Algunos países del este de Europa ya superan a España en sueldos debido a dos décadas de estancamiento de la productividad.
El discurso oficial sobre la evolución de los salarios en España no cuadra con los datos. El Gobierno presume de subidas salariales y de un crecimiento económico que, según sus portavoces, está mejorando la vida de los españoles. Los números cuentan otra historia: el salario neto en términos reales —descontando inflación e impuestos— del trabajador medio se sitúa por debajo del nivel que tenía en 2018, cuando Pedro Sánchez llegó al poder. Lo que sí ha crecido con fuerza en ese periodo son las cotizaciones sociales y la carga del IRPF.
La estructura de la declaración de la renta ilustra hasta qué punto los salarios en España siguen siendo bajos en términos comparativos. El 75% de los declarantes ingresa menos de 30.000 euros brutos anuales. Solo un 5% supera los 60.000 euros. Son cifras que, vistas desde Dinamarca, Irlanda, Alemania o los Países Bajos, resultarían difíciles de creer para un país que lleva años presentando datos de crecimiento del PIB por encima de la media europea.
Carga fiscal
Parte de la explicación está en cómo ha evolucionado el reparto del salario bruto entre lo que el trabajador percibe y lo que se queda el Estado. Desde 2018, la suma de IRPF y cotizaciones sociales ha crecido de forma sostenida, mientras el salario neto real ha retrocedido. El mecanismo es conocido pero raramente reconocido por los gobiernos: no ajustar la tarifa del IRPF a la inflación equivale a subir los impuestos sin necesidad de aprobar ninguna ley. El trabajador que gana nominalmente más entra en tramos superiores y paga un porcentaje mayor, aunque su poder adquisitivo real no haya mejorado
A eso se suman las sucesivas subidas de cotizaciones sociales, impulsadas en buena medida por la reforma de pensiones, que ha intentado tapar parte del déficit de la Seguridad Social exclusivamente por la vía de incrementar las aportaciones de empresas y trabajadores. El resultado es que una porción creciente del coste laboral no llega al bolsillo del empleado ni aparece en las estadísticas de salario medio que maneja el Gobierno en sus comparecencias públicas.
España se aleja de Europa
La comparativa europea añade una perspectiva estructural que va más allá de la gestión de cualquier gobierno concreto. Según datos de Eurostat sobre salario medio de empleado a tiempo completo, la media de la UE-27 se sitúa en torno a los 39.000 euros anuales. España queda significativamente por debajo, en una posición que no ha mejorado en las últimas décadas y que, si se analiza la tendencia, se ha ido deteriorando en términos relativos respecto a los países más ricos del bloque.
Lo más llamativo es que varios países del este de Europa —República Checa, Polonia, los países bálticos— han superado ya a España en términos de salario medio real. Son economías que hace 20 años estaban muy por detrás y que han crecido en productividad a un ritmo que España no ha logrado igualar. El estancamiento salarial español no es, por tanto, un fenómeno coyuntural ligado a una crisis o a un ciclo político concreto: es la consecuencia acumulada de dos décadas sin mejoras sustanciales de productividad.
El crecimiento económico reciente, además, tiene un componente extensivo importante. España ha aumentado su PIB en parte porque ha incorporado más trabajadores, muchos de ellos llegados en los últimos años, pero el salario medio por trabajador no ha mejorado en términos reales. El ciudadano que lleva una década en el mercado laboral, paga alquiler, asume los costes de suministros básicos y descuenta impuestos e inflación, no dispone de más renta que hace ocho o diez años. Esa es la razón por la que las encuestas sobre optimismo económico de las familias no reflejan el relato triunfalista del Gobierno: la percepción de los hogares responde a su experiencia real, no a las cifras macroeconómicas.
Fuente: Del discurso oficial a los salarios reales: ¿cobramos más que en 2018? – Libre Mercado


