LA FARSA DEL PACTO DE TOLEDO. UNA VERDADERA “REINVENCIÓN” DE LAS PENSIONES: UNIVERSALES, CONTRIBUTIVAS, SOSTENIBLES, SOLIDARIAS, FLEXIBLES Y CREIBLES

El Pacto de Toledo no es operativo y debería por dignidad propia autodisolverse, ha firmado su sentencia de muerte tras aprobar sus últimas y tímidas “recomendaciones” que en ningún caso abordan con el mínimo rigor exigible los verdaderos problemas de nuestro sistema público de pensiones. “Patada a seguir” de nuestros políticos en un verdadero “parto de los montes” tras años de supuestos estudios y análisis sesudos no exentos de enfrentamientos “cara a la galería”. En Suecia tenían un pacto parecido y lo disolvieron cuando optaron por reinventarse las pensiones.

Gobierno y oposición aprobaron las recomendaciones que deberían servir de guía para la reforma de las pensiones. Una escandalosa farsa, pero  ninguna de las medidas aprobadas implica una revisión profunda del sistema. Más bien se basan en un aumento del gasto, promesas vacuas y algún recorte de tapadillo.

El sistema no da más de sí, pero los políticos siguen empeñados en hurtar esta clamorosa realidad ante un electorado en el que descuellan más de 9 millones de jubilados. El sistema de pensiones vigente en nuestro país es completamente inviable en el tiempo, algo que todo el mundo sabe. Cualquier aproximación teórica al asunto de las pensiones que no parta de la aceptación resignada de esa desoladora premisa estará condenada al fracaso. Es empresa imposible y ni tampoco se podrá mantener tratando de sostenerlo en pie con el dinero de los impuestos.

De nuevo, han vuelto a ligar las pensiones al IPC, lo que no sólo es financieramente insostenible, también es un ejercicio de demagogia cortoplacista en un momento en el que las cuentas de la Seguridad Social están más tensionadas que nunca. Las pensiones son la partida más abultada del Estado. Un tercio del gasto público se destina al pago de las mismas, nada menos que 160.000 millones en 2021; cifra que no hará más que aumentar en un país con una elevadísima tasa de esperanza de vida… y una de natalidad paupérrima.

No cabe dejarse engañar por la propaganda del Pacto de Toledo. El Estado está expoliando el ahorro de los contribuyentes para sufragar unas pensiones que no van a poder sostener a sus perceptores futuros. Hay que actuar ya o las consecuencias pueden ser devastadoras.

A pesar de que las pensiones españolas estén garantizadas por el propio Estado, no van a poder pagarse con las cotizaciones a la SS en la próxima década. Como la sostenibilidad del sistema está en entredicho, las pensiones han perdido su credibilidad. Las discusiones sobre las reformas de los sistemas de pensiones se complican enseguida porque los sistemas de pensiones combinan aspectos políticos y aspectos técnicos y unos y otros son difíciles de separar.

Los sistemas de pensiones de reparto son un mecanismo redistributivo entre generaciones y son transferencias a los pensionistas que se financian parcial o totalmente con un impuesto sobre las rentas del trabajo (las cotizaciones). La acumulación de reformas del sistema de pensiones de reparto español ha ido modificándose para intentar adaptarse a los cambios demográficos y del mercado de trabajo hasta llegar a la situación actual que está plagada de incentivos perversos y de arbitrariedades.

Cualquier reforma rigurosa deberá contemplar las siguientes características si tuviéramos el coraje político de plantearnos una reinvención integral.

UNIVERSAL

La universalidad de las pensiones es deseable porque incentiva las cotizaciones, simplifica el sistema y contribuye a darle credibilidad.

Las nuevas pensiones deberían organizarse en un régimen único que incluyera a todos los españoles sin ninguna excepción: al Jefe del Estado, a los políticos, a los trabajadores por cuenta ajena, a los autónomos, a los empleados públicos, a los abogados, a los arquitectos, a los empleados del hogar, a los mineros, a los trabajadores agrícolas, a los trabajadores del mar, a los resineros, a los porteros de discotecas, a los enlatadores de tomate para la exportación, a los mutualistas profesionales y a todos los colectivos que actualmente gozan de privilegios y excepciones.

Las necesidades especiales de esos colectivos a veces privilegiados por el actual sistema deberían resolverse mediante ayudas concretas complementarias al margen de la pensión pública universal. Esas pensiones complementarias podrían organizarse con aspectos específicos que podrían estar incluidos en los convenios colectivos sectoriales, como es el caso actual de, por ejemplo, los bomberos, los policías municipales,…

CONTRIBUTIVO

La contributividad estricta simplificará el sistema actual, le dotará de mayor transparencia, aumentará sus recursos y lo hará más sostenible y más creíble.

