El Gobierno de Merz lanza una polémica reforma de las pensiones
La pensión media aumentará en línea con el salario medio
Recientemente se ha prestado mucha atención al retroceso de la reforma de las pensiones del presidente Macron en Francia. Sin embargo, el retroceso aún más significativo en materia de pensiones en Alemania ha pasado casi desapercibido»,
Hay pocas jornadas en las que la sostenibilidad de las pensiones y la brecha generacional no ocupan titulares destacados en la prensa económica en Europa. Hace escasos días, la OCDE ha vuelto a señalar especialmente a España en esta delicada materia. En Francia, el debate sobre las pensiones se ha convertido en una cuestión de Estado.
Sin embargo, en medio de toda esta discusión, han pasado más desapercibidas las implicaciones de la reforma parcial de las pensiones que se ha anunciado en Alemania y que hacen a Berlín tirar del generoso estímulo fiscal que ha aprobado el país para salir de la parálisis económica y ‘competir’ en un mundo cada día más complejo.
Sin embargo poco se ha hablado de las pensiones de Alemania, si acaso, alcanzó cierto eco mediático la iniciativa de poner 10 euros al mes en un fondo de inversión a cada niño buscando ayudar a la sostenibilidad de las pensiones públicas. También se habló de la nueva modalidad de jubilación activa (Aktivrente) para que quienes alcancen la edad legal de jubilación y decidan continuar trabajando puedan ganar hasta 2.000 euros al mes libres de impuestos -además de su pensión habitual- si permanecen empleados.
El Parlamento alemán comenzará pronto a debatir un paquete de medidas sobre pensiones aprobado por el Gobierno de Gran Coalición entre democristianos y socialdemócratas que garantiza que la pensión media aumentará en línea con el salario medio hasta 2031. Esto suspende de facto un mecanismo de sostenibilidad introducido en 2004 manteniendo el crecimiento de las pensiones por debajo del crecimiento de los salarios. Además, Berlín tiene previsto complementar las pensiones de las madres que dejaron de trabajar para criar a sus hijos antes de 1992.
El gran vector de la reforma es que se mantendrá por ley hasta al menos 2031 que la pensión pública básica garantice un nivel equivalente al 48% del salario medio neto del trabajador durante su vida laboral. Para hacer frente a este mayor gasto, se aumentarán las cotizaciones a la Seguridad Social: la contribución aumentará en 0,2 puntos porcentuales a partir de 2027 (subiendo del 18,6% a 18,8%) compartidos entre trabajador y empleador. Pero esta medida se aplicará solo hasta 2031 aunque inicialmente se preveía hasta 2040 y a partir de ese punto se debatirá una reforma integral del sistema de pensiones. Esto supondría un coste adicional de hasta 120.000 millones de euros de fondos fiscales para esa fecha. Los expertos han concluido que estas medidas del gabinete Merz son al menos tan costosas (si no más) que las adoptadas en Francia.
Las estimaciones oficiales sugieren que el paquete de pensiones de Merz añadiría un 0,2% del PIB al gasto en pensiones de Alemania para 2028. En 2035, el gasto en pensiones sería un 0,4% del PIB superior al de un escenario de política constante. En comparación, se espera que la suspensión de la reforma de las pensiones de Macron añada un 0,1% del PIB al gasto en pensiones para 2027 y, suponiendo que la reforma se restablezca en 2028, el gasto a partir de entonces no se vería afectado. Una suspensión indefinida de la reforma de Macron dejaría el gasto en pensiones en 2035 en torno a un 0,4% del PIB más alto en 2035, al igual que el paquete alemán.
Cunde una cierta sensación de urgencia en torno a las medidas sobre las pensiones: Merz insiste en que deben aprobarse antes de que acabe diciembre.
El enfoque del gobierno parece estar cambiando de los planes de inversión en infraestructuras a las conversaciones sobre el futuro del estado del bienestar y se prevee que el impulso del estímulo fiscal será decepcionante
El principal organismo asesor económico del país ha hablado en plata: la economía alemana se recuperará lentamente de más de cuatro años de estancamiento, ya que el canciller Merz corre el riesgo de desbaratar su plan de inversión de un billón de euros financiado con deuda.
El panel de cinco economistas académicos advirtió de que parte del nuevo margen de maniobra fiscal se estaba utilizando para financiar «medidas dudosas», como las citadas pensiones más altas para madres que no trabajan y mayores incentivos fiscales para quienes viajan diariamente al trabajo, expresó el consejo en su informe económico anual de 600 páginas.
La crítica se hacía eco de preocupaciones similares planteadas por el Bundesbank y otros centros de estudios económicos destacados, que señalan Las agencias de calificación y análisis para inversión pública advierten de que, aunque el plan de endeudamiento para defensa/infraestructura podría ayudar, la combinación con un sistema de pensiones más costoso complica la sostenibilidad fiscal: prevén un aumento del déficit estructural, y un aumento sostenido de la deuda como proporción del PIB, lo que a la larga podría limitar la capacidad del Estado para asumir nuevos compromisos.
Aunque la ratio de deuda pública alemana es envidiable desde latitudes como España o Francia (donde la normalidad son los tres dígitos ya) los problemas se acumulan y este debate sobre la reforma de las pensiones es la punta de un iceberg que comparten muchas economías desarrolladas: un envejecimiento notable de la población que complica la sostenibilidad de generosos sistemas pergeñados en épocas de bonanza y con la perspectiva de un futuro mejor para todos. La deuda pública podría superar el 85% del PIB para 2035, en comparación con el 63% de este año. A menos que el gobierno cambie de estrategia.
Se prevé que la población en edad de trabajar se reduzca en un 20% para 2050, según el escenario de referencia de las Naciones Unidas, lo que implica un aumento de la tasa de dependencia de las personas mayores de aproximadamente 0,4 a 0,6, así como una disminución de la tasa de empleo en relación con la población. «En consecuencia, esto supondrá una mayor presión sobre las pensiones y, a menos que el crecimiento de la productividad repunte de forma milagrosa, el crecimiento del PIB per cápita seguirá disminuyendo. Esta dinámica, asimismo, agrava la actual escasez de mano de obra», sentencia un reciente informe de BCA Research.



