UNA CONTRADICCIÓN: ¿POR QUÉ LOS FONDOS EUROPEOS SE LLAMAN NEXT GENERATION?

Los jóvenes se enfrentan una gran carencia de políticas y de inversión desde los poderes públicos. Todo ello, por unos políticos que tratan de contentar a un electorado cada vez más envejecido y que se lleva más trozo de la tarta de los ingresos públicos.

 

La política más importante, y en la que no estamos rindiendo al nivel que nos correspondería como país, es la educación. Es incuestionable. Seguramente hay que hacer también reformas en el sistema educativo, pero desde luego la inversión hay que aumentarla.

 

Lo que ocurre es que en la educación ahora no te sirve con hacerlo mejor que los que están por delante, sino que tienes que hacerlo mejor que los jóvenes de otros países, porque la economía está globalizada. España claramente se está quedando atrás en comparación con otros países.

 

La Ley de Empleo diagnostica bien la situación. Es un poco lo que nos pasa en España, que hacemos leyes muy ambiciosas, que quieren cambiar las cosas, pero luego al final no se dan los instrumentos para hacerlo. Se debe adaptar más la formación a lo que necesitan las empresas, permitir que entre la colaboración público-privada… Hay muchas cosas que se pueden hacer y esto también va a requerir una mayor inversión. Es de esperar que en la siguiente legislatura se lo tomen en serio.

 

En vivienda, las diferencias son absolutamente increíbles, los precios de las casas han subido mucho y ¿la inversión dónde está? Hace 30 años se invertía el 1% del PIB, ahora no llega al 0,5%, y prácticamente se destina a rehabilitación. ¿Dónde está el dinero? Puedes lanzar todos los discursos que se quieran, pero si no hay dinero…

 

En realidad no hay conflicto intergeneracional, porque si lo hubiera, los jóvenes lo habrían perdido. Los jóvenes apenas representan el 20% del electorado y los mayores cada vez van a ser más. Y esto está solo empezando. Aquí hay una verdad incómoda, que a mucha gente le incomoda.

No hay partido político en este país de derechas, de izquierdas, de extrema derecha o de extrema izquierda que vaya a ir en contra de las pensiones y al final los que acaban pagando el plato son los jóvenes. Pero como no votan y son muy pocos, a nadie le importa.

 

El ministro Escrivá dice que la sostenibilidad del sistema de pensiones se puede hacer y sube las cotizaciones, un poquito. Si con la subida actual se arreglara el problema de las pensiones, no habría problema. En Bruselas, les responden que esta subida no arregla el problema y el Gobierno dice que no hay problema, porque le ponen una cláusula de cierre por la que pueden seguir subiendo las cotizaciones sine die hasta que esto ocurra. De lo que se trata es de que, si ha cambiado la esperanza de vida y ha cambiado la longevidad, tienes que adaptar el sistema a esta realidad.

 

Claro que se puede hacer, pero a costa de que todo el margen fiscal que te queda se destine a pensiones, y a que vas a hacer pagar a los jóvenes unas cantidades superaltas de cotizaciones porque no quieres adaptar el sistema a la nueva longevidad.

 

La última reforma tiene una parte muy positiva, que las pensiones no pueden perder poder adquisitivo. Pero cometieron un error tremendo. Si te llega una inflación del 8,5%, seguramente puedes subir las más bajas un 8,5%, o si quieres más, pero las más altas no las subas esa cantidad. Ahí te estás gastando 7.000 millones que los podías haber invertido en educación, para mejorar las brechas del sistema educativo, por ejemplo. No ha habido dinero para eso y sí que ha habido dinero para subir la pensión un 8,5% inclusi a las pensiones máximas. Es preciso incluir una válvula de escape para estas situaciones de altísima inflación,

 

La segunda parte de la reforma es un paso atrás porque por primera vez introduce más gasto al sistema. Elimina el factor de sostenibilidad de las pensiones, que se llamaba ‘factor de equidad intergeneracional’ en 2013, porque si aumenta la esperanza de vida, tienes que bajar la pensión. Básicamente consistía en que, si tienes una madre y una hija que han cotizado exactamente lo mismo, y la generación de la hija va a vivir por más tiempo, tiene que percibir un poco menos de pensión cada año para percibir lo mismo que la de la madre.

