¿CINE A DOS EUROS? DEMOCRACIA Y PRIVILEGIOS GENERACIONALES EN ESPAÑA

 

La libertad, como el aire, solo se vuelve tangible cuando falta.

La brecha generacional no es solo económica, es también de valores.

 

El conflicto de clase en la España contemporánea es también un conflicto generacional. Es entre una clase propietaria cercana a la jubilación o ya pensionista, con una renta mediana de unos 40.000 euros por hogar, y una clase inquilina que tiene una renta mediana de 28.000 euros por hogar.

 

Es entre unas clases productivas que llevan años con los salarios reales prácticamente congelados y una clase jubilada que es el único colectivo que no ha perdido poder adquisitivo desde la crisis financiera y que tiene la renta y la riqueza más altas. Desde la revalorización de las pensiones, las pensiones de jubilación de los nuevos beneficiarios están ya por encima del salario medio en España. Los pensionistas son, desde el fin de la pandemia, el grupo social con más consumo de España, con un 16% más que los trabajadores.

El otro día, el Gobierno anunció que dedicará 12 millones a subvencionar el cine a dos euros (solo los martes) para los pensionistas. El problema no es la cantidad de dinero, sino su dirección: es un privilegio más para una clase privilegiada pues hay que distinguir entre renta y riqueza Evidentemente hay pensionistas pasándolo mal, pero en general es una clase con una tasas de propiedad cercanas al 100%, con un nivel de ahorro muy alto.

 

Hace poco en una Encuesta de Valores el CIS catalán preguntó a los encuestados si preferirían vivir en un país gobernado democráticamente, aunque no garantice un nivel de vida adecuado a sus ciudadanos, o vivir en vivir en un país capaz de garantizar un nivel de vida adecuado a sus ciudadanos, aunque no sea del todo democrático. La diferencia de las respuestas era generacional. la primera opción era mayoritaria entre los nacidos durante el franquismo, mientras que la segunda lo era entre los que vinieron al mundo tras la muerte del dictador. Resulta que los más mayores (+65 años) eran quienes más valoraban la democracia. Mientras que los más jóvenes (16-24 años), los que más valoraban el nivel de vida. Y el punto de inflexión se situaba precisamente entre los nacidos en los años de la Transición.

 

Pero es comprensible la brecha generacional sobre ese dilema. Las generaciones que no vivieron la democracia la valoran positivamente. Las generaciones que crecieron en democracia, en cambio, quizá la dan por sentada. Y, sobre todo, les suena más a un ideal abstracto que a un sistema que mejora sus vidas. La brecha generacional en España no es solo económica sino también de valores. Los jóvenes creen menos en la democracia porque creen que tienen menos que ganar en ella. Es una perspectiva deprimente para el futuro de un país.

 

Los más mayores son un grupo de edad mucho más numeroso que el de los jóvenes: 10 millones frente a 6. Según el INE los jóvenes votan menos que los mayores y se abstienen mucho más: entre 18 y 29 años casi el 20% no suelen votar y casi el 10% lo hace en blanco.

 

Se contrapone la precariedad de la juventud al aumento de las pensiones, un supuesto enfrentamiento entre generaciones que parece abocar a tener que elegir entre la protección de uno u otro. El debate público ha coronado a dos grandes protagonistas de las cuentas públicas. Los pensionistas y los jóvenes, que muchos discursos enfrentan como dos actores opuestos en clave de “conflicto intergeneracional”: el Estado protege a los primeros e “hipoteca” o condena a los segundos. La confrontación aunque se basa en algunas cuestiones ciertas se utilizan para enfrentar a ambos colectivos. De fondo, se pone en cuestión la viabilidad del sistema público de pensiones.

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