Las familias españolas dedican ya 45 de cada 100 euros a pagar impuestos
La renta familiar de los españoles no sólo no ha convergido con Europa, sino que está hoy por debajo del nivel que tenía en 2002, año de entrada del euro. En términos de paridad de poder de compra, España se encuentra al 88% de la renta media de la UE-27. Dos décadas después, y con Pedro Sánchez asegurando que la economía española «no va como una moto, sino como un cohete», los datos muestran un panorama bien distinto.
Desde entonces, las familias españolas dedican ya 45 de cada 100 euros a pagar impuestos. La presión fiscal ha aumentado cinco puntos en este tiempo, según datos del informe Taxing Wages de la OCDE. A cambio, se ha incrementado la dependencia del Estado: mientras los salarios crecían un 3,90% anual de media entre 1999 y 2024, las transferencias públicas lo hacían a un 4,85% y los impuestos directos a un 4,43%. El resultado es un aumento del 26,3% en la dependencia estatal de la renta familiar.
Si no se adoptan medidas serias en los próximos trimestres, España se encamina hacia “dos décadas perdidas” en términos de convergencia con Europa. Y aunque los salarios hayan subido, el crecimiento es “precario”, dado que se sostiene sobre un tejido empresarial debilitado.
Un reciente informe elaborado para el Consejo General de los Colegios de Gestores Administrativos, alerta sobre la falta de capacidad de las empresas, en especial pymes y microempresas, para afrontar nuevas subidas salariales sin poner en riesgo su supervivencia. La rentabilidad, el acceso a financiación y la posibilidad de inversión están en niveles alarmantemente bajos.
Los datos lo avalan: el resultado bruto de explotación (EBE) de las empresas sólo ha crecido un 2,46% anual en los últimos 30 años, muy por debajo del PIB nominal. Desde 2008, además, los salarios han crecido por encima del valor añadido por trabajador, ejerciendo una presión constante sobre los márgenes. Las microempresas, que suponen más del 90% del tejido empresarial español, presentan tasas de fracaso del 37%.
Sectores clave como el comercio, la hostelería o el transporte —dominados por microempresas— registran los márgenes más bajos y la mayor presión fiscal. El volumen de ventas por trabajador ha caído durante seis trimestres consecutivos. Y sin embargo, desde el debate político y mediático se sostiene que “las empresas ganan mucho y pueden pagar más”.
Esta visión, según el informe, se basa en cifras agregadas que ocultan la fragilidad del grueso de las empresas al mezclar los datos de las grandes compañías con los de las pequeñas. Santacruz reclama una reforma urgente del sistema estadístico que permita segmentar normativamente según el tamaño y sector de las empresas, y que huya del dogmatismo igualitario en la política salarial.
El panorama se agrava con la falta de rentabilidad financiera: muchas empresas tienen un retorno por debajo del coste de la deuda. En términos simples, les sale más caro pedir un préstamo de lo que obtienen como beneficio. Sobreviven, pero no pueden crecer, ni invertir, ni mejorar condiciones laborales.
Los datos del Banco de España apuntan que, entre 2007 y 2023, los salarios crecieron un 15,35%, pero el valor añadido bruto (VAB) por trabajador cayó un 0,72%. Desde la crisis de 2008, el salario medio se ha desligado de la productividad real: mientras el primero apenas avanzó un 0,46% anual hasta 2020, el segundo cayó un 1,38% al año. Aunque desde 2018 ambos han crecido a un ritmo similar, el VAB aún necesita recuperar 18,62 puntos para alcanzar el nivel salarial.
España afronta un modelo agotado, basado en consumo público y transferencias, mientras su tejido empresarial se ahoga entre costes laborales, rigidez normativa y presión fiscal. Pero mientras tanto, el Gobierno sigue hablando de «cohetes».


