EL SUELDO POR EJERCER DE ABUELO ESCLAVIZADO

Ante la creciente necesidad de apoyo por parte de los mayores para el cuidado de los niños, estos pueden verse sometidos a una carga excesiva que limita su bienestar

“Hay una diferencia entre cuidar a los nietos de manera puntual y ser la cuidadora principal

 

En Europa uno de cada cuatro abuelos cuida de sus nietos y lo hace una media de siete horas al día, un porcentaje que asciende en periodos vacacionales. El papel de los abuelos en España lleva años evolucionando y diferentes factores demográficos —sube la esperanza de vida y el número de personas mayores aumenta— así como socioeconómicos —la precariedad laboral o el reto de la conciliación— les ha convertido en un pilar fundamental dentro del núcleo familiar.

Se estima que cerca del 35% de los mayores de 65 años se dedican al cuidado de sus nietos varios días a la semana, una actividad que no solo implica un importante acto de amor sino que también refleja una necesidad latente y creciente dentro del tejido familiar español. Lo cierto es que la infancia y la vejez son los polos de la vida y a pesar de su tremenda distancia, ¡qué parecidos! El ritmo sereno y la disposición de tiempo son dos de los elementos comunes. En contraposición al ritmo frenético predominante de esta sociedad, está el suyo, que les permite parar, observar en silencio los detalles y disfrutar de las cosas sencillas y cotidianas.

 

No hay duda de que este es un problema complejo. La creciente dependencia de los abuelos es una clara evidencia de las dificultades existentes para conciliar satisfactoriamente la vida laboral y familiar pero también de que las políticas públicas existentes son claramente insuficientes. A esto, se une el hecho de que en la actualidad se incrementa, no solo la edad de jubilación, sino también las propuestas de extender la vida laboral, por lo que muchas de estas personas mayores se encuentran ante una encrucijada entre sus obligaciones laborales prolongadas y las demandas de cuidado familiar que recaen sobre ellos.

 

Ante esta situación, aparece el llamado síndrome del abuelo esclavizado, que describe una realidad en la que los mayores se ven sometidos a una carga excesiva producida por el cuidado de sus nietos como resultado, en muchas ocasiones, de las necesidades económicas de la familia que no puede permitirse otras opciones o de la falta de servicios de cuidado infantil accesibles y asequibles para las familias. De esta manera, lo que inicialmente nace como un gesto de amor y apoyo intergeneracional, que también les ayuda a mantenerse física y emocionalmente activos, se puede terminar convirtiendo en una obligación abrumadora, que acaba por limitar la libertad y el bienestar de los mayores.

 

Por ello, algunos abogan por el reconocimiento financiero de esta labor, abriéndose así importantes debates sobre cómo las políticas públicas pueden abordar el cuidado no remunerado y apoyar modelos de soporte intergeneracional. A la vez, los casos en los que los abuelos obtienen la custodia de sus nietos debido a la incapacidad de los padres de asumir sus responsabilidades, ya sea por factores económicos, de salud, o legales, ha alterado el panorama jurídico y social.

 

Un ejemplo es la sentencia pionera de la Audiencia de Pontevedra en octubre de 2023 que obliga a los padres a pagar una pensión alimenticia de 500 euros a sus hijos bajo custodia de los abuelos y establece un calendario de visitas regular. Estos padres, tras su separación en 2016 y la posterior desatención de los menores, vieron cómo los abuelos asumieron el cuidado completo. Tras presentar una demanda en el verano de 2022, la justicia otorgó la custodia a los abuelos, manteniendo a los padres con patria potestad pero con visitas reguladas y la obligación de contribuir económicamente al sustento de los niños, marcando un hito en el enfoque jurídico hacia la protección de los menores y el papel de los abuelos.

 

La situación demográfica en España está marcada por una natalidad en declive —menos de 900 bebés naciendo cada día y una tasa de fecundidad de 1,3 hijos por mujer— y una población cada vez más envejecida. Esto subraya la necesidad, no sólo de políticas efectivas de conciliación familiar y laboral, que alivien la presión sobre los abuelos y al mismo tiempo promuevan un aumento de la natalidad. También es crucial abordar los obstáculos económicos que desalientan a las familias jóvenes, como la inseguridad laboral y los problemas de acceso a la vivienda.

