EL GOBIERNO LLEVA AL COLAPSO A LAS INFRAESTRUCTURAS CLAVE

El manguerazo de fondos en la alta velocidad: un 25% más de lo previsto… ¿para qué?

El tren de alta velocidad sirve de hilo conductor para relatar el despegue y la degradación de un país. Fue un martes 21 de abril de 1992 cuando el AVE circuló por primera vez con pasajeros. Viajó de Madrid a Sevilla, replicando el mismo trayecto que habían hecho una semana antes las autoridades, en el estreno oficial.

Avanzaba el año de las Olimpiadas y la Expo, y España se mostraba ante el mundo como una nación preparada para el despegue económico. Esa ambición implicaba apostar con decisión por las infraestructuras, vitales para cohesionar el territorio y sostener el crecimiento del PIB.

El AVE acabó convirtiéndose en un símbolo de la mejor España, por la puntualidad, la calidad y la fiabilidad del servicio. En 2010, nuestros trenes de alta velocidad se coronaron como los más veloces del mundo y los segundos más puntuales, sólo superados por Japón.

Desde el estreno en 1992 hasta ese récord mundial, la economía española había pasado por una fase de desarrollo sólido, en la época de Aznar, dominada por las privatizaciones; y otra de crecimiento desmedido al calor del ladrillo, con José Luis Rodríguez Zapatero al timón. Lo que sucedió después es conocido: España se hundió en una doble recesión y alcanzó otro récord a nivel europeo: 6,2 millones de parados a principios de 2013.

Aún así, los españoles podían seguir sacando pecho de sus trenes. En 2017, los AVE volvieron a marcar el mismo hito de puntualidad, por debajo del rival nipón. Poco después, Pedro Sánchez se instaló en La Moncloa y, a partir de ahí, comenzó el declive. La alta velocidad española tocó fondo la tarde del 18 de enero de 2026. En la misma línea construida para la Expo se mataron 45 personas y todos los indicios apuntan a un desperfecto en la vía como causa.

La tragedia es el símbolo del deterioro galopante de las infraestructuras en España. El problema no está acotado a la red ferroviaria. Se extiende a otras infraestructuras clave, como la red eléctrica, las carreteras o los servicios sanitarios. Y todas las deficiencias conducen a una causa central: la gestión política de los recursos básicos.

«Sufrimos un deterioro de las infraestructuras impropio de un país desarrollado», confiesa un ex alto cargo que conoce al dedillo las empresas públicas del Estado. «Tenemos un problema sistémico», añade.

En menos de nueve meses, España ha proyectado al mundo una imagen lamentable de fragilidad. El 28 de abril de 2025, la nación entera se quedó a oscuras por un apagón. La noticia fue portada en ‘The New York Times’. Este domingo, 265 días después, la prensa internacional se hizo eco de la tragedia ferroviaria en un país que recibe 94 millones de turistas.

Los dos hechos tienen en común el estado de las infraestructuras estatales y su gestión. En el caso del apagón, las eléctricas tienen claro el motivo: la falta de anticipación del operador del sistema, constreñido por una decisión política (la apuesta por las energías renovables y el desprecio de otras fuentes como la nuclear o el gas).

Ni siquiera el bochorno del apagón ha servido para que el Gobierno replantee su postura sobre las centrales nucleares, que cuentan ya con el apoyo explícito de Bruselas. Al contrario, Moncloa mantiene su guerra contra los combustibles fósiles (son conocidos los ataques a empresas como Repsol); y ha respaldado recientemente la bajada de la retribución de las inversiones en las redes que realizan las eléctricas.

Esta última decisión, según las empresas, anticipa no sólo futuros problemas en el sistema; también dificulta que las grandes tecnológicas instalen en España sus centros de datos, que requieren mucha energía y conexiones fiables. Según un informe de Aelec, el 83,4% de las infraestructuras de transporte de electricidad están saturadas. La patronal que agrupa a Iberdrola, Endesa, Naturgy y EDP puso el grito en el cielo hace cuatro meses; y alertó de que la congestión impide conectar nueva demanda en los nudos afectados.