Las nuevas pensiones deberían calcularse teniendo en cuenta todos los euros cotizados hasta el máximo de cobertura independientemente del momento de la vida laboral en que se produzcan las cotizaciones. Las cotizaciones se actualizarán de la misma forma durante toda la vida laboral, y cada euro cotizado generará una cantidad proporcional de derechos pensionables.

El sistema vigente en la actualidad calcula los derechos pensionables contabilizando fundamentalmente los años cotizados en un periodo concreto próximo a los finales de la vida laboral, en la actualidad los 25 años previos. Este método de cálculo de los derechos pensionables no tiene ninguna justificación técnica y da lugar a casos de flagrante falta de contributividad.

La contributividad estricta permitirá al nuevo sistema de pensiones conseguir al ciertos objetivos. Primero, acabará con la arbitrariedad de las reglas actuales y con las posibilidades que ofrece el sistema actual de manipular las cotizaciones para mejorar las pensiones pues algunos trabajadores autónomos y otros colectivos que pueden decidir sus cotizaciones se aprovechan actualmente de esta posibilidad. Además, la contributividad estricta incentivará las cotizaciones en todas las etapas de la vida laboral, porque los trabajadores entenderán que cada euro que coticen contribuye a mejorar su pensión.

SOSTENIBLE

Para reforzar la sostenibilidad del sistema, la ley deberá determinar claramente cuáles serán las fuentes de financiación de las pensiones.

Para conseguir que un sistema de pensiones sea creíble, su sostenibilidad tiene que estar garantizada en todo momento, sean cuales sean las circunstancias demográficas y económicas por las que atreviese. La mejor forma de garantizar la sostenibilidad de las pensiones es mediante mecanismos de ajuste automático que estén protegidos de los cambios políticos.

Como los pensionistas son más vulnerables que los trabajadores en activo, cuando los recursos del sistema no sean suficientes para atender a sus obligaciones y su sostenibilidad se vea amenazada, los ajustes deberán realizarse sobre los derechos pensionables y no sobre las pensiones. La contributividad estricta del nuevo sistema facilitará la implementación de este tipo de ajustes que son difíciles de implementar en el sistema actualmente vigente.

SOLIDARIO

El sistema debe reconocer que los pensionistas son más vulnerables que los trabajadores y reforzar la solidaridad intergeneracional del sistema.

La solidaridad de las pensiones seguirá garantizándose mediante un sistema de pensiones máximas y pensiones mínimas. Las pensiones se calcularán actuarialmente dividiendo los derechos pensionables por un divisor que dependerá de la edad de jubilación y de la esperanza de vida de los nuevos pensionistas. La pensión resultante de esa división se complementará hasta llegar a la pensión mínima cuando sea necesario.

Para aumentar los recursos del sistema, las cotizaciones estarán destopadas, aunque tanto las pensiones como los máximos de cobertura estarán topados. Para modular la progresividad del sistema, se admitiría la posibilidad de que los trabajadores coticen a un tipo reducido a partir de un determinado nivel de renta laboral.

Las pensiones se revalorizarán con el IPC (u otro índice similar, como el aumento medio de los salarios) para mantener el poder adquisitivo de los pensionistas. Por último, las pensiones mínimas podrán integrarse en un sistema similar al del Ingreso Mínimo Vital (IMV) con los ajustes convenientes, financiado por los PGE y no por las cotizaciones.

FLEXIBLE

El diseño del nuevo sistema de pensiones deberá permitirle adaptarse a los cambios tecnológicos, económicos y demográficos a medida que se vayan produciendo.

La mejor manera de contrarrestar la incertidumbre es mediante la flexibilidad. El futuro de las pensiones depende fundamentalmente de la evolución de la tecnología, de la globalización, de la longevidad, de la natalidad y de las migraciones. La evolución de todas esas variables en esta época de cambios acelerados es muy difícil de anticipar. Los cambios tecnológicos recientes y su posible aceleración en el futuro generan muchas dudas sobre la evolución del crecimiento económico, de la productividad y del mercado del trabajo y, en consecuencia, sobre el futuro de las pensiones.

El sistema actual es especialmente rígido y, por lo tanto, desoladoramente frágil. La edad de jubilación será voluntaria a partir de una edad determinada. Como ya se ha dicho, la cuantía de la pensión dependerá de la edad de jubilación, de la esperanza de vida del grupo de edad del trabajador que se jubila, y del tipo de jubilación —parcial o total— elegida.

Además, las nuevas pensiones se flexibilizarán permitiendo la jubilación parcial sin restricciones, haciendo que las pensiones sean completamente compatibles con la obtención de rentas laborales, permitiendo que la edad de jubilación sea voluntaria y facilitando que la decisión de jubilarse sea reversible.

