LA SUBIDA DEL SMI YOLANDA DIAZ, “EL TERROR DE LOS PELLETS”: DE VICTORIA EN VICTORIA HASTA EL FRACASO TOTAL

En la esfera económica, una decisión desencadena una serie de efectos. En el caso del SMI, el primero es inmediato y visible, los trabajadores cobrarán un salario básico. Pero esa medida envía gente al paro y reduce la contratación, pero esto no es inmediato y no es visible a la opinión pública.

 

 

Ahora pasan a un segundo plano sus grandes victorias en el ámbito laboral entre “biquiño y biquiño”: reducción estadística del desempleo ocultando el paro de los fijos discontinuos, reducción de la jornada laboral hasta llegar en 2025 a 37,5 horas frente a la cifra de 37,8 horas que es actualmente la media real, el retraso en la llegada de los fondos europeos tras la no convalidación de su reforma de los subsidios de desempleo, ahora alza la bandera de la enésima subida de SMI, no acordada con las empresas y se permite ingenuamente (o populistamente) abrir un debate “sobre los salarios, elevadísimos, de la dirigencia empresarial de nuestro país”.

 

El Gobierno ha decretado una nueva subida del salario mínimo (SMI) para 2024, con lo cual su incremento desde 2018 será de un 54%. En su reciente comparecencia en el Congreso, la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Sra. Díaz ha  ha negado la existencia de impacto negativo alguno sobre el empleo, profetizada por los desalmados economistas (neo) liberales, por los empresarios y por la oposición. Las fuerzas del mal, alineadas en siniestra coalición contra los trabajadores.

 

El debate sobre los efectos del SMI sobre el binomio empleo-paro han persistido a lo largo del tiempo, pero la inmensa mayoría de los profesionales han señalado siempre las nocivas consecuencias de esa subida y de los 102 estudios publicados sobre el SMI desde los años noventa del siglo pasado el 85% de ellos concuerdan que el funcionamiento del mercado laboral en el segmento de los individuos con bajos salarios y cualificaciones el aumento del SMI se traduce en pérdidas de puestos de trabajo.

 

Ni un solo informe disponible muestra impacto positivo alguno de las subidas del SMI sobre el empleo y sí arrojan resultados negativos. El Banco de España, el BBVA Research, la Airef, así lo han demostrado

 

Precisamente las víctimas de la bondad gubernamental son aquellos a quienes se pretende beneficiar: las personas con menor experiencia, con menor formación y con menor productividad que son precisamente las mayores bolsas de desempleo existentes en este país

 

Ni siquiera la inefable ministra de Trabajo con su ignorancia y desparpajo ha logrado plantear ningún argumento de teoría económica o empírico, ni aportar ningún trabajo solvente (e incluso insolvente) capaz de apoyar si planteamiento, que así d3cae en una simple opinión populista. Sus argumentos están calcados de los realizados por el ministro falangista del ramo, Romeo Gorría cuando introdujo el SMI en 1963. Lo peor de todo es la firmeza y la convicción con la cual patea los principios básicos y elementales de la economía.

 

El objetivo de situar el SMI en el 60% del salario medio es algo inéditoen la Unión Europea pues sólo en dos estados superan el 50%. En España ya lo hacía antes de la subida recién decretada por el Gobierno (54,8%) y en Grecia (51,3%), los dos países europeos con el desempleo juvenil y femenino más alto. En Alemania está en el 41%; en Francia, en el 47%; y en Irlanda; en el 46%, según Eurostat. Todas estas economías tienen tasas de paro y niveles de productividad muy superiores a los españoles.

 

Además la subida del SMI no afecta por igual a todas las empresas, sino que tiene una incidencia nefasta sobre las pymes, que constituyen el 99,8% del tejido empresarial español y son las mayores empleadoras de España. Si, como pretende el Gobierno, el SMI se elevase hasta el 60% del salario medio, eso se traduciría en una ratio SMI-salario medio del 79% para las empresas con menos de 50 trabajadores, que son más del 50% del total. Si se tienen en cuenta que la productividad de estas empresas es tres veces menor a la de las compañías con más de 250 empleados, el incremento del SMI aprobado para 2024 es  demoledor para su competitividad, para su supervivencia y, por supuesto, para su capacidad de generar y mantener puestos de trabajo.

 

Además es surrealista imponer un mismo SMI a pesar de las disparidades salariales territoriales, sin tener en cuenta su estructura económica, su volumen de desempleo y su productividad. Un SMI idéntico para Madrid, por ejemplo, que para Extremadura es disparatado y sus perversos efectos se acentúan a medida que aquel se acerca más al salario medio existente en cada comunidad autónoma. De hecho, antes del último incremento del SMI, en 13 autonomías superaba el 60% del salario medio; y en dos, Extremadura y Canarias, el 70%.

 

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