SUBE EL SMI Y SUBE EL DESEMPLEO “HUMILDE”

El Instituto Juan de Mariana advierte del efecto de subir un 73% el salario mínimo y destaca que España ya tiene el segundo SMI más caro de Europa.

 

Las subidas reiteradas del salario mínimo por parte del gobierno de España están generando un problema de exclusión laboral. Puede que el coste laboral básico siga siendo asumible para las grandes empresas de las principales capitales económicas del país, pero no puede decirse lo mismo de numerosas sociedades de tamaño pequeño y mediano radicadas en provincias cuya estructura económica es mucho más humilde.

 

De hecho, un nuevo informe del Instituto Juan de Mariana encuentra que las subidas reiteradas del salario mínimo interprofesional (SMI) han condenado al paro a 270.000 trabajadores humildes, dedicados a tareas elementales. El mismo gobierno que aprueba este tipo de medidas afirmando que su objetivo es ayudar a los más humildes acaba provocando un grave problema de exclusión laboral entre dicho colectivo.

 

El estudio, que lleva por título Las sombras del mercado laboral español, recuerda que el coste básico de la retribución del trabajo era de 655 euros brutos al mes en 2016, mientras que en 2024 llega a 1.134 euros brutos al mes. Por tanto, a lo largo de dicho periodo, y con una devastadora pandemia en medio, el incremento observado en el SMI se sitúa en el 73%. Para este mismo periodo, la inflación acumulada ronda el 20%. Además, en otros países europeos en los que se ha revisado al alza el SMI se han aprobado subidas mucho menores, caso de Alemania (+42%), Irlanda (+39%) o Países Bajos (+36%). Por lo tanto, se mire como se mire, la evolución del SMI en España está fuera de toda proporción y se produce, además, con la patronal CEOE en contra de estos aumentos.

 

 

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Según explica el Instituto Juan de Mariana, “el fuerte aumento del SMI a lo largo de los últimos años ha hecho que España pase a tener el segundo salario mínimo más caro de la UE. Si se compara el salario mínimo (incluyendo las cotizaciones sociales a cargo del empleador), con el PIB por ocupado (es decir, la métrica de referencia de la productividad por trabajador), encontramos que la Vieja Piel de Toro solamente se ve superada por Francia. Eso sí: cabe recordar que la tasa de paro del país galo es aproximadamente un 40 por ciento menor que la nuestra, de modo que su “error” resulta menos costoso en términos de ocupación y bienestar”.

 

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En la UE hay cinco países que no tienen un salario mínimo determinado por el gobierno: Suecia (tasa de paro del 8 por ciento), Finlandia (tasa de paro del 7 por ciento), Dinamarca (tasa de paro del 3 por ciento), Italia (tasa de paro del 7 por ciento) y Austria (tasa de paro del 8 por ciento). En cambio, el paro oficial alcanza en España el 11,8%, siendo el dato de desempleo real o efectivo del 15,8%.

 

El efecto real del SMI

Dado que los salarios varían dependiendo del sector, el tamaño de la empresa o la comunidad autónoma, el IJM encuentra que “el impacto de la subida del SMI ha sido heterogéneo. Así, el nuevo salario mínimo de 1.134 euros aplicable en 2024 supera el 60% del salario medio de la jornada a tiempo en el ámbito de las pequeñas empresas de servicios, mientras que se sitúa por debajo del 40% del salario medio de la jornada a tiempo en el caso de las grandes empresas de sectores como la construcción y la industria.

 

En términos agregados, los datos muestran que, en las pequeñas empresas de 26 de las 50 provincias españolas, el salario mínimo rebasa el 65% del salario medio. Los casos más graves son los de cinco provincias en las que este ratio excede el 75%, como es el caso de Ávila, Zamora, Badajoz, Murcia y Alicante. Por otro lado, hay otras nueve provincias en las cuales el salario mínimo se mueve entre el 70% y el 75% del salario medio del trabajo a jornada completa en pequeñas empresas. Se trata de Teruel, Cádiz, Cantabria, Segovia, La Rioja, Toledo, Jaén, León y Salamanca”.

 

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Según el IJM, “el aumento excesivo del salario mínimo desde 2018 hasta 2023 ha frenado la creación de empleo, con especial afectación en las tareas elementales, evitando la creación de 210.000 puestos de trabajo. De esta forma, el efecto negativo de las subidas reiteradas del SMI se concentra en ocupaciones y sectores de más baja productividad, golpeando de forma desproporcionada a trabajadores más humildes y de menor cualificación. En cambio, en aquellas actividades en las cuales el salario de mercado es claramente superior al salario mínimo, el SMI no influye en las cifras de ocupación”.

 

Así, “de 2013 a 2018, el empleo en tareas elementales y no elementales creció prácticamente a la par, con una subida del 13,4 por ciento en la primera categoría y del 14,3 por ciento en la segunda. Desde entonces, la politización del salario mínimo y su aumento inmoderado ha hecho que el empleo en tareas elementales crezca apenas una fracción de lo que lo hacen los puestos de trabajo en tareas no elementales. Más concretamente, entre el cuarto trimestre de 2018 y el mismo periodo del año 2023, el número de ocupados en tareas elementales creció apenas un 1,4 por ciento, mientras que la cifra de personas que ocupadas en tareas no elementales subió un 9,7 por ciento. Por cada 1 empleo creado en el ámbito de las tareas elementales se generaron 7 puestos de trabajo en los demás segmentos de actividad laboral. Se genera, pues, una creciente brecha de exclusión laboral que golpea a los trabajadores más vulnerables”.

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Si ambos grupos de trabajadores hubiesen crecido al mismo ritmo (circunstancia que habría sido coherente con el periodo anterior, durante el cual el salario mínimo subió de forma prudente), el IJM encuentra que España “habría creado unos 210.000 empleos más entre 2018 y 2023 en el ámbito de las tareas elementales. Con la nueva subida del SMI aplicada en 2024, esta cifra subirá en 60.000 afectados, de modo, que la cifra general será de 270.000 empleos destruidos y trabajadores excluidos entre 2018 y 2024 por las decisiones de Pedro Sánchez y Yolanda Díaz en relación con el SMI”.

 

La categoría de trabajo elemental fue desarrollada por la Organización Mundial de Trabajo (OMT) y es la más humilde de las diez tipologías de empleo identificadas por dicho ente y recogidas por las estadísticas de empleo de todos los países. Incluye a “personas dedicadas a la prestación de servicios callejeros, tareas de limpieza o lavado, cuidado de edificios, entrega de mensajes o mercancías, vigilancia de inmuebles, recogida de basuras, tareas sencillas de agricultura, pesca o caza, labores simples de construcción como la clasificación de materiales y el montaje manual sencillo de componentes, manipulación de mercancías, etc.”.

 

Fuente: libre mercado Así genera miseria el SMI: Yolanda Díaz condena al paro a 270.000 trabajadores humildes – Libre Mercado

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