LA QUE SE NOS AVECINA

 

INDICE

SÁNCHEZ 2031’: EL PLAN DE SÁNCHEZ PARA CONVERTIRSE EN EL PRESIDENTE DE LA TERCERA REPUBLICA

Fuente: Sánchez 2031: el plan para la Tercera República

 

SÁNCHEZ Y LA TERCERA REPÚBLICA

Fuente: Pedro Sánchez y la Tercera República

 

EL PLAN DE SÁNCHEZ PARA CONVERTIRSE EN EL PRESIDENTE DE LA TERCERA

 

fuente: Sánchez 2031: el plan para la Tercera República

 

 

SÁNCHEZ ABOCA A ESPAÑA A UN CISMA SIN PRECEDENTES EN DEMOCRACIA PARA AGITAR LA RECTA FINAL DE LA LEGISLATURA

Fuente: Sánchez aboca a España a un cisma sin precedentes en democracia para agitar la recta final de la legislatura

 

MÁS DE LA MITAD DE LOS ESPAÑOLES VOTARÍAN A FAVOR DE MANTENER LA MONARQUÍA EN UN REFERÉNDUM

Fuente: Más de la mitad de los españoles votarían a favor de mantener la monarquía en un referéndum | Líder en Información Social | Servimedia

 

DOS TERCIOS DE LAS CORTES Y UN REFERÉNDUM: LOS PASOS PARA UN CAMBIO DE MONARQUÍA A REPÚBLICA

Fuente: Cambio de monarquía a república: ¿qué pasaría en España?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SÁNCHEZ 2031’: EL PLAN DE SÁNCHEZ PARA CONVERTIRSE EN EL PRESIDENTE DE LA TERCERA REPUBLICA

Y si Sánchez no aspirase a gobernar solo hasta 2027?. ¿Y si quisiera gobernar hasta 2031 y aprovechar el centenario de la Segunda República para impulsar con apoyos separatistas un referéndum sobre el modelo de Estado…y convertirse en el presidente de la Tercera República?

 

El plan de Sánchez para 2031 y la Tercera República apunta a que el presidente quiere gobernar hasta el centenario de la Segunda República para impulsar un referéndum y cambiar el modelo de Estado.

 

De 2027 a 2031: la hoja de ruta real

Pedro Sánchez ha confirmado su intención de presentarse de nuevo a las elecciones de 2027 y agotar la legislatura actual. El plan de Sánchez para 2031 no se limita a repetir mandato en 2027. No es solo una cuestión de supervivencia sino que es, sobre todo, una hoja de ruta.

Expertos señalan que Sánchez tiene un objetivo más ambicioso. Sánchez no piensa en cuatro años más. Piensa a mucho más largo plazo.

Desde 2018 gobierna gracias a una mayoría frágil y fragmentada. Aun así, insiste en que tiene energía y motivación para seguir al frente del proyecto socialista. Fuentes políticas sostienen que la verdadera meta es resistir hasta 2027, ganar de nuevo y gobernar hasta 2031. Esa fecha no resulta casual.

En 2031 se cumple el centenario de la Segunda República. Para Sánchez, ese aniversario representa una oportunidad política de primer nivel.

 

El centenario como arma política

¿Y si quisiera gobernar hasta 2031 y aprovechar desde su cargo el centenario de la Segunda República para impulsar con apoyos independentistas un referéndum sobre el modelo de Estado…y convertirse en el presidente de la Tercera República?.

El plan de Sánchez para 2031 es buscar cambiar el eje del debate nacional. Ya no se trataría de Sánchez o no Sánchez. Se trataría de monarquía o república. Sánchez quiere situarse en La Moncloa en 2031 durante el centenario republicano, no como un gesto simbólico sino como una estrategia política: aspira a liderar una nueva etapa institucional. Pretende presentarse como el dirigente del cambio histórico.

La idea consiste en abrir un gran debate nacional sobre la forma de Estado. El objetivo final apunta a un referéndum sobre monarquía o república. En ese escenario, Sánchez se mostraría como el presidente del nuevo modelo. La Tercera República llevaría su sello político.

 

Derrocar al «ministro» Felipe VI

Algunos analistas señalan que el Rey Felipe VI actúa últimamente más como un «ministro» de Sánchez que como un jefe del Estado independiente. Sus discursos son claramente desacertados. Parece como si le marcaran desde Moncloa la agenda de lo que tiene que hacer y decir. Sus últimas actuaciones han generado desafección incluso entre sectores moderados y proclives a la monarquía.