Casualidad o no, en las mismas fechas, Portugal ha elevado la retribución de la inversión en las redes. El Gobierno luso, mucho más práctico, no sólo busca garantizarle a sus ciudadanos el funcionamiento de sus infraestructuras; también intenta atraer las inversiones -de Google, Amazon o Microsoft- que podrían huir del país vecino.

Sesgo político en las decisiones

Algunas fuentes empresariales achacan las decisiones no sólo a la falta de capacidad de gestión, sino a una idea incrustada en el ‘ADN’ de la coalición: las empresas energéticas se forran. El propio presidente del Gobierno llegó a llamar «señores del puro» a los directivos que las gestionan.Esa visión es extensible a las compañías que realizan obra civil. Casualidad o no, la red española de carreteras también presenta deficiencias alarmantes. La Asociación Española de la Carretera (AEC) presentó un informe el pasado julio con una advertencia: el 52% de las vías presentan graves deterioros.

El número de carreteras en esas condiciones se ha triplicado desde 2022 y la causa está clara: la falta de inversión. Para revertir la situación, la AEC asegura que habría que invertir más de 13.000 millones (un tercio en la red nacional y otros dos en las autonómicas).Salvando las distancias, el sistema sanitario constituye otro ejemplo de dejación. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) calcula que España invierte un 20% menos que la UE por habitante (2.822 euros anuales frente a una media comunitaria de 3.533). Los centros médicos y los hospitales también son infraestructura; y a la vista están las colas de pacientes y las listas interminables de espera.

La falta de respuesta ante tantos desafíos no obedece tanto a la escasez de fondos como a la ineficiencia de la gestión política. Son problemas identificados que requieren una anticipación. El Instituto de Estudios Económicos (IEE) asegura que nuestro país presenta un ‘stock’ de capital per cápita un 25% inferior al de la UE. El ‘think tank’ de CEOE se refiere con ese término al valor acumulado de las infraestructuras en relación con la población. Este indicador sirve para efectuar una comparativa con otros países y está incluido en un informe titulado ‘La inversión en infraestructuras: el modelo concesional como palanca del crecimiento económico y social’. El IEE recuerda que en los países avanzados «es necesario tener un elevado nivel de capital en infraestructuras, en términos de población ocupada, para seguir manteniendo tasas de crecimiento de la producción y del empleo».

Más población que infraestructuras

Dicho de otro modo, la inversión en infraestructuras -tanto en nuevas como el mantenimiento de las existentes- debe avanzar de forma paralela al crecimiento económico y demográfico. En España ha ocurrido lo contrario: según el INE, desde que gobierna la coalición, hay tres millones más de habitantes y el PIB ha crecido en casi 400.000 millones en términos absolutos. Pero las infraestructuras no han crecido a la par.

En ello han influido dos factores. La primera es la odisea que ha sufrido Pedro Sánchez para gobernar. El líder socialista sólo ha sido capaz de sacar adelante en el Congreso tres Presupuestos Generales del Estado (los últimos se aprobaron en 2022). Y las cuentas estatales, ya se sabe, sirven para adaptar el gasto público a la realidad de cada momento. La segunda tiene que ver con las prioridades de gasto. Dinero ha habido, sobre todo, desde 2021, cuando la Unión Europea puso a disposición del Gobierno 140.000 millones de fondos Next Generation (la mitad prácticamente en subvenciones y la otra en préstamos). Pero el Ejecutivo ha sufrido -y sigue sufriendo- para ejecutar las ayudas y ha renunciado directamente a los créditos.

Durante su mandato, Sánchez ha agrandado la bolsa de ayudas y subvenciones a una parte de la población, ha engordado la estructura del Estado y ha repartido a discreción fondos a Cataluña a cambio de oxígeno político. El AVE que partió de Madrid a Sevilla el 21 de abril de 1992 abrió el camino a la vertebración del territorio con mejores infraestructuras. Las decisiones políticas adoptadas desde 2018 han contribuido a que España sea un país menos desarrollado de lo que parece.

Fuente: La regresión de España: el Gobierno lleva al colapso a las infraestructuras clave | Vozpópuli

 

0 0 votes
Article Rating
Suscribirme
Notificarme de
guest
0 Comments
Recientes
Antiguos Más Votado
Inline Feedbacks
View all comments