2024 : 40 AÑOS DESPUÉS NOS ACERCAMOS AL ORWELIANO 1984

Acaba de empezar 2024 y todos esperamos que sea una temporada de alegría y bienestar tras unos años muy duros con pandemias y guerras a la puerta de casa. Sin embargo, pensando más allá de 2024 la imaginación nos lleva a un lugar aterrador pero muy posible. Sin ser inevitable, sí hay una posibilidad de que seamos la última generación “humana”.

 

 

Un mundo en el que el totalitarismo climático de aquellos que ven el cambio climático como un apocalipsis inminente han triunfado, han impuesto una agenda verde y todo nuestro sistema económico será puesto patas arriba. Se demonizarán los combustibles fósiles y se rechazarán soluciones pragmáticas como la energía nuclear, lo apostaremos todo a tecnologías aún no maduras. Llegará una fuerte desaceleración económica y a un aumento significativo en el coste de vida. Los más vulnerables sufrirán y pagarán la cuenta de una utopía ecológica mal concebida. Los precios de las necesidades básicas como la calefacción o el transporte aumentarán y el nivel de vida general empeorará.

 

Un mundo en el que la entrada a la ideología animalista alegará que el consumo de carne es inmoral, llegando hasta su racionamiento o prohibición. Se promocionará el consumo de alimentos sintéticos, cuando no directamente de insectos y hierbas. Antepondremos unos supuestos derechos animales sobre las necesidades y libertades de las personas. Se desestabilizarán ecosistemas, ignorando siglos de conocimiento y afectando principalmente a comunidades rurales ya de por sí vulnerables.

 

Un mundo en el que la ideología de género alcanza su apogeo. La autodeterminación de género se convertirá en norma y se animará a los niños a elegir su género desde la infancia, según les plazca. Se normalizarán los tratamientos hormonales y las operaciones de cambio de sexo para «transicionar» a adolescentes hacia su identidad auto-percibida. Permitiremos que niños mutilen sus cuerpos de por vida, se droguen, se cambien la personalidad y la identidad. Generaciones enteras se verán sumergidas en un mar de confusión y desorden de identidad. El aumento de los trastornos de salud mental, incluyendo el suicidio, será una consecuencia directa de esta destructiva ideología de género.

 

Un mundo dominado por la obsesión con la equidad, es decir, la igualdad de resultados. Se impondrán cuotas en todas las esferas de la sociedad. Invertiremos los valores que ordenan nuestra civilización, que ya no serán el mérito, el talento, el carácter o la capacidad de trabajo, sino el sexo, la raza, la orientación sexual u otras identidades culturales colectivas. Será una sociedad menos innovadora, menos capacitada para resolver problemas. La excelencia y el mérito perderán sentido, ya que no serán las causas que llevan a las personas a progresar. La mediocridad y la conformidad se convertirán en características en esa sociedad.

 

Un mundo en el que se implantará un sistema de crédito social al estilo chino para asegurar que nuestro consumo se ajusta a las políticas del momento. Los gobiernos implantarán el euro o el dólar digitales por su eficiencia y valor para luchar contra el blanqueo y la evasión. Todas nuestras transacciones serán automáticamente documentadas en los sistemas digitales de los bancos centrales. Los gobiernos tendrán la capacidad de imponer políticas y sanciones de manera instantánea, limitando nuestra libertad para gastar nuestro propio dinero como nos plazca. Con un simple clic, podrán congelar activos, imponer sanciones financieras y controlar el comportamiento de los ciudadanos, creando un estado de vigilancia omnipresente.

 

Un mundo en que habrá un discurso oficial, que presente cualquier crítica como «desinformación». A todo el que se aleje de la versión oficial se le bloqueará, expulsará o se le impedirá la monetización de su contenido, acusándole de desinformación. Cuestionar la narrativa oficial te convertirá en disidente

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Un mundo que ya está aquí pues todos y cada uno de estos movimientos YA están en marcha, aunque algunos de ellos vienen disfrazados bajo máscaras amables: el apocalipsis climático disfrazado de ciencia; el animalismo disfrazado de humanidad; la ideología de género disfrazada de libertad; el igualitarismo disfrazado de igualdad; el control gubernamental disfrazado de eficiencia; la censura disfrazada de desinformación.

EL CALENDARIO ‘WOKE’ DE FOTOGRAMAS

 

Estábamos al corriente de esa militancia izquierdista de buena parte de la industria cinematográfica española, incluso puede que toda ella. Pero no se había llegado al extremo de manipular algunas películas para confeccionar un calendario woke y eso es precisamente lo que ha hecho Fotogramas, en plan doce meses, doce causas.

 

La ideología woke (“despertar de las conciencias dormidas”) ampara la cultura de la cancelación (“censura”) para afianzar la corrección política como la única verdad revelada, es un fenómeno que nace en las influyentes universidades de los EEUU allá por los años 70-80 y en consecuencia, inyectando su sectarismo radical en aquellos principales templos del pensamiento y la sabiduría, hasta convertirlos en mercadillos de chatarra ideológica

 

Fotogramas es una revista radicada en Barcelona, de donde es natural el actual ministro de Cultura, Ernest Urtasun, que tiene la llave de las prebendas al cine español, y solo así se explica este despropósito, que consiste en hincarse de rodillas ante el repartidor del dinero público que “no es de nadie” (en expresión de la mayúscula incompetente Carmen Calvo).

 

Las hojas de los seis primeros meses del año se presentan en este plan: enero (ecologismo), febrero (justicia), marzo (diversidad), abril (tolerancia), mayo (empoderamiento) y junio (integración). El mensaje apunta sin despeinarse que estos principios, debidamente tergiversados, son indiscutibles.

 

Por ejemplo, en el mes de enero con el ecologismo sacrosanto quiere representarse en la comedia Mister Deeds, apelando a que «ni una herencia   millonaria, ni tener que ir a la ciudad, recorriendo en ecológica bicicleta su aldea local» cuando en realidad es una película cómica ¡La cosa va de engaños, no de ecología!

 

Un ejemplo, especialmente sangrante, es la tolerancia omnipresente en el mes de abril, acudiendo a la película Matar a un ruiseñor (1962) que antepone integridad moral a los prejuicios de la comunidad. Es un insulto que la ideología woke pretenda equiparar la integridad moral con tolerancia, cuando por sistema se tacha de fascista a quien antepone su integridad a los dictados de aquel pensamiento único que ha secuestrado el valor supremo de la tolerancia.

 

Otra palabra de moda en el universo woke es empoderamiento, elegido a la hora de encabezar el mes de mayo con la película Adivina quién viene esta noche (1967) pero empoderamiento según la RAE es «hacer poderoso o fuerte a un individuo o grupo social desfavorecido», que por supuesto no es el caso contado en la película. ¡No jodáis!

 

En junio la llamada es a la integración pero en el diccionario woke, integración es un vocablo que llama al abrazo incondicional de la multiculturalidad en Occidente. En cambio, la película de William Wyler en realidad habla del regreso a casa, después de la guerra y llevando el trauma a cuestas, primando el reconocimiento del dolor y la tragedia, compartidos, después de vivir una situación absolutamente traumática y antinatural.

 

Total, que he puesto el calendario en la cocina, justo por encima del cubo de la basura, que es el lugar que de verdad le corresponde y que me digan que soy fascista, si lo prefieren.

 

 

 

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