YOLANDA DÍAZ EN BUSCA DE UN MILAGRO SE CONFIESA ANTE EL PAPA DE SUS “PECADOS LABORALES”

Muchos católicos practicantes no entienden muy bien por qué el Papa Francisco se reúne por segunda vez con la dirigente comunista Yolanda Díaz, aunque Marx tiene escrito eso de que la religión es el opio del pueblo. También muchos comunistas tampoco entienden qué hace en el Vaticano la señora vicepresidenta, que en el prólogo de la última edición del Manifiesto Comunista  escribe: “que el pensamiento de Marx parece escrito con tinta indeleble, sobre el viento de la Historia”, y que “El manifiesto es un texto de propaganda, político (…) Y, sin embargo, sorprende su alma literaria, su estilo límpido, asertivo”.

 

El comunismo asesinó y mató de hambre tanto o más que los nazis, pero ahora los tenemos en el gobierno de España y sentados en el Congreso de los Diputados. Inventan marcas y nombres para oscurecer el lugar de dónde vienen y ya veremos qué pasa el 23 de marzo cuando celebren lo que llaman asamblea fundacional de Sumar. De ahí no saldrá un partido, denominación que a Yolanda Díaz le parece viejuna, saldrá un movimiento ciudadano, que es el viejo truco de aquellos que antes llamaron inscritos a los militantes o afiliados.

 

Esta mujer, que se califica abiertamente de “supermonomarental y neurótica de la plancha” (sic), asegura que no sabe vivir sin el mar y por eso lo hace en un piso de 443 metros que le pagan todos los españoles. Como no puede vivir sin el mar ha sido vista en una playa gallega con un cedazo para los famosos pellets que ha terminado por olvidar en el momento justo en el que le explicaron que no era un nuevo Prestige.

 

“¿Sigue usted tan pelona?”, le inquirió el Papa el otro día en lo que parece que fue una larga conversación entre dos personas que se entienden bien y por eso han vuelto a verse. Hablaron de la esperanza y la desesperanza: “Si no tuviera esperanza no haría lo que hago“, manifestó muy seria al salir de la audiencia. Quien sabe, igual el Papa Francisco se emplea a fondo y toca milagro: uno que sea límpido, literario y asertivo, como el estilo en que Marx escribió el catecismo de Yolanda.

 

A la vicepresidenta se le empieza a ver el cartón. Es imposible engañar a tanta gente durante tanto tiempo. Lo cierto es que la dirigente gallega se la juega en Galicia. Si saca un escaño Díaz salvará los muebles. Si se queda en cero, si no llega al cinco por ciento, tendrá complicado su futuro porque esos votos inútiles sólo terminarán beneficiando al PP. O sea que el futuro de nuestra vicepresidenta está en sacar uno o cero escaños en las gallegas. A esto hemos llegado a colocar el nivel de la competencia política, la excelencia profesional y el nivel de lo que algunos consideran éxito o fracaso.

 

Y también puede ser que se obre un milagro por intermediación entre amigos fraternales

 

LOS “PECADOS” LABORALES (OCURRENCIAS) DE YOLANDA DÍAZ

A Yolanda Díaz no se le ocurre otra cosa que insistir en lanzar una batería de propuestas que atacan de manera frontal al mercado laboral, poniendo trabas a la creación de empleo y provocando que se pueda destruir a borbotones. Sus propuestas incorporan rigidez y costes al mercado laboral y que provocarán un mayor deterioro a la ya existente desaceleración del mismo.

 

Subida del salario mínimo interprofesional

La subida de un 5% del salario mínimo interprofesional este año, que se une a las anteriores hasta alcanzar casi el 55% de incremento desde 2018 es un duro golpe para el coste de las empresas, fundamentalmente Pymes, y para su competitividad. Muchas, no podrán sobrevivir y tendrán que cerrar, especialmente las pequeñas.

 

Otras, subirán precios para tratar de continuar con su actividad, pero perderán cuota de mercado frente a competidores en el contexto internacional. En ambos casos, se dará una caída de actividad y, con ello, una destrucción de empleo. Además, se corre el riesgo de que esta medida incentive la economía sumergida.

 

Reducción de la jornada laboral

La propuesta de reducir la jornada laboral sin bajada de salario implica costes adicionales a las empresas, que habrán de contratar a más trabajadores para mantener el mismo nivel de producción. Dice Díaz que la reducción de la jornada laboral aumentará la productividad, y que eso es ciencia (¿por qué, entonces, Díaz no reduce la jornada laboral a una hora al día?).

 

El riesgo identificado es que muchas empresas no podrán hacerlo, porque su estructura de costes no se lo permitirá. Eso hará que tengan que mantener su actividad con el mismo número de trabajadores y menos horas, lo que puede mermar la la competitividad en otros mercados. Es decir: las empresas españolas perderán mercados exteriores, con la merma adicional de actividad y de empleo.

 

Se estima que la elasticidad del empleo respecto a los costes laborales es de 0,3 en valores absolutos y con una reducción de la jornada equivalente a 2,5 horas semanales -de 40 horas a 37,5 horas- la disminución de la jornada laboral es del 6,3%, que, aplicada la elasticidad, puede llevar a una merma en el empleo del 1,8%. En 2024, al quedarse en 38,5 horas, el efecto en el empleo sería de una reducción del 1,1%.

 

Rigidez en las indemnizaciones por despido

Díaz quiere incrementar la rigidez en las indemnizaciones por despido. Los empresarios evitan tener que despedir a sus trabajadores, ya que, además de los vínculos personales, ha invertido mucho en su contratación, formación y carrera profesional. Siempre es el último recurso, obligado, en muchos casos, por la rigidez de la legislación laboral. Endurecer el despido por ley no acabará con los problemas de las empresas, sino que las avocará a un cierre mayor, con un impacto más relevante en la destrucción de empleo.

 

Trabajadores en consejos de administración

Díaz quiere obligar a las empresas a que los trabajadores de las mismas formen parte de sus consejos de administración es, en primer lugar, un despropósito, pues en los consejos han de estar personas sobradamente preparadas para el puesto, y no cuotas sindicales o de trabajadores que elijan los propios sindicatos por su filiación, no por su formación. Además es un ataque a la propiedad privada, pues son los accionistas (los “dueños” de las empresas) los que deciden quiénes los representan en el consejo de administración.

 

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