
Ni ‘decreto Maricarmen’ ni ‘fondos buitre’. Es el desastre de la política de vivienda de Sánchez
No asistió Sánchez. Con elecciones el año próximo Pedro Sánchez pretende presentarseo y hasta ganarlas, bien sea con el pucherazo de los nietos o con cualquier otra artimaña. Y si las cosas pintan mal, las suspende. No convoca. Tampoco ha presentado presupuestos en cuatro años, pese al dictado de la Constitución. ¿La ley? ¿Qué es eso?
Media entrada en el Congreso para lo que llaman el control. ni siquiera se vio a Patxi López que hizo pellas. Ya se sabe, cuando falta el jefe. Yolanda Díaz optó por disimular el rubio de su melenita de pija con un brillo oscuro. Los desahuciados no las prefieren rubias. El negro zaíno de la cabellera de Ana Redondo, mis igualité, resultaba tan escandaloso como sus grititos de barricada, vigile la brocha, doña Aña, o terminará convertida en pieza de una performance en el Sofía.
El pulso de la mañana resultó tan previsible como la estrategia del Gobierno. Inundar el debate con los chapuceross decretos Maricarmen para eclipsar el segundo mes de invasión de Ceuta. Los fondos buitre contra la ciudad secuestrada. El vice económico escurre el bulto como un púgil de tercera. Ante la ausencia de los gritones de su equipo, tuvo que forzar alguna infamia, como acusar al PP de desentenderse de Ceuta, de poner palos en las ruedas, de bloquear la acción (¿qué acción?) del Gobierno. “Culpar a la oposición es canalla y perverso”, le reprochó “Quieren pasar página de la invasión, no se lo vamos a permitir. Eso, sin mentar a Marruecos.
Elías Bendodo, que es menos sutil que un guardia de movilidad se desahogó: “Miente usted más despacio y más bajito que María Jesús Montero, pero miente igual. Es usted lo que en mi tierra se llama un suavón”. El aludido se encabritó, sin ingenio. “A usted en mi tierra le dirían faltón”. Yolanda se acariciaba el pelo y luego se fue. Quizás a consultar ofertas de vivienda en Ginebra, por lo del cargazo en la OIT.
Y llegó Bolaños, nerviosito, petulante, el rostro crispadín. Cayetana Álvarez de Toledo le sacudió a modo, sin ensañamiento. Quizás lo vio tan débil y ridículo, perdido en sus necedades del 11M. “¿Por qué son tan cobardes, emperadores el escaqueo?” Era un reproche al empeño del Gobierno en no responder jamás a las preguntas. Una argucia inaceptable, como la recordó Cayetana a la presidenta mentalmente ausente Tellado llegó arremangado de casa dispuesto a sacudir sopapos. Colocó a Bolaños en el club de la cloaca de Moncloa, donde ejerció como secretario general de la Presidencia en la etapa en la que se fraguó la carrera de Begoña como catedrática espúrea. El triministro aludido se abrazaba como un bebote desvalido a Maricarmen, que ya ha logrado volver a esa casa que nunca fue suya con una mensualidad ridícula y la garantía económica del Ayuntamiento.
La sesión resultó tan vacía como el cerebro de Isabel Rodríguez, la ministra del ramo, que perdió los papeles que han de regir el mercado de la vivienda los próximos años. Tan abochornada tras su patinazo de la víspera, que intentó superar lo del ‘cacao’ con la afirmación de que ahora todo ha quedado Vamos mejorando. Lo único claro es que esta señora debería volver a Puertollano, donde fungió como alcaldesa, para espanto y pavor de sus vecinos.
La gran patochada
“Fondos buitre” y “Maricarmen” fueron las muletillas con las que los voceros del Gobierno intentaban camuflar la colosal chapuza de sus decretos (uno no publicada aún en BOE) improvisados en cuatro horas, sin sentido ni argumento, sin poso jurídico ni respeto al Estado de derecho. Una descabellada catarata de medidas para tapar ocho años de desidia e inoperancia ante el temor a la gente que fuma flores en las plazas, retoza bajo las carpas y que dudosamente ha cumplido jamás un horario laboral. “Inhumanos, crueles, deslamados, queréis desahuciar a todos los desvalidos, acabar con las Maricarmen…” insultaba la bancada azul a la oposición, como en un lacrimógeno serial venezolano, por no sumarse a la enorme patochada improvisada por Sánchez como único y desesperado argumento de campaña.
Feijóo salió muy cabreado a los pasillos del Congreso, harto sin duda de los extemporáneos manotazos de los procesionarios de la falsedad. Y resumió sus razones para el “no” a los decretos. “Me siento estafado”, aseveró. Esto supera todos los límites de lo visto en democracia. El Gobierno ha aprobado dos normas incompatibles entre sí. Una de ellas ni siquiera se ha publicano en el BOE. Es un gobierno tramposo porque sabe que los verdaderos vulnerables ya no podrán alquilar, porque no habrá oferta, porque esto es una enorme trampa, una estafa, una colosal mentira. “La mayor trampa de la historia de nuestra democracia». Quizás a Sánchez, si escuchaban, se le iba poniendo cara de tramposo y necio.