 

Un pseudoempleo

El cuidado de nietos de forma organizada y saludable puede ser una motivación para quienes afrontan las últimas etapas de la vida, pero siempre y cuando no descuiden sus propias necesidades. Con una jubilación más que merecida tras décadas de trabajo, están en su perfecto derecho de gozar de tiempo libre, frecuentar amistades, practicar deportes o, sencillamente, no hacer nada. Lo que no es de recibo es que a esas edades siga recayendo sobre sus espaldas la misión de una nueva crianza infantil que, en honor a la verdad, no les corresponde ni por obligación ni por devoción.

 

No cabe duda de que el contacto entre generaciones es sumamente positivo desde el punto de vista emocional, pero sería deseable que no degenerara en una especie de pseudoempleo, con el consiguiente estrés adicional asociado a su obligatoriedad. No es infrecuente encontrar hoy en día a personas de entre 65 y 75 años completamente desbordadas por esta nueva ocupación. Obsesionadas por no defraudar las expectativas de sus propios hijos e hijas, semejante exceso de responsabilidad les supone un lastre que puede llegar a provocarles trastornos en la salud.

 

Una jornada tipo suele iniciarse a muy temprana hora, llevando a los menores al colegio o a la guardería. A veces les recogen al mediodía y, después de darles la comida, les devuelven nuevamente a los centros escolares hasta que finalizan las clases. A partir de entonces, vigilan sus juegos en calles y plazas y no es raro verles fracasar en el intento de alcanzar a los chiquillos cuando se arrancan a correr. A última hora de la tarde recalan en su domicilio, donde acuden al rescate unos padres habitualmente cansados que limitan su contacto paternofilial a la hora del baño y la cena. Así, hasta el ansiado fin de semana cuando, como ulterior signo de inmolación afectiva, se vuelven a hacer cargo de las criaturas alguna noche de viernes o sábado para que sus progenitores puedan desconectar de la rutina merced a algunas variantes del ocio, que van desde la cena romántica al estreno cinematográfico, pasando por la cura de sueño.

 

Este fenómeno se manifiesta de modo preocupante desde el momento en que no se recurre a ellos de forma ocasional y voluntaria, sino permanente y obligatoria. En otras palabras, que esa colaboración resulta imprescindible para que la economía de sus hijos no quiebre y, por lo tanto, su disponibilidad debe ser completa y, sobre todo, gratuita, pero ya se oyen voces de “víctimas” que reclaman una retribución económica compensatoria por sus servicios.

 

El fenómeno de los denominados “abuelos esclavos”, lejos de reducirse, va a más, pese a que sólo una de cada nueve personas mayores que cuida de sus nietos lo hace por decisión propia. Los demás se sienten obligados a hacerse cargo de ellos, y alrededor de un 22 % lo hace durante más de siete horas al día. Y es que, desde la incorporación de la mujer al mercado laboral, el rol de abuelas y abuelos ha variado sustancialmente y no pocos se han transformado en cuidadores habituales de los más pequeños de la casa, hasta el extremo de convertirse en auténticos padres y madres sustitutos.

 

Desde la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) recomiendan cuidar la comunicación con los hijos para informarles de cualquier problema que pueda surgir, tener un espacio y tiempo propio, conocer las condiciones de salud de cada uno y hasta dónde se puede llegar, y lo más importante, aprender a decir “no” a los hijos.

 

“Es importante que señale sus límites desde el primer momento y que los deje claro desde el principio. Que diga, ‘podré estar con los nietos un día a la semana que será el martes’, por ejemplo, o ‘todos los días de 10 a 12, pero luego no’, porque luego siempre vendrán excepciones y tendrá muchas veces que cubrir esas excepciones, pero que pacte muy bien con sus hijos. Decir, ‘Oye, sí que quiero o no quiero, pero y sí quiero en estas condiciones’”, explica el presidente de la SEGG. “Además es importante que entienda que no está haciendo nada malo haciendo eso, sino que está haciendo una cosa muy buena para todos, porque cuando ellos están sobrecargados también cuidan mal al nieto. No hay nada negativo en marcar límites”, afirma.