 

Los propios interlocutores sociales dijeron en 2011 que se hiciera un factor de sostenibilidad y especificaron que los parámetros del sistema evolucionaran acorde a la esperanza de vida. Ahora se olvidan de eso.

 

España tiene un déficit estructural de cuatro puntos de PIB, 50.000 millones de euros, que no los estamos pagando. Así que probablemente subiendo los ingresos cuatro puntos de PIB ni siquiera daría para gastar más, porque tienes para pagar el déficit que ya hay. Las grandes carencias que tenemos están en la imposición indirecta, que es el IVA.

 

Como sociedad decides el estado de bienestar que quieres tener. Una vez que lo has decidido, dentro de tus posibilidades, los impuestos tienen que acompañar, debes tener suficientes para financiarlo. Hay que asumir una cosa muy sencilla: o subes los ingresos o tendrás que desmantelar programas del estado del bienestar.

 

Si no quieres subir los impuestos, vas a tener que desmantelar programas. Y los que vas a acabar desmantelando evidentemente ya sabemos cuáles van a ser: todo lo que beneficia a los jóvenes.

 

Hay dos modelos de estados de bienestar. Uno es un modelo más anglosajón, como en Reino Unido y Estados Unidos, que son estados de bienestar donde muchas cosas son privadas, como gran parte de la sanidad. Son programas del bienestar menos generosos y pagan menos impuestos. Luego hay otros sistemas del bienestar donde todo es público, se recauda mucho más y se gasta mucho más. ¿Dónde se vive mejor? Pues depende, hay gente que vive mejor en Estados Unidos y gente que vive mejor en Dinamarca. Es una cuestión más ideológica, pero hay que ser claros. Si se quiere vivir como en Dinamarca, como economista, puedo decir cuál es la estructura impositiva más eficiente para recaudar lo que buscas. Ahí ya te vas a encontrar con que tienes que subir el IVA, los precios públicos, y ya no te va a gustar.  Este es un poco el debate fiscal. Todo el mundo quiere vivir como en Dinamarca, pagando los impuestos de Estados Unidos.

 

En 2013, se bajaron los impuestos y empezó a subir el déficit estructural. Ahora aumentan los ingresos y sigue aumentando el gasto y el déficit estructural. Eso sí que es pasar las facturas a las siguientes generaciones. Al final el debate es cuál es tu nivel de deuda pública admisible y es el que te acaben comprando los mercados. Ahora estamos dopados, porque están comprando todos los bancos centrales, pero todos sabemos que no va a durar eternamente.

 

Hay tres reglas fiscales que se deben cumplir:

  • La primera ya está en la Constitución, que no puede haber déficit estructural.
  • La segunda es una regla fiscal intergeneracional: la tarta del gasto está ya muy desequilibrada hacia los mayores, por lo que si a partir de ahora se quiere dar un pedacito más al mayor, habría que darle un pedacito equivalente también al joven.
  • La tercera es sobre los fondos europeos. El problema del envejecimiento y el gasto no es solo de España, está pasando en todo el mundo desarrollado. Entonces, se han creado los fondos Next Generation para las futuras generaciones y vienen a contrarrestar esto con dinero europeo que ya no decide cada país. Porque si fuera así, se lo darían a los mayores. Ojalá puedan perdurar en el tiempo, porque es un programa que podría beneficiar a los jóvenes, Europa acertaría mucho en dejarlo así.

 

La contradicción obvia es que la reforma de pensiones, que va claramente contra los jóvenes, haya sido aceptada como parte de la contraprestación de estos fondos europeos. Porque Bruselas puede decirte como país ‘allá tú con lo que hagas, con tu forma de cerrar el déficit’, que es lo que le importa, y lo esperpéntico es que esos fondos se llaman precisamente Next Generation.

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