Un millón de desempleados están ‘excluidos’ de la cifra de paro, un 10% más que antes de la pandemia

La EPA saca de la población activa a los parados desanimados o sin disponibildad 

España publica desde la pandemia un análisis específico de estas situaciones 

No incluyen ni a los afectados por ERTE ni a la mayoría de los fijos discontinuos  

¿Cuántos desempleados se quedan fuera de las estadísticas del mercado laboral? Esta es una pregunta que ha cobrado especial relevancia en España durante los últimos años, primero por el impacto de la pandemia (y los ERTEs) en las cifras y el de la reforma laboral (y los fijos discontinuos) en el empleo. Pero mientras las especulaciones sobre su número se disparan, el Instituto Nacional de Estadística da una cifra que podemos considerar la única oficial: 1.013.400 personas sin trabajo a cierre de 2023 que no se consideran parte de la población activa y quedan excluidos, por tanto, de la cifra de paro.

 

El INE los clasifica como “categorías especiales de inactivos” y registran el menor número para el último trimestre del año desde 2020, si bien aún sigue un 10% por encima del que se anotó a cierre de 2019 (921.400 personas). Pero para entender de dónde se obtiene este número y por qué no se consideran parados hay que explicar cómo se contabiliza el desempleo tanto en España como en el resto el mundo.

Porque esta no es una polémica ni reciente ni que afecte solo a nuestro país. Nace de la definición de parado que da la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y como se traslada a las estadísticas, en especial a las encuestas de población activa que publica cada país.

Según este estándar, para ser clasificado como desempleado (o ‘parado’ en España) una persona debe cumplir tres criterios: no haber trabajado en absoluto en la semana de referencia de la encuesta, estar disponible para aceptar un trabajo en las próximas dos semanas y haber estado buscando trabajo activamente en las últimas cuatro semanas (o haber encontrado ya uno que comience en los próximos tres meses). Las personas que no marcan estas tres ‘casillas’ se consideran “inactivos”. Es decir, no forman parte de la población activa (o fuerza laboral) de un país, que componen los ocupados y los parados propiamente dichos.

Este es el criterio que siguen Eurostat y el INE español y prácticamente todos los servicios estadísticos de las grandes economías del mundo, incluyendo Estados Unidos. Otra cosa es que existan indicadores complementarios que tiene en cuenta a los que no encajan en la definición de parado. Y es que, aunque el primer requisito (no tener trabajo) es evidente para cualquiera, los otros dos son algo más discutibles, porque no recogen el ‘efecto desánimo’ o las circunstancias concretas que pueden impedir que alguien se incorporara inmediatamente a un puesto, y que no por ello deberían excluirse de la mano de obra disponible de un mercado laboral.

Por ello exiten estadísticas como la de la estadísticas como la de la ‘holgura laboral’ que publica Eurostat, que incluye a los desempleados ‘ocultos’ como inactivos por no buscar activamente empleo o no estar disponibles en el momento, pero también a los subempleados, que trabajan menos horas de las que querrían. También la Oficina de Estadísticas Laborales estadounidense publica datos similares.

Sin embargo, la EPA española no los desglosa, aunque sí recoge a los subempleados (con una definición y metodología algo diferente a la de Bruselas). Aunque esto cambia con la pandemia. Y es que lo que hasta 2020 era un debate técnico entre economistas y estadísticos y poco conocido para el gran público, se convierte en un problema real cuando millones de desempleados se ven afectados por confinamientos que les impiden buscar trabajo.

Aunque la holgura laboral que publica Eurostat ya recoge esta información para todos los países europeos, incluyendo España, el INE elaboró su propia serie bajo la misma definición que usa la Oficina Europea de Estadísticas para mejorar la información a la hora de entender qué personas renunciaban a buscar activamente empleo por desánimo y quiénes se veían frenados para aceptar un trabajo por otros motivos.

La serie histórica solo llega a 2017, con lo cual no es posible remontarse a periodos anteriores, como sí hacen los datos de Eurostat. Pero sí refleja claramente el impacto de la pandemia en el ‘efecto desánimo’, que llegó a expulsar a 1,63 millones de la población activa.Tres años más tarde caen hasta las 718.100 personas, un nivel prácticamente idéntico al registrado a cierre de 2019.

Lo que sí han aumentado son los “no disponibles“, que se sitúan en los 295.300, un 40% más que en el mismo periodo de 2019, tras un año de récord en el que acumulan cuatro trimestres consecutivos por encima de los 300.000, por encima de los niveles de 2020. Una evolución que puede vincularse al repunte del absentismo tras la pandemia, aunque también al peso de los fijos discontinuos inactivos, como veremos más adelante.

¿Se pueden sumar al paro ‘estándar’?

Hay dos preguntas que cabe hacerse sobre estos datos. La primera es si deberían sumarse a la cifra de parados ‘estándar’. Y la respuesta es no, ya que la metodología de la Encuesta de Población Activa está ligada a la definición de paro de la Organización Internacional del Trabajo que, como hemos dicho, aplican casi todos los servicios estadísticos del mundo. Otra cosa es que se puedan ofrecer información desglosada “de estas categorías especiales de inactivos”, como hacen Eurostat y países como Estados Unidos. Pero ninguno de ellos les ‘suma’ a las cifras de paro y diferencian claramente entre ambas métricas.

Por otro lado, está la cuestión de cómo reflejan el impacto de dos de las polémicas sobre las métricas laborales persistentes de estos años. Los afectados por regulaciones temporales de empleo y los fijos discontinuos. En el primer caso, la respuesta es simple: estas cifras no recogen el impacto de los afectados por ERTE, ya que la EPA los considera ocupados (es decir, activos) aunque no vayan a trabajar. De hecho, su situación se refleja en la categoría de ocupados ausentes del trabajo)

Respecto a los fijos discontinuos, la respuesta es más compleja. La EPA recoge a los fijos discontinuos que tiene su contrato interrumpido (no suspendido, como en el caso de los ERTEs) como personas que no trabajan y por tanto encajan dentro de la categoría de parados (que también son parte de la población activa) si están buscando activamente empleo y están disponibles. Con ello, el paro ya recogería a buena parte de los fijos discontinuos que no están trabajando.

Pero los que no cumplen los requisitos se englobarían en las “categorías especiales” que quedan fuera de la población activa. ¿Dónde? Presumiblemente no entre los desanimados, sino entre los que no están disponibles para trabajar, ya que esperan el llamamiento. Pero su número solo ha aumentado en 20.000 en relación al cuarto trimestre de 2021, antes de la entrada en vigor de la reforma laboral.

En este sentido, es muy posible que el grueso de los fijos discontinuos inactivos aparezca en el paro de la EPA. A falta de las prometidas explicaciones del Gobierno, que lleva más de un año incumpliendo su promesa de ofrecer datos desglosados sobre este colectivo, la incógnita sigue abierta.

Fuente: El Economista Un millón de desempleados están ‘excluidos’ de la cifra de paro, un 10% más que antes de la pandemia (eleconomista.es)

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