SINDICATOS S. A.

UGT y CCOO salen a la calle anestesiados por las subvenciones: Sánchez ha duplicado las de Rajoy

Los sindicatos hace tiempo que dejaron la calle por el despacho y los derechos por la nómina.

 

Primero de Mayo, Día del Trabajo. Jornada en la que los sindicatos se echan, un año más, a la calle. En esta ocasión, lo hacen después de un largo periodo de letargo y con el bolsillo más lleno que nunca. Pedro Sánchez ha vuelto a regar a UGT y CCOO, por segundo año consecutivo, con 17 millones de euros en subvenciones. Una cifra récord que ya alcanzó la partida de 2022 y que el Gobierno ha revalidado para este 2023. Y esto es solo una de las múltiples partidas con las que el Gobierno central riega cada año a los sindicatos, con lo que la cifra de conjunto asciende en realidad a decenas de millones de euros cada doce meses. En los cuatro últimos años UGT y CCOO se han embolsado, entre los dos, 227 millones de euros en subvenciones estatales, autonómicas y locales.

 

Unas ayudas de récord con las que el Ejecutivo ha evitado el estallido social, a pesar de que el precio de los alimentos, la gasolina y la luz han registrado su cifra más alta en la historia, ni UGT, ni CCOO han salido a protestar a la calle como si hicieron, por mucho menos, en otras ocasiones

Hace no tanto tiempo en los que la calle ardía en llamas: bocinazos, piquetes, banderas; los trabajadores se juntaban en la defensa de sus derechos, y se ajustaban cuentas con la avaricia de algunos empresarios que generalmente cedían un trocito de parcela para construir una sociedad mejor. Pasaba una o dos veces al año, generalmente cuando gobernaban partidos más conservadores, aunque también se tiraba de las orejas a los partidos más “progresistas”. Hace ya algún tiempo que dejaron la calle por el despacho y los derechos por la nómina: ¿cómo vamos a echarnos a la calle si es el día de descanso? Son sociedades anónimas del lucro incesante.

 

Hay un halo romántico en eso de los derechos de los trabajadores, una especie de épica heredada de cuando el capataz era un ogro que se comía a los empleados. Pero ahí siguen, agitando la memoria de la gente, apabullando con sus lemas resucitando los sentimientos que quizá sus abuelos sufrieron, pero que no se ampara en la realidad que vivimos.

 

Nada tan eficiente como una amenaza a tiempo, una transferencia de dinero y a seguir contando nubes como vienen haciendo desde que cambiamos de milenio, porque hace mucho tiempo que los sindicatos se convirtieron en multinacionales de la mentira, consejeros de cajas que nos hundieron en la crisis del 2008, dónde compartían mesa, tarjeta y paga extra con el actual Presidente del Gobierno, por cierto. Ahora aparecen las rubias de bote a decirnos que debemos subir el SMI, que debemos trabajar cuatro días a la semana y no sé que más bobadas mientras 1 de cada 3 personas vive en la pobreza aunque trabaje.

 

Los actuales gobernante están arruinando a la gente y al país. No hay nada tan alejado de los derechos de los trabajadores que estos gobernantes, que encima vienen a dar lecciones al bajarse del coche oficial por mucha zapatilla deportiva (de marca, por supuesto) que se pongan en los pies. Hoy, más que nunca, ser representante público es lo más parecido a ser un estafador por cuenta ajena (la del propio Estado), mientras el discurso no ha evolucionado en nada de aquél que enarbolaron en fábricas e industrias, en las minas y los pozos del ayer. Viven alejados de la realidad y de la calle, preocupados por su cuota, su paga y sus dietas de desplazamiento.

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