo de enterrar la cohesión nacional, garante de un espacio democrático sustentado en la libertad, la seguridad y la igualdad.

El coste ha sido la desaparición de los partidos socialistas locales, convertidos en apéndices del nacionalista de turno.  Sánchez ha convertido a las federaciones socialistas en títeres de Moncloa, sin personalidad ni capacidad de decisión propia y al tiempo, desde Moncloa ha estado bendiciendo con su discurso la superioridad de las reivindicaciones nacionalistas sobre cualquier tipo de visión nacional.

La desintegración del PSOE en las autonomías comenzó el 28-M de 2023, cuando perdió gran parte del poder. Ocurrió después de que Sánchez hiciera y deshiciera a su antojo en las candidaturas electorales. Tras el batacazo socialista y el ascenso del PP, Sánchez quiso blindarse internamente convocando elecciones generales el 23-J. Le salvó la comunidad de votos con ERC en Cataluña, donde los votantes independentistas de izquierdas apoyaron al PSC para evitar el gobierno del PP con Vox. Perdió Sánchez pero le salvó Puigdemont. Este aparente éxito ha provocado que no rectifique su estrategia, sino que la acentúe.

El sanchismo ha abandonado a los socialistas locales. Es muy significativo que el sanchismo se contente con colonizar el Estado y las instituciones públicas, y sea indiferente a la suerte del partido socialista en las autonomías. Tan palmario como que esos mismos militantes de cada región española no diga nada, ni se mueva o rechiste. No sorprende, porque en su día aceptaron ser auxiliares de los nacionalistas a cualquier precio con tal de que el PP no ganara las elecciones. Esta práctica desaparición del PSOE en las autonomías, salvo Cataluña, con un Salvador Illa echado al monte nacionalista, y un Page en Castilla-La Mancha que confirma la regla. Lo cierto es que esta estrategia de rendirse al nacionalismo y cederles el protagonismo no tiene pinta de ser un plan que a largo plazo asegure la supervivencia del PSOE.

 Galicia puede ser el comienzo de un proceso de disolución del PSOE, no a favor de la izquierda alternativa que no hace tanto amenazó con el sorpasso, sino en beneficio de los partidos nacionalistas independentistas a los que ha allanado insensatamente el camino hacia el éxito desde que sus votos han sido necesarios para mantener a Pedro Sánchez en el poder. Galicia ha confirmado algo que se había comprobado ya en casi todas las elecciones autonómicas de mayo y que algunos socialistas sospechaban en sepulcral silencio: muere el partido para salvar a Sánchez.

España está gobernada en estos momentos por partidos que no gozan del necesario respaldo popular. El PSOE no ha llegado al 15% de los votos en Galicia y su socio de coalición, Sumar, ha conseguido un raquítico 2% del voto, a pesar de que su líder, Yolanda Díaz, es gallega y ha desarrollado en esa región la mayor parte de su carrera política. El PSOE es el tercer partido en la Comunidad de Madrid, después de la izquierda radical, y el tercero en Galicia, muy por detrás del separatista y extremista BNG. Las próximas elecciones vascas seguramente reservarán para el PSOE el rol de comparsa en la lucha del poder entre PNV y Bildu. En Cataluña se ha sacrificado el protagonismo de Salvador Illa, vetado por Junts, lo que probablemente conducirá a que el PSC se quede sin la victoria que parecía tener en su mano hasta hace poco.

Este proceso de disolución del PSOE constituye una verdadera tragedia para la democracia española porque deja la defensa del actual marco constitucional en las manos casi exclusivas del PP. Si esto es malo para los valores y las políticas de izquierda que cualquier país estable necesita, resulta alarmante para el futuro de España, puesto que convierte a los partidos que sueñan con una confederación republicana en única alternativa en las tres comunidades históricas. Las continuas concesiones al independentismo por parte del Gobierno de la nación conducen de forma irremisible al PSOE al precipicio y a todo el país hacia una crisis potencialmente muy grave. El daño ya está hecho y muchos socialistas lo ven con claridad y el partido ha entrado en una dinámica fatal en la que se hace muy difícil frenar la tendencia actual.. El Gobierno —Sánchez y Yolanda Díaz de la mano— ha arruinado el prestigio de la izquierda en toda España. Una mayoría de votantes entiende ya con claridad que el único propósito de esta izquierda es el de conservar el poder a toda costa. Y, por mucho que se resistan, lo acabarán perdiendo. Su plan naufragará de forma escandalosa. Serán desalojados del poder antes de lo que piensan y de forma más abrupta de lo que pueda calcularse hoy. El riesgo para todos es qué país nos dejarán y cuánto costará sacarlo adelante

 

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