Según estas fuentes, Sánchez aprovecharía cualquier escándalo mediático de la realeza para debilitar la institución monárquica. Con medios alineados, la ofensiva resultaría efectiva.

El plan Sánchez necesita un clima de polarización constante. Sánchez se alimenta del conflicto político. La tensión le fortalece. Y con el dilema monarquía-república lo tendría asegurado.

 

Separatistas y referéndum

El plan Sánchez 2031 y la Tercera República depende de un actor clave: los separatistas vascos y catalanes. Hoy sostienen la mayoría parlamentaria del Gobierno. Sin ERC, Bildu y Junts, Sánchez no gobierna. Esa dependencia marca toda la legislatura.

Fuentes del entorno separatista aseguran que ya se comenta la posibilidad de un referéndum sobre la forma de Estado. El chantaje funciona: Pedro Sánchez la acepta.

Si Sánchez gana en 2027, podría explorar acuerdos para abrir esa consulta. El centenario de 2031 facilitaría el marco simbólico. ERC y Bildu siempre han defendido un cambio constitucional profundo. Junts mantiene una postura similar desde Cataluña. El plan Sánchez 2031 y la Tercera República permitiría a los separatistas avanzar en su agenda y debilitar el Estado desde dentro. A cambio, Sánchez obtendría el apoyo necesario para su proyecto personal de poder.

 

Estrategia frente a límites institucionales

Obviamente, el plan de Sánchez para 2031 choca con límites legales claros. La Constitución no permite cambiar la forma de Estado sin mayorías reforzadas. Sin embargo, Sánchez ha demostrado que sabe estirar los márgenes del sistema. Ya lo hizo con indultos, amnistías y pactos imposibles.

Analistas políticos reconocen su capacidad para resistir escenarios adversos. Convocar elecciones anticipadas supone un riesgo elevado para él. Por eso mantiene la legislatura a cualquier precio. Negocia cada ley. Cede en cada votación. Compra tiempo.

Otros expertos advierten del peligro de abrir debates históricos sin consenso. La memoria republicana divide a España desde hace décadas. Pero a Sánchez no le preocupa la división. La necesita. La polarización le da oxígeno electoral.

El plan de Sánchez se apoya en una estrategia simple: tensión constante, enemigos claros y control del relato mediático.

La pregunta no es si lo intentará. La pregunta es si las instituciones resistirán su ambición de poder.

 

Fuente: Sánchez 2031: el plan para la Tercera República

 

 SÁNCHEZ Y LA TERCERA REPÚBLICA

Pedro Sánchez podría encontrar en un referéndum monarquía-república su última y más audaz salida política: una jugada capaz de desarmar a la derecha, recomponer a la izquierda y abrir la puerta a la Tercera República

 

Si las elecciones generales se celebraran hoy, el PSOE las perdería de manera estrepitosa. La coalición PP-Vox llegaría al poder y España tendría a la extrema derecha ocupando ministerios de la máxima relevancia. Además, Pedro Sánchez y posiblemente personas pertenecientes a su familia acabarían, tarde o temprano, en la cárcel. No creo que ni siquiera el exilio salvara al actual presidente de entrar en la trena.

 

Hasta su llegada al poder, en España existía un statu quo que Pedro Sánchez ha roto. Según ese pacto entre caballeros, la transición estableció un sistema de corrupción moderada del que todo el arco parlamentario salía favorecido. A Fraga Iribarne no se le procesó por firmar sentencias de muerte. A la izquierda se le permitió volver libremente al país e integrarse en el sistema político, siempre y cuando la preservación del sistema económico no fuera puesta en peligro. Los nacionalistas e independentistas también se tomaron su café para todos.

 

Así, cuando Felipe González hizo lo que hizo con los GAL nadie le metió en la cárcel, lugar en el que sí acabaron Vera y Barrionuevo, pero fueron indultados inmediatamente por Aznar, el presidente que nos metió en la guerra genocida e ilegal de Irak y que mintió sobre los atentados del 11M. A Aznar nadie le hizo nada, como tampoco le hizo nadie nada a Rajoy por la caja B del PP, la destrucción a martillazos de los discos duros de Bárcenas y los pagos con dinero negro de, entre otras cosas, la sede del PP en la calle Génova de Madrid.