Las pensiones serán compatibles con las rentas laborales porque son de alguna forma, aunque sea sólo teórica, rentas diferidas del propio trabajo y por lo tanto, no hay ninguna razón técnica que justifique que no puedan cobrarse a partir de una edad determinada sin que sus beneficiarios tengan que cumplir ningún requisito adicional al de haber llegado a la edad de jubilación. La justificación de que la cantidad de trabajo está fija y que, por lo tanto, la jubilación de los mayores facilita el empleo de los jóvenes es una falacia. Los países que mejor regulan sus mercados de trabajo y sus pensiones son los que más puestos de trabajo crean y, en consecuencia, disfrutan de tasas de empleo elevadas tanto entre los jóvenes como entre los mayores.

CREIBLE

Muchos trabajadores que están cotizando al sistema actual creen que no van a cobrar una pensión, o que la cuantía de su pensión será insuficiente para financiar una jubilación digna y una calidad de vida comparable a la que tenían durante su vida laboral.

Las nuevas pensiones serán creíbles por la transparencia del nuevo sistema. La transparencia del nuevo sistema de pensiones se consigue de dos formas. El nuevo sistema será lo suficientemente sencillo como para que todos los trabajadores y los pensionistas lo entiendan y confíen en su sostenibilidad indefinida. La universalidad estricta del nuevo sistema y la claridad de las reglas de cálculo de los derechos de pensiones simplificará considerablemente el sistema actual que está plagado de reglas complejas y excepciones.

Las nuevas pensiones serán transparentes porque los trabajadores estarán informados en todo momento de la cuantía de sus derechos pensionables y, por lo tanto, de la cuantía esperable de sus pensiones, y los pensionistas estarán informados en todo momento sobre la situación financiera del sistema y sobre la evolución futura de sus pensiones.

Por último, la reputación del nuevo sistema se mantendrá porque el pacto intergeneracional se cumplirá en todo momento y los derechos adquiridos por los pensionistas y los trabajadores actuales se respetarán estrictamente.

EL SISTEMA DE REPARTO

La pensión pública de reparto se calculará mediante un sistema de cuentas nocionales.

El saldo de la cuenta nocional se calculará al final de cada año. El saldo del año anterior se incrementará con las cantidades cotizadas durante ese año y se minorará con las pensiones percibidas. Además, el saldo de los supervivientes se incrementará con las cuantías heredadas de los saldos de los trabajadores y los pensionistas fallecidos. El saldo del periodo anterior se actualizará con un índice que siga la evolución de los salarios. Cuando sea necesario, este índice se corregirá con un factor de sostenibilidad que garantice la sostenibilidad indefinida del sistema.

Los trabajadores podrán solicitar su pensión a partir de los 62 años. La pensión será el resultado de dividir el saldo de la cuenta nocional por un divisor que dependerá de la esperanza de vida del trabajador y de la edad a la que decida jubilarse. De esta forma el saldo de la cuenta nocional se transformará en una renta vitalicia que será mayor cuanto más se retrase la edad de jubilación.

El trabajador que inicia su jubilación podrá cobrar el 25, el 50, el 75 o el 100 por cien de su pensión y podrá modificar esta cuantía una vez al año. Las cantidades percibidas se descontarán del saldo de su cuenta nocional. Las cantidades cotizadas durante la jubilación parcial recibirán el mismo tratamiento que las cantidades cotizadas durante la vida laboral. Los jubilados parciales podrán solicitar que se recalcule su pensión una vez al año.

LAS PENSIONES MÍNIMAS Y LAS PENSIONES NO CONTRIBUTIVAS (PNC)

Deberán cubrirse con sistemas externos al de las propias pensiones contributivas

Igual que ocurre en el sistema actual, el nuevo sistema de pensiones tendrá una pensión mínima garantizada. La pensión mínima garantizada complementará las pensiones de los trabajadores que no hayan cotizado lo suficiente como para percibir una renta que se considere suficiente. La pensión mínima puede ser creciente en el saldo de las cuentas nocionales hasta alcanzar una cuantía determinada. Esta característica incentivará las cotizaciones. Los fondos necesarios para complementar las pensiones se financiarán con cargo a los PGE. Como ya hemos comentado, los complementos a la pensión mínima y las PNC se deberán integrar en el Ingreso Mínimo Vital (IMV) con las modificaciones pertinentes.

Además, el sistema de pensiones dejará de financiar las pensiones de viudedad, de orfandad y a favor de familiares. Por último, el IRPF suprimirá la deducción por inversiones en planes de pensiones y el Estado se ahorrará el importe de esta deducción.

Por supuesto, la reinvención de las pensiones preservará escrupulosamente los derechos ya adquiridos por los pensionistas en el sistema actual.

Fuente: Javier Díaz-Giménez, “El Envejecimiento como riesgo empresarial”

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