El PNV y Junts ocultaban la decisión final de su voto este viernes. Mientras exponía sus dudas Marta Madrenas, del partido de Puigdemont (no estaba Nogueras), su compañero Gavín dormitaba gozoso a su vera, ajeno a las cuitas de la odiada España cuyo futuro depende de sus siete votos. El retrato fiel, y espantoso, de una tragedia. La conjura de los necios y tramposos.
Maricarmen y los sin nombre
Duele, pero más duelen los inquilinos sin nombre que pagarán la norma que nazca de su caso: nuestra emoción dura semanas; pero la factura durará décadas.
El miércoles, Maricarmen, 87 años, salió en camilla del piso del barrio del Retiro en el que vivía desde 1956, con 400 personas acampadas en el portal y una renta de 500 euros que, según sus defensores, la propiedad quería subir a 1.650. La izquierda utilizó una persona, con nombre, edad, discapacidad y un «fondo buitre» enfrente. La propiedad contó una norma, la transitoria segunda de la Ley de Arrendamientos de 1994, el umbral del 65% de discapacidad y una resolución del Supremo. El relato con rostro esconde quién paga, qué España lleva desde 1920 protegiendo al inquilino de hoy a costa del de mañana.
Una víctima con nombre pesa emocionalmente más que mil víctimas estadísticas. La emoción se consume sin esfuerzo, mientras que la estadística requiere pensar, y la televisión sirve lo que pedimos, como el día del desahucio, cuando el informativo líder logró su mejor cuota desde marzo y el programa nocturno de Wyoming uno de sus mejores datos del año, tras meses peleando por el 6%.
El asunto pesa más de lo que parece, porque el rostro decide también cómo se gasta el dinero, público y privado, y no solo entre personas. Con Maricarmen bastaron 48 horas para que el «fondo buitre» resultara ser una microempresa de dos hermanos, siete empleados y 2.990 euros de beneficio.
Nadie ha puesto rostro, en cambio, a quienes financiaron durante 70 años esa renta protegida: los sucesivos propietarios privados de un piso alquilado en 1956 bajo la prórroga forzosa que arrancó con el decreto Bugallal de 1920, prevista para 18 meses y mantenida durante 65 años, y a la que la ley de 1994 del último Gobierno de Felipe González puso un final tan lento que ningún Gobierno ha querido acelerarlo en treinta y dos años, incluidos los ocho de Pedro Sánchez. Mientras tanto, el presupuesto público, a salvo.
El caso ya camina hacia el desenlace previsible. A Maricarmen le sobran remedios: la propietaria propone que el Ayuntamiento le realquile el piso a precio social, y el Ayuntamiento, que rechaza la fórmula, le ofrece plaza gratuita en una residencia. Sánchez lo llamó desde Nueva York «una tragedia social que no podemos aceptar», sus socios exigen que el Consejo de Ministros del martes expropie el piso y el PSOE promete reeditar la prohibición de desahuciar a hogares vulnerables. Curiosamente, todo lo que se baraja para la inquilina, expropiación incluida, carga la protección al presupuesto o a un propietario que se presta; para los miles sin nombre quedaría el decreto, que la carga a todo arrendador, se preste o no, y se cobra en la oferta de mañana. Decida lo que decida el Gobierno, la secuencia será la de siempre: al rostro le siguen mucha emoción y una norma más. La factura la abonan los sin nombre, inquilinos futuros a quienes cada contrato reescrito por ley costará un aval que no pueden reunir o un piso que nadie llega a ofrecerles.
Fuente: Maricarmen y los sin nombre, por Benito Arruñada
La farsa de la ‘akampada’
«En nada, con elecciones a la vuelta de la esquina, las personas que ahora pastorean a los incautos en la Puerta del Sol pasarán a formar parte de ‘la casta’»
Es una pena, pero la akampada es una farsa. Digo que es triste porque cogen un problema real —la vivienda— no para resolverlo, sino para instaurar un sistema clásico de cambio político, y de paso renovar al grupo dirigente de la extrema izquierda. El procedimiento es que los activistas toman un caso emocional —como el de Maricarmen—, montan un acto colectivo de protesta muy mediático, y en el espacio político adecuado —Madrid, donde gobierna la derecha—. Luego, la clave es centrar la culpa en el enemigo político y económico, y presentar al Gobierno como salvador plausible.
Es entonces cuando el presidente aparece ante la prensa y dice que los responsables son los Ejecutivos autonómicos de la derecha y los «fondos buitre». Esto desvía el foco de atención desde la incompetencia del Gobierno en el tema de la vivienda durante ocho años hacia la víctima propiciatoria. De esta manera, la feligresía de izquierdas exonera a sus gobernantes. Mientras tanto, los medios recogen a una multitud de jóvenes airados pero felices, pastoreados por alborotadores bien preparados para tener un cargo público y trasladar sus exigencias de máximos. A continuación salen los políticos izquierdistas —incluidos los ministros— dando la razón a los acampados y diciendo que con «urgencia» harán unos decretos-ley que solucione el problema.