 

Pero entonces llegó Pedro Sánchez y las cosas cambiaron. Se enfrentó a Felipe y al felipismo para más tarde llegar a la Moncloa mediante una moción de censura contra Rajoy. La moción salió adelante con el apoyo de las fuerzas independentistas catalanas y vascas, que además le apoyaron en el Congreso de los Diputados para investirlo Presidente. Después se echó tierra sobre el asunto del 1 de octubre. Sin embargo, los agravios a la derecha continuaron cuando Ciudadanos decidió suicidarse políticamente y, si bien es cierto que contra su voluntad, Sánchez se vio obligado a incorporar a Podemos a su gobierno. Pedro Sánchez estaba tensando las costuras. Lo siguió haciendo cuando en su gabinete sustituyó a Podemos por Sumar, lo cual supuso que personas con el carné del Partido Comunista ocuparan carteras ministeriales.

 

No obstante, las costuras parecían aguantar. Al capitalismo los ministros de Sumar le resultaban absolutamente inofensivos. Pero entonces Sánchez sacó a Franco del Valle de los Caídos el 24 de octubre de 2019. Fue en ese momento cuando las costuras se rompieron. Eso no se perdona. Simplemente, no era lo pactado. “El que pueda hacer que haga” dijo Aznar el 2 de noviembre de 2023 y lo volvió a repetir el 24 de mayo de este año. El mensaje era claro. Se abría la veda. Ya no había ni statu quo ni pacto entre caballeros ni café para nadie, solo guerra abierta. Lo que le están haciendo a Zapatero no es nada comparado con lo que van a intentar hacer con Sánchez. Las joyas y las facturas de las niñas góticas del expresidente son minucias comparadas con las puertas giratorias de Felipe o Aznar. También son muestra de falta de matera gris por parte de Zapatero. Da igual. Ya no hay freno. Zapatero estaba del lado de Sánchez y había que ir a por él. Ahora van con todo contra Sánchez.

 

¿Qué alternativa tiene el Presidente? ¿Ir a las elecciones generales como un corderito que va al matadero? Sánchez ha demostrado en innumerables ocasiones que no es ese tipo de persona. Sabe perfectamente que en el momento en el que ponga un pie fuera de la Moncloa toda la jauría se le echará encima hasta que, como poco, de con los huesos en chirona. Pero hay una escapatoria: la gloria. Pongámonos en situación. Primer plano del morenazo, traje morado, corbata roja. El Presidente más guapo de nuestra historia y su 1,90 de estatura. Mirada fija a la cámara. “Si el próximo 14 de abril de 2027 gano las elecciones generales, convocaré un referéndum consultivo con la pregunta ‘¿Quiere usted que España siga siendo una monarquía o quiere usted que España sea una República?’ Pediré el voto a favor de la República. Si gana la opción republicana, yo mismo le instaré al rey Felipe VI a que abdique y a que sea él personalmente el que pida a los partidos parlamentarios que promuevan una reforma constitucional para que se declare cuanto antes la Tercera República Española”.

 

De un plumazo desarmaría al nacionalismo catalán y vasco, a la corona, al felipismo del PSOE, a toda la derecha y a toda la izquierda. En el horizonte, los libros de historia. Se convertiría, por los siglos de los siglos, en la persona que nos devolvió la república que nunca debimos perder. Los militares no harían nada, han perdido el respeto por Felipe VI desde que permitió la exhumación de Franco. España se mantendría en la OTAN, en la UE y en el euro. Eso importa mucho más. Ni siquiera habría que cambiar el color de la bandera. Los jueces franquistas no podrían hacer nada. Los referéndums consultivos son perfectamente legales. El rey perdería toda legitimidad y él, Pedro Sánchez, seguiría en La Moncloa, incólume y libre. Al exmonarca y a su familia no se les tocaría ni un pelo, por supuesto. Se les inundaría de dinero y seguirían viviendo plácidamente en el país. Asunto resuelto y todos contentos.

 

No creo que el Presidente tenga otra opción. La salida de la OTAN, por ejemplo, no es una propuesta que gane a día de hoy unas elecciones que están perdidas. Creo que solo un referéndum sobre monarquía o república sería una propuesta ganadora. La izquierda a la izquierda del PSOE y la abstención de izquierda desaparecerían. Todos votarían al PSOE. La perspectiva de poder instaurar la Tercera República sin derramamiento de sangre (a priori) a cambio de meter la papeleta del PSOE en una urna sería irresistible. Ganaría el sí a la República, estoy convencido. ¿Usted qué votaría? Confiese… La persona correcta en el lugar adecuado en el momento preciso.