 

 

Los abuelos “tóxicos”

Aún con los mejores deseos, los abuelos pueden cometer errores cuando, al fin y al cabo, están llevando gran parte del peso del cuidado y educación de sus nietos y pasan más tiempo con los niños que sus propios padres. Los abuelos tóxicos son esas figuras que manipulan, dividen o desacreditan a sus hijos o a las parejas de sus hijos, confundiendo al niño o a la niña. Pueden llegar a apropiarse de la crianza al asumir ellos las decisiones propias de los padres, sin consultar con estos.

 

Algunos de los comportamientos más comunes que desarrollan los abuelos tóxicos son los siguientes:

 

  • Siempre niegan que cuando ellos eran los padres cometieran ningún error durante la crianza de sus hijos.
  • Creen tener derecho a pasar todo el tiempo que consideren con sus nietos, independientemente de las necesidades de estos o de las circunstancias de la familia.
  • Si por cualquier causa no están todo el tiempo que desean con sus nietos, acusarán a los adultos de ser los culpables de ello y de hacerlo con mala fe, para herirles.
  • Pueden llegar a enemistar a los menores con sus padres, para los pequeños es una situación angustiosa que no beneficia a su desarrollo emocional saludable.
  • Tratan de comprar el afecto de sus nietos con regalos materiales, de forma continua, objetos y artículos para los que habría sido correcto pedir permiso a los padres de los niños.
  • Sobrepasan los límites de la crianza, malcrían y consienten a los niños aún pasando por negativas previas de sus padres, lo que influye muy negativamente en la educación y el comportamiento de los menores.
  • Provocan que sus nietos compitan por ser “su favorito” sin percatarse que competir por el afecto de alguien es muy dañino para la salud emocional de los niños.
  • Con la excusa de querer lo mejor para los nietos pueden ser críticos y crueles y llegar incluso a manipularles emocionalmente.
  • Pueden llegar a desacreditar como padre o madre incluso delante de tus propios hijos porque ellos están convencidos de saber con certeza siempre, que es lo mejor para los menores, aunque sea justo lo que les has indicado que por favor no hagan.

 

Los abuelos tóxicos pueden provocar situaciones muy complicadas en el seno de la familia llegando incluso a generar conflictos difíciles de solucionar.

 

La mayor parte de las veces, los abuelos actúan sin mala intención y puede pasar que desde el desconocimiento y tratando de ayudar, hayan cometido algún error que se soluciona con diálogo y respeto. Para evitar todo esto, lo mejor es dejar claro cual es el espacio de cada uno y cuales son las líneas rojas que no se deben cruzar en la crianza de los niños.

 

¿Debería el estado compensar económicamente a los abuelos que cuidan a sus nietos?

El semanario británico The Economist  ha dedicado un artículo especial al papel de los abuelos en la economía de cuidados en diferentes rincones del planeta bajo el título ‘The Glory of the Grandparents’ (La gloria de los abuelos). En él, concluye que cuidar a los pequeños de la casa “es un trabajo duro” que debería ser remunerado económicamente, incluso con ayudas estatales. El semanario británico considera que los Estados de los diferentes países debería contribuir a pagar de manera directa o indirecta a los cuidadores principales, que en muchos casos son los abuelos.

 

El cambio demográfico es demasiado gradual para ser visible día a día, pero la gente vive ahora 20 años más que en 1960, y las mujeres tienen la mitad de hijos. Y ello concluye en que hay muchos más abuelos que antes pero muchos menos nietos a los que adorar. La cantidad de abuelos en el mundo se ha triplicado aproximadamente desde 1960, a 1.500 millones, y la proporción de abuelos a niños menores de 15 años ha aumentado de 0,46 en 1960 a 0,8 en la actualidad. Esto es importante porque los abuelos transmiten conocimientos y tradiciones y mantienen los vínculos familiares con el pasado. Más importante aún, ayudan a criar a los niños y liberan a los padres y madres para que trabajen fuera del hogar.

 

 

 El cuidado de los abuelos para los padres: los abuelos aman a los niños, no necesitan cobrar y, a menudo, están disponibles con poco tiempo de aviso. Numerosos estudios encuentran que las madres con abuelos-niñeros ganan más de lo que ganarían de otra manera. El cuidado de los abuelos también es bueno para los nietos. En algunas partes de África, la presencia de una abuela hace que sea más probable que un niño sobreviva. En el mundo rico no está claro si la presencia de los abuelos aumenta los puntajes académicos o las habilidades sociales, pero ciertamente no los perjudica.

