Díaz sigue sin publicar los datos de los que no trabajan
La laxa regulación de los llamamientos eleva su volatilidad
Los contratos fijos discontinuos siempre han tenido un carácter problemático. Existen desde 1976, pero no fueron considerados contratos indefinidos de pleno derecho hasta 1984. La razón son las dudas que suscita que estén ligados a actividades eventuales pero recurrentes. Cuando estas terminan, el trabajador no es despedido, sino que el pasa a la inactividad: es dado de baja de afiliación a la Seguridad Social hasta que la empresa vuelve a llamarle. Durante ese periodo no cobra ningún sueldo ni la empresa cotiza por él.
Aparte de esto, sus condiciones laborales y de cotización son idénticas a las de un indefinido y si es despedido (esté en periodo de actividad o no) tendrá derecho a la misma indemnización de 20 días por año en caso de despido por causas objetivas, más alta que la de los temporales, que solo llegan a 12 días
La fórmula se consideraba idónea para sectores como el turismo. De hecho, la reforma laboral del PP de 2012 ya incentivó su uso en este sector, con un enorme éxito en comunidades como Baleares. Este precedente es el que animó a Gobierno actual, patronal y sindicatos a extender la fórmula al resto de actividades en la reforma de 2021.
En cualquier caso, el problema con los fijos discontinuos son los periodos de inactividad y el ritmo de los llamamientos. Aunque el Gobierno insiste en que tener un contrato ‘reservado’ es siempre mejor que no tener nada el hecho es que hablamos de meses sin cobrar un sueldo lo cual genera una incertidumbre que la regulación de los llamamientos (diferente por cada convenio de empresa o sector) no contribuye precisamente a calmar esa inquietud laboral.
Además, son contratos mucho más volátiles que el resto de indefinidos. Según los datos de Seguridad Social, cada mes el equivalente al 30% de los afiliados con contrato fijos discontinuos pasan en algún momento a ser dados de baja por ‘pasar a la inactividad’. Además el 60% de estos contratos se firman por ETTs.
La idea inicial de la reforma laboral de 2021 era que sustituyeran a los temporales por obra y servicio, pero las críticas de los que lo consideran una fórmula que precariza el empleo indefinido no han hecho sino arreciar. A ellas se suman la polémica por su supuesto maquillaje de las cifras de paro.
En cualquier caso, aunque el Ministerio de Trabajo oficialmente insiste en negar la precariedad de estos empleos, el hecho es que centran seis de cada diez relaciones laborales investigadas por la Inspección, apunta a que es muy consciente de ese riesgo.
Los fijos discontinuos, como cualquier otro trabajador, se pueden inscribir como demandantes de empleo en los servicios públicos de empleo autonómicos. Si en ese momento están inactivos y, han cotizado lo suficiente para ello, pueden pedir al SEPE una prestación o subsidio por desempleo. Es una situación similar a la de cualquier parado registrado, pero también recuerda a la de los trabajadores afectados por ERTE o perceptores de subsidio agrario que no son considerados como tales.
El Gobierno esgrime la «Orden del 11 de marzo de 1985 por la que se establecen criterios estadísticos para la medición del paro registrado». Un texto que en un apartado número uno establece qué colectivos quedan excluidos de esta categoría. Y se explicita que entre ellos están los demandantes de empleo con una ocupación, aunque no trabajen.
Pero el apartado 2 de la misma Orden añade: «De los colectivos de trabajadores demandantes de empleo que, en virtud del número anterior, se excluyen a efectos estadísticos del paro registrado se ofrecerá mensualmente información estadística». Aquí es donde el Ministerio de Trabajo incumple su propio mandato
Incluso el propio gabinete de prensa de Trabajo ha caído en esta ceremonia de la confusión: durante los primeros meses tras la reforma laboral aseguraba a los periodistas que los fijos discontinuos inactivos no eran demandantes ocupados con relación laboral, sino DENOS (Demandantes No Ocupados)
Pero, aunque no se pueda hablar de un maquillaje intencionado por parte del Ejecutivo, la cuestión de si los fijos discontinuos distorsionan las cifras de paro sigue siendo pertinente. Y es que el número de contratos de esta modalidad se ha disparado a niveles impensables antes de la reforma..
Las comunidades autónomas recibieron una notificación en octubre de 2022 del SEPE para revisar las inscripciones de los fijos discontinuos porque se habían detectado problemas en su clasificación., Como consecuencia, 52.000 parados registrados se convirtieron en demandantes con relación laboral, en un mes en el que el paro bajo en 27.000 personas. Así que sí: este ajuste distorsionó los datos de paro. En noviembre, fueron más de 17.000 y la revisión en el conjunto del año superó las 120.000 personas.
En cualquier caso, hay que recordar que esta polémica solo afecta a los registros del SEPE. Los datos de la Encuesta de Población Activa sí pueden contar a los fijos discontinuos inactivos como parados, siempre que cumplan un requisito clave: estar buscando empleo. Si no, cuentan como inactivos..
Los fijos discontinuos que pasan a la inactividad son dados de baja a la Seguridad Social y las bajas de fijos discontinuos por pasar a la inactivad equivalen al 30% del total de afiliados. Evidentemente, se ven contrarrestadas por un volumen similar de altas (si no, los fijos discontinuos se reducirían en lugar de aumentar), pero la cifra deja clara que la volatilidad de estos trabajadores es enorme.
De hecho, la EPA cuenta un 35% menos de fijos discontinuos que la afiliación. Hay que tener en cuenta que los datos de Seguridad Social son una media mensual que rebaja la volatilidad, mientras que los del INE, aunque corrigen distorsiones estacionales y de calendario, provienen de una encuesta realizada en un momento concreto, en el que el que había menos fijos discontinuos trabajando de lo que estima la Seguridad Social.
Pero hay otro fenómeno llamativo que se está produciendo en los últimos dos meses y que tienen que ver no con los pasan a la inactividad son los que regresan de ella. Y es que en abril y mayo la afiliación de los fijos discontinuos ha crecido más que la de los indefinidos ordinarios y los temporales. Algo que se explican porque el inicio de la temporada turística hace que muchos vuelvan a ser llamados por las empresas, y vuelven a ser dados de alta.
A diferencia de lo que ocurre con las bajas, no hay datos que expliquen cuantas personas son dadas de alta por este motivo, pero lo que está claro es que el repunte de los fijos discontinuos no se corresponde con los contratos firmados. Un indicio de que la mejoría del empleo depende mucho de la reactivación de estos contratos y no de la creación de puestos de trabajo.
Lo cierto es que la reforma laboral deja un amplio margen a la negociación colectiva para que las empresas se adapten a esta modalidad contractual, pero esto ha generado problemas.
Por su parte, PSOE y PP siguen enzarzados con los datos sin que sus propuestas recojan medidas significativas más allá de la polémica. Los ‘populares’ hablan de ‘desmaquillar’ las estadísticas, aunque las comunidades donde gobiernan han publicado sus datos de fijos discontinuos.
Pero más allá de las declaraciones políticas, sí existen partidarios de retocar la reforma laboral para regular mejor los llamamientos o sancionar a las empresas que abusen de ellos. Aunque esto supondría un cambio legal menor que contaría con el aval de Bruselas, seguramente la patronal lo considerarían una intromisión y una merma de la flexibilidad de la que ahora disponen para utilizar esta figura.
Fuente: El Economista
Cinco claves para no perderse en la polémica electoral con los fijos discontinuos (eleconomista.es)