 

Fuente: Pedro Sánchez y la Tercera República

 

‘EL PLAN DE SÁNCHEZ PARA CONVERTIRSE EN EL PRESIDENTE DE LA TERCERA REPUBLICA

 

¿Y si Sánchez no aspirase a gobernar solo hasta 2027?. ¿Y si quisiera gobernar hasta 2031 y aprovechar el centenario de la Segunda República para impulsar con apoyos separatistas un referéndum sobre el modelo de Estado…y convertirse en el presidente de la Tercera República?

 

El plan de Sánchez para 2031 y la Tercera República apunta a que el presidente quiere gobernar hasta el centenario de la Segunda República para impulsar un referéndum y cambiar el modelo de Estado.

De 2027 a 2031: la hoja de ruta real

 

Pedro Sánchez ha confirmado su intención de presentarse de nuevo a las elecciones de 2027 y agotar la legislatura actual. El plan de Sánchez para 2031 no se limita a repetir mandato en 2027. No es solo una cuestión de supervivencia sino que es, sobre todo, una hoja de ruta.

Expertos señalan que Sánchez tiene un objetivo más ambicioso. Sánchez no piensa en cuatro años más. Piensa a mucho más largo plazo.

 

Desde 2018 gobierna gracias a una mayoría frágil y fragmentada. Aun así, insiste en que tiene energía y motivación para seguir al frente del proyecto socialista. Fuentes políticas sostienen que la verdadera meta es resistir hasta 2027, ganar de nuevo y gobernar hasta 2031. Esa fecha no resulta casual.

En 2031 se cumple el centenario de la Segunda República. Para Sánchez, ese aniversario representa una oportunidad política de primer nivel.

 

El centenario como arma política

¿Y si quisiera gobernar hasta 2031 y aprovechar desde su cargo el centenario de la Segunda República para impulsar con apoyos independentistas un referéndum sobre el modelo de Estado…y convertirse en el presidente de la Tercera República?.

 

El plan de Sánchez para 2031 es buscar cambiar el eje del debate nacional. Ya no se trataría de Sánchez o no Sánchez. Se trataría de monarquía o república. Sánchez quiere situarse en La Moncloa en 2031 durante el centenario republicano, no como un gesto simbólico sino como una estrategia política: aspira a liderar una nueva etapa institucional. Pretende presentarse como el dirigente del cambio histórico.

 

La idea consiste en abrir un gran debate nacional sobre la forma de Estado. El objetivo final apunta a un referéndum sobre monarquía o república. En ese escenario, Sánchez se mostraría como el presidente del nuevo modelo. La Tercera República llevaría su sello político.

 

Derrocar al «ministro» Felipe VI

Algunos analistas señalan que el Rey Felipe VI actúa últimamente más como un «ministro» de Sánchez que como un jefe del Estado independiente. Sus discursos son claramente desacertados. Parece como si le marcaran desde Moncloa la agenda de lo que tiene que hacer y decir. Sus últimas actuaciones han generado desafección incluso entre sectores moderados y proclives a la monarquía.

 

Según estas fuentes, Sánchez aprovecharía cualquier escándalo mediático de la realeza para debilitar la institución monárquica. Con medios alineados, la ofensiva resultaría efectiva.

 

El plan Sánchez necesita un clima de polarización constante. Sánchez se alimenta del conflicto político. La tensión le fortalece. Y con el dilema monarquía-república lo tendría asegurado.

 

Separatistas y referéndum

El plan Sánchez 2031 y la Tercera República depende de un actor clave: los separatistas vascos y catalanes. Hoy sostienen la mayoría parlamentaria del Gobierno. Sin ERC, Bildu y Junts, Sánchez no gobierna. Esa dependencia marca toda la legislatura.

 

Fuentes del entorno separatista aseguran que ya se comenta la posibilidad de un referéndum sobre la forma de Estado. El chantaje funciona: Pedro Sánchez la acepta.

 

Si Sánchez gana en 2027, podría explorar acuerdos para abrir esa consulta. El centenario de 2031 facilitaría el marco simbólico. ERC y Bildu siempre han defendido un cambio constitucional profundo. Junts mantiene una postura similar desde Cataluña. El plan Sánchez 2031 y la Tercera República permitiría a los separatistas avanzar en su agenda y debilitar el Estado desde dentro. A cambio, Sánchez obtendría el apoyo necesario para su proyecto personal de poder.

