EN MANOS DE UN PERSONAJE SIN ESCRÚPULO ALGUNO

La aventura puede ser loca pero el aventurero debe estar cuerdo” (Chesterton)

 

Desde hace días tenemos ya nuevo Gobierno en España, sin duda legítimo, pues el presidente Sánchez obtuvo la mayoría parlamentaria para ello. En el debate de investidura el discurso del candidato Sánchez se refirió explícitamente a LEVANTAR UN MURO frente a las derechas, una nueva versión del Pacto del Tinell. Fue un discurso insólito, de un frentismo ajeno al ámbito de la democracia parlamentaria, y que marca lo que podemos esperar de esta legislatura: una confrontación cismática que impugna el principio en que se fundó nuestra Transición.

 

 

Frente a un pasado atormentado, fratricida, secuestrado por los defensores de las esencias, la Transición fue el reconocimiento mutuo entre quienes unos años antes habían sido enemigos, y mereció la admiración del mundo: aquello fue costoso, complicado y complejo. No se hubiera podido hacer sin una sutileza hoy por hoy desaparecida de la política española.

 

Claramente vamos hacia atrás, empujados por un gobierno que necesita para todas las votaciones a los nacionalismos vasco y catalán, tan integristas y supremacistas, y es de no creer que el PSOE, pieza fundamental en la Transición, haya terminado proclamando la política de bloques, que todo impiden y destruyen, de la mano de tan ilustres reaccionarios.

 

Una lógica desvariada que estamos viendo ya, con una amnistía redactada por el propio delincuente y al mismo tiempo beneficiario para obtener siete votos en la investidura del Sr. Sánchez y que constituye un supino atentado contra la igualdad y contra el principio de separación de poderes, guía y sustento de toda democracia.

 

Pedro Sánchez repite machaconamente que “Hay que hacer de la necesidad virtud”, pero lo cierto es que la necesidad es sólo suya: permanecer en el poder a toda costa y cínicamente admite que no aprobaría la amnistía si tuviera mayoría absoluta.

 

En boca de Felipe González “La amnistía no es perdonar, es pedir perdón a los que cometieron los delitos”. “¿Del 23 al 24 de julio qué pasó? Lo único que pasó es que faltaron siete votos y siete votos no pueden tener el coste de destruir los fundamentos de un ordenamiento jurídico de una democracia plena”, ha matizado.

 

Según Arturo Pérez-Reverte: “Pedro Sánchez es un personaje fascinante. Es un pistolero, un tipo que no repara en nada. No ha leído un libro en su vida, estoy seguro de eso; pero tiene en las venas a Maquiavelo. Es valiente, es tenaz, es atrevido; no tiene escrúpulos ninguno. Es el personaje político más interesante de España y puede que de Europa“.”Está jugando de una manera inteligente con todos nosotros. Sánchez venderá a su madre, pero no la entrega; entrega la nuestra en vez de la suya, y además nos convence de que es la suya la que ha entregado. Pero para eso hay que valer. No hay enemigo a su altura; son todos unas moñas. Caerá solo cuando no tenga nada que vender”, siguió Pérez-Reverte retratando al presidente del Gobierno.

 

Y, claro, cuando se gobierna así, alzando muros y cavando trincheras, en lugar de tendiendo puentes y estableciendo vínculos positivos, el resultado no puede ser sino un desastre en todo orden de cosas. Es imposible alcanzar a comprender cómo puede pretender el actual PSOE gobernar contra medio país, con tan nefastos socios. Es inconcebible cómo se puede tratar de gobernar contra el primer partido de España en votos y que gobierna en doce comunidades autónomas, y en la mayoría de las capitales de provincia y grandes municipios del país. Con el camino que llevamos sabemos de antemano que no será posible ninguna reforma de las que necesita con urgencia nuestro país. Gobernar en esas condiciones, y con esos aliados, es rigurosamente imposible y es de temer que de levantar un muro pasemos al caos

 

Los hombres han nacido libres, iguales y racionales, debemos organizarnos para que lo sigan siendo. En una primera aproximación, el aspecto sustancial a garantizar es la igualdad  que debe regir en las relaciones entre los hombres con el objetivo de alcanzar la meta de ser igualmente libres. Con estas bases, aparentemente muy simples, se dispusieron a construir este complejo edificio que es el Estado democrático de Derecho.

