BREVE DICCIONARIO DE VERGONZOSOS EUFEMISMOS SANCHISTAS O ALICIA EN EL PAIS DE LAS MARAVILLAS

El Gobierno es hoy una escuela de traductores para débiles mentales, a los que hay que mantener la moral de victoria. Lo mejor es cambiar el nombre a los problemas.

 

“Cuando yo uso una palabra —insistió Humpty Dumpty con un tono de voz más bien desdeñoso— quiere decir lo que yo quiero que diga…, ni más ni menos.

—La cuestión —insistió Alicia— es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes…

—La cuestión —zanjó Humpty Dumpty— es saber quién es el que manda…, eso es todo.”

Alicia a través del espejo. Capitulo 6

 

Los políticos no solo convencen a la ciudadanía apelando a la lógica y argumentos racionales (logos aristotélico), sino también a las emociones que se genera en la audiencia (pathos). Y, si de emociones se refiere, tendrá menos impacto para el ciudadano oír hablar de ‘reforma fiscal’ que de ‘subida de impuestos’, por ejemplo.

 

Esta historia es de “rodeos” para evitar una palabra concreta, para negar que se quiere obviar un término, y para tratar de sortear las consecuencias de esa realidad. Ocurrió durante la crisis económica; también cuando se aprobaron nuevas restricciones por la pandemia; y, más recientemente, con los pactos de investidura de Pedro Sánchez con el apoyo de los independentistas catalanes del “proces”. Son los eufemismos de la política.

 

Un eufemismo se define como “palabra o expresión que se usa para suavizar o hacer más aceptable una información, que reflejada de una manera más directa o franca pudiera causar rechazo en la audiencia”. Con ellos, el emisor intenta que el receptor distraiga su mirada y la dirija hacia otro lado, de modo que no sea consciente de lo que se está diciendo en realidad. De ahí los rodeos.

 

Existen tres motivos por los que los políticos recurren a los eufemismos: “escamotear algún aspecto lesivo de la realidad que les toca administrar, distraer a los administrados con debates superficiales y evasivos de la realidad o engañar a los ciudadanos sobre sus intenciones y actuaciones cuando no les queda más remedio que lesionar a alguna parte de la sociedad”.

El eufemismo resulta útil, eso sí, solamente durante un tiempo. porque todo eufemismo acaba nombrando aquello que pretendía evitar. ¿Ejemplo? “Ahora ya oímos ‘amnistía’ que sustituye a “desjudicialización”.

 

 

 

Lo cierto es que han tenido que transcurrir bastantes semanas para que el presidente del Gobierno en funciones y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, admita en público que está negociando el apoyo de las fuerzas independentistas catalanas –Junts y Esquerra Republicana– a su investidura. Queda claro, por tanto, que la amnistía a todos los encausados por el referéndum ilegal del 1-O del 2017 está sobre la mesa y, por supuesto, también la celebración de un referéndum de autodeterminación. Los esfuerzos dialécticos del propio Sánchez y la corte de acólitos que le acompañan para disfrazar la realidad son ya titánicos, el discurso es una retahila de eufemismos que provocan sonrojo; todo para no admitir la realidad pura y dura. La autodeterminación es el límite constitucional, del resto todo se puede hablar.

 

En toda esta formidable ecuación hay un factor que parece olvidar Pedro Sánchez de manera deliberada. Los mensajes que lanzan Carles Puigdemont y Oriol Junqueras son inequívocos con respecto a sus intenciones, empezando por su declarada voluntad de repetir lo ocurrido si no se atienden a sus condiciones y exigir la celebración de una consulta que abra la puerta a la secesión de España sí o sí. En esta ocasión no hay dobleces, nadie puede llevarse a engaño. Tienen a su favor la matemática parlamentaria para la investidura, además del apoyo constante del otro socio indispensable para el PSOE, el de Sumar. La vicepresidenta Yolanda Díaz no pierde ocasión para apoyar las tesis de los independentistas, en especial «a los que viven fuera». Otra que se ha apuntado al eufemismo para evitar definir como huido de la justicia al expresidente Puigdemont. Así andamos.

 

Lograr en estas condiciones la investidura garantiza la inestabilidad del Gobierno, sometido a las presiones constantes de los independentistas catalanes y del PNV. El presidente del PNV, Andoni Ortuzar, ha dejado claro que no quiere perderse ningún trozo del melón abierto desde Barcelona y Waterloo; y menos con EH Bildu echándole el aliento en el cogote ante los próximos comicios autonómicos. Es probable que el PSOE logre conformar una mayoría en el Congreso para renovar a Sánchez en el cargo, cuestión muy diferente a la solidez de esta operación de la que sólo hay una salida airosa; y no es otra que una nueva llamada a las urnas. Sólo así podrían quedar legitimadas determinadas decisiones.

 

  • Abrazar al etarra Otegi: normalizar el diálogo político.
  • Acudir a una manifestación para protestar legítimamente contra la amnistía: calentar la calle en contra del único candidato con posibilidades de formar gobierno.
  • Amnistía: alivio penal.
  • Anular los delitos del procés: desjudicializar el conflicto catalán.
  • Ataque de Hamás contra el pueblo israelí: la respuesta de los hermanos y hermanas palestinas contra una fuerza de ocupación.
  • Borrar los delitos de los sediciosos: reconciliar a España con Cataluña.
  • Condonar 70.000 millones de euros gastados por los dirigentes catalanes en propaganda contra España: justicia histórica.
  • Consagrar los privilegios de unos políticos delincuentes: aplicar los planes convivenciales del Gobierno.
  • Defender que se aplique la ley: empeño de nostálgicos del enfrentamiento.
  • Exigir que se cambie el sistema de elección de los jueces por el método europeo de que los designe la carrera judicial: incumplir la Constitución bloqueando el CGPJ.
  • Humillar a los jueces del Supremo: acabar con la respuesta vengativa del Gobierno contra Cataluña.
  • Indultar a Griñán y a otros ocho socialistas condenados a penas de prisión por la corrupción de los ERE: hacer justicia con quienes cometieron errores «administrativos».
  • Ir a fotografiarse con un fugado de la justicia: contribuir a la historia del reencuentro entre España y Cataluña.
  • Más de 400.000 españoles que no trabajan de media ni dos horas a la semana: empleados fijos discontinuos.
  • Pitar al presidente en funciones durante el 12 de octubre: hacer una instrumentalización partidista de la Fiesta Nacional.

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