 

Estrategia frente a límites institucionales

Obviamente, el plan de Sánchez para 2031 choca con límites legales claros. La Constitución no permite cambiar la forma de Estado sin mayorías reforzadas. Sin embargo, Sánchez ha demostrado que sabe estirar los márgenes del sistema. Ya lo hizo con indultos, amnistías y pactos imposibles.

 

Analistas políticos reconocen su capacidad para resistir escenarios adversos. Convocar elecciones anticipadas supone un riesgo elevado para él. Por eso mantiene la legislatura a cualquier precio. Negocia cada ley. Cede en cada votación. Compra tiempo.

 

Otros expertos advierten del peligro de abrir debates históricos sin consenso. La memoria republicana divide a España desde hace

 

décadas. Pero a Sánchez no le preocupa la división. La necesita. La polarización le da oxígeno electoral.

El plan de Sánchez se apoya en una estrategia simple: tensión constante, enemigos claros y control del relato mediático.

 

La pregunta no es si lo intentará. La pregunta es si las instituciones resistirán su ambición de poder.

 

 

fuente: Sánchez 2031: el plan para la Tercera República

 

 

 

 

SÁNCHEZ ABOCA A ESPAÑA A UN CISMA SIN PRECEDENTES EN DEMOCRACIA PARA AGITAR LA RECTA FINAL DE LA LEGISLATURA

El problema para Sánchez es que esta nueva batalla no aparece de la nada, es el último capítulo de una sucesión de giros que ha ido erosionando las antiguas líneas rojas del presidente

 

Pedro Sánchez ha convertido la política española en una carrera de líneas rojas que desaparecen cada vez que dejan de ser útiles. Primero fueron los pactos que no iba a firmar. Después, las medidas que no tenían cabida en la Constitución. Más tarde, las concesiones que jamás aceptaría. Y ahora el Gobierno empieza a señalar a la Monarquía mientras recupera el debate sobre la España plurinacional. La frontera vuelve a moverse.

 

El último episodio tiene como protagonista a Óscar Puente. El ministro de Transportes ha acusado a la Casa Real de haber «sobrepasado el límite» por la fotografía de Felipe VI con Javier Negre y ha hablado de una «línea roja». No es una declaración menor.  La operación política encaja demasiado bien con las necesidades de Sánchez como para ignorarla. Cuando la gestión amenaza con convertirse en el centro del debate, el Gobierno tiene una alternativa que conoce perfectamente: polarizar.

Pero esta vez hay una novedad. La fractura que Sánchez puede estar intentando provocar fuera empieza a asomar también dentro de su propio partido. En el PSOE crece entre alcaldes y cargos intermedios una preocupación mucho más prosaica que la batalla territorial o institucional: que el presidente decida apurar la legislatura y arrastre a sus candidatos locales en unas elecciones generales que ellos no han elegido.

 

El debate circula ya por las estructuras municipales y territoriales del partido. Quienes conocen el calendario electoral saben que unas generales celebradas después de las municipales y autonómicas de 2027 podrían convertir a alcaldes y presidentes autonómicos socialistas en rehenes de la estrategia de Moncloa. Una eventual convocatoria en verano obligaría a compartir campaña, equipos, mensajes y recursos con unas generales que podrían estar dominadas por la figura de Sánchez.

 

Por eso empieza a extenderse una petición singular: que las generales se celebren en marzo de 2027, antes de las municipales y autonómicas. No es una rebelión abierta contra el presidente. Es algo más revelador: cuadros socialistas que empiezan a pensar en cómo salvar su propia papeleta.

 

El mensaje que subyace es demoledor para Ferraz. Si los malos resultados territoriales no deben interpretarse como un castigo a Moncloa, como sostiene la dirección socialista, entonces no debería existir ninguna razón para hacer coincidir ambos ciclos electorales. Los alcaldes quieren despejar cuanto antes el examen nacional y llegar a las municipales sin que la marca Sánchez determine el resultado de sus candidaturas.

 

De promesas incumplidas al cuestionamiento del Estado

El problema para Sánchez es que esta nueva batalla no aparece de la nada. Es el último capítulo de una sucesión de giros que ha ido erosionando las antiguas líneas rojas del presidente. Hubo un tiempo en que el socialista aseguraba que «con Bildu no se acuerda nada». Bildu terminó convertido en un apoyo parlamentario imprescindible. Hubo también un Sánchez que sostenía que no dormiría tranquilo con Podemos en determinados ministerios. El resultado fue el primer Gobierno de coalición con la formación morada.

