LA QUIMERA DE EMANCIPARSE SIENDO JOVEN

Sólo 16 de cada 100 personas consigue estar emancipado a los 30 años

Alquilar un piso y pagar recibos supera el salario neto que ingresan

La entrada de un piso supone 4,5 años de su salario mediano en 2023

 

Independizarse siendo joven es imposible, ya que la media en España a la que se deja el hogar familiar está en 30,3 años. Los datos indican que sólo un 16,3% de las personas jóvenes pueden independizarse, una situación que mantiene al país a la cola de Europa, donde la media de jóvenes emancipados ronda el 32%, y evidencia una realidad enquistada que no se consigue dejar atrás.

 

El Consejo de la Juventud de España (CJE) ha presentado este martes 16 de enero el Observatorio de Emancipación del primer semestre de 2023 y el informe apunta a una leve mejora de la tasa de emancipación de las personas jóvenes, que aumentó cuatro décimas entre el segundo semestre de 2022 y el primero de 2023 hasta superar el 16% (16,3%) por primera vez desde que estallara la pandemia. Los datos confirman que los más jóvenes son los más afectados ya que la tasa entre los 30 y los 34 años aumenta hasta el 71,3%, aunque desde CJE evitan la celebración del dato ya que tras él, dicen, sigue habiendo precariedad.

 

Pese a la ligera mejoría de la tasa de emancipación de las personas jóvenes el acceso a la vivienda para los jóvenes es hoy mucho más complicado que en 2008; si entonces la tasa de emancipados de este grupo estaba en el 26%, ahora es inviable para un porcentaje mucho mayor. “Es uno de los pocos indicadores del sistema de bienestar que ha empeorado en este tiempo”, ha indicado Andrea Henry, presidenta de CJE durante la presentación de informe.

 

El desplome del poder adquisitivo: ni alquilar ni comprar

El contexto no sólo complica salir del nido sino que eleva la edad media (30,3 años) a la que se deja el hogar familiar hasta su nivel más alto de los últimos 20 años. Detrás de esto está el esfuerzo económico requerido para la vida independiente, que se ha disparado en el marco de un mercado inmobiliario tensionado tanto en lo que respecta al alquiler como a la compra de vivienda principalmente por la falta de stock para cubrir la elevada demanda existente.

 

Los avances en materia de empleo (la tasa de paro se acerca al 20%, el menor nivel desde 2008 y la temporalidad ha caído desde la reforma laboral) y salarios para los jóvenes no compensan el encarecimiento de la vivienda y de los suministros. El salario mediano de los jóvenes en 12 pagas se situó a cierre del primer semestre de 2023 en 1.005,22 euros al mes (12.062 euros al año) tras avanzar un 5%. Sin embargo, el poder adquisitivo cayó un 3,3% en 2023 con respecto a 2022 y está casi un 24% por debajo del de 2008.

 

Para cubrir los gastos del alquiler y los recibos de suministros básicos del hogar, los jóvenes deben hacer un desembolso mayor al salario mensual que ingresan, con la mediana del primero en los 944 euros (el 93,9% del salario neto) tras experimentar el mayor repunte histórico del precio (9,3% u 80 euros mensuales más), y del segundo en 138 euros mensuales. Es decir, ni invirtiendo el 100% del salario la emancipación puede ser en solitario sino que faltarían casi 77 euros al mes para cubrir la renta y los gastos mensuales, y esto sin contar con el gasto en compra básica y descartando cualquier la opción de tener ocio.

 

Vivir en un piso compartido es la opción que tienen los jóvenes que logran emanciparse pero incluso para alquilar una habitación (la mediana se situó en 375 euros al mes tras subir un 7,1% en el año o 50 euros al mes) el esfuerzo económico excede el límite recomendado del 30% del salario y escala hasta el 37,3%.

 

Comprar es también todo un desafío para los jóvenes. El precio de la vivienda libre subió un 3% entre el primer trimestre de 2022 y el primero de 2023. Si bien el aumento es mucho menor que el del alquiler, el problema es la entrada, que asciende a 53.796 euros o 4,5 años del salario de un colectivo para el que ahorrar es prácticamente imposible si antes de comprar ya vivía de alquiler.

 

 

Tareas pendientes: parcialidad no deseada, los ‘falsos becarios’…

Aunque la tasa de paro entre los jóvenes ha mejorado (sigue siendo la más alta de la Unión Europea), quedan tareas pendientes que profundizan en su precariedad. El paso de la temporalidad por los contratos fijos discontinuos, por ejemplo, no ha borrado la parcialidad no deseada, que es aquella en la que una persona trabaja a tiempo parcial porque no encuentra un empleo a tiempo completo aunque lo busque. Tampoco ayuda la falta de desarrollo del Estatuto del Becario, que mantiene “trabajando gratis” a casi un millón de personas, estiman, con el agravamiento que conlleva de cara a la emancipación.

