El paro de larga duración en 2022 representó el 30% del total de desempleados españoles, tres puntos más que un año antes
La recuperación del mercado de trabajo después de la pandemia está dejando rezagados a los parados de larga duración, aquellos que llevan más de dos años tratando de encontrar un empleo.
Sigue creciendo el número de parados de larga duración (aquellos que buscan empleo sin conseguirlo desde hace al menos dos años) y es de destacar que desde 2014 no se producían más de tres trimestres consecutivos con aumentos en el número de parados de larga duración.
Resulta preocupante la mayor representación en este colectivo de trabajadores seniors y de aquellos, independientemente de la edad, con bajas cualificaciones. Como proporción del total de personas sin empleo, considerando la media de los últimos cuatro trimestres, los parados de larga duración equivalen al 27% del total, 3 puntos porcentuales más que al final de 2020
El aumento fue en todas las autonomías a excepción de Extremadura y Castilla-La Mancha. Andalucía (31,1%) pasó a ser la autonomía con mayor proporción de parados de larga duración, seguida por Asturias (30,5%). Una comparación con otros países de la Unión Europea demuestra solo Grecia (40,6%), Italia (34,5%) y Bulgaria (28,4%) presentan una mayor proporción de paro de larga duración. La media de la UE27 se sitúa en 20,2%. Suecia (6,7%) y Dinamarca (7,6%), destacan por tener los resultados más favorables
Otra forma de ver la alta proporción de parados de larga duración de España, es comparar la cifra absoluta de personas son el 30% del total de parados de larga duración de la UE. Nuestro país suma, por sí solo, tantos parados de larga duración como Suecia, Dinamarca, Finlandia, Polonia, República Checa, Hungría, Holanda, Austria, Rumanía, Portugal, Bélgica, Bulgaria, Grecia, Croacia, Chipre, Letonia y Lituania juntos.
La duración del contrato eventuales marca mínimos históricos
Uno de los objetivos era doble además de reducir el número de contratos temporales también, mejorar la calidad de los que se siguen registrando. Pero la duración media de los contratos temporales que se sigue firmando la duración se quedó en marzo en 50,03 días, el mínimo para ese mes de una serie histórica que se remonta a 2006.

No solo ha ocurrido en marzo: aunque la duración de los contratos firmados fluctúa mucho de un mes para otro, por la propia estacionalidad del empleo, estos mínimos históricos se han registrado ya en otros meses muy afectados por los empleos temporales, como agosto.
En este sentido, a lo que apunta la reducción de la media de días es a que una buena parte de los empleos por obra y servicio más volátiles se han trasvasado a otros contratos temporales de duración determinada, como los eventuales por circunstancias de la producción. Un dato llamativo que avala esta tesis es que el peso de los contratos de menos de siete días ha pasado del 26% al 36% en un año.
Lógicamente, el Gobierno prefiere poner el foco en la reducción del número de contratos temporales muy cortos, pero tampoco aquí salen las cuentas. Mientras el descenso general es del 39%, los de menos de 7 días lo han hecho mucho menos de la mitad, solo un 15%. Esto permite inferir que otras de las medidas incluidas en la reforma laboral, esta vez por parte del Ministerio de Inclusión y Seguridad Social, no ha tenido el efecto esperado. Hablamos de la penalización con una «sobrecotización» de los contratos de muy corta duración.