 

Después llegó Cataluña. El mismo candidato que prometía que Carles Puigdemont tendría que responder ante la Justicia acabó concediendo indultos a los líderes del procés. Y quien antes afirmaba que la amnistía «no tenía cabida en nuestro sistema constitucional» terminó defendiendo la Ley de Amnistía como instrumento de reconciliación. Cada viraje tuvo su explicación. Cada rectificación encontró una justificación. La «utilidad pública», la convivencia, la estabilidad, la necesidad de superar el conflicto catalán. El mecanismo se repite: lo que ayer era imposible se convierte mañana en imprescindible.

 

La diferencia ahora es que el siguiente terreno de disputa afecta al corazón mismo del sistema constitucional. El cuestionamiento de la Corona y la reivindicación de un modelo plurinacional no son dos asuntos aislados. Pueden convertirse en los ejes de una batalla ideológica capaz de volver a ordenar el tablero político. Sánchez no necesita anunciar una República ni presentar una reforma constitucional. Le basta con permitir que el debate avance, que sus ministros abran la puerta y que sus socios ocupen el espacio que siempre han reclamado.

 

Y el contexto es decisivo. El Gobierno llega a la recta final de la legislatura con una mayoría parlamentaria frágil y con asuntos que pueden resultar mucho menos rentables electoralmente. La economía, la gestión, los servicios públicos o el balance de estos años obligan a rendir cuentas. La Monarquía, la Constitución y el modelo territorial, en cambio, obligan a tomar partido. Es el terreno donde Sánchez se siente más cómodo.

 

Por eso la ofensiva contra Felipe VI adquiere una relevancia que trasciende la polémica concreta de una fotografía. La Corona forma parte de la arquitectura constitucional que Sánchez juró defender como presidente. Convertirla ahora en objeto de una disputa política promovida desde el propio Ejecutivo supone elevar el nivel de confrontación institucional. Y ocurre, además, después de que el Rey reclamara una respuesta del Estado ante la crisis de Ceuta. Mientras Felipe VI expresaba su «preocupación e indignación» por la entrada masiva de inmigrantes, el Gobierno afrontaba críticas por su gestión.

 

La misma lógica se observa en el terreno judicial. La defensa del concepto de lawfare, el cuestionamiento de resoluciones judiciales y los ataques a determinadas instancias han alimentado una confrontación inédita entre el Ejecutivo y sectores de la Justicia. La frase de Sánchez sobre la Fiscalía —»¿De quién depende la Fiscalía? Pues ya está»— permanece como una de las expresiones más reveladoras de una forma de entender el poder.

 

El patrón es siempre parecido: los contrapesos dejan de ser contrapesos cuando incomodan; las instituciones dejan de ser neutrales cuando contradicen al Gobierno; las antiguas líneas rojas dejan de existir cuando dificultan una mayoría parlamentaria. Ahora la frontera se desplaza hacia la Corona.

 

Y ahí es donde España entra en un terreno especialmente delicado. Porque una cosa es la legítima discrepancia republicana y otra muy distinta que el Gobierno convierta las instituciones constitucionales en munición para una estrategia de supervivencia parlamentaria. Sánchez sabe que una campaña centrada en su gestión puede ser incómoda. Sabe también que una campaña planteada como una batalla sobre el modelo de España puede resultar mucho más movilizadora para su bloque. La cuestión ya no sería si el Gobierno ha cumplido sus promesas, sino si la derecha amenaza el modelo que sus socios quieren transformar.

 

Pero hay una paradoja que empieza a hacerse evidente. El presidente puede necesitar que España se divida para mantener unido a su bloque, mientras una parte de su propio partido empieza a pedir que las urnas no mezclen su destino con el suyo. Ahí está la verdadera dimensión del momento. La fractura ya no discurre únicamente entre PSOE y PP, entre Gobierno y oposición o entre monárquicos y republicanos. Empieza a atravesar al propio socialismo.

 

Los alcaldes quieren proteger sus municipios. Los barones quieren preservar sus territorios. Los socios quieren mantener sus concesiones. Y Sánchez necesita conservar el poder. Todos miran hacia 2027, pero no todos quieren llegar allí por el mismo camino.