De esta manera, en menos de una semana se puede tener en el BOE una norma que quiebra la seguridad jurídica sin el consenso con las fuerzas de la derecha, que son la alternativa de gobierno. Estos partidos, PP y Vox, podrían protestar la inconstitucionalidad de la medida por vulnerar el derecho de propiedad y el libre mercado. Pero sería entonces cuando aparecería el Tribunal Constitucional para dar validez al decreto de la izquierda populista. Y ya estaría.
Al tiempo, los partidos de la extrema izquierda que han instrumentalizado a Maricarmen resucitarán a las momias del 15-M —como Colau, Irene Montero o el mismísimo Pablo Iglesias— y ficharán a los nuevos demagogos de este simulacro. En nada, con elecciones a la vuelta de la esquina, las personas que ahora pastorean a los incautos en la Puerta del Sol pasarán a formar parte de «la casta». Es el ciclo histórico de las protestas más o menos revolucionarias en las democracias liberales: un grupo aspira a sustituir o a formar parte de la oligarquía dirigente, instrumentaliza un problema, siembra la polarización, usa la demagogia hasta el extremo, consigue los votos, el cargo público, el sueldo y demás prebendas, y se olvida de la resolución de la cuestión. Ya pasó el 15-M.
Este es el gran riesgo de la izquierda populista en las democracias liberales. Y no olvidemos que Sánchez asumió hace tiempo las propuestas y el discurso original de Podemos. El peligro es la distancia entre la demagogia y la realidad. En esa separación del mundo real, en esa exageración, está su fuerza. Su motor es que la gente crea que su deseo debe ser un derecho garantizado. Su negocio no es la resolución del problema —la vivienda en este caso—, sino la atribución de culpas. Su respuesta ante cualquier circunstancia social es siempre la promoción del conflicto y del odio hacia los otros.
La farsa de la akampada revela, en suma, el mecanismo del populismo de izquierdas: convertir un problema en un artefacto emocional, fabricar un enemigo para legitimar el acto o la norma autoritaria, prometer una solución imposible y usar todo ello para renovar a su casta dirigente. La Puerta del Sol es hoy un gigantesco casting de aspirantes a un cargo público, una especie de concurso televisivo donde gana quien más grita o amenaza.
Fuente: La farsa de la ‘akampada’, por Jorge Vilches
Sindicato de Inquilinas: de la alta burguesía a la calle
Fernando de los Santos se ha convertido en uno de los rostros conocidos y micos de los últimos días en la acampada de Sol El Sindicato de Inquilinas, de la noche a la mañana, ha ganado una infinita notoriedad. Y es que su defensa por paralizar el desahucio de Maricarmen, la vecina del barrio madrileño de Retiro que tuvo que marcharse de su casa hace algo más de una semana, les ha llevado a que la atención mediática se pose sobre ellos. Han sido ellos mismos quienes han movilizado a miles de jóvenes que se han concentrado en la Puerta del Sol para exigir más derechos en temas de vivienda. El sindicato cuenta, además, con varios rostros que se han hecho conocidos para los espectadores, por sus constantes apariciones en televisión en su papel como portavoces. Fernando de los Santos es profesor universitario y activista. Ocupa el cargo de vicedecano de Relaciones Internacionales en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), donde también ejerce como profesor de Filosofía del Derecho y participa en la Clínica Jurídica de Derecho a la Vivienda. Es doctor en Derecho; realizó su tesis doctoral centrada en la figura del jurista Aurelio Menéndez.
Fernando de los Santos procede de una conocida familia del ámbito jurídico y político español: es nieto de Aurelio Menéndez —quien fue ministro de Educación y Ciencia en el gobierno de Adolfo Suárez, primer marqués de Ibias y cofundador del despacho Uría Menéndez— y sobrino de la actual marquesa de Ibias.
Fue preceptor y tutor del rey Felipe VI durante sus años de estudios universitarios de Derecho en la UAM a finales de los años ochenta.
En 1946, junto a su maestro Rodrigo Uría González, sentó las bases de la firma que en la década de 1970 se formalizó como Uría Menéndez, hoy convertido en uno de los despachos de abogados líderes en España e Iberoamérica. A mediados de los años 90 recibió el premio Príncipe de Asturias de las Ciencias Sociales, otorgado por su contribución extraordinaria al Derecho mercantil español y por su labor formadora. Además, el rey Juan Carlos le concedió, en 2011, el marquesado de Ibias, un reconocimiento a su aportación a la jurisprudencia, la docencia universitaria y la cultura jurídica.
El marquesado de Ibias es un título nobiliario español creado por el rey Juan Carlos I el 11 de mayo de 2011. Su hermana es la madre de Fernando de los Santos, reside en el exclusivo barrio de El Viso, donde posee una casa de más de 150 metros cuadrados, a lo que hay que sumar unos 30 metros de terraza y un trastero y que está valorada en más de 1.300.000 euros.