 

El conjunto de los tres poderes del Estado (legislativo, ejecutivo y judicial) no son un fin en sí mismos sino únicamente un instrumento, de protección y garantía, al servicio de la libertad de los individuos, es decir, de la igual libertad de todos. Las leyes, entendiendo por tales todo tipo de normas jurídicas, sólo serán legítimas si no se desvían de este fin.

 

Sin embargo, esta legitimidad debe asegurarse también desde otra vertiente: el autor de la ley debe ser el pueblo, el conjunto de individuos a quiénes va dirigida y deben respetarla, representados en cámaras y parlamentos designados mediante elecciones libres. Este es el elemento democrático: la mayoría decide las resoluciones a tomar respetando los derechos de las minorías dado que el pluralismo político es un valor central de toda democracia derivado de los derechos fundamentales que garantizan la libertad (de ideas, asociación, reunión y expresión). Por todas estas razones los ciudadanos son libres y los órganos del Estado no.

 

En definitiva el Estado es un ente instrumental y sus órganos —legislativos ejecutivos y jurisdiccionales— están vinculados al fin por el que fueron creados: la protección y garantía de la igual libertad individual. Por tanto, sólo pueden actuar de acuerdo con el contenido de las leyes que siempre serán de conformidad con este fin. Así pues, los órganos estatales no son libres sino que están absolutamente vinculados a lo que ordenen las leyes. Para estos órganos, las leyes no son un límite sino un mandato sustantivo.

 

El individuo está negativamente vinculado a la ley: puede hacer todo aquello que la ley no le prohíba. El Estado, en cambio, está positivamente vinculado a la ley: sólo puede hacer —dentro de un margen de discrecionalidad en la aplicación— todo aquello, y sólo aquello, que la ley disponga.

 

Sin embargo, el indiscutible deterioro que experimenta en la actualidad el régimen constitucional no parece preocupar demasiado a millones de españoles, a la vista de los escrutinios electorales y las encuestas. Son legiones a los que les traen sin cuidado asuntos cruciales como la independencia judicial, la quiebra del principio de igualdad entre ciudadanos, la integridad nacional o la garantía de las libertades.

 

Quienes así se conducen sustituyen su criterio por el del señor al que reverencian, como en el vasallaje feudal. Su apoyo al líder lo es sin fisuras, una lealtad perruna a la que no es posible oponer argumentos solventes o tercas realidades. Intentar persuadirles de la verdad es perder el tiempo: ni escuchan ni quieren escuchar, dado el elevado grado de ofuscamiento o superficialidad que han conseguido alcanzar, potenciado desde el poder político y para el único beneficio de este.

1 comentario en «EN MANOS DE UN PERSONAJE SIN ESCRÚPULO ALGUNO»

  1. El Rey como Jefe del Estado tiene claro lo que quiere y puede hacer en la jornada de inicio de la legislatura, defender la Constitución, la vigencia del pacto de concordia de la Transición y la igualdad entre españoles: «Aquel gran pacto entre los españoles que está en el origen de nuestra democracia [la Transición] no es en absoluto mirar atrás con nostalgia; sí es en cambio una orgullosa y consciente reafirmación de nuestras mejores capacidades como país y del mejor logro que ordena, en nuestros días, la vida de la sociedad española: la Constitución. Y por ello, debemos honrar su espíritu, respetarla y cumplirla».
    Al bajar al detalle de la realidad se percibe un creciente abismo entre lo que predica el Rey y lo que practican el Gobierno y su coalición autodenominada «progresista»
    Ojalá que jamás tenga que aplicarse en España el ultimísimo resorte, el que prevé la Constitución cuando consagra el jefe del Estado como símbolo de la «unidad y permanencia» de la nación y «mando supremo de las Fuerzas Armadas».

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