 

El riesgo es evidente: agitar la Corona para salvar una legislatura puede terminar agitando el propio sistema. Y si la estrategia de polarización acaba convirtiendo las próximas elecciones en un plebiscito sobre Sánchez, quizá el presidente consiga movilizar a los suyos. Pero también puede descubrir que quienes primero necesitan tomar distancia de él no están en la oposición, sino dentro de su propia casa.

 

Fuente: Sánchez aboca a España a un cisma sin precedentes en democracia para agitar la recta final de la legislatura

 

MÁS DE LA MITAD DE LOS ESPAÑOLES VOTARÍAN A FAVOR DE MANTENER LA MONARQUÍA EN UN REFERÉNDUM

Cerca del 52 % de los españoles votarían mantener la monarquía parlamentaria actual en España si se celebrara un referéndum sobre el sistema político frente a un 43,5 %, que optarían por apoyar el cambio a una República, según una encuesta realizada por Opina 360.

La monarquía es el sistema político preferido entre las personas nacidas antes de la democracia, mientras que en las generaciones más jóvenes se observa un crecimiento de los ciudadanos que optarían por un cambio a una república.

Tal como explica Juan Francisco Caro, director de Opina 360, “el porcentaje de apoyo a la monarquía va decayendo según la edad de las personas encuestadas: mientras el 61 % de los que identificamos como hijos de la autarquía, es decir las personas nacidas antes de 1958, son partidarios de mantener la monarquía, el 57 % de los nativos digitales, las personas nacidas a partir de 1995, apoyarían un cambio a la república”.

Entre los nacidos entre 1975 y 1995, los porcentajes se igualan, con una ligera ventaja ya para los partidarios de un cambio a la república, que representarían el 48,7 % frente al 46,7 %. Este grupo de personas, que han nacido ya con la democracia y que en la actualidad tienen entre 30 y 50 años son los que podríamos denominar “demócratas plenos”, ya que han crecido en democracia.

Apoyo de los partidos de derecha a la monarquía y de la izquierda al cambio a la república

Desde el punto de vista ideológico, existe un gran contraste entre el apoyo a la monarquía en la derecha y a la república en los partidos más a la izquierda. Así, mientras que solo el 5 % de los votantes del PP optarían por la república, el 61 % de los votantes del PSOE afirman que preferirían el cambio.

En el resto de partidos, nueve de cada diez votantes de Podemos y ocho de los votantes de Sumar optarían por el cambio mientras que uno de cada cinco votantes de Vox optaría por la república.

 

Felipe VI, el miembro mejor valorado de la Casa Real

En lo que respecta a la valoración de los diferentes miembros de la Casa Real, los españoles conceden un aprobado a todos sus miembros. El rey Felipe VI es quien obtiene una valoración más alta, alcanzando una nota media de un 6,31, ligeramente por encima de la princesa Leonor, con un 6,25. Por detrás, están la infanta Sofía, con un 5,91, y la reina Letizia, con un 5,7.

Entre los votantes de los diferentes partidos, los electores del PP son los que conceden una nota media más alta al rey Felipe VI, con un 8,7 sobre 10. Le siguen los de Vox con un 6,7 y los del PSOE, con un 6,5. Por debajo del aprobado, los electores de Sumar otorgan al rey una nota de 4,5, mientras que los de Podemos son los que le dan una puntuación más baja con un 3,5.

Alternativa entre monarquía y república por intención de voto a partidos

 

Alternativa entre monarquía y república por generaciones

Valoraciones medias de los miembros de la Casa Real

DOS TERCIOS DE LAS CORTES Y UN REFERÉNDUM: LOS PASOS PARA UN CAMBIO DE MONARQUÍA A REPÚBLICA

El proceso para que en España haya un cambio de una monarquía a una república es complejo ya que requiere de una reforma de lconfirman Ppara que hubiera en España un cambio en la forma de Estado y se pasara de una monarquía a una república, el Gobierno necesitaría muchos más apoyos de los que tiene actualmente, tanto en el Congreso de los Diputados como en el Senado para llevarlo a cabo, además de un referéndum popular que avale su decisión.

 

El cambio de una monarquía a una república requiere dos tercios de apoyos en ambas cámaras parlamentarias

España podría hacer el cambio de una monarquía a una república si el poder legislativo modificara el artículo 1 del título preliminar, que recoge que “la forma del Estado español es una monarquía parlamentaria”. Y la Constitución incluye en su artículo 168 el procedimiento para llevarlo a cabo, que es de tipo agravado y no ordinario, al tratarse de elementos fundamentales del Estado.

