SÁNCHEZ LLENA ESPACIOS CERRADOS MIENTRAS PIERDE LA CALLE

El secretario general del PSOE se ha rodeado de sus fieles, quienes han agitado un mar de banderas de España durante su comparecencia en plena crisis por la ley de amnistía, norma pactada con el separatismo catalán para beneficiar a la clase política que impulsó el procés a cambio de sus votos para investirle como presidente del Gobierno y que ha sido criticada por todas las asociaciones judiciales del país por poner en peligro la separación de poderes y, por consiguiente, el Estado de derecho.

En un acto que pretende refrendar al presidente en la primera crisis de la legislatura la organización ha repartido a los miles de asistentes (unos 10.000 según el propio partido) banderas españolas para bañar el patio de butacas en una marea de rojo y amarillo, un hecho poco frecuente en los actos del partido. A ello ha hecho Sánchez referencia: “Me encanta ver banderas de España aquí porque nosotros también somos España”. El presidente ha vuelto a defender las bondades de la futura ley y ha asegurado que considera que es una ruta eficaz para reunificar a los españoles.

Sánchez ha estado respaldado por el expresidente José Luís Rodríguez Zapatero, que ha ganado protagonismo desde la campaña electoral del pasado 23 de julio tras convertirse en uno de los más firmes defensores en medios de comunicación y actos de las políticas del dirigente socialista, en especial la futura amnistía, que aún debe ser aprobada y que vivirá un periodo de ‘congelación’ a su paso por el Senado tras la reforma impulsada por el Partido Popular (con mayoría absoluta en la Cámara Alta). El expresidente hizo bandera de los supuestos beneficios de las negociaciones con ERC y Junts para sacar adelante la medida incluso antes que el actual mandatario, mucho más reticente a asumir que debía incumplir una nueva promesa electoral.

 

Al acto también han acudido militantes de toda España en autobuses fletados por el propio Partido Socialista para no dejar solo a su secretario general durante la celebración del nuevo Gobierno. Las agrupaciones territoriales han animado durante toda la semana a los fieles socialistas con mensajes positivos para que acudieran en esta mañana de domingo a acompañar y aplaudir a su dirigente.

 

La amnistía no es plato de buen gusto, ni siquiera para buena parte del electorado socialista, que no termina de asumir el relato coordinado desde La Moncloa para justificar este plan como el único posible para evitar un futuro Gobierno de PP y Vox y la única ruta viable para alcanzar la convivencia en Cataluña, esa que, según los propios socialistas, ya se había alcanzado con los indultos. Tampoco parece sencillo de explicar por parte de los primeros espadas del nuevo Ejecutivo de Sánchez las declaraciones del ministro de Transportes, Óscar Puente, admitiendo que no responde al interés general sino solo al propio de los socialistas para conformar un Gobierno o comparando la futura norma con un embarazo no deseado que empuja a contraer matrimonio dan buena cuenta de la complejidad de justificar una serie de acuerdos que tres días antes de las elecciones eran imposibles.

 

Lo cierto es que más de la mitad de los electores no confía en la estabilidad del Gobierno de Pedro Sánchez y opina que el presidente tendrá que seguir haciendo concesiones a sus socios independentistas si quiere agotar su mandato, que ya se ha inaugurado bajo la amenaza de los de Podemos de no aprobar los futuros presupuestos. Los resultados de una reciente encuesta (del 17 al 23 de noviembre) hacen ver que el secretario general del PSOE cuenta con socios poco fiables y se enfrenta a uno de los mandatos más complicados de las últimas décadas: enemigos al frente, aliados con exigencias demasiado caras a los costados. Pese a todo, aún hay un 40,4% de los encuestados que apuestan porque el tándem Sánchez-Díaz resistirá a las embestidas de Puigdemont y compañía.

El 22,8% de los electores socialistas apuesta porque las exigencias de los socios independentistas del Gobierno de coalición obligarán al líder del Ejecutivo a disolver las Cortes antes de lo previsto, en el bloque de Sumar el 74,2% confían en un Gobierno estable. Por el contrario, el 75,5% de los votantes del PP piensan que el Gobierno acabará disolviéndose y los seguidores de Abascal son más contundentes y el 78,4% dan por hecho que el líder socialista tendrá que dar paso a nuevas elecciones.

 

Las respuestas difieren según los grupos de edad. A medida que va subiendo la edad de los votantes, la desconfianza hacia la estabilidad del Ejecutivo aumenta. El 48% de los votantes entre 18 y 29 años creen que el presidente conseguirá terminar la legislatura y el 46% de los comprendidos entre los 30 y los 44 años también piensa que Sánchez acabará la legislatura. Cuando superamos la barrera de los 45 años ese porcentaje de ‘síes’ se acerca al cuarenta por ciento, pero baja a un 34% los electores mayores de 65 años.

El clamor en la calle pasa factura al presidente de Gobierno y catapulta a Alberto Núñez Feijóo hasta los 151 escaños. PP y Vox conseguirían sumar los 176 escaños necesarios para formar gobierno, si se celebrasen elecciones este mes de noviembre. Los ‘populares’ saldrían beneficiados de la caída, por un lado, de los de Abascal y, por otro, por el hundimiento del PSOE y Sumar hasta los 113 y 27 escaños, respectivamente.

 

Fuentes: The objetive

Sánchez se envuelve en un mar de banderas de España para apaciguar la crisis de la amnistía (theobjective.com)

Vozpopuli

Más de la mitad de los votantes y uno de cada cuatro del PSOE cree que Pedro Sánchez no agotará su mandato (vozpopuli.com)

1 comentario en «SÁNCHEZ LLENA ESPACIOS CERRADOS MIENTRAS PIERDE LA CALLE»

  1. En el aquelarre a mayor gloria del líder sanchista, que ya no socialista, el PSOE llenó el recinto de banderas de España, circunstancia prácticamente inaudita. Esta enseña, por más que se empeñen, no la inventó Franco fue la bandera de España y de los españoles durante más de trescientos años, con excepción del breve paréntesis hecho de la desafortunada segunda República. Debemos dar la bienvenida al cariño del PSOE sanchista hacia la bandera propia, aunque es posible que detrás de ello exista una torticera razón o, lo que es peor, la nada.

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