
¿ HASTA CUANDO ABUSARAS DE NUESTRA PACIENCIA?
pandemias, volcanes, amnistías, apagones, Dana, accidentes alta velocidad, invasiones, guerras y casos de corrupción: los ocho años en los que Pedro Sánchez ha gobernado entre crisis constantes
Se cumplen ocho años desde que la moción de censura que desalojó a Mariano Rajoy de La Moncloa convirtió al líder socialista en presidente del Gobierno.
Este gobierno ha convertido el no gestionar en una forma de gobierno. Siempre es culpa de otro, nunca hay una dimisión» Este Gobierno ha dado con una forma de gobernar que consiste en no gestionar. El patrón se repite en cada crisis. Primero niega cualquier responsabilidad, para ganar tiempo y encontrar el relato que menos le perjudique o incluso le beneficie. Después busca a quién culpar: la derecha y la ultraderecha, el cambio climático, que niega una parte de esa desalmada derecha con la que, nos dicen, es imposible pactar nada.
Pedro Sánchez llegó a La Moncloa el 1 de junio de 2018 con una promesa de estabilidad tras la caída de Mariano Rajoy y con apenas 84 diputados en el Congreso. Ocho años después, el líder socialista sigue al frente del Gobierno tras haber sobrevivido a varias elecciones generales, una pandemia, una erupción volcánica, una crisis energética global, una inflación disparada, el conflicto catalán, una compleja aritmética parlamentaria y una sucesión de polémicas e investigaciones judiciales que han golpeado a personas de su entorno político y personal.
La etapa de Sánchez ha estado marcada por una constante sucesión de sobresaltos, Su llegada al poder fue, además, inédita. La sentencia del ‘caso Gürtel’ precipitó la moción de censura que desalojó a Rajoy de la presidencia y convirtió a Sánchez en jefe del Ejecutivo gracias al apoyo de Unidas Podemos, el PNV, ERC, el PDeCAT, Compromís, Bildu y Nueva Canarias. Aquel Gobierno nació con vocación de transición, pero acabaría convirtiéndose en el inicio de uno de los ciclos políticos más prolongados y convulsos de la historia reciente de España.
Durante sus primeros meses en La Moncloa, Sánchez trató de proyectar una imagen de renovación institucional y europeísmo. Sin embargo, la debilidad parlamentaria de su Ejecutivo quedó pronto en evidencia. El rechazo de los Presupuestos Generales del Estado por parte de los partidos independentistas catalanes obligó a convocar elecciones en abril de 2019.
Aquellos comicios otorgaron la victoria al PSOE, aunque sin mayoría suficiente para gobernar en solitario. Las negociaciones con Unidas Podemos fracasaron durante meses y España se vio abocada a una repetición electoral en noviembre de ese mismo año. El resultado abrió finalmente la puerta al primer Gobierno de coalición de la democracia reciente, con Pedro Sánchez como presidente y Pablo Iglesias como vicepresidente segundo.
Nadie imaginaba entonces que apenas unas semanas después el nuevo Ejecutivo tendría que enfrentarse a la mayor crisis sanitaria del último siglo.
La pandemia, los fondos europeos y las grandes reformas
La irrupción de la covid-19 en marzo de 2020 alteró por completo el rumbo de la legislatura. España decretó el estado de alarma, confinó a millones de ciudadanos y paralizó buena parte de su actividad económica en una situación sin precedentes.
La gestión de la pandemia se convirtió en el principal desafío de Sánchez. Su Gobierno impulsó medidas extraordinarias para sostener empresas y empleo, entre ellas los ERTE, ayudas directas a autónomos y diversas prestaciones sociales destinadas a amortiguar el impacto económico de las restricciones.
La recuperación coincidió con otro de los grandes hitos de su mandato: la llegada de los fondos europeos Next Generation, concebidos para impulsar la modernización económica tras la pandemia. España pasó a ser uno de los principales receptores de estas ayudas comunitarias, que el Ejecutivo convirtió en una de las piezas centrales de su estrategia.
En paralelo, el Gobierno fue desarrollando un amplio paquete de reformas. La más destacada fue la reforma laboral pactada entre sindicatos y empresarios, presentada por el Ejecutivo como una herramienta para reducir la temporalidad y mejorar la estabilidad en el empleo. También se produjeron sucesivas subidas del salario mínimo interprofesional, la revalorización de las pensiones conforme al IPC y la aprobación del ingreso mínimo vital y distintas medidas orientadas a facilitar el acceso a la vivienda.