 

Tal y como explican Lorenzo Cotino, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Valencia, Javier Tajadura, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad del País Vasco y Miguel Ángel Cabellos, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Girona hay cuatro pasos que tendría que seguir el Gobierno para poder convertir a España en una república.

 

Primero, tendría que plantear una votación sobre la reforma constitucional en el Congreso de los Diputados y que saliera adelante con una mayoría cualificada, es decir, con dos tercios o más de la Cámara baja a su favor, lo que equivale a 234 o más diputados. Un apoyo con el que el actual Gobierno de España no cuenta. PSOE y Unidas Podemos suman en total 153 congresistas.

 

En segundo lugar, esa votación tendría que ratificarse en el Senado con la misma mayoría cualificada. De los 265 senadores, 177 tendrían que estar a favor de reformar la Constitución para que hubiera un cambio de monarquía a república.

 

Pero el proceso no termina ahí. Si ambas cámaras están de acuerdo, tendrían que disolverse las Cortes, convocar unas elecciones generales y repetir las votaciones entre los nuevos diputados. En el caso de que saliera adelante la reforma constitucional, tendría que superar un último escollo: un referéndum general.

 

Para Cabellos sustituir la monarquía por una república sería extremadamente complicado. “Más allá de que es un cambio de un elemento esencial y nuclear del sistema político, que además dividiría a la sociedad de manera radical, lo cierto es que desde el punto de vista jurídico las dificultades son muy notables, casi podría decirse que insalvables en la práctica”, opina.

 

La función del referéndum en el cambio de monarquía a república

Para Cotino existe un debate sobre si se podría hacer un referéndum previo a las votaciones en el Congreso y en el Senado, para ver qué opina la ciudadanía antes de comenzar el proceso. “En principio no se podría hacer, ya que el procedimiento para que haya un cambio de monarquía a república es el de reforma constitucional. Además, el Tribunal Constitucional mantiene que esto no podría pasar”, explica el catedrático de la Universidad de Valencia.

 

Esto se debe a que las reformas constitucionales que afectan a la forma de Estado deben seguir su propio proceso, que se sale de lo que contempla el artículo 92 de la Constitución sobre los referéndums. En estos casos son los representantes políticos los que convocan la consulta popular pero para ello basta con la mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados, que no una mayoría cualificada como exige la reforma constitucional.

 

“El referéndum sirve como forma de control por parte de la ciudadanía a lo que quieren llevar a cabo las Cortes, y debe realizarse a posteriori de las votaciones ”, afirma Tajadura. “No se puede utilizar el referéndum como un acto de soberanía para estos casos”, añade el experto.

¿Nueva constitución o constitución reformada?

Si tras todas las votaciones en sede parlamentaria el referéndum sale que sí, que los españoles quieren un cambio de monarquía a república, se cambiaría la forma de Estado. Y para los expertos el debate cambiaría a si la constitución resultante estaría reformada o sería una nueva.

 

Para Lorenzo Cotino, “todo es reformable en la Constitución, aunque hay personas que hablan de que hay límites inmanentes, es decir, cosas que no podrían cambiar”.

 

“Hay quienes sostienen, esencialmente los que suelen hablar del régimen del 78, que la constitución es inmodificable, aunque lo parezca. Y que por eso no hay que ir al procedimiento de reforma constitucional, sino, básicamente, a una nueva constitución. Yo no creo que nuestra constitución sea inmodificable ni en términos jurídicos ni políticos. Por lo general con un acuerdo entre los dos partidos más importantes se han podido hacer reformas constitucionales ordinarias y ahora con algún apoyo añadido más. Cambios tan importantes es necesario que tengan ese mínimo consenso”, opina el catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad de Valencia.

 

En cambio, para Tajadura, si se cambiara de una monarquía a una república el resultado sería una nueva constitución, y no sería suficiente con considerarla una reforma de la actual. “Por ejemplo, si se pasara a una república parlamentaria habría cambios mínimos, solo que las funciones que ahora desempeña el Rey las tendría el presidente de la república. Pero si se va a otra forma de república daría lugar a una nueva etapa con un nuevo sistema, a través de una nueva constitución”, afirma el catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad del País Vasco.

 

Fuente: Cambio de monarquía a república: ¿qué pasaría en España?

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