La oposición acusa al Gobierno de «fabricar un INE a la carta» para manipular a su gusto las cifras del IPC, el PIB o la EPA.
El Gobierno recelaba de la gestión del INE desde que el país salió de la pandemia. Y finalmente el director del Instituto Nacional de Estadística (INE) Juan Rodríguez Poo, acabó presentando su dimisión antes de que lo destituyeran. La mecha desató un auténtico incendio mediático, con un demoledor comunicado del gremio de estadísticos, que interpretaba esa dimisión forzada como «un ataque a su independencia«, y los que acusan que desde Moncloa empujaron a Poo para «fabricarse un INE a la carta». Si el Gobierno quiere ‘colocar’ un perfil afín en el INE para maquillar las cuentas del IPC, que refleja cuánto suben los precios; del PIB, que marca cuánto avanza la economía; o de la EPA, qué indica el número de población activa, España correrá un serio peligro, y si no que se lo digan a Grecia, que todavía paga el castigo que le impuso Europa al descubrir que falsificó sus finanzas para entrar en el euro.
El 1 de enero de 2001 Atenas se convirtió en el duodécimo miembro de la unión monetaria. Como el resto, para incorporarse al Eurogrupo tenía que superar el examen del Tratado de Maastricht de 1992. Dos disposiciones: un déficit por debajo del 3% y una deuda no superior al 60% del PIB. Aparentemente, la república helénica cumplía ambos requisitos aunque el país se enfrentaba a otro gran reto para su economía: la celebración de los Juegos Olímpicos de 2004 y para ello, el país debía endeudarse. Aquí es donde entra en juego Goldman Sach y los famosos acuerdos de SWAPS: básicamente se proponía una solución para ocultar ‘legalmente’ parte de la deuda en los balances del Estado griego mediante préstamos con tipos de cambio ficticiamente bajos que pasarían prácticamente desapercibidos en sus cuentas de resultados. El único problema es que cuando madurasen esos créditos, en 10 o 15 años, habría de devolver muchísimo más dinero, toda vez que el tipo de cambio a aplicar entonces sería el real. Los sucesivos gobiernos fueron alimentando un monstruo: mayor gasto público en educación y sanidad, pero también en otras partidas opacas e ineficaces sufragadas a través de la emisión de deuda extranjera. Un Saturno, que antes o después, acabaría devorando a sus hijos, al pueblo griego.
Grecia falseaba sus estadísticas y en cada informe semestral, reportaba abultados cambios de su deuda y déficit. Variaciones que no pasaron desapercibidas para Eurostat, Oficina Europea de Estadística de la Comisión Europea, que abrió un procedimiento a fin de investigar las Cuentas Anuales griegas y acabar monitoreando la elaboración de sus estadísticas hasta el año 2007. Pero esto no sirvió de nada. Grecia siguió sumida en una burbuja de crédito barata que acabaría por explotarle en la en 2009. El primer ministro heleno desvelaba que el déficit presupuestario para aquel año sería muy superior a lo que habían anunciado todos los gobiernos anteriores: «Lamentablemente nuestro país está en la UCI. El estancamiento de la nación amenaza a nuestra economía por primera vez desde 1974»
Grecia llevaba años falsificando sus cuentas y ahora debía pagar la factura. Ese mismo año, el déficit del 2008 fue revisado desde el 5% del PIB hasta el 7,7% (un aumento del 54%) y el déficit previsto para 2009 pasó en tan solo 19 días de un 3,7% a un 12,5%. Un 337% más. El país balcánico había exagerado el superávit de su seguridad social en 2.800 millones entre 2001 y 2003. Automáticamente, los temores a un impago de sus deudas se extendieron entre sus acreedores y la bolsa griega se desplomó. El resto de la historia ya es de sobra conocida. En 2010, Grecia cayó en bancarrota y fue rescatada hasta en tres ocasiones por el Banco Central Europeo, la CE y el FMI (la temida Troika). Más de 200.000 millones en ayudas hasta que el país consiguiera valerse por si mismo y a cambio de implantar férreas políticas de austeridad. Para 2015, el país perdió casi un 25% de su PIB, su tasa de desempleo se disparó hasta el 26 % y cerca de 2,5 millones de griegos, un cuarto de la población, vivía por debajo del umbral de la pobreza, lo que se tradujo en un aumento de la violencia y la delincuencia. Todavía hoy, los griegos siguen pagando las trampas de sus gobernantes.
