La realidad del mercado laboral pone de relieve el maquillaje estadístico del Gobierno para ocultar la precariedad
La realidad del mercado laboral vuelve a desmentir el optimismo del Gobierno y a desmontar su relato triunfalista, al revelar que el récord de empleo del que presume está asentado en una trampa: la proliferación de contratos cerilla, legalmente «indefinidos» pero que en realidad duran solo unos días o semanas a fin de cubrir necesidades puntuales para después apagarse rápidamente. El resultado es un mercado laboral con altísima rotación que encubre la temporalidad y precariedad reales de los trabajadores. Como ejemplo, para lograr el avance en la afiliación del último año (475.623 nuevos trabajadores) fueron necesarios 15.499.406 contratos: casi 33 por cada nuevo afiliado, según nuestras páginas de Actualidad Económica.
A la luz de esta evidencia cambia el significado de las cifras de las que saca pecho el ministerio de Trabajo, que atribuyen a la reforma laboral de Yolanda Díaz -que restringía la contratación temporal y promovía el empleo indefinido pero con facilidades para la extinción temprana– un falso milagro de estabilidad.
Si bien es cierto que nunca ha habido tantos trabajadores -22,27 millones, según la Encuesta de Población Activa-, también lo es que muchos de ellos pueden llegar a firmar varios contratos en un año que no les garantizan la seguridad a la que se refiere la propaganda gubernamental. No faltan ejemplos de este nuevo tipo de precariedad disfrazada de flexibilidad: contratos en hostelería para cubrir fines de semana con mucha afluencia de clientes o bajas laborales cortas; en comercio de cara a campañas de Navidad o rebajas; en el campo para cubrir campañas agrícolas estacionales… Una inestabilidad que también abre la puerta a los abusos laborales bajo una falsa apariencia de cobertura al trabajador.
El Ejecutivo apuesta así por el maquillaje contable, usando una vez más las estadísticas para inflar las cifras que le convienen y como cortina de humo ante la evidente pérdida de calidad del empleo. Y esquiva la obligación de resolver los problemas estructurales del mercado laboral. Una actuación en línea con la erosión a la que viene sometiendo a las instituciones, utilizadas como amplificadores de una narrativa sobre la buena marcha de la economía que no se sostiene a pie de calle.
Lo cierto es que la reforma laboral ha acabado ampliando la figura del contrato indefinido sólo sobre el papel, a falta de mecanismos para garantizar su permanencia. Una maniobra cosmética que ha tenido como consecuencia la multiplicación de contratos cerilla de rápida extinción que dejan al trabajador en la intemperie.
Lejos de brindar al mercado laboral español la estabilidad que requiere el crecimiento de nuestro país y el aumento de la competitividad en Europa, el principal efecto de la reforma laboral no ha sido el de garantizar el empleo digno, sino desvirtuar por interés partidista la noción de contrato indefinido como sinónimo de empleo estable.
Fuente: Los ‘contratos cerilla’ desmontan el relato del empleo estable