La legislatura también estuvo atravesada por acontecimientos extraordinarios. La erupción del volcán de La Palma en 2021 obligó al Gobierno a desplegar un amplio dispositivo de ayudas para los afectados. Meses después, la invasión rusa de Ucrania desencadenó una crisis energética que disparó los precios y obligó a adoptar medidas para contener la inflación y el coste de la electricidad.
Cataluña, los pactos parlamentarios y la legislatura más compleja
Si la pandemia marcó la primera gran etapa de Sánchez, la cuestión territorial ha sido el hilo conductor de toda su presidencia.
Desde su llegada al poder, el líder socialista apostó por una estrategia de diálogo con Cataluña que contrastaba con la política mantenida durante los años más tensos del procés. Esa línea cristalizó primero en los indultos concedidos en 2021 a los dirigentes independentistas condenados por el referéndum ilegal de 2017 y, más tarde, en la ley de amnistía impulsada tras las elecciones generales de 2023.
Aquellos comicios parecieron abrir inicialmente la puerta a una alternancia política. Sin embargo, la imposibilidad del Partido Popular de reunir una mayoría suficiente permitió a Sánchez revalidar la presidencia gracias al apoyo de Sumar, ERC, Junts, Bildu, PNV y BNG.
La negociación de la amnistía se convirtió en el principal eje político de la nueva legislatura y desencadenó una intensa confrontación institucional y social. Para sus defensores, era una herramienta destinada a cerrar una etapa de conflicto territorial. Para sus detractores, suponía una cesión inaceptable a los partidos independentistas a cambio de mantenerse en el poder.
La dependencia parlamentaria de socios ideológicamente muy diversos ha obligado desde entonces al Gobierno a negociar prácticamente cada iniciativa legislativa, convirtiendo cada votación en una prueba de resistencia para el Ejecutivo.
El desgaste judicial y las polémicas del último tramo
Los últimos años de la presidencia de Sánchez han estado marcados por una presión derivada de diferentes investigaciones judiciales por presuntos casos de corrupción.
El episodio de mayor impacto político se produjo en abril de 2024, cuando el presidente anunció la suspensión temporal de su agenda pública durante cinco días para reflexionar sobre su continuidad tras la apertura de diligencias contra su esposa, Begoña Gómez. La decisión generó un enorme revuelo político y mediático Finalmente, Sánchez compareció para anunciar que continuaría al frente del Gobierno.
A partir de entonces, la atención pública se desplazó progresivamente hacia varios procedimientos que afectaban al entorno socialista. El denominado ‘caso Koldo’, relacionado con presuntas irregularidades en la contratación pública durante la pandemia, acabó salpicando al exministro José Luis Ábalos y abrió una de las mayores crisis internas del PSOE durante la etapa de Sánchez.
Posteriormente, las investigaciones fueron ampliándose y situaron bajo el foco a figuras clave del partido. Entre ellas apareció el nombre de Santos Cerdán, uno de los dirigentes más cercanos al presidente y durante años responsable de Organización del PSOE.
En paralelo surgió el llamado ‘caso Leire Díez’, después de que trascendieran grabaciones en las que la exmilitante socialista aparecía buscando información sobre miembros de la UCO y otros actores relacionados con investigaciones de relevancia política. El asunto alimentó nuevas acusaciones de la oposición y aumentó la presión sobre la dirección socialista.
A todo ello se sumaron otras controversias recurrentes de la etapa de Sánchez, como el espionaje mediante el programa Pegasus, las consecuencias no previstas de la ley del ‘solo sí es sí’, los debates sobre la reforma del delito de malversación, las tensiones con el Poder Judicial o las críticas por los acuerdos alcanzados con las fuerzas independentistas.
Mientras tanto, el Gobierno ha seguido impulsando medidas de fuerte impacto social, entre ellas nuevas reformas en materia de vivienda, transición energética o inmigración, incluyendo iniciativas para facilitar la regularización de cientos de miles de migrantes en situación irregular.