CUANDO VEAS LAS BARBAS DE TU VECINO PELAR PON LAS TUYAS A REMOJAR
Fuente: 20 minutos
Los organismos económicos preparan otra oleada de revisiones
Se avecina una nueva oleada de revisiones económicas que, presumiblemente, no serán positivas. La inflación al alza, que alcanzó el doble dígito en junio, ha sorprendido a la mayoría de los expertos y analistas, que esperaban una moderación ya en este segundo semestre. Otros riesgos que lastran el crecimiento se localizan en el endurecimiento de la política monetaria del BCE y el embargo total en el suministro de gas ruso. Asimismo, la evolución del consumo y la actividad también condicionarán la marcha de la economía este año, aún con margen de recuperación respecto a los niveles prepandemia.
En este sentido, los principales organismos económicos, como la Comisión Europea (CE) y la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) y servicios de estudios -aglutinados en el panel que elabora la Fundación de las Cajas de Ahorro (Funcas)- preparan las nuevas proyecciones que presentarán en las próximas semanas y que si bien estaban previstas, se hacen necesarias por el cambio de escenario desde la anterior previsión realizada en primavera.
14 de julio. La Comisión Europea será el primer organismo que actualice sus proyecciones de PIB e inflación para el conjunto de países de la Unión el próximo jueves 14 de julio. En el anterior pronóstico económico realizado en mayo, Bruselas estimó que la economía española crecerá un 4% este año, 1,6 puntos menos de lo previsto hasta ese momento, siendo ésta la previsión más ‘negativa’ del conjunto de organismos económicos.
14 de julio. También ese día está previsto que BBVA Research también actualice sus proyecciones. El servicio de estudios de la entidad bancaria avanzó en abril un crecimiento en el PIB del 4,1% este año, una estimación compartida por la OCDE y que supera en una décima la de Bruselas. Según este último informe, el 2022 acabaría con una inflación media del 7%, una cifra alejada ya del 9% que manejan algunos expertos tras el último repunte del IPC, asociado al alza de carburantes, alimentos y otros servicios relacionados con el turismo.
19 de julio. La AIReF publicará sus previsiones el próximo 19 de julio, en el marco del informe sobre la Ejecución Presupuestaria de 2022, pero ya ha avanzado que tiene previsto revisar al alza la inflación media prevista para este año, que en abril situó en el 6,2% que ya situó cerca del 9% al hablar de la revalorización de las pensiones. En cualquier caso, confía en que «la buena marcha del sector servicios y la evolución positiva del turismo» este verano «favorecerá» al crecimiento económico del año.
20 de julio. El Panel de Funcas, que agrupa las estimaciones de una veintena de organismos económicos, publicó sus últimas previsiones en mayo, cuando las incertidumbres y riesgos vinculadas a la guerra ya se habían intensificado. Entonces, estimaron un crecimiento del 4,3% este año y una moderación de la inflación hasta acabar con una tasa interanual en diciembre del 4,3%. El conjunto de analistas revisarán sus previsiones en estos días y se juntarán en una media aritmética que Funcas publicará el próximo 20 de julio. Cuando se publicó el último panel, el Banco Central Europeo todavía no había anunciado la subida de tipos y el INE todavía no había revisado a la baja el crecimiento avanzado del primer trimestre, cuando la economía española sólo repuntó un 0,2% por, entre otros factores, la caída en el consumo de los hogares. En este sentido, y pese a la ‘euforia’ del verano gracias al ahorro acumulado, se esperan nuevas revisiones al alza de la inflación y a la baja del PIB.