 

El cuidado de los abuelos tiene algunas desventajas. Las familias que dependen de él tienen menos probabilidades de mudarse a otra ciudad en busca de un mejor trabajo. Además, los abuelos a menudo se jubilan temprano para tener tiempo para sus nietos y si esto es voluntario es correcto, pero significa que las ayudas para ayudar a los padres se ven parcialmente contrarrestadas por el hecho de que los abuelos abandonen su vida activa laboral. Criar hijos es un trabajo duro y quienquiera que lo haga, el Estado debe ayudar. Los abuelos que son los cuidadores principales deberían recibir estas ayudas, y el dinero gastado en el cuidado de los nietos debería ser deducible de impuestos, de modo que el sistema no favorezca el cuidado informal sobre el formal. Mientras tanto, las familias con abuelos vivos deben regocijarse por su buena fortuna

 

ENLACE A LA INVESTIGACIÓN

https://www-economist-com.translate.goog/international/2023/01/12/the-age-of-the-grandparent-has-arrived?_x_tr_sl=en&_x_tr_tl=es&_x_tr_hl=es&_x_tr_pto=sc

 

 

El sueldo que deberían cobrar los abuelos por cuidar a los nietos

De acuerdo con el análisis de la web Prontopro, un abuelo debería cobrar al menos 2.964 euros mensuales

 

¿Cuánto debe cobrar un abuelo? Seguro que esta pregunta se ha formulado en más de una ocasión entre familiares y amigos intentando, a buen seguro, valorar como merece el trabajo que muchos abuelos realizan ayudando a criar a sus nietos. Ser abuelo es, cada vez más, un trabajo. Un ‘trabajo’ nunca remunerado que hacen con alegría… o sin ella, porque los cuidados es una tarea cansada y poco valorada. Ahora, un portal ha calculado cuánto deberíamos pagarles por encargarse de sus nietos durante el verano. Y no es poco.

 

El verano es la época del año en la que los abuelos cobran un papel activo. Son ellos los que asumen la atención de los nietos mientras los padres trabajan. Los llevan a extraescolares, los entretienen y realizan tareas domésticas. Un trabajo a tiempo completo por el que en España no se recibe ninguna retribucición, pero que otros países han comenzado a pagar: en Italia, recientemente se ha anunciado un ‘bono niñera’, ayuda económica que recibirán los abuelos que cuiden de sus nietos menores de 12 años. Porque los abuelos son chefs, animadores, conductores e incluso profesores particulares.

 

De acuerdo con el análisis de Prontopro, un abuelo debería cobrar hasta 2.964 euros mensuales. El cuidado diario de los niños, sin embargo, es una de las tareas más difíciles de monetizar, debido a los términos de tiempo y responsabilidad, siempre variables. Se pueden cuantificar las horas dedicadas al juego y a la diversión que hacen que los abuelos sean los artistas perfectos: por una hora de trabajo, un animador gana un promedio de 45 euros. ¿Y cuántos abuelos, cuando están en casa con sus nietos, aprovechan la oportunidad para cocinar una comida caliente para toda la familia y luego ayudan a arreglar la casa? En este sentido, si un cocinero gana en promedio 50 euros por persona, un trabajador doméstico gana alrededor de 13 por hora.

 

Si a esto se agrega la presencia de alguna mascota, por lo menos 400 euros mensuales deben agregarse. Incluso el rol de conductor privado se vuelve indispensable para acompañar a los niños al pediatra o a las clases extraescolares: en promedio, se necesitan al menos 6 horas a la semana para este propósito por una tarifa por hora de 20 euros. Hay muchos niños que aprovechan el conocimiento y la participación directa en los eventos históricos de sus abuelos para aprender más: por una hora de apoyo en el estudio de la historia, un tutor privado gana en promedio 15 euros.

 

A esto debemos sumar la necesidad de apoyar psicológicamente a los niños a esta nueva situación. Un psicólogo gana 50 euros por hora. También hay que tener en cuenta el tiempo que gastan en la conducción. Un chófer puede ganar hasta 20 euros por hora. Sin olvidar la faceta de profesores de repaso que más de uno deberá tomar, especialmente en estos tiempos de pandemia donde se han atrasado materias de forma considerable. Un tutor profesional cobra 15 euros la hora.

 

 

 

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