¿¿¿ PERO LA IZQUIERDA ES PROGRESISTA ???

Una “verdad incuestionable” es la superioridad moral de la izquierda, pero si uno mira a su alrededor, no se tiene en pie. El voto progresista debe preguntarse cuál es la mejor opción para el progreso económico, político y moral del país

 

Los partidos de la izquierda suelen atribuirse en exclusiva el adjetivo de “progresistas” ya que la derecha siempre ha ido a remolque en algunos de los más necesarios cambios sociales y aún sigue observando con reticencia otros avances.

 

Existen razones, sin embargo, por las que resulta engañosa la equiparación entre el progresismo y la izquierda y ahora mismo es más fácil encontrar a partidos de izquierda en el campo del tradicionalismo y la reacción que en el de la modernidad y el progreso.

 

En España, en los últimos años, la izquierda ha defendido el control de la prensa o la limitación de la libertad creativa y ha defendido la versión más retrógrada del nacionalismo. En términos generales, se ha producido en nuestro país un evidente retroceso por parte de la izquierda en la defensa de la libertad individual, que fue una de sus principales banderas contra la dictadura y en los primeros gobiernos socialistas, pero que ahora ha entregado por completo a la derecha.

 

Es imposible, por tanto, identificar hoy de forma automática el progresismo con la izquierda, además porque también en la derecha se ha producido una evolución hacia una mayor apertura a la modernidad.

 

Hay otro valor progresista pero tanto o más importante, el de la moral. Si el progresismo es incompatible con la corrupción, independientemente del partido o la persona que la practique, debe de serlo también con la mentira, el fanatismo, el cinismo, la manipulación de la opinión pública, el uso de la ideología para enfrentar a los ciudadanos, el señalamiento de los adversarios políticos como enemigos de la sociedad o la utilización de las instituciones para la promoción personal o partidista.

 

Mucha izquierda está imbuida de la convicción, casi religiosa, de que la base ética de su actuación es la más elevada, de que su constante superioridad moral no admite discusión. Cuando la izquierda hace algo censurable o parece serlo, la reacción inmediata es que:

  1. a) tal cosa no se ha producido;
  2. b) si se ha producido, está totalmente exagerada por la derecha;
  3. c) la situación no tiene equivalencia con un hecho similar de la derecha,
  4. d) la situación fue producto de una emergencia y hay que desentrañar las razones por las que se produjo

 

En economía, todo el mundo dice que los países con muchos recursos naturales tienen una maldición, ya que esa riqueza, paradójicamente, limita esfuerzos para su desarrollo. Algo similar sucede con la superioridad moral de la izquierda que hace que desatienda el mundo presente para centrarse en imaginar un mundo mejor que está por llegar. Invierte energía en pensar lo que vendrá en vez de en mejorar lo que tenemos y por eso no son los mejores gestores ni del presente ni del corto plazo para TODOS, que usualmente no aspiramos a un futuro cielo sino simplemente a una presente tierra algo mejor.

 

El voto progresista debe dar preferencia a aquellos candidatos que mejor garantizan el avance de una sociedad en libertad, convivencia y permanente contraste de ideas y modelos diversos.. Cada votante resolverá de acuerdo a su particular criterio

 

El voto progresista es un voto racional. Está menos fundamentado en el rechazo visceral que en la elaboración intelectual. Puede ser un voto de castigo a quien ha defraudado su confianza, pero no es un voto gregario ni dogmático. El voto progresista no puede compartir el argumento de que sólo los míos son progresistas y lo son siempre y en cualquier circunstancia, mientras que los de enfrente no lo son ni pueden serlo jamás.

 

El voto progresista tiende a desconfiar de las promesas electorales y suele disponer de olfato para detectar a los farsantes y los ególatras. El voto progresista en España entendió, en un momento dado, que un antiguo funcionario del régimen franquista era la mejor opción para hacer avanzar el país. Después, ese mismo voto progresista consideró que un socialista que había renunciado al marxismo ofrecía en la izquierda más garantías de progreso que un comunista, por muchos méritos que éste hubiera adquirido en la lucha contra la dictadura. Más tarde, el voto progresista, intolerante con el engaño, rechazó al PP y le dio una oportunidad inesperada a Zapatero, quien hoy vuelve a reclamarlo en su nombre y en el de Pedro Sánchez. En menos de dos semanas, el voto progresista deberá decidir si lo merecen.

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