Ocho años después de llegar a La Moncloa, Pedro Sánchez sigue donde empezó todo. Lo hace mientras el PSOE atraviesa una de las semanas judicialmente más delicadas de los últimos años, con nuevas derivadas del ‘caso Leire Díez’, la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero, actuaciones en la sede federal socialista y distintas investigaciones que continúan cercando al entorno del partido. Como ha icho este mismo domingo: “Nosotros no negamos los problemas., pero singuen sin resolverse los casos de la gestión de su gobierno en la Dana de Valencia(“si necesitan ayuda que la pidan”, 232 muertos, el accidente de la Alta Velocidad por un carril que llevaba horas roto sin que ningún sistema diera la alarma. Ocho meses después, no ha dimitido nadie ni se ha cesado a nadie, y las víctimas han tenido que ir a Europa para que alguien las escuche.
, 45muertos, la reacción de la invasión en Ceuta (más de 80 personas y 145 fallecidos)…
Es el modus operandi del Gobierno, y basta repasar el último año para comprobarlo. En agosto ardió España, y el presidente volvió a pedir un «Pacto de Estado frente a la emergencia climática», como si faltara una firma y no la prevención que se hace en invierno. En Adamuz murieron 46 personas
Esta semana ha dejado dos ejemplos de manual: el desahucio de Maricarmen y la crisis de Ceuta. Pero el método lo viene aplicando desde hace tiempo. .
Desalojo de Mari Carmen
Desahucio de Maricarmen
Maricarmen tiene 87 años y acaba de ser desahuciada del piso del Retiro en el que vivía desde hacía 71. El ministro Torres ha culpado a PP, Vox y Junts por haber tumbado el decreto antidesahucios, y la ministra de Vivienda ha culpado a Ayuso de los fondos buitre. Ninguno de los dos ha explicado lo esencial: a Maricarmen no la desahucia un fondo ni una comunidad autónoma, sino una ley. La de Arrendamientos Urbanos de 1994, aprobada por un Gobierno socialista, limitó las subrogaciones de la renta antigua: la de los hijos solo es vitalicia si tienen al menos un 65% de Maricarmen tiene un 50%. La demanda empezó en 2020, y el Supremo la resolvió aplicando esa ley.
El decreto que ahora invoca Torres era una moratoria, un parche que se prorrogaba de seis meses en seis. Como mucho, habría aplazado el desahucio. Cambiar la ley, que es lo único que lo habría evitado, estaba en manos de un Gobierno que lleva más de ocho años en Moncloa y que ha legislado por decreto casi todo lo demás. No lo ha hecho. Hace una semana, además, el PSOE se abstuvo y dejó caer la ley de su socio contra los fondos a los que hoy culpa. Mientras tanto, de las 184.000 viviendas públicas prometidas, el Gobierno sigue sin decir cuántas ha entregado. Las estimaciones van de unos centenares de viviendas nuevas terminadas con ese plan a unas 10.000 si se cuentan cesiones y convenios previos. Como mucho, un 5% del objetivo.
Maricarmen no necesitaba una pancarta en su portal. Necesitaba que alguien, en ocho años, hubiera cambiado una línea del BOE: la del 65%.
Invasión de Ceuta
Ceuta vive la peor crisis migratoria de su historia democrática. Ocho semanas después de la entrada masiva del 30 de julio, siguen en la ciudad miles de personas. Según el Gobierno, a 22 de septiembre había 2.321 menores identificados, entre 500 y 700 más en la calle sin registrar y más de 6.000 adultos acogidos. Son unas 9.000 personas en una ciudad de 83.595 habitantes, más del 10% de su población. a.
Pero desde el 12 de junio está en plena aplicación el Pacto Europeo de Migración y Asilo, que obliga a hacer el cribado en frontera y para el que Bruselas ofrece medios. No se ha visto a Moncloa darse prisa en pedirlos. Lo que sí ha hecho el Gobierno es buscar un culpable. Torres acusa al PP de que haya menores en la calle por negarse a repartirlos por la península. Pero la acusación no se sostiene: para repartir a un menor, primero hay que registrarlo, y eso le corresponde al Estado. Mientras tanto, cientos de menores siguen en la calle sin identificar, y cada semana que pasa la convivencia en Ceuta se vuelve más frágil. No hay que descartar que esa tensión acabe desembocando en un enfrentamiento entre los ceutíes y los inmigrantes recién llegados. Y tampoco que, llegado el caso, eso pudiera beneficiar a Pedro Sánchez: le daría la ocasión de culpar al PP y a Vox de falta de solidaridad, y el foco dejaría de estar en la falta de gestión de su Gobierno.
Además, el traslado a la península no es la solución sencilla que vende Moncloa. Ceuta mantiene un régimen especial dentro de Schengen precisamente para que quien llega allí no pase sin control al resto de Europa. Regularizar y trasladar de golpe a miles de personas que después podrían moverse libremente por el continente sentaría un precedente peligroso y sería el mejor efecto llamada. Nuestros socios europeos lo saben, y no dudarían en restablecer los controles en sus fronteras con España.
La leyenda de invencible Pedro
«Se le siguen atribuyendo superpoderes para convertir en votos hasta sus errores más evidentes»
Pedro Sánchez ha demostrado tener tantas vidas que sobre su figura se ha ido tejiendo una irracional leyenda de que es invencible y ha llegado a ese punto de mitificación en el que se le atribuyen unas capacidades sobrenaturales para salir indemne de todos sus triples mortales.
Es cierto que hasta ahora, haga lo que haga, mienta lo que mienta, en el momento de las urnas, incluso perdiendo, siempre ha encontrado un resquicio, un pacto, una mordida con la que comprar a alguien para continuar en el poder. Su última gesta fue la de las elecciones de 2023, en las que, con todo en contra después del hundimiento del PSOE en los comicios autonómicos y municipales, consiguió ganar pese a perder. En aquel caso, la coima fue la amnistía y asumir las tesis políticas e intelectuales del golpismo catalán.
Pero durante años, ninguna de esas deslealtades le ha penalizado excesivamente. Sus permanentes embustes, que justificaba como simples cambios de opinión, o los fracasos de gestión, que tapaba con una gran maquinaria propagandística, apenas tenían influencia. Parecía que Pedro Sánchez podía caminar sobre las aguas y que le tenía tomada la medida al pueblo español.
Sin embargo, esas quimeras solo duran un tiempo y hasta el jugador más artero debe saber que no se puede ganar siempre con las mismas cartas marcadas. Antes o después te pillan. Y poner el Estado al servicio de los golpistas, intentar gobernar sin el Parlamento, arrasar el prestigio de las instituciones, forzar el conflicto con los antiguos aliados internacionales o declarar la guerra a los jueces es una trampa demasiado evidente y que suele acabar muy mal en un Estado democrático.
Pero quizás uno de sus mayores déficits es el agotamiento del argumentario contra la extrema derecha. El relato con el que sorprendió en 2003 no ha tenido ninguna influencia en las últimas cuatro elecciones autonómicas. Vox sigue creciendo como quería el PSOE, pero no lo suficiente como para superar al PP. Además, algunas de sus ideas fuerza sobre la inmigración o la devolución de los menas, antes marginales, se han convertido ya en ideas troncales y mayoritarias de la población española, especialmente después de la invasión de Ceuta.
En este tiempo también ha naufragado la propaganda sobre la capacidad de gestión del Gobierno. «Ni salimos más fuertes», «Ni España puede». Los españoles miran atrás y comprueban que no viven mejor que hace una década: los trenes son más lentos y peligrosos, las autovías tienen más baches, las viviendas son inaccesibles y los alumnos examinados por PISA cada vez más lerdos. También se pagan más impuestos, pese a lo cual el país está en un progresivo proceso de achatarramiento.
El «desastre de Ceuta» (dos meses invadidos) sintetiza toda esa herrumbre institucional: la altanería del presidente que se fue tres semanas de vacaciones, la falsificación de los datos sobre los asaltantes, la ineptitud de los ministros y ese síndrome de Estocolmo que les lleva a despreciar a las víctimas nacionales (los ceutíes) y a elogiar al agresor marroquí. En definitiva, un gabinete inerte, desorientado y sin más proyecto que su propia supervivencia.
Y pese a todo, Pedro Sánchez continúa dando miedo a sus rivales. La leyenda del invencible puede más que todos los datos demoscópicos. Se le siguen atribuyendo superpoderes para convertir en votos hasta sus errores más evidentes. Hay analistas que incluso sostienen que hasta le viene bien que se alargue intemporalmente la crisis de Ceuta o que vayan a juzgar a su mujer. También que le podría favorecer el ser imputado por el Tribunal Supremo, porque sobre esa base organizaría un plebiscito vencedor.
De momento, lo único más o menos tangible es lo que dicen la mayoría de las encuestas. También que la ley de nietos, una de sus principales bazas para alterar el censo electoral, de momento se ha esfumado. El resto lo dirán los españoles, que históricamente, cuando se han cansado de tanto embuste y de tanta incompetencia, con total normalidad han dado paso a la alternativa.
La leyenda de invencible Pedro, por Paulino