 

Además, desde CJE destacan que el informe entra en cuántos jóvenes viven emancipados y cuándo lo hacen pero no en cómo lo hacen, en referencia a la realidad habitacional que experimentan algunos al vivir en pisos con poca luz o sin calefacción por alquileres de importes elevados. “Emanciparse no se traduce siempre a irse a vivir a una vivienda digna”, ha remarcado Henry para anunciar que intentarán abundar en este aspecto en futuros informes.

 

“Mejoran las condiciones laborales, la reforma laboral, la mejora salarial en los convenios colectivos, el salario mínimo… pero es imposible emanciparse”, ha apuntado Rubén Pérez, secretario de estado de Juventud e Infancia, que ha puesto en duda el crecimiento del país si no se solventa la incapacidad de los jóvenes de “realizar su proyecto de vida”, retrasando además otros planes como puede ser tener hijos.

 

En este sentido también se ha expresado el secretario de Estado de Vivienda, quien ha señalado que “cada vez que ha habido una crisis, se ha notado especialmente en el ámbito de la vivienda. Es un problema arrastrado en los últimos 40 años que no hemos sabido resolver y llevamos cinco años poniendo las bases para sentar las bases para solucionarlo”. Se refiere al Plan de Vivienda 2022-2025 y a la ley de vivienda con los que intentan desde el Ministerio de nueva creación dar cobertura al artículo 47 de la Constitución para garantizar el derecho a la vivienda digna.

 

La “generación dependiente”

Uno de cada tres padres está todavía ayudando a sus hijos a llegar a fin de mes en el último año. Según los datos de la Fundación BBVA, el 37% de los padres de más de 60 años todavía hacen una de estas tres cosas:

  • Hacerles la compra.
  • Pagarles luz, agua o combustible.
  • Lo que se llaman “pagos informales”, es decir, pasarles dinero.

 

Los datos de BBVA dibujan claramente que las redes familiares informales se han hecho más necesarias. Dos de cada tres mayores de 60 años dicen que está dando más ayudas a sus hijos que las que recibieron de sus padres. Es la medida de que se ha precarizado la situación de los más jóvenes.

 

De hecho, esas redes no se quedan sólo en el día a día, son imprescindibles para conseguir cosas como esa “emancipación”. El 51% de los padres dice haber ayudado económicamente a sus hijos para salir de casa, en la mayoría de los casos pagando algo de la nueva vivienda o el alquiler. Y las nuevas redes se extienden incluso a los tíos sin hijos a ayudar a sus sobrinos (en torno a un 18% de ellos lo hace).

 

Conclusión, el BBVA dibuja una generación que es la más preparada, la más formada y también la más dependiente de la generación anterior.

 

Brecha de desigualdad

El resultado no es sólo una generación más dependiente. Esta “precariedad juvenil” nos está dejando una brecha de desigualdad entre jóvenes y mayores. Hay dos elementos que separan a los más mayores de los más jóvenes:

  • ¿Cuánto suben sus salarios? Los pensionistas consiguen revalorizar sus pensiones con el IPC, es decir, no se empobrecen. Los jóvenes, con los trabajos más precarios, sí.
  • ¿Qué activos tiene cada uno? Los más mayores tienen viviendas, los más jóvenes no sueñan ni con alquilarla. Es importante ese factor porque en nuestro país, la revalorización de la vivienda explica el 74% de la riqueza acumulada (del efecto riqueza) frente a países como Alemania donde apenas es el 23%. Así que quienes tienen vivienda (los mayores) se separan cada vez más de los más jóvenes.

 

Esta diferencia generacional –subrayada por la Fundación AFI Emilio Ontiveros– no se refleja sólo en que los jóvenes tardan más en emanciparse. Tiene todo tipo de implicaciones económicas y sociales:

  1. Financiera: Explica por qué los jóvenes tienen menores tasas de ahorro. Es preocupante para el futuro eso, una generación que no consigue ahorrar.
  2. Laboral: Semejante precariedad resulta en menos compromiso con el trabajo. La cuestión es si los jóvenes se comprometen menos o si ven menos futuro en sus empleos.
  3. Social: Se frena la movilidad. Los jóvenes tardan más en acceder a la riqueza y los mayores tardan más en irse y en ceder terreno. Hace 25 años el pico de la riqueza de una persona se tocaba entre los 55 y los 64 años. Ahora se toca entre los 65 y 75 años. Hay un tapón generacional también.

 

El resultado es el de una generación “más dependiente” y más precaria pero en la que estamos sembrando mil problemas financieros, laborales y sociales mañana y pasado mañana